Fábula XXV
LA PALOMA, EL CUERVO Y EL CAZADOR
Se hizo amiga de un Cuervo una Paloma,
y dentro pocos días tan bien graznaba,
que oyéndola sin verla era preciso
que todos por cuervito la juzgaran.
Mucho se adelantó. Dentro de breve
a robar aprendió, ¡qué linda gracia!
ya se ve, con tal maestro era forzoso
que no saliera torpe la oficiala.
Las espigas de trigo de una en una
de cualesquiera milpas(1) agotaba;
mas tantas hizo de éstas, que los dueños
discurrieron el modo de pillarla.
Ella, que sus ardides no conoce,
cayó al fin indefensa en una trampa.
Cógela luego el Cazador astuto
y jura que a la noche ha de cenarla.
La infelice se aflige y se disculpa,
diciéndole que un Cuervo la enseñaba
a robar y graznar. —Pues no te vale
—respondió el Cazador con gran socarra—;
si con otras palomas anduvieras,
o te estuvieras metidita en casa,
no fueras tan ladrona y atrevida
ni te vieras al plato destinada;
pero pues con el Cuervo te juntaste
y aprendiste tan bien sus malas mañas,
yo te asaré a la noche y con tu vida
pagarás las espigas que me faltan,
que éste siempre es el fin del insensato
que con otro perverso se acompaña.
(1) milpas. Milpa: "La tierra destinada al cultivo del maíz." (Dic. R. A. E.) Sólo se llama milpa "cuando está ya nacido el maíz en ella sembrado. Pero no es la tierra la que recibe tal nombre, sino la sementera de maíz, el maizal, que es la aplicación concreta que actualmente tiene y a que ha quedado reducido el vocablo milpa". (Ricardo del Castillo [Darío Rubio], Los llamados mexicanismos de la Academia Española, México, Imp. Franco-Mexicana, 1917; p. 118.) Lizardi llama milpa, sin duda por extensión, a un trigal.
