LA PALINODIA DE EL PENSADOR(1)
En respuesta al desafío y amenaza del padre Soto, publicados
en el Noticioso 748(2) y en el Suplemento número 761
del lunes 18 de noviembre de 1820(3)
Padre Soto: menos gritos y más razones, menos amenazas y más cuidado en escribir. En la Proclama de usted a los militares(4) que, en mi concepto sabe y huele a herejía, se leen estos periodos: "¡almas heroicas (se entiende que se habla de los militares) gloriaos! Letras, artes, comercio, industria, agricultura, leyes, cetros, toda felicidad, todos los bienes temporales os deben su esplendor y permanencia." (hasta la salud, la hermosura y el talento, ¿no padre Soto?) No en balde muchas muchachas bonitas se mueren por los soldados, como que les son deudoras de la hermosura que las hace gratas a sus ojos. ¿Pero a quién le debería nuestra madre Eva su bello palmito,(5) porque cuando la parió nuestro padre Adán, a costa de su hueso, me parece que no había ni un soldado? Todos éstos son bienes temporales. "Qué más? (continúa usted) Aras, templos, sacerdocio, la religión misma (¡ya escampa!)... el Evangelio de Jesucristo ¿a quién miran, a quién buscan, a quién se acogen para su defensa y subsistencia? Veinte mil bayonetas ¿no defienden el catolicismo de diez o doce millones de cristianos? Una simbólica espada relampagueó sobre el empíreo. ¿Quién como Dios peleó con el dragón y sus secuaces apóstatas, venció lanzó hasta el abismo a los espíritus rebeldes con su caudillo, hizo triunfar el solio de la eternidad y la salud?, la paz sempiterna afirmó su trono inaccesible sobre la militar acción de aquel Campeón Celestial."(6) Según esto, padrecito, el trono de Dios estaba vacilante porque sólo lo que vacila, falsea o no está firme, se afirma y esta firmeza se debió, a lo menos en gran parte, al valor y táctica militar de aquel Campeón Celestial. ¡Válgame Dios y cuántos delitos escribimos, cuando escribimos sin reflexión y cuando imprimimos sin leer! Lo peor es que usted no se da ni a los tres días, sino que insiste en defender su Proclama: ya se ve que la ama como hija de sus entrañas.
"El Omnipotente, dice usted, cuando amenaza a la malicia, cuando... truena sobre los cielos (¡fuego!) y se reviste del título de Dios de los Ejércitos." Pues, padre. ¿que sólo cuando Dios amenaza a los hombres y cuando truena le es propio tal título? Yo veo que todos los días se lo dan la santa Iglesia llueva, truene o haga tiempo sereno, ora sea rogándole que aplaque su ira, ora tributándole gracias por sus innumerables beneficios, siempre dice con los celestiales espíritus: "Santo, santo, santo, señor Dios de los Ejércitos"; los serafines y querubines lo proclaman sin cesar, incesabile voce. Así se proclama, padre Soto, con verdad. No tronaba cuando Isaías vio aquellos querubines con seis alas que volaban ante el trono de Dios y cantaban el mismo trisagio(7) llamándolo "Señor de los Ejércitos."(8) Conque ¿cómo está eso de que cuando truena se reviste del título de Dios de los Ejércitos? ¿Qué se desnuda de él en tiempo sereno?
Sigue usted: "millones de millares de soldados" y dale con que ha de volver usted militares a los ángeles. Ya se ve, que son milicias angélicas; y así, para llevar apretada la alegoría, si me preguntasen ¿que de qué regimiento son los ángeles?, diría que de milicias; y también somos milicianos todos los hombres, según Job que dijo que la vida del hombre es milicia sobre la tierra;(9) y así ángeles y hombres somos soldados milicianos y merecemos, a la par nuestras proclamas. ¿Se ríe usted de esta ridiculeza? Pues así nos hemos reído de su Proclama. Sigamos.
"Diez centenares de millones de soldados están a su presencia", dice usted, y digo yo que ¿cuándo los contó usted, o si no los contó, dónde lo leyó?, porque ésta es una noticia asombrosa.
Estamos entendidos de que nada ni nadie se oculta a Dios: todo, todo lo tiene presente lo mismo, y más que yo el papel en que escribo este renglón.
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Nec est qui se abscondat a calore ejus.(10)
Según esto, si diez centenares de millones de ángeles, soldados o paisanos, como usted quiera, están a su presencia, están todos los ángeles, y he aquí que ya sabemos el número fijo de los espíritus celestiales, que por junto es el de mil millones.
Sale aclarada de paso otra cuenta curiosa, y es la de los diablos. No sabíamos cuántos son estos bichos. La mejor noticia que yo tenía acerca de esto era que sería como la tercera parte de todos los espíritus celestiales, criados en el estado de viadores;(11) mas como ignoraba el todo, no podía sacar la tercia parte; pero ahora que usted nos dice que los ángeles que quedaron son mil millones, sacamos que los diablos son en número de quinientos millones, porque en el cielo quedaron las dos tercias partes de mil quinientos.
¿Y qué destino tienen estos mil millones de ángeles o soldados? Ya usted lo dice: "guardan su Majestad infinita". ¿Y de quién la guardan, padre Soto? ¿Quién es capaz de dañar a Dios, ni qué necesidad tiene este grande y poderosísimo Señor de que lo guarden?
Antes de los siglos, sin la existencia de una sola criatura, era el mismo Dios que hoy: su gloria era con él; su majestad y grandeza era independiente como lo es y será, y sólo crió a los ángeles y a los hombres por una de sus coeternas propensiones, cual es el ser comunicable por ser beneficente. Esto debe usted saberlo mejor que yo, porque estudió teología y yo ni conozco a esa señora.
Añade usted: "un soldado cristiano es un ángel en la tierra". ¡Cuándo esperaban los militares un elogio tan desmesurado! Todos lo soldados españoles son cristianos y así, todos los soldados españoles son ángeles en la tierra.
Albricias señores militares por tan alta categoría a que os véis elevados en la pluma del bendito padre Soto. Cada soldado español, aunque sea raso, es ángel, ¿qué será un capitán, qué un coronel, qué un mariscal, qué un general? Es menester que sean querubines y serafines, tronos y potestades para que no se confundan con el título, los que no se confunden en el mérito.
Pero no hay tal, amigos míos, no hay tal. Un soldado cristiano es un hombre lleno de pasiones como todos, y a más de esto, es un hombre expuesto a coinquinarse(12) con todos los vicios del libertinaje de la tropa. ¡Cuántos de los que leáis este papel, si metéis la mano en vuestros pechos, os acordaréis de que erais de mejor conducta en vuestras casas; que al lado de vuestros padres ignorabais, o a lo menos, no estabais acostumbrados a los vicios de que hoy no podéis desprenderos sin forzar vuestra voluntad!
¡Cuántos de vosotros en vuestras casas no erais ahora ocho años libertinos, y ni siquiera hablabais una palabra deshonesta, y ahora no teméis ni blasfemar! ¿Es esto cierto, soldados? ¿Podréis negar el grito de vuestro corazón? Pues ya veis como no hay tal angelidad, sino muchísima humanidad.
Mas no entendáis que los soldados malos son malos por ser soldados. No. La milicia no es profesión de pícaros sino de héroes; pero por una necesidad moral, si puedo explicarme así, es preciso que entre los soldados haya muchos perversos.
¿Cuál es esta necesidad? El ejemplo de las malas costumbres. ¿Y por qué este ejemplo ha de abundar más en la tropa que en ninguna otra corporación? Por la misma austeridad de la ordenanza. ¿Os parece paradoja esta proposición? Pues vedla clara.
La vida del soldado es muy penosa, sus ordenanzas, bien observadas, son muy justas, sus leyes penales muy duras, sus obligaciones muy estrechas, sus sacrificios terribles, sus riesgos gravísimos y muchos, y sus premios pocos y muy bien merecidos.
He aquí la clase de religión que profesa un soldado: religión áspera, comprometida y pocas veces bien premiada, y he aquí por qué ningún individuo de clase distinguida aspira a ser soldado si no es con opción de mandar y no ser mandado, como son los que entran de cadetes o distinguidos; he aquí también la causa de los antiguos quintos(13) y levas(14) y he aquí la razón para sentenciar a los incorregibles a las armas, como quien dice al presidio.
Y si la mayor parte de la tropa se compone de gentes sin educación, sin principios, viciosos, forzados e incorregibles, ¿qué podrá aprender el pobre joven que lo cogieron de quinto o de leva contra su voluntad? ¿Qué será el que entró con dos vicios si al cabo del año aprendió otros tres?
No os engañen, soldados, no sois ángeles. Sois unos pobres hombres llenos de miseria y capaces de errar hasta lo sumo, si Dios no os tiene de su mano; capaces de haceros el objeto de la execración de todo ciudadano si sois perversos, de cargar con el peso de la ley y de ser tizones del infierno si no os corregís.
Vosotros, aun cuando séais perversos como hombres, no sois estólidos como bestias, y bien conocéis que un soldado borracho, ladrón, asesino, etcétera es un ángel, pero de los que cayeron, esto es, de los que pertenecen a los quinientos millones de diablos que nos designa el padre Soto.
Con que no hay que alucinarse. El soldado que cumple con los deberes de soldado y con los de ciudadano, el que jamás maltrata sino que ama al paisano honrado, el que sólo saca la espada en defensa de la patria, éste es un buen soldado, un buen amigo, un buen ciudadano, un héroe. El que roba, mata, perjudica o escandaliza a sus semejantes, es un bribón, es un pícaro abominable en toda buena sociedad.
La segunda parte de la proposición de vuestra referencia está más lastimosa. Dice que "un ángel es un soldado cristiano en las alturas". Esto sí que está gracioso, padre Soto. Ya no peleamos sobre si los ángeles son soldados, porque usted ha dado en eso y es prudencia concederle algo, aunque sea gratis; pero que los ángeles sean cristianos no lo he oído ni en cabildo de guajolotes.(15)
Padre Soto, por amor de Dios, dígame usted: ¿qué quiere decir cristiano? Se calla usted, pues oiga el Catecismo Conciliar, que lo saben los niños de la escuela: "hombre que tiene la fe de Cristo que profesó en su santo Bautismo". Ya lo ve usted, hermanito, como los ángeles no pueden ser soldados cristianos porque no son hombres ni profesaron la fe de Cristo en el Bautismo. Cada vez que leo sus cosas de usted, lo quiero más, porque me confirma en el concepto de que tiene un bellísimo corazón y lo quisiera por amigo.
Pero hasta aquí usted no sabe dónde está la hedentina o hedor de su papel a herejía. Voy a decir lo que pienso como Pensador. Si usted me convenciere de que yerro en mi juicio, CANTARÉ LA PALINODIA con toda sinceridad; y si no me convence, el público sabio conocerá que usted se equivocó como hombre y se quiere sostener como lo mismo. Oiga usted la herejía.
Ha dicho usted que "el Evangelio de Jesucristo se acoge a los soldados para subsistir". No hay tal, padre mío, Jesucristo estableció su religión contra todo el espíritu y fuerza de los hombres. Vino a meter el fuego y el cuchillo entre las pasiones. Con su vida y ejemplo, con su predicación y sus milagros, con su resurrección y muerte de sus discípulos echó los cimientos de su Iglesia, cosa que no hizo ni Moisés ni Josué ni Mahoma ni Lutero.
Tan lejos estuvieron los soldados de sostener el Evangelio, que todos los del Imperio Romano cooperaron a destruirlo y aniquilarlo, y lo hubieran conseguido si el Cristo del Señor no hubiera asegurado que su religión triunfaría hasta el fin del mundo, y que ni todo el poder del infierno prevalecería contra la navecilla de Pedro, por más que la acosaran los huracanes. Portae inferi non prevalebunt alversus eam.(16)
Dice usted, como lo ha dicho e impreso, que "el Evangelio de Jesucristo mira, busca y se acoge para su defensa y subsistencia a los soldados españoles", es una adulación sin medida y una herejía declarada.
Ya canté la palinodia, padre Soto ante el público. Quedo responsable a las resultas y después de todo, le aseguro la amistad de su servidor.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi]
P. D. Le doy a usted muchas gracias por el honor que me hace llamándomeatontado; pero le advierto que la honra es de quien la da.
(1) México, 1820. Imprenta de Ontiveros.
(2) Mariano Soto. Cf. nota 27 a la Rociada de El Pensador. Noticioso. Cf. nota a alPrimer cuartazo...
(3) El padre Soto escribió su "desafío" y "amenaza", refiriéndose a la Rociada de El Pensador a sus débiles rivales, en dos artículos, que son los siguientes:
"Señor editor: Suplico a usted un lugarcito en su Noticioso General, para que allí me inserte este parrafito a El Pensador Mexicano.
"Señor de Lizardi: Cada cual da de lo que tiene. ¿Para qué es más? En su impreso la Rociada, etcétera, supone usted que soy autor de no sé qué papeles quechirrionaron a usted; mas está usted muy engañado. De chocarrerías no hago aprecio, pero si lo hago de aquello que allí expresa usted contra mi Proclama en honor de los militares, diciendo que contiene proposiciones sapientes aeresim, heréticas y blasfemas. Eso sí no se puede aguantar. La pluma teologastra de usted me conmina a que si hablo sobre ello una palabra, me denunciará. ¡[H]ola! Mil palabras tengo de hablar con usted sobre esta materia. Me ratifico en cuanto dije en mi mencionada Proclama; pero ha de ser en juicio ante usted y contra la calificación de usted, y por denuncia formal de usted. No sé si la Junta de Censura tiene jurisdicción para conocer las provocaciones heréticas, blasfemas, etcétera, que se oponen a las verdades de nuestra creencia y piedad. ¿Que se ha pasado a la Junta de Censura la comisión del tribunal extinguido llamado de la Fe? Pruébeme usted ésa; si no, confiese que habla a tientas. Sobre todo, usted denúncieme al competente tribunal. Deseo ese buen rato. No se tarde usted tres días después que lea usted estos renglones: no se rebaje usted, ¿me entiende usted? Cuidado con no denunciar mi Proclama, yo tomé la palabra y usted debe cumplirla. Y no sea usted atont. si tal Proclama tiene tales errores, ya debería usted haberla denunciado sin avisarlo a su autor. Fray Mariano Soto." Cf. Noticioso General, núm. 748, 13 de octubre de 1820, p. 2.
"Señor Editor. Sírvase usted estampar estos rengloncitos en su Noticioso General.
"Señor Fernández de Lizardi: Ingenioso caballero de las Rociadas, ¿en qué quedamos? Mi Proclama en honor de los militares ¿contiene proposiciones heréticas ysapientes aeresim o no? Si lo primero, cual usted asegura en su altisonante yrociante impreso, ¿por qué no ha puesto en obra su conminatoria jurídica denuncia? Y si lo segundo, cante usted la palinodia en público y confiese que su pluma es fanfarrona, delirante, injuriosa, provocativa. Paisanito: a esto se expone la pedantería mordicante y presuntuosa. Yo no soy sabio Pensador, me avergonzaría si tal título me diesen; pero soy, sí, fraile honrado, y me es preciso vindicarme de las negras notas con que usted se atrevió a ensuciar mi buen nombre en sus pestíferasRociadas. ¡Ea!, que va de veras, con estas son dos reconveciones que hago a usted sobre el asunto en este mismo periódico. No se exponga usted a la tercera porque le ha de dar mucho en qué pensar, y bien sabe usted que 'quien llama al toro sufra la cornada'. Deseo a usted acierto y sinceridad, su capellán. F." Cf. Noticioso General, núm. 761, 13 de noviembre de 1820, p. 3. El dato que Fernández de Lizardi da sobre la aparición de este artículo es inexacto, pues no se publicó en el Suplemento; tampoco fue el día lunes que él cita, sino el 13 de noviembre. Aunque en este caso, puede tratarse de un error de imprenta.
(4) No hemos podido localizar la Proclama en honor de los militares, pero tenemos un dato sobre la "revisión previa" a la publicación de una "proclama" de 1812:
"Oficio de Venegas, al Presidente de la Junta de Censura, a la que se encomienda la revisión previa de los papeles que se imprimen.
"Resulta la suspensión de la libertad de imprenta por los graves fundamentos indicados en el Bando de que incluyo a V. S. un ejemplar, con oficio de hoy, y restablecido por consecuencia al orden que se observa anteriormente, me ha parecido muy oportuno y propio del instituto de la Junta de que es V. S. presidente encargarle la censura, tanto de los papeles que se presenten en solicitud de permiso para su impresión, como de la Gaceta y Diario de esa capital: y lo aviso a V. S. para su inteligencia y de la misma Junta, acompañándole para el propio efecto, la adjunta proclama que me ha presentado el religioso dominico Fr. Mariano Soto Guerrero.
"Dios guarde etcétera. Diciembre 5 de 1812.— Venegas.— Sr. Dr. D. José Mariano Beristáin." Este oficio fue tomado de la Gaceta de México del martes 8 de diciembre de 1812. Cf. La Constitución de 1812 en la Nueva España, op. cit., p. 115.
(5) palmito. "Usase hablando del rostro especialmente de las mugéres: y asi se dice buen palmito." Cf. Dic. de autoridades.
(7) trisagio. Himnos y prácticas devotas en honor de la Trinidad.
(10) En las aulas del Colegio de San Ildefonso "todavía resonaban [...] los ergosde Aristóteles. Aún se oía discutir sobre el ente de razón, las cualidades ocultas y la materia prima, y esta misma se definía con la explicación de la nada, nec es quid, etc." Cf. El Periquillo Sarniento, t. I, cap. V.
(11) viador. Criatura racional que está en esta vida y aspira y camina a la eternidad.
(12) coinquinarse. Cf. nota 6 a No rebuznó con más tino.
(13) quinto. Aquel a quien toca la suerte de ser soldado mientras recibe la instrucción militar.
(14) leva. Reclutamiento o enganche de gente para el servicio militar.
(15) cabildo de guajolotes. Reunión de necios. Para ponderar una necedad se dice:eso no se ha visto ni oído ni en cabildo de guajolotes. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(16) "Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas, o poder, del infierno no prevalecerán contra ella". Mt. 16, 18.