LA IGUALDAD EN LOS OFICIOS
Por don J[osé Joaquín] F[ernández] de L[izardi]
Diálogo entre un zapatero y su compadre(1)
COMPADRE: Por fin, compadre, ¿se ha casado mi ahijado con la hija de don Lesmes, el platero? Yo lo he oído decir, y me he alegrado mucho, porque la muchacha es como un grano de oro(2) y tiene algo en reales,(3) que es lo mejor.
ZAPATERO: Pues compadre, ni se ha casado, ni se casará por toda la eternidad con la tal moza.
COMPADRE: ¿Y porqué, compadre?
ZAPATERO: Porque soy desgraciado.
COMPADRE: No entiendo a usted compadre.
ZAPATERO: Pues yo haré que me entienda. Ya sabe usted cómo yo debo a Dios un nacimiento decente, aunque pobre; sabe usted cómo mis padres me dejaron pequeño, sin herencia alguna y al arrimo de unos parientes tan pobres como abandonados y que yo, viéndome crecer sin amparo, casi desnudo y expuesto, por la ociosidad, a correr sin rienda por la carrera de los vicios, me dediqué a aprender el único oficio que pudieron enseñarme en mi ruin pueblo, que fue el [de] zapatero. Aprendílo felizmente; he observado una conducta regular; me casé con una pobre humilde, de sangre igual a la mía, adquirí dinero, no con monopolios, no con usuras, no con embelecos, sino con mi sola aplicación y constante trabajo y honradez; creció mi hijo Nicolás, ahijado de usted, lo envié a México a comprar materiales; se enamoró de esa mi señora, a quien no conozco, y ella del muchacho, según él me dijo. Supe las bellas prendas de la madama y el sano intento de mi hijo. Escribí a un amigo para que se la pidiera a su padre, creyendo que de platero a zapatero no iba mucho, y la respuesta ha sido... pero óigala usted, que la tengo en la faldriquera:(4) "Señor maestro Cosme: con mucha cólera he recibido la atrevida carta de usted en que me pide a mi niña para mujer de su hijo. ¿No advierte usted, bribón, que hay mucha diferencia de engastar diamantes y forjar oro, a estirar vaqueta(5) con los dientes? ¿Y que va mucho de la hija de don Lesmes de Alfarache, patrón del nobilísimo arte de platería, a un Chepe(6) tonto, hijo de un triste zapatero? ¡Juro a bríos,(7)que si me vuelve usted a enviar otra embajada de esta naturaleza, que ha de ir el mensajero con media cabeza abierta, para que tenga usted en qué emplear su pita(8) y sus alesnas!,(9) y tenga a mucho honor que le haya contestado. Don Lesmes." ¿Qué le parece a usted, compadre?
COMPADRE: No hay remedio. La carta está pesada, pero tuvo razón.
ZAPATERO: ¿Razón? Pues yo tenía a usted por hombre de más talento. ¿Qué razón hay, compadre? ¿No me la dirá usted, por su vida?
COMPADRE: Que el zapatero es un oficial mecánico y su ejercicio es uno de los más ruines en la república.
ZAPATERO: ¿Pero, por qué, compadre? ¿Por materia que trabaja o por la parte del cuerpo para donde trabaja? Si por lo primero, ¿no ha visto usted chaquetas, pantalones, guantes, sombreros, porta-sables y otras cosas para el uso del hombre hechas de pieles curtidas? Pues éstas no las hacemos los zapateros.(10) Luego si es por la materia, los sastres, sombre[re]ros, etcétera, deberán estar en igual paralelo con nosotros, lo que ni por pienso(11) permitirán. Si es vil este oficio por la parte del cuerpo para que se trabaja, que son los pies, dígame usted, ¿las hebillas que el platero hace, para dónde son? Mas si el calzar a los hombres nos trae tanto desprecio, ¿cuánto les deberá traer a los herradores y herreros que son zapateros de bestias? Conque si ni por la materia ni por la parte que servimos, nos sacan otros artesanos preferencia en cuanto a oficiales, pues cada uno trabaja con el material y destino de su oficio, ¿por qué ha de ser este vilipendio a los zapateros? ¿Ni por qué el sastre, el platero, el herrador y otros han de querer ser superiores a nosotros en cuanto a oficiales?
COMPADRE: Yo no sé, compadre, lo que sé es que sucede, y que hay oficios que inducen infamia al que los ejercita, como son los de carnicero, cómico, volatín,(12) toreador y otros.
ZAPATERO: Que se tengan y se hayan tenido por infames tales oficios, no lo niego. Que haya habido, ni que hay razón para ello, siempre lo negaré. Si no, dígame usted ¿por qué el hacendero que vende el toro, el abastecedor que lo compra, el asentista del Coliseo,(13) el apuntador, el que hace la comedia, los cobradores, los arrendadores de plazas de toros,(14) los espectadores, etcétera, no han de ser infames, y ha de recaer la infamia únicamente sobre los pobres que matan las reses, que representan el papel que otro hizo y que exponen su vida por su necesidad?, ¿y por qué se los permiten? Por lo que toca a los cómicos, todos lo somos en esta vida. Unos hacen papel de reyes, otros de ministros, otros de generales, otros de soldados, éstos de ricos, aquéllos de pobres, y a la última jornada de la muerte, todos quedamos iguales. Por lo que toca a los carniceros, podrá usted decirme que son infames porque matan a los animales, y yo le diré que los caballeros también los matan en el (como llaman) honroso ejercicio de la caza. Y por cierto que, de matar a matar, peor es éste, pues hay diferencia entre matar por necesidad, a matar por ociosidad, y entre quitarle la vida a un animal útil, a quitársela a un inocente y despreciable pajarillo. Por lo que toca a los toreadores, yo sé que antiguamente era este ejercicio propio de los caballeros. Y ¿qué diré a usted de los volatines o mamoneros?(15) Nada más si no que pocos años ha que vimos un diestrísimo equilibrista que hacía primores sobre los caballos. Tenía dinero y se le ponía en los carteles DON, con todas sus letras. Después vino otro pobre que lo hacía sobre un alambre flojo, y a éste sólo se le llamó señor Fulano, mondo y lirondo. ¿Qué le parece a usted?
COMPADRE: Yo no puedo decirle a usted más, sino que así lo han dispuesto nuestros mayores.
ZAPATERO: ¡Valiente solución! Pues oiga usted, fue un obispo a un convento de monjas a asistir a unas vísperas y oyó que cantaban candiletas. Acabáronse. Hizo llamar a la abadesa y le dijo: Madre, que lean bien la antífona(16) las religiosas; no dice candileta, sino quam dilecta. Es verdad, ilustrísimo señor, dijo la abadesa, ya lo hemos visto; pero candileta han dicho nuestras antepasadas y candileta hemos de decir nosotras in saecula saeculorum. ¡Qué tal!, compadre.
Con superior permiso
(1) México. En la Oficina de Ontiveros, año de 1812. Manuel Suárez Rivera, historiador de la prensa, en su artículo "La función de la imprenta en la ciudad de México a finales del siglo XVIII. Mariano Zúñiga y Ontiveros, desde el periódico hasta el calendario", informa que "Los Zúñiga y Ontiveros tienen presencia [en la historia de la imprenta en México] desde 1761 y hasta 1825, año de la probable muerte de Mariano [...]. El inicio de esta dinastía [de] impresores se da con la apertura de un establecimiento en la calle de la Palma, en 1761, año en que se les otorga [a los hermanos Cristóbal y Felipe] el privilegio de realizar esta actividad en la ciudad de México [...] El establecimiento de la calle de la Palma [donde primero se asentó la imprenta de los Zúñiga y Ontiveros] no sólo era taller tipográfico, fue una librería notable desde antes de abrirse a la imprenta, que se nutría constantemente de libros importados." Hijo de Felipe, Mariano también trabajaba en el establecimiento: se encargaba de presentar escritos ante la Inquisición para liberar cajones de libros importados que se encontraban detenidos en Veracruz; es probable, entonces, que Mariano se hiciera cargo de la librería y la administración de ese próspero negocio familiar. Son muchos los impresos que salieron de la casa Zúñiga y Ontiveros, entre ellos, las obras científicas de José Antonio Alzate, José Ignacio Bartolache y Antonio de León y Gama, el Diario de México, en el ocaso del periodo virreinal de México y muchos de los folletos y hojas volantes que circularon a principios del siglo XIX.
(2) grano de oro. "Excelencia. Éste es el lugar adecuado para citar algunas de las innumerables expresiones que se crean constantemente para ponderar el grado de excelencia de personas y cosas [...]. Muchas de las expresiones que significan 'excelente' son frases proposicionales [...]. Entre las expresiones americanas de este tipo están: de oro [...] 'una muchacha de oro' (Luis Flórez, Habla y cultura popular de Antioquía, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, XIII, Bogotá, 1957, p. 115)". Cf. Charles E. Kany, Semántica hispanoamericana, trad. Luis Escolar Bareño, Madrid, Aguilar, 1966, pp. 236-237.
(3) reales. Cf. nota 11 a Consulta que un payo hizo...
(4) faldriquera. Por faltriquera. "La bolsa que se trahe para guardar algunas cosas, embebida y cosida en las basquiñas y briales de las mugéres, á un lado y á otro, y en los dos lados de los calzónes de los hombres, á distinción de las que ponen en ellos un poco mas adelante, y en las casacas y chupas para el mismo efecto, que se llaman Bolsillos." Cf. Dic. de autoridades. Como dato curioso anotamos que el hijo de don Cosme, Nicolás, tiene el mismo nombre que el barbero, maese Nicolás, de El Quijote (I, 5-33 y II, 1-269).
(5) vaqueta. Cuero de ternera curtido y adobado.
(6) Chepe. En una nota de Fernández de Lizardi al capítulo V del T. II, de la cuarta edición de El Periquillo Sarniento, se aclara que es lo mismo que Pepe o José. En el habla familiar y afectiva, los nombres propios con frecuencia se abrevian mediante aféresis o apócope. Un ejemplo de aféresis el Chepa. Cf. Charles E. Kany, op. cit., p. 220. Parece que Chepe era un nombre de uso proverbial, igual que ahora es Juan.
(7) ¡juro a bríos! Equivalente a ¡voto a bríos!, ¡voto a Dios!, ¡juro a Dios!
(8) pita. Voz quecha. Fibra vegetal que empleaban los zapateros para coser la suela con el corte del zapato.
(9) alesnas. Por lesna o lezna: instrumento de hierro con punta afilada y un mango de madera. Lo usan algunos artesanos y los zapateros para agujerar, coser y pespuntear.
(10) En el original capateros. A nuestro juicio es una errata de imprenta.
(11) ni por pienso. Cf. nota 14 a La fortuna de la fea.
(12) volantín. Cf. nota 23 a La fortuna de la fea.
(13) asentista del Coliseo. Asentista es el que hace asiento o contrata con el gobierno o público para la provisión o suministro de efectos. Coliseo. Cf. nota 19 a El muerto y el sacristán.
(14) plaza de toros. La de San Pablo. Estaba inmediata al templo de ese nombre. Su cupo era para diez u once mil espectadores.
(15) mamoneros. Metátesis maromero. En este contexto es acróbata o volantinero.
(16) antífona. Pasaje breve generalmente de la Sagrada Escritura, que se canta o reza antes o después de los salmos y cánticos en las horas canónicas, y guarda relación con el oficio propio del día.