Fábula XXXI
LA HORMIGA Y EL ELEFANTE
Que a un Elefante fuerte
un bravo león matase
o algún tigre feroz despedazase,
fácil es si se advierte;
mas que se diera traza
de privar de la vida a tal bestiaza
una débil Hormiga,
esto no se ha de creer aunque se diga.
Parecerá quimera,
pero ello es que pasó de esta manera.
No sé si de pensado o de accidente
un Elefante un día
a una infeliz Hormiga pisaría;
ello la lastimó muy gravemente.
La pobre se quejaba,
y el Elefante entonces la insultaba
con picantes razones,
diciéndole denuestos a millones;
y fuese al fin, dejando
a la infeliz Hormiga renegando
y ofreciendo, colérica y sangrienta,
vengarse de la bestia corpulenta,
la que sólo reía
de cuanto el insectillo le decía.
Pero éste, adolorido,
lo siguió con paciencia,
hasta que a su presencia
el Elefante se acostó rendido
de un sueño tan profundo,
cual si no hubiera Hormigas en el mundo.
La trompa sin recelo
la desarruga, la tiende por el suelo
y duerme alegremente.
Entonces la Hormiguilla sutilmente
por la nariz nerviosa
corriendo se introduce
hasta do la conduce
su venganza cruel, y allí furiosa
con su débil tenaza
muerde, le aguija, hiere y despedaza
la ternilla sensible
de aquel monte animado tan temible,
quien al sentirse herido
despierta, da un bramido,
se levanta, despliega
la trompa y la refriega
por doquiera que andaba.
Entre tanto, la Hormiga no cesaba
de su intento primero
de hacerle en la nariz un agujero.
Toda su fuerza aplica
con un tesón constante
contra el pobre Elefante,
a quien hiere, maltrata y mortifica
con ahínco tan cruel y desusado,
que ya desesperado
el Elefante triste
a trompazos los árboles embiste,
dándose golpes tales
que en breve tiempo se hizo dos canales,
por donde le salía
en arroyos la sangre; ni podía
más golpes sacudirse
el infeliz herido,
y ya desfallecido,
hubo al fin a la muerte de rendirse.
Exangüe cayó al suelo.
Entonces la Hormiguilla sin recelo
salió de la nariz ensangrentada,
y viéndose vengada,
le decía: —A ninguno
debes agraviar de modo alguno,
y a los hombres en ti yo bien enseño
que ningún enemigo es tan pequeño
como una Hormiga coja
para tomar venganza si se enoja.
