LA CATÁSTROFE DE CÁDIZ
Por artículo de Gaceta de Madrid de 28 de marzo supimos el acontecimiento de Cádiz.(2) El impreso a la letra es como sigue:
"Un gran número de cartas de Cádiz refieren circunstanciadamente los deplorables sucesos últimos de aquella ciudad. De muchas de estas cartas y de otras varias relaciones que hemos cotejado, y de cuya autenticidad estamos perfectamente seguros, resulta lo siguiente. El 9 a las nueve de la mañana salió del Puerto de Santa María el general Freire(3) con sus ayudantes y el intendente de su ejército para la plaza de Cádiz, donde enterado de la exaltación con que muchos oficiales del ejército y armada y un gran número de vecinos solicitaban y promovían la jura de la Constitución,(4) y considerando que era inútil resistir a un deseo que se pronunciaba tan enérgicamente, dispuso acceder a él; y anunciando que el día 10 se haría la ceremonia de la jura, se colocará en la tarde del 9 una lápida provisional en la plaza, y hubo a la noche iluminación general, autorizando todos estos actos el general en jefe y el capitán general de la armada don Juan María Villavicencio.(5) En seguida dio el general en jefe los correspondientes avisos al ejército, mandó cesar las hostilidades, y comunicó estas ocurrencias al coronel Quiroga,(6) previniéndole enviase oficiales de su confianza a Cádiz para concertar lo conveniente, como lo hizo aquel comandante, enviando a su jefe de estado mayor don Felipe de Arco Agüero(7) y varios oficiales de artillería.
"Entre tanto, el batallón de Guías,(8) compuesto de unos 400 hombres pasados de la Isla, se confabuló con el de la Lealtad, parte del de América y algunos milicianos, y formaron el inicuo plan de turbar el júbilo común. Con lo que a las diez y media de la mañana del 10, cuando estaban hechos todos los preparativos de la jura, desembocó el batallón de la Lealtad(9) por la calle Ancha,(10) echando algunas partidas por las de Murguía y Jardinillo,(11) y esto cuando ya habían llegado los Guías, que, pasando por la calle del Veedor y sus guerrillas por la del Fideo y Oleo, entraron en la plaza de San Antonio; y, a los gritos de viva el rey, rompieron un fuego horrible contra los vecinos que, viéndose asaltados tan alevosamente, acudieron por armas al parque. Pero éste se hallaba ya tomado, de modo que murió cuanta gente se asomó al campo, cayendo los que pudieron dispersarse en manos de los de la Lealtad que los asesinaron o los robaron indignamente. Al mismo tiempo cayó también sobre una gran porción de vecinos de ambos sexos, que aguardaban en la puerta de tierra la llegada de los de la Isla, un destacamento de caballería que acuchilló y persiguió a aquellos ciudadanos pacíficos hasta empujarlos sobre la infantería, que los recibió a fusilazos, ayudando desde la muralla las milicias de Bujalance a completar el estrago. Estos asesinatos espantosos duraron hasta las tres de la tarde; pero aún después continuaron recorriendo las calles partidas de aquellos facinerosos, llevando una de ellas dos violentos, y saqueando algunas casas y establecimientos públicos.
"Durante la refriega parece que el general en jefe había sido retenido en su casa, y obligado a dar órdenes revocatorias de las del día anterior. Y tal se dice que era su situación cuando llegó a la plaza el general Ferraz,(12) jefe del estado mayor. Éste pasó al ver al general Freire y le facilitó salir de la plaza, a pesar de las dificultades que se ofrecían, y volviendo al Puerto de Santa María en la noche del día 10, mandó que se suspendiese la jura de la Constitución. Pero esta orden era tardía, pues los dos regimientos de Valencey(13) y Soria y de Dragones del Rey(14)habían ya jurado en Jerez, y la segunda División de Infantería en Chiclana,(15) sin ser dado a ningún poder humano sofocar los sentimientos constitucionales que se habían manifestado muy abiertamente. Galindo, Arco Agüero y otros que [se] habían ido de la Isla, escaparon milagrosamente, refugiándose en casa de don Josef Morel, de donde se dice que fueron después trasladados a un castillo. Los muertos del 10 fueron 426, y hasta 900 los heridos,(16) de los que después han perecido muchos.
"Durante todo el día 11 hubo fermentación en el ejército y vacilación en la autoridad, pero sin más ocurrencia notable que un motín de los Dragones del Rey que, abandonando a sus jefes y oficiales, se marcharon de su cantón, matando a un alférez que intentó oponerse a su voluntad. En Cádiz hubo también una u otra desgracia.
"El 12 llegó el real decreto del 7 en que su majestad declaraba haberse decidido a jurar la Constitución, y esto unió y tranquilizó al ejército en algún modo, pero no totalmente, pues vistas las órdenes y contraórdenes anteriores y los asesinatos de Cádiz, todo el mundo manifestaba una desconfianza justísima.
"El 13 y 14 continuaba Cádiz siendo víctima de una tiranía militar espantosa y de los furores de una soldadesca brutal. El pueblo de aquel antiguo baluarte de la libertad española, engañado de un modo inaudito, no respiraba más que sangre y venganza. Del general Freire se decía en el cuartel general que se preparaba a marchar con el coche del Abisbal;(17) pero es verosímil que ni para esa empresa ni para otra alguna tenga el general Freire en lo sucesivo un solo soldado con quien contar.
"Tal es el resumen de los acontecimientos de Cádiz de que los diarios de aquella plaza, sujetos a una censura inquisitorial, no hablan una sola palabra. Los hechos, que hemos cuidado de referir con la exactitud más prolija, no señalan a los autores o cómplices de aquellos horrores de un modo bastante circunstanciado para que nosotros los designemos ya a la animadversión pública y ya a la venganza de las leyes. Cartas muy respetables, que a la vista, hablan con una indignación profunda del general Campana(18) y de la junta de reemplazos; pero éstas son quizá suposiciones, y es menester que el tiempo revele lo que puedan tener de real. En cuanto al general Freire, su conducta muestra lo menos una debilidad, una incertidumbre, una fluctuación que han hecho a muchos dudar de la rectitud de sus intenciones. Y bien que nosotros, acostumbrados a presenciar grandes sucesos, y enseñados en la escuela de la adversidad a examinarlos con sangre fría, hayamos rehusado fijar nuestra opinión sobre esta materia; no podemos menos de creer, juzgando por los antecedentes conocidos, que costará trabajo al general justificar plenamente su conducta.
"La indignación que ha causado en Madrid la noticia de los asesinatos de Cádiz ha penetrado desde los palacios de los grandes hasta los talleres de los artesanos. Por todas partes el grito de la inocencia, vil y cobardemente inmolada, ha despertado los sentimientos generosos que seis años de vergonzosa opresión habían sofocado en los pechos españoles, y no ha dejado de aumentar esta indignación la noticia de que el Real Decreto de 7 de marzo(19) no llegó hasta el día 12 al Puerto de Santa María, cuando hubiera debido llegar el 10. Los horrores del 2 de mayo armaron a España en 1808 contra las huestes formidables que invadían; los del 10 de marzo de 1820 la armarán también contra los asesinatos que han teñido sus manos en la sangre de 500 de sus compatriotas. El gobierno ha despachado al coronel de artillería don Josef Herrara Dávila para enterarse, según se dice, de todas estas ocurrencias y llevar al teniente general don Juan O'Donojú(20) su nombramiento de general en jefe del ejército que estuvo a las órdenes del general Freire."
Conciudadanos: ya veis el efecto de las pasiones desordenadas. Nuestros hermanos, los de Cádiz, perecieron desgraciadamente a manos de los mi[s]mos suyos, ¿y por qué?, porque anhelaban por verse restituidos en sus derechos.
El pueblo, ansiosamente deseoso de celebrar su libertad, corre alegre por las calles y plazas esperando impaciente el momento de la jura apetecida, cuando las viles hordas de soldados corrompidos y aduladores se echan alevosamente sobre el triste pueblo inerme y descuidado. La muerte vuela en los filos de sus inicuas bayonetas. Nada perdona su furia destructora y asesina. La casta madre, el desarmado esposo, la tierna doncella, el pobre enfermo, el inocente niño, el viejo débil todo es objeto de saña de estos ilustres y valientes guerreros.
Por todas partes correr despavoridos los miserables gaditanos, buscando un seguro donde esconderse de los malvados y crueles asesinos; pero en vano. Las calles se hallan ocupadas de verdugos.
Acuden a los claustros a refugiarse, juzgando hallarse en ellos seguros como en lugares santos... mas ¡oh dolor!, los religiosos cierran las puertas y los dejan abandonados a la furia y encono de los leales. Todos perecen porque los frailes de Cádiz se niegan a salvar los que pudieran. ¿Ésta es la santa ley que profesamos? ¿Así se cumplen los preceptos de la caridad que nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos? ¿De este modo se siguen las huellas de los santos fundadores? ¡Ah!, corramos un velo sobre procedimientos tan impíos y alabemos, colmemos de bendiciones a los padres franciscos que se distinguieron esclarecidamente, franqueando a los prófugos infelices el sagrado y seguro de sus claustros.
Entre tanto duraba la cruel carnicería, no se descuidaban los valientes defensores del rey en hacer su negocio. Se allanan las casas de los pacíficos ciudadanos, se saquean sus bienes y el robo y el pillaje son como los ecos de la acendrada fidelidad de aquellos bravos. Todo es carnicería, todo matanza, depredación violenta y sacrilegio.
¡Víctimas infelices de nuestra apetecida libertad!, vosotros descendisteis al sepulcro por los mismos principios de los Daoiz y Velardes, que los Porlieres y Lacys.(21) Sírvaos de recompensa a vuestro mérito la grata y lastimosa memoria que haremos de vuestros infortunios.
Y vosotros, huérfanos desdichados, tristes viudas, padres y esposos que dejasteis de serlo en los aciagos momentos del azaroso 10 de marzo, recibid la ternura de nuestro corazón: abrid vuestros senos para depositar en ellos las lágrimas de la sinceridad y del amor...
¿Pero acaso hallaréis algún alivio real en estos sentimientos desnudos de socorro? ¡Ah!, no. El llanto estéril no aprovecha de nada al desgraciado. Probemos el mejor medio de aliviaros en la siguiente.
SUBSCRI[P]CIÓN
Queda abierta desde hoy para el socorro de aquellos desgraciados, en la librería de don Juan Bautista de Arizpe,(22) calle de la Monterilla,(23) quien dará a los señores subscriptores sus correspondientes recibos, sea cual fuere la cantidad con que se subscribieron.
Dentro de un mes se dará gratis a los señores subscriptores la lista de los que fueren y de las cantidades con que se subscribieren.
Por ahora se ha subscrito
El Pensador con ........................................................................................... 10 pesos.
El dinero que se colectare quedará a disposición del señor coronel y alcalde de primer voto don Josef Ignacio Aguirrevengoa,(24) quien lo remitirá a Cádiz para que se destine a su objeto.
De la inversión de lo remitido y personas socorridas se dará a su tiempo la debida satisfacción al público.
Ricos generosos, almas sensibles: manifestad en esta vez el noble desprendimiento que sabéis tener de vuestros intereses en beneficio de la indigente humanidad. Abrid las puertas a la caridad para que se os abran las puertas del paraíso; echad una mirada de compasión sobre aquellas infelices familias que han quedado sumergidas en el dolor y la miseria sin el menor delito; acordaos que son españoles, que son nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros conciudadanos, nuestros semejantes y, lo que es más, unos desgraciados que reclaman con imperio vuestra compasión y que elevan sus votos al Padre de las misericordias para que las derrame sin medida sobre vosotros y sobre vuestros hijos.
México, julio 14 de 1820.
J[osé] J[oaquín] F[ernández] de L[izardi](25)
(1) México: 1820. Imprenta de Ontiveros.
(2) el acontecimiento de Cádiz. Cf. Historia de España, op. cit., t. XXVI, especialmente pp. 655-659.
(3) Manuel Freire (1765-1834). General español de caballería. El 9 de marzo de 1820, "Freire entró en Cádiz y pronto corrió la voz de que iba dispuesto a proclamar la Constitución, de acuerdo con el capitán general de Marina don Juan María Villavicencio. Se reunieron grupos y al compás de ruidosas aclamaciones colocaron en el sitio en que anteriormente había estado, una lápida conmemorativa de la Constitución". Cf. México a través de los siglos, op. cit., t. III, p. 638. En realidad Freire se vio involucrado por las falsas informaciones de que los batallones de la guarnición se habían declarado favorables a la insurrección encabezada por Riego. Efectivamente, se colocó una tabla para indicar la Plaza de la Constitución. Freire echó marcha atrás; pero fue humillado por sucesivas increpaciones de los realistas y abandonó la ciudad.
(4) La Constitución de Cádiz no se volvió a proclamar exactamente en la fecha que indica el folleto, aunque sí en el año de 1820. "La revolución española, al poner en entredicho los principios de la Santa Alianza, iba a encender los entusiasmos de la Europa de los nacionalismos y de la libertad, artificiosamente oprimidos por el sistema Metternich: la Constitución de 1812 alcanzaría así ahora, en 1820, su significado esencial de cara a una nueva era. Ya a raíz de su promulgación en Cádiz, aquella tabla de libertades y derechos —ingenuo monumento a la dignidad del hombre, matizada más que por las teorías de Rosseau, por el eterno mensaje cristiano— había tenido la virtud de desplazar, en el horizonte político de un mundo que despuntaba, estremecido todavía por las desgarraduras del Terror, los textos constitucionales de la Revolución Francesa." Cf. Historia de España, op. cit., t. XXVI, pp. XX-XXI.
(5) Juan María de Villavicencio (1775-1830). Marino español. De 1805 a mayo de 1809 fue nombrado comandante general del Apostadero de La Habana; atendió a la defensa de Cuba. En ese entonces se le nombró comandante general de los regimientos de infantería de marina. Regresó a España, y en febrero de 1810 el Consejo de Regencia le confió el mando de las escuadras del océano. Después se le nombró gobernador militar y político de Cádiz, y años más tarde se le elevó a la regencia del reino, que ejerció con el duque del Infantado, Joaquín Mosquera, I. Rodríguez y el conde de La Bisbal. Este cargo lo desempeñó hasta marzo de 1813.
(6) El coronel Antonio Quiroga formó parte de la sublevación de Riego en 1820, que hizo restablecer la Constitución de 1812.
(7) Felipe de Arco y Agüero. Bartolomé Navarro de San Antonio dedica un sermón a "Phelippe de Arco y Agüero, secretario del rey y tesorero de su Consejo y Cámara de Castilla". Había tomado consistencia el rumor de que se iba a proclamar la Constitución... "Tres comisionados salieron á dar cuenta de tan fausto suceso (que por consumado lo daban ya los vecinos de Cádiz) al ejército constitucional situado en San Fernando al mando de Quiroga, y éste acordó que pasasen á aquella ciudad otras tres personas, que representando á sus tropas las pusiesen en amistosas relaciones con la guarnición y autoridades del puerto, revistiendo con esta misión á don Antonio Alcalá Galiano, y a los coroneles Arco Agüero y López Baños." Cf. México a través de los siglos, op. cit., t. III, pp. 638-639.
"La proclamación hecha por Riego de la Constitución en todos los lugares a su paso, había decidido realmente la cuestión [sobre programa político] a que servía el levantamiento y, no sin que se manifestase el disgusto de Quiroga y hasta de Arco Agüero, que debía encontrar comprometida semejante filiación política, éste, en una carta que días después dirigió al general Freire, nuevo comandante de las fuerzas fieles al régimen, afirmó que su intención se reducía a que Fernando VII abandonase el sistema de gobierno que venía practicando 'y adoptar la monarquía moderada y representativa que hacía la felicidad de otros países, curando, como en Francia, las profundas llagas que había abierto el sistema tiránico de Napoleón'. A pesar de estas reservas hechas públicas por la lectura publicación del manifiesto que escribiera Alcalá Galiano, se proclamó igualmente la Constitución en San Fernando y se reestableció el Ayuntamiento constitucional." Cf. Historia de España, op. cit., t. XXVI, p. 643. El 6 de enero Arco Agüero publicó una proclama en el Puerto de Santa María donde se lee: "El ejército nacional, al pronunciarse por la Constitución de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz por sus legítimos representantes, no trata de atentar a los derechos del legítimo monarca que ella reconoce. No trata el ejército de atentar a las propiedades ni a las personas, ni tampoco de hacer innovaciones que la equidad, la justicia y la religión de nuestros padres no autorice." Cf. Historia de España, t. XXVI, nota 108 a la p. 668.
(8) El coronel Capacete y el comandante Gavarre, con el beneplácito del general Campana, prepararon el movimiento de los batallones de Guías y de Leales a Fernando VII, y echaron a tierra la proclamación de la Constitución: "Entraba en Arcos [de la Frontera] el batallón procedente de Villamartín y Riego fue reconocido comandante general, según lo anteriormente convenido. Al mismo tiempo varios oficiales del batallón de Guías, que guarnecía el lugar, arrastraron a sus hombres y se sumaron al movimiento de las ocho de la mañana, tras lo cual se procedió a restaurar el régimen constitucional, nombrando Riego alcaldes interinos". Cf. Ibid., t. XXVI, p. 640. En el paso de Arcos de Jerez le daban cien de los mil doscientos hombres que componían su ejército.
(9) "En Cádiz la noticia de que se proclamaría la Constitución irritó a los batallones de Guías y de Leales a Fernando VII. Se lanzaron a la calle a las diez de la mañana con el grito de ¡Viva el rey!, y dispararon sobre la multitud. Luego los Leales atravesaron la ciudad disparando sobre las personas que se pusieron a su alcance. Tras desalojar a tiros la plaza de San Antonio, continuaron con sus gritos y disparos contra quien no perteneciese a sus filas. La conjura se disolvió por los disparos de este batallón de Leales." Cf. Ibid., p. 645.
(10) calle Ancha. Sigue siendo la principal arteria de esta ciudad andaluza. Benito Pérez Galdós anota: "después de que las Cortes se trasladaron a Cádiz, la calle Ancha, además de un paseo público, era, si se me permite el símil, el corazón de España. Allí se conocían antes que en ninguna parte, los sucesos de la guerra, las batallas ganadas o perdidas, los proyectos legislativos, los decretos del gobierno legítimo y las disposiciones del intruso; la política toda, desde la más grande a la más menuda, y lo que después se ha llamado chismes políticos, marejada política, mar de fondo y cabileos". Cf. Episodios nacionales. Gerona. Cádiz, nota preliminar de Teresa Silva Tena, México, Edit. Porrúa, 1971 ("Sepan cuantos...", 166), p. 165. En una reproducción de El Constitucional de Madrid, número 31 en El Conductor Eléctrico(número 20) se dice que a Riego "Del Cabildo lo llevaron por las calles de la Pelota, Cobos, Juan de Andas, Guanteros, San Agustín, San Francisco, Carne y Verónica, a la calle Ancha; allí entró en casa del general Ferraz". Cf. José Joaquín Fernández de Lizardi, Obras IV, op. cit., p. 394.
(11) Jardinillo. Galdós escribe: "Marchamos por la calle de San José para tomar la de Jardinillo", op. cit., p. 179.
(12) Francisco Ferraz. Después de la llamada traición del Palmar (La Bisbal dijo que iba a proclamar la Constitución al frente del ejército, y con esa treta entró en negociaciones con quienes preparaban la insurrección, denunciando luego a quince de ellos. Por lo que recibió la Gran Cruz de Carlos III y el empleo de teniente general, aunque también fue separado el mando del ejército), en el lugar de la Bisbal, "se designó al conde de Calderón, que tendría como inmediatos colaboradores a los mariscales de campo Estanislao Sánchez Salvador y Francisco Ferraz. Los nuevos comandantes del ejército no dudaron en manifestar públicamente su falta de preparación en tales empleos, las dificultades de la empresa y el carácter forzoso con que habían pasado a ocupar sus destinos". Cf.Historia de España, op. cit., t. XXVI, pp. 637-638.
(14) Dragones del Rey. Sabemos que en "Jerez el regimiento del dragones salió a las diez de la noche del día 11 de sus cuarteles y se repitieron las escenas de Cádiz, aunque con mayor gravedad por la presencia en armas del batallón de Valençay, fiel a la Constitución, y a la inactividad del batallón de Soria. Era preciso que todos dieran muestra de su lealtad y ya que no tenían una población pronunciada por la Constitución contra quien ensañarse, dirigiéndose contra los jefes y oficiales para hacerles gritar Viva el rey. Ésta era su menor exigencia, pues que hubo batallón del cual tuvieron que huír diez y ocho o más oficiales para salvar su vida. La insubordinación rompió todos los diques, y el ejército cayó en el más espantoso desorden". El batallón de Soria, que entró el día 12 en el puerto de Santa María, lo hizo "dando las voces más descompasadas y en un verdadero tumulto. Luego se supo que en su marcha desde Lebrija había apaleado a cuantos oficiales sueltos encontró". Cf. Ibid., p. 659.
(15) Chiclana de la Frontera es un partido judicial de la provincia de Cádiz.
(16) Las bajas que causaron los batallones de Guías y de Leales a Fernando VII "es imposible de fijar, dadas las diferencias que existen entre los diversos testimonios". Cf. Ibid., p. 656.
(17) Por La Bisbal. Enrique José O'Donell (1769-1834). Militar español. Durante la guerra de independencia española se le confió el mando del ejército de Cataluña, al frente del cual derrotó a Schwartz en La Bisbal (14 de septiembre de 1810) lo que le valió el título nobiliario. Pese a los favores que debía a las Cortes, apoyó en 1814 el restablecimiento del absolutismo, lo que le permitió conservar el cargo de capitán general de Andalucía. Al producirse la insurrección, Fernando VII puso las tropas de la Mancha a sus órdenes. El 9 de enero amenazó con la fuerza a los sublevados y ofreció perdón a los que abandonasen las banderas liberales. Escribió: "Aprovechad, pues [...], los días de clemencia y temed la hora terrible del castigo que muy pronto caerá sobre vosotros si permanecéis obstinados y protervos." Cf. Ibid., p. 646. Luego juró la Constitución de 1812 en Ocaña, lo que le valió tener cargos elevados durante el trienio constitucional. En 1823, al invadir España los Cien Mil Hijos de San Luis, mandaba el ejército de reserva que, situado en los pasos de Guadarrama y Somosierra, debía detener el avance de los franceses en el caso de que Ballesteros no pudiera hacerlo. Ballesteros se retiró sin combatir y O'Donell intentó un golpe moderado para llegar a una solución negociada con las potencias absolutistas. Los absolutistas veían demasiado fácil su triunfo para avenirse a sus condiciones y los liberales se indignaron y desertaron de su ejército. Cayó en manos de los invasores; pero finalmente pudo huir a Francia.
(18) "Al saberse en Cádiz la prisión del conde de Calderón y la presencia de los batallones en la isla, el teniente del rey, que hacía funciones de gobernador, acudió al general Campana, quien se hizo cargo del mando, y puso en el fuerte de la Cortadura al capitán de infantería Luis Fernández de Córdoba, que lograría rechazar aquella noche la corta columna asaltante enviada por Quiroga, suceso debido más a la sorpresa que en ésta causó el encontrar resistencia que a los medios reales de que disponía la plaza para resistir." El 24 de enero, "la conjura gaditana [...] durante corto tiempo llegó a ser dueña de Cádiz e hizo prisioneros al general Campana y al gobernador Rodríguez Valdés". "El 9 de marzo Freire pasó a Cádiz, donde supo por boca de Villavicencio que una parte de la escuadra y tres batallones de la guarnición se habían declarado favorables a la restauración constitucional, noticia que fue impugnada por el general Campana, dirigiéndose luego los tres generales [...] con sus ayudantes a la plaza de San Antonio, donde se concentró bastante gente, 'todos muy animados y gozosos, porque toda la guarnición, decían, estaba de acuerdo con la Marina para proclamar la Constitución.' La errónea creencia de que el comandante en jefe había pasado a Cádiz para proclamar la Constitución fue ganando cuerpo a medida que pasaban las horas, y tanto Villavicencio como Campana coincidieron ahora en la necesidad de pronunciarse 'y dirigir este movimiento, ya inevitable'." El 10 de marzo se presentaron en Cádiz, en condición de parlamentarios, Arco Agüero, López Baños y Alcalá Galiano; se entrevistaron con Freire. La reunión se interrumpió por la irrupción de los batallones de Guías y Leales de Fernando VII. Este movimiento contaba con el asentamiento de Campana. Una vez que Freire abandonó la ciudad, Campana convocó una reunión de jefes para restablecer el orden. Incluso ordenó que se proclamase la soberanía del monarca ante un retrato de Fernando VII instalado en el lugar donde antes había estado la placa constitucional." Cf. Ibid., pp. 642, 645 y 655 respectivamente.
(19) "El 7 de marzo la monarquía capitulaba en toda línea, 'Siendo la voluntad general de pueblo me he decidido a jurar la Constitución promulgada por las Cortes generales y extraordinarias en el año 1812.' Al día siguiente se hacía público un decreto que liberaba a todos los detenidos por opiniones políticas, medida que ya se había ejecutado en la parte del país pronunciada por la Constitución, y el día 9 quedaba abolido el Santo Tribunal de la Inquisición." Cf. Ibid., p. 661.
(20) Juan de O'Donojú (1762-1821). Capitán general y jefe superior político de Nueva España (3 de agosto a 27 de septiembre de 1821). Uno de los jefes de la masonería. Se afirma que era el 62° y último virrey de la Nueva España. No hay tal, pues el régimen constitucional de 1820 no reconocía el título de virrey. (Aclaración remitida por José Rojas Garcidueñas.) Firmó con Iturbide los Tratados de Córdoba.
(21) Usando sinécdoque alude a Luis Daoiz y Torres (1767-1808). Capitán de artillería español. Suministró armas al pueblo para que combatiera contra los invasores franceses. En la contienda murió atravesado por las bayonetas del enemigo. En El Conductor Eléctrico número 1, Fernández de Lizardi escribe: "¡Gloria inmensa, sí, loor eterno a los manes de Daoiz, Velarde y otros nobles atletas que el 2 de mayo de 1808 se sacrificaron en el Parque de Madrid por la defensa de su patria!" Cf. Obras IV, op. cit., p. 265. Pedro Velarde y Santiyán. Militar español. El general francés Murat intentó llevárselo a su lado; pero él se mantuvo firme en sus ideas. El 2 de mayo de 1808 se impuso a los oficiales franceses y a la tropa que guarnecía el parque Monteleón; no obstante, ahí murió heroicamente. Juan Díaz Porlier y Luis de Lacy, junto con Joaquín Vidal, fueron militares que entre los años de 1815 y 1819 tomaron parte en las conspiraciones y rebeliones contra el régimen absolutista de Fernando VII, y murieron a causa de ello.
(22) Librería de don Juan Bautista de Arizpe: esquina de la primera calle de la Monterilla y Capuchinas. Fue instalada por los años 1803 a 1805.
(23) Monterilla. Las dos primeras calles iban al monasterio de San Agustín. Fueron llamadas así por los alcaldes de Montera que asistían al Ayuntamiento. Actualmente son las calles de 5 de Febrero.
(24) José Ignacio de Aguirrevengoa fue capitán de la Quinta Compañía del Segundo Batallón de Patriotas Distinguidos de Fernando VII, de la ciudad de México, en 1811. Así consta en el "Nombramiento de Patriota de Fernando VII expedido en México el 23 de septiembre de 1811, en favor de Mariano [José] de Aguirre, por José Ignacio de Aguirrevengoa", México, sin datos de imprenta. Más tarde fue coronel y miembro del Ayuntamiento Constitucional con el cargo de Alcalde, junto con el conde de Alcaraz, según consta en la lista de los "Ciudadanos elegidos en este día por los Electores parroquiales de esta capital para el Ayuntamiento Constitucional", en elSuplemento al Noticioso General número 699 de 21 de junio de 1820. Conocemos suArenga [...] leída en la Junta Electoral de Partido celebrada en México el 20 de agosto de 1820, en que resultó nombrado el Sr. D. José María de Fagoaga.
(25) En nuestro ejemplar aparece manuscrita la siguiente: "Nota / "La siguiente oración fúnebre detalla los horrores del 1º de marzo en Cádiz. ¡Odio eterno á los verdugos de tan inocentes víctimas!"