Fábula IV

LA ARAÑA Y EL GUSANO DE SEDA 


A un Gusano de seda que vivía

dentro de una morera muy hermosa

una Araña decía:

—Soy una tejedora primorosa.

Hago ruedas, florones

y otros bellos dibujos a millones,

y no te cansarías

de alabar que en sólo cuatro días,

con mis industrias raras,

tejo una tela de catorce varas.

—De tal trabajo —respondía el Gusano—

la corta duración no me acomoda.

—Ése es un miedo vano;

¿no ves que yo trabajo de la moda?

—la Araña contestaba—

y aunque es verdad que en un instante acaba

mi afán, a otro, infructuoso,

yo buena vida gozo

a costa de mis telas;

y no tú, que te afanas y desvelas

hilándote la vida con constancia

sin esperar más premio que la muerte.

—Parece una ignorancia

—dijo el Gusano—;

pero si se advierte,

en general los hombres aprovechan

lo que mis fauces echan.

—Cierto; ¿mas qué dijeras

—decía la Araña— si a tus ojos vieras

hacer de tus entrañas

a esos hombres que citas, telarañas,

que llaman ellos puntos, muselinas,

encajes o velillos

y otros mil telas finas,

firmes cuales ya ves son mis hilillos?

Pues así lo hacen, hijo, y te aconsejo,

si tienes ganas de llegar a viejo,

que trabajes para hoy, asegurado

que ya tendrás el premio de contado,

pues este mundo loco

la moda aprecia mas que dure poco.