JUSTA DEFENSA DEL EXCELENTÍSIMO
SEÑOR VIRREY DE NUEVA ESPAÑA
Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución,
obedecer las leyes y respetar las autoridades establecidas.
Título 1, capítulo 2, artículo 7 de la Constitución(2)
Si se hubiera de medir la ilustración y cultura de los pueblos según los más o menos folletos insultantes y atrevidos que se imprimen en ellos, podríamos lisonjearnos de que no hay país más ilustrado que el nuestro, en donde parece que toda la ciencia de muchos de nuestros escritores está vinculada en maldecir, roer y satirizar no sólo los escritos que no les gustan, sino también las personas determinadas que no confrontan con su modo de pensar.
El Cargador de la Canoa es el mochiller en la tapada.(3) Luego que nos presentó sus miserables Canoas(4) advertimos no sólo su poco caudal literario, sino su corazón envenenado. Parece que no se ha propuesto otro fin que el de zaherir, lastimar e incomodar a todo el mundo con la fría facetada(5) de decir que van al Cayo(6) todos los individuos que aborrece, sin perdonar los infelices mendigos ni las pobres viejas que no le dan el más mínimo quehacer. Yo espero cuando le falta carga y despacha a Cayo Puto a su madre, porque ni a ésta la contemplo segura de su mordacidad.
Ni nos diga que en La Habana hace lo mismo el autor del Esquife,(7) a quien tan mal quiere imitar, pues le diremos que también aquel periodista se ha granjeado innumerables enemigos, y acaso ha llevado algunos sustos de consideración, de los que no está libre nuestro canoero si no se enmienda.
Otros escritores sin canoa insultan a determinadas personas con toda la sátira y crítica censura de que es capaz su corrompido corazón.
Acabamos de ver, no sin escándalo, un papel impreso en Puebla(8) y reimpreso en esta ciudad en la imprenta de Valdés(9) con el título de El Liberal a los bajos escritores.(10) Su objeto es llenar de los más viles dicterios a cuantos en sus escritos tributan algunos elogios al excelentísimos señor don Juan Ruiz de Apocada;(11) y como si con esto le hicieran un agravio terrible, se enfurece nuestro hombre, y revestido de la más negra venganza los llama esclavos, perversos, serviles, miserables, descarados hipócritas, serviles aduladores, etcétera.(12)
Asegura que "todo el reino es amante de la Constitución", y ya nos holgáramos de que no se equivocara tan de gordo.(13) Si por todo el reino entiende el estadomedio, se le concede; si entiende las altas clases y las ínfimas, se le niega. Aquéllas no pueden amar lo que creen que les daña, ni éstas el bien que aún no conocen; luego es falsísimo que todo el reino ame la Constitución.
¿Por qué no declara el Liberal(14) contra tantos comandantes y subdelegados crueles y tiranos que no cesan de oprimir a los pueblos con un enorme peso de contribuciones arbitrarias de que se aprovechan a su salvo?(15) ¿Por qué no esfuerza su elocuencia contra tanto cura que, o por omisión, ignorancia o malicia, se desentienden de explicar a los indios y gente pobre la constitución, sin olvidarse de hacerles ver que son españoles(16) con el loable objeto de que les paguen los derechos de tales; motivo por el cual los indios que no perciben otro fruto están que rabian contra el nuevo sistema? Yo mismo, provocando a algunos indios a que me explicaran su sentir, les he oído decir: maldito sea el Costitoción.(17) Ya se ve: ellos no prueban sus ventajas, sino que han de pagar derechos de españoles siendo una gente tan pobre y miserable.(18)
¿Por qué el señor Liberal no alza la voz contra los ayuntamientos constitucionales que no cumplen con sus deberes? ¿Por qué no grita a las juntas provinciales para que sacudan esa modorra en que yacen y comiencen a ejercer sus funciones, usando de la autoridad que les concede la ley? ¿Por qué no les dice que por qué no se ponen en los pueblos jueces de letras, por qué no se relevan los comandantes acusados de infractores, por qué no alivian a los pueblos, exonerándolos de las contribuciones arbitrarias que ya no pueden sufrir; y por último, por qué no clama con toda la boca que se castigue públicamente no sólo a los infractores del Código, sino a tanto bribón como se empeña en desacreditarlo por palabra y por escrito?
¿No sería mejor que emplease en esto su pluma que no en denigrar hasta lo sumo al jefe superior del reino?
Que la Constitución no se halle planteada en todas sus partes es verdad; pero no lo es menos que el jefe político no es el único responsable, pues no es de quien únicamente dependen los remedios. Lea el Liberal lo que toca a las diputaciones provinciales, y verá que si no hacen muchas cosas buenas, y si se toleran otras malas, la culpa será de estas diputaciones y no del jefe político que las preside, porque éste es uno y él sólo no puede ni determinar lo malo, ni oponerse a lo bueno.
Decir que el virrey no tiene defectos, sería la más torpe lisonja, porque siendo hombre, es imposible que se halle exento de ellos. Decir que no es virtuoso ni benéfico es la mayor ignorancia, porque nos consta su piedad, su religión, su desinterés, beneficencia, etcétera. La Habana, si es agradecida, conservará en la memoria cuánto hizo en su beneficio,(19) y este reino no podrá negar cuánto ha economizado la sangre de los pueblos, y aun el mismo México sabe que el año pasado contuvo a los monopolistas, fijando el precio del maíz a costa de su bolsillo, y socorriendo por algunos meses a una multitud de miserables, a quienes sin el auxilio del virrey, hubieran entregado los avarientos en las garras devoradoras del hambre. Esto no hacen los visires, esto lo hacen los virtuosos y por esto son acreedores no sólo a las alabanzas de los pueblos, sino a las bendiciones de Dios.
Si el virrey es adicto o no a la Constitución, es discutible. Pero aun suponiendo como cierto lo segundo, ¿es justo denigrarlo públicamente, imputándole con criminalidad culpas que no son suyas, poniéndolo en ridículo, malquistándolo(20) con todos y ultrajándolo con desvergüenza?
La Constitución, que nos permite reclamar su observancia y acusar sus infracciones, ¿nos autoriza en algún artículo para faltar al respeto a las autoridades, insultándolas o mofándonos de ellas públicamente? Lo contrario. Expresamente advierte en el artículo 7 ya citado que todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, a obedecer las leyes y a respetar las autoridades establecidas; luego, siendo el virrey la primera autoridad, estamos obligados a respetarlo.
¿Y qué género de respeto es insultarlo públicamente, asegurando que "está interesado en los vicios del gobierno antiguo, que es un déspota, y, por último, que es un visir digno de habitar en el imperio de Marruecos", como se le dice en el groserísimo papel del Liberal?(21)
Seamos justos en nuestros juicios, seamos comedidos con la pluma; respetemos los derechos del hombre, sea el que fuere, y siendo superior, respetémoslos más.
Reclamemos enhorabuena el cumplimiento de la Constitución; acusemos sus infracciones, quejémonos de los que la infrinjan con descaro; pero hagámoslo todos con la moderación que exige en todos casos la religión, la política y la ley.
Lo contrario será atropellar con las leyes divinas y humanas, autorizar la insubordinación en los ciudadanos, sembrar el espíritu antisocial y revolucionario y atacar sin vergüenza el mismo Código que se pretende defender.
México, octubre 6 de 1820.
J[osé] Joaquín Fernández de Lizardi
(1) México, 1820. En la oficina de don Juan Bautista de Arzipe.
(2) "Constitución Política de la Monarquía Española". Cf. J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos., op. cit., t. IV, p. 87 y nota 4 a El día 9 de julio.
(3) mochiller. Entre galleros, el primer gallo que juega en la pelea de tapados; el más importante o el mejor. Tapado es la riña de gallos en que éstos se pelean sin apreciar de antemano las condiciones de su tamaño, peso, etcétera. Cf. Santamaría,Dic. mej.
(4) Canoas. Cf. nota 22 a Rociada de El Pensador.
(5) facetada. Cf. nota 16 a Chanzas y veras.
(6) Cayo. Cf. nota 61 a Rociada de El Pensador.
(7) El Esquife. Cf. nota 64 a Rociada de El Pensador.
(8) Puebla. La ciudad de Puebla de los Ángeles es hoy capital del Estado del mismo nombre.
(9) Imprenta de Alejandro Valdés. Cf. nota 1 a El muerto y el sacristán. Alejandro era hijo de Manuel Antonio Valdés y Munguía (1742-1814), que en 1764 imprimía para el Colegio de San Ildefonso; después trabajó en el taller de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, del que se separó en 1807. En 1793 se convirtió en precursor de los transportes urbanos, al hacerse empresario de coches de alquiler; según privilegio concedido por el Ayuntamiento de la capital del Virreinato. Don Manuel Antonio fundó su propio taller en 1808, en la Ciudad de México, que fue cerrado en 1814, a la muerte de su propietario. Cf. nota 80 a Rociada de El Pensador.
(10) El folleto de 4 páginas está firmado por F. M. [Félix Merino], y publicado en Puebla, Oficina del Gobierno, 27 de septiembre de 1820. Reimpreso en México, en la de don Alejandro Valdés. Félix Merino fue oficial del Fijo de México; su padre era el intendente de Valladolid. Manifestó ideas favorables a la independencia, por lo que se le detuvo y condenó a trasladarse a España. En marzo de 1821, José Joaquín de Herrera hizo prisionero al tesorero del Fuerte de Perote y propuso al general Del Llano el cambio del prisionero por Merino, que en ese momento era conducido a Veracruz. Del Llano no aceptó, pero Merino no se embarcó. Más tarde estuvo en el Ejército Mexicano y murió siendo general graduado de brigada de la República.
(11) Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 4 a El Indio y la India.
(12) Se dirige a ellos así: "¿Hasta cuándo, escritores esclavos, dejaréis de prostituir vuestras plumas a la torpe adulación? [...] Sí, perversos, vuestros escritos circulan [...] Sabed, serviles, y no queráis alucinaros, ni alucinar [...] la parte sana del Reino, y ahora añado que todo el amante de la Constitución quiere, desea con ansia, un Jefe Superior Político y nuevos gobernantes [...] que respeten los derechos del pueblo, y que sean los dignos sucesores de los que actualmente tenemos, quienes no disfrutan ya de la confianza pública, por más que tratéis de divinizarlos en vuestros miserables papeles. [...] Desengañaos, miserables [...] en América sólo se disfruta la teoría de la Constitución: ¿por qué, pues, descarados hipócritas, serviles aduladores, aseguráis que se va planteando en todas sus partes? [...] Cesad pues, enemigos del orden, de atormentarnos con vuestras rastreras lisonjas." Cf. El Liberal a los bajos escritores, op. cit., pp. 1-3.
En el Suplemento a la Gaceta del Gobierno de México del sábado 7 de octubre de 1820, se denunció a El Liberal a los bajos escritores como "libelo infamatorio y calumnioso", ordenándose que se recogieran los ejemplares; se pidió a Alejandro Valdés que denunciara quién era el culpable de la reedición. Firma el oficio Juan Gómez de Navarrete, diputado en Cortes y Juez de Letras de esta capital". F. M. también publicó otro folleto: Centinela contra serviles, Puebla, Imprenta Liberal, 1820, 4 pp.
(13) tan de gordo. Para decir que lo que se dio fue tan gordo. Beinhauer, en suEspañol coloquial, escribe, "Al tratar de los medios de que se vale el español para dar mayor relieve y vivacidad a un diálogo, hemos aludido a la eficacia de los gestos expresivos y de la mímica [...] me limitaré a rozar brevemente algunos de los fenómenos lingüísticos vinculados con el gesto y que sólo a su luz son comprensibles." Por ejemplo, el siguiente: "He mandado pintar dos cartelones con letras así de gordas que dicen: 'Viva el señor Calvo.' Así (con el correspondiente gesto) representa aquí formalmente una medida, por lo que va acompañado de la preposición de (comp. la mar de gordas). Sin embargo, es sentido como equivalente al demostrativo tan. Pero también se puede interpretar así como sustituto de un adjetivo calificativo y la continuación de gordas como una proposición ulterior." Cf. Werner Beinhauer, El español coloquial, 2ª ed., versión española de Fernando Huarte Morton, pról. de Dámaso Alonso, Madrid, Edit. Gredos, [1968], pp. 298-299.
(14) Fernández de Lizardi se refiere al autor de El Liberal a los bajos escritorescomo a "El Liberal", pero este folleto está firmado por F. M. [Félix Merino]. Existe otro folleto, este sí firmado por El Liberal, intitulado El tercer liberal a los bajos escritores, México: Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820, 4 pp. En dicho papel leemos lo siguiente: "No os figuréis, por mi introducción, que voy a hablaros del gobierno, como lo hizo don Félix Merino; no, pues conozco que éste no fue justo en sus producciones, y que en ellas faltó a lo más sagrado, que es la verdad, desentendiéndose también del respeto preciso a una autoridad legítima. Pero sí tomo la pluma contra vosotros, escritores del día, y quisiera que ella fulminase un fuego devorador que os consumiese a todos.
(15) a su salvo. Cf. nota 9 a Pasaportes y caballos.
(16) No hay una ley especial que se aplique a los indios, pero en ella se lee lo siguiente: "Son españoles [...] Todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas y los hijos de éstos." Artículo 5, cap. II, título I de laConstitución Política de la Monarquía Española. Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos, op. cit., p. 87.
(17) Fernández de Lizardi utiliza esta expresión en Carta de los indios de Tontonapeque.
(18) Las obligaciones de "todo español, sin distinción alguna", son las de "contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado", y la de "defender la patria con las armas, cuando sea llamado por la ley". Artículos 8 y 9 respectivamente, cap. II, título I de la Constitución. Cf. nota 16.
(19) Juan Ruiz de Apodaca, en Cuba, fue teniente general de la Real Armada y Gobierno y capitán general. Escribió allí un opúsculo sobre la aplicación de pararrayos al uso de buques.
(20) malquistándolo. Cf. nota 15 a Repique brusco al Campanero.
(21) "Y convencidos de esto, ¿creemos, porque así nos lo dicen, que el excelentísimo señor Virrey interesado en los vicios del gobierno antiguo, quiere plantearla [la Constitución] de buena fe? [...] y si no tenéis objetos en qué ejercitar vuestras plumas, marchaos con el dignísimo visir que celebráis a habitar el imperio de Marruecos, y libertaréis a la Patria de un verdadero contagio." Cf. El Liberal a los bajos escritores, pp. 3-4.