IMPUGNACIÓN Y DEFENSA DEL FOLLETO TITULADO
UN BOSQUEJO DE LOS FRAUDES, ETCÉTERA

 

Por El Pensador Mexicano(1)

O sea prospecto de una obrita que trato dar a luz con este título(2)

 

GRATIS A LOS SEÑORES SUBSCRIPTORES



 

El ruido que ha hecho, o por mejor decir, el escándalo que ha causado el folleto de que se habla, me obligó a leerlo con atención, y encontré, si no me engaño, que es más el ruido que las nueces.(3) Ya dije: es más el miedo que mete con su estilo fuerte, que lo que dice en las materias sobre que trata. Bien se conoce que el autor era diestro y que no quiso hacer una pintura acabada de los fraudes que las pasiones de los hombres han introducido en nuestra santa religión, sino solamente un bosquejo.(4)

También conozco con imparcialidad que tiene algunas proposiciones que si no son heréticas, son a lo menos falsas, impías y escandalosas, y éstas serán las que impugnaré como es debido.

Por lo demás, en lo substancial del papel, nada encuentro nuevo ni indigno de la noticia del público, y por esta razón me propongo explanar y defender las ideas del autor, hasta donde alcance mi talento.(5)

Advierto, desde luego, que muchos respetables eclesiásticos de ambos cleros se conjurarán contra mí, al instante que lean este prospecto; temiendo leer en la obra propuesta una invectiva, no sólo contra las sagradas religiones y estado eclesiástico, sino contra la misma religión; pero no hay que temer, no hay nada de eso; y así, deben guardar silencio acerca de una obra que no han leído e impugnar, si gustaren, el folleto citado, mientras yo doy a luz mi cuaderno.

Ya era tiempo, sí, ya era tiempo de que hubieran escrito contra el Bosquejo, El Campanero,(6) el Severo Censor,(7) el Teólogo Imparcial,(8) el famoso padre Soto(9)y otros que se alarmaron contra mí no ha mucho; y no dudaron unos hacerme sospechoso en puntos de fe y de adhesión al sacerdocio; y otros, llamarme hereje a boca llena, sin haber citado, ni poder citar en todos mis escritos, una proposición contraria al dogma de la Iglesia ni a sus venerables ministros.

¿Por qué, pues, señores míos, tanta cólera, tanta bravata, tanta exacerbación contra quien no da causa; y tanto silencio y cobardía contra el que os escandaliza e insulta cara a cara al sacerdocio? ¿Qué, teméis su estilo, respetáis su erudición y reconocéis su valentía? ¡Ah!, entonces ni sois teólogos, ni sabios, ni celosos de vuestra religión.

Es necesario para ganar gloria literaria, lo mismo que para ganar gloria marcial, esto es, pelear y vencer un enemigo poderoso... Ya se ve que si no podéis conseguir ningún triunfo de un competidor débil como yo, mucho menos lo conseguiríais de un fuerte como el autor del Bosquejo,(10) y así es prudencia en vosotros guardar silencio.

Yo, como más ignorante que ninguno, voy a hacer lo que no hacen aquéllos a quienes les tocaba hacerlo por sacerdotes y por sabios, y voy también a hacer lo que temería hacer cualquier teólogo. Esto es: a defender el Bosquejo sin temor de un enemigo poderoso, cual es el señor doctor y maestro don Manuel Gómez,(11)cuyo mérito y literatura venero como debo; pero así como conozco que es un sabio con quien voy a lidiar, así conozco que es muy generoso; y cuando advierta la desigualdad de las armas con que reñimos, porque yo no soy teólogo, ni canonista, ni jurista, ni cosa que lo valga, dispensará mis defectos y tratará de corregirme con dulzura, sin creer que me instiga a entrar en esta lid con su merced, ni orgullo, ni falta de religión, ni cosa semejante, sino el vivo deseo que me devora de que se ilustren mis compatriotas.

Sí, yo sería un traidor a mi patria y a la nación si callara cuando se debe hablar, y en una materia tan interesante, cual la presente, que nada menos trata de que las cosas que no debe ignorar el más idiota, porque el más idiota debe tener de su religión el mejor concepto que se pueda.

Hacer ver la grandeza de nuestra religión y los abusos que la ignorancia, la malicia, la superstición, la avaricia y el fanatismo han introducido en ella, será el objeto de mi discurso.

El asunto es muy digno, muy grande, muy elevado, y mis fuerzas no capaces, ya lo digo, para sobrellevar tan alto peso; pero cuando veo que todos callan, por una parte, y que por otra, parece que se quiere mantener al pueblo en la ignorancia de las verdades más augustas (aunque tal vez sin intención dañada), estoy, a fuer de buen ciudadano, en obligación de hacer lo que oros no hacen, y de cooperar en cuanto pueda a su verdadera ilustración, seguro de que el pueblo, sí, todo el público agradecerá mis conatos y reconocerá mis sanas intenciones algún día, aunque por ignorancia no consiga darles el lleno que deseo, pues está seguro de que si me falta fuerza, me sobra la voluntad para servirlo, como decía Ovidio: Si desint vires, tamen est laudanda voluntas.

Dije que sería un traidor a mi patria si me callara esta ocasión, y lo digo sostenido con la autoridad de la ley. Todo buen vasallo, dijo el señor don Alfonso el Sabio en la ley 9, título 3, parte 2: "Todo buen vasallo debe pensar e conocer aquellas cosas que fueren a pro del rey para facer, e las que fueren a su daño desviarlas e non tolerarlas"; y en la 25, título 14, parte 2: "Ca aquellos que entendiesen el mal o daño de su señor, e no lo desviasen, farían traición conocida."

Luego, siendo la nación la soberana y conociendo yo que esta soberana o mucha porción de ella vive engañada en estas materias, le faría traición conocida con mi silencio, no procurando ilustrarla hasta donde alcanzaren mis talentos, por temor, o de los fanáticos que contra mí se levantaren, o de la fuerza de mi competidor,(a)quien no lo será si por ventura coincide con mi modo de pensar. Esto es: si aprueba lo que defienda yo, y si impugna lo que impugne en el tal papel.

Debo esperar que esta impugnación sea antes que salgan mis primeros pliegos, y que será indefectiblemente el veinte del presente enero. Si así no fuere, entenderemos, o que está muy ocupado, o que desiste de la lid.(12)

Vuelvo a decir que no soy tan preocupado que crea salir en ella victorioso, pero de cualquier modo que suceda, yo y el público saldremos gananciosos, porque yo estudiaré, consultaré y haré cuantas diligencias legales pueda para ilustrar al pueblo; el señor doctor hará lo mismo, y he aquí que estos impresos abundarán de sentencias teológicas y canónicas, de lugares de la Biblia y santos padres, de doctrinas y escogida erudición.

Qué excusados estábamos aquí de semejante contienda, si el autor del Recuerdo a los teólogos mexicanos no hubiera reimpreso el Bosquejo de los fraudes.(13) Este buen señor puso el coco y luego se espantó con él,(14) y pretendió darnos una satisfacción que ni se la pedíamos, ni llena el hueco de su falta de política, porque o creyó que el Bosquejo era bueno, o era malo. Si lo primero, callárase la boca e imprimiera su papel bonitamente; si lo segundo, ¿para qué lo reimprimió?

Pero desde luego conoció o conceptuó que era malo, según se colige de sus propias palabras, cuando dice: "luego que llegó a mis manos este impreso, no pudo menos de asustarme su contenido; en él se ultrajan los sacerdotes del Señor... se habla con desdoro de los sumos pontífices... y lo que es más, se condenan como supersticiosos los usos más santos y piadosos de la Iglesia, etcétera, etcétera. Esto... me hacía temer el grande estrago que causaría en los incautos..."

Pues, hombre santo, si tiene usted esos conocimientos y temores, ¿para qué lo reimprime? ¿Usted mismo no dice que los ejemplares que vinieron de Barcelona eran pocos y se vendieron a precio bien crecido?, ¿pues por qué no dejó correr esos pocos, que lo poco hace poco daño? Poco veneno no mata; y no, sino que aumentó el mal reimprimiendo muchos ejemplares.

Usted mismo dice, para escudarse: "La escasez impedía que llegasen estos impresos a manos de los que podían desengañar al pueblo." ¡Qué terrible escasez! Tanta mayor inadvertencia fue en usted que conociéndola, reimprimiese el folleto soy para que lo impugnaran. Esto se llama hacer una llaga para que la curen. O si usted quiere, mezclar a cuarenta lazarinos con cien mil sanos, con el santo fin de que los médicos tengan más que hacer para curar a todos. ¡Oh Dios grande! Jamás permitas que usen conmigo semejantes caridades.

Dejara usted, amigo mío, correr los pocos ejemplares que había, hiciera por recoger los que pudiera, y no se metiera en extender el mal, y ya que lo extendió, callárase la boca, que nadie le preguntaba si lo había reimpreso; y no que hizo el daño, lo confesó y no lo pudo remediar.(15)

Yo fui uno de los que leyeron el papel impreso en Barcelona, y no hablé palabra; pero ya, después de extendido, vea usted la gresca que nos ha buscado al público, al señor doctor Gómez y a mí.

No dudo que su catolicismo de usted será muy puro, su intención sería santa, pero su inadvertencia fue mayor, y su satisfacción ninguna. Usted dijo: "Mal de muchos, consuelo de tontos",(16) y jerró la bolada, como dicen los payos.

Pero en fin, el mal ya se hizo sin mala intención; ahora es menester remediarlo, ¿y cómo será esto?, ¿recogiendo el papel? Nada menos. El recoger un papel, aunque sea malo, nada remedia. Se imprimen mil, y se recogen diez.

Me dicen que actualmente se está tratando de recoger el Bosquejo. No lo creo; serán noticias de portal. En primer lugar, no alcanzan las facultades de la Junta de Censura de México a impedir la circulación de un papel consentido por la suprema de Madrid, pues es sabido que el tribunal inferior no puede estorbar lo que el superior permite; esto sería tanta mo[n]struosidad como si el señor corregidor de México mandara desobedecer una orden del excelentísimo jefe político.

Así es que, con mucho fundamento, creo que no hay tal disposición de recogerlo; y más lo creo cuando advierto que, acaso por esa razón, no se ha visto que se recojan muchos papeles fuertes que han venido de la Península, como la Incitativa, los de Vidaurre(17) y de Cañedo,(18) el Argos(19) y otros.

Con que si con éstos se ha tenido tal consideración, mucha más se debe tener con el Bosquejo, por haberse permitido su curso en vista y revista de la Junta Censoria de Palma el año de [1]813,(20) por no haberlo recogido la Suprema, por haberse reimpreso en Barcelona en este año, y haber corrido francamente y estar corriendo en la Península.(21)

Fuera de que el medio de recoger un papel será muy bueno, pero nunca llenará el deseo de la ley, que es impedir su circulación. La razón es clara. Se imprimen mil ejemplares y se recogen diez, ¿qué aprovecha? Pregúntese cuántos ejemplares se imprimieron de Las verdades amargan,(22) de las Zorras(23) y otros recogidos, y luego cotéjese el número de éstos con el de aquéllos y se verá una desproporción, acaso de uno a ciento.

Últimamente, yo puedo engañarme, pero soy de parecer que no debían recogerse sino impugnarse los papeles impíos. Así triunfa mejor la religión, así se ve que si hay genios díscolos y heréticos, hay también católicos y sabios que los enfrenen y confundan.

En todos tiempos ha habido heresiarcas que han intentado sofocar la religión de Jesucristo, y siempre la Iglesia santa ha tenido padres sabios que la han hecho triunfar con ignominia y confusión de sus furiosos enemigos. Con que estemos seguros de que, aunque haya Donatos y Maniqueos, no faltarán Jerónimos ni Agustinos.(24)

 

 

SUBSCRIPCIÓN

 

Se recibirá desde hoy en la oficina de don J. M. Benavente,(25) y en mi alacena del Portal, siendo su importe dos pesos por la obrita, saque los pliegos que sacare.

Cada semana saldrán los jueves, dos o tres pliegos.

A los subscriptores de fuera de la capital les costará dos pesos cuatro reales,(26)francos de porte.


José [Joaquín] Fernández de Lizardi.

 


 

(1) México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821.

(2) Dicha obra fue publicada, aparentemente, en dos entregas; la primera:Impugnación y defensa del folleto titulado: Un bosquejo de los fraudes que las pasiones de los hombres han introducido en nuestra santa religión. Impreso en Palma el año de 1813; reimpreso en Barcelona en 1820; reimpreso y recogido en México en id. por El Pensador Mexicano, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821. Se trata del Prólogoa (la segunda entrega): Impugnación y defensa del Bosquejo de los fraudes. Discurso primero. Apología de nuestra santa religión, sin pie de imprenta, más un "Dictamen" de fray Manuel Mercadillo y una "Advertencia" de Lizardi.

(3) es más el ruido que las nueces. Lo que se dice de algo es más de lo que en realidad es; tiene poca substancia o es insignificante una cosa que aparece como grande o importante.

(4) M. D. B., Un bosquejo de los fraudes que las pasiones de los hombres han introducido en nuestra santa religión, impreso en Palma, año de 1813; reimpreso en Barcelona, en 1820, y reimpreso en México en el mismo, en la Oficina de D. J. M. Benavente y Socios.

(5) "Durante el primer periodo constitucional hubo en Mallorca una publicación de subido tinte liberal y jansenista (como entonces se decía), la Aurora Patriótica Mallorquina, de que fue principal redactor el capuchino secularizado D. José Badía (pariente del célebre viajero y orientalista del mismo apellido), junto con D. Miguel de Victorica, fiscal de la Inquisición, D. Guillermo Montis, jefe político de la isla, y D. Joaquín de Porras, brigadier de Artillería. De Badía es también un folleto tituladoBosquejo de los fraudes, que las pasiones de los hombres introdujeron en nuestra religión. Emigrado en París después de 1814 tuvo íntimo trato con el famoso arcediano Cuesta. En 1849 hallábase de cura párroco en Fontenay, departamento de Loyret." Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Santander, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948 (Obras Completas, xl), t. VI, pp. 92-93. Las iniciales M. D. B. no corresponden al nombre del autor citado por Menéndez Pelayo, ¿se tratará de las iniciales del reimpresor? Cf. la nota 4 supra. Antonio Palau y Dulcet cataloga así dicho folleto: "Bosquejo de los fraudes introducidos en la Religión por las pasiones de los hombres, por M. D. B. Palma de Mallorca, 1813. Folleto mandado recoger por Decreto de 22 Julio de 1815." Manual del librero hispanoamericano, Barcelona, Librería Palau, 1949, t. II, p. 355. Todavía en 1826 andaba circulando y dando qué decir el Bosquejo: "Otro palo, á los editores del Nivel. Guadalajara, Imprenta de la viuda de Romero, 1826. 8 p. s. n. Réplica al artículo de M. D. B., 'Bosquejo de los fraudes que las pasiones del os hombres han introducido en nuestra santa religión', publicado en El Nivel, núms. 208-212. Defensa del clero y la religión." Lucina Moreno Valle, Catálogo de la Colección Lafragua de la Biblioteca Nacional de México 1821-1853, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1975 (Serie Guías, 2), p. 233.

(6) El Campanero. Se trata de Fernando Demetrio González. Con la firma F. D. G. escribió El Campanero a su compadre El Pensador Mexicano, México, Imprenta de don Alejandro Valdés, 1820. Ahí, referente a Lizardi, estampó lo que sigue: "Veo también, en sus papeles, que usted no hace más que reproducir lo que tantas veces ha condenado la sapientísima madre Iglesia, guiada siempre por la divina luz, la que usted, con todas sus sátiras, no podrá jamás llegar a eclipsar en lo más leve." Fernández de Lizardi respondió con Repique busco al Campanero, Oficina de Juan Bautista de Arizpe, 14 de septiembre de 1820 (Obras X, op. cit., pp. 303-312). Fernando Demetrio González escribió después Segunda parte del Campanero a su compadre El Pensador Mexicano con respecto a su Repique brusco, Oficina de don José María Betancourt.

(7) De El Severo Censor conocemos dos folletos: Primera carta de El Severo Censor a El Pensador Mexicano, México, Imprenta de don Juan Bautista de Arizpe, 1820. Es una réplica a lo que Lizardi escribió en El Conductor Eléctrico número 11, (Obras IV, op. cit., pp. 329-334). La Segunda carta de El Severo Censor a El Pensador Mexicano en defensa del estado eclesiástico (Oficina de don Juan Bautista de Arizpe) fue escrita para comentar el número 12 de El Conductor Eléctrico (Obras IV, op. cit., pp. 335-340).

(8) El Teólogo Imparcial. Así llama Lizardi a José de San Bartolomé, autor de El Teólogo Imparcial. Respuesta del autor del Duelo de la Inquisición a El Pensador Mexicano, en su papel del Conductor Eléctrico número 15. Publicado en cuatro números: el 1º, en México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1820; los números 2, 3 y 4, mismo lugar y año. Del mismo autor es Duelo de la Inquisición. O pésame que un filósofo rancio da a sus amados compatriotas, los verdaderos españoles, por la extinción de tan santo y utilísimo Tribunal. Compuesto por el reverendo padre fray José de San Bartolomé, carmelita descalzo. Contiene tres discursos: El primero, justifica el sentimiento de los dolientes; el segundo, responde a las razones con que se les ha querido alucinar; el tercero, los consuela con la esperanza de que resucitará. Últimamente, van añadidas varias notas crítico-morales, relativas al tiempo, y una disertación histórico-legal sobre la memorable historia del ilustrísimo señor don fray Bartolomé Carranza, arzobispo de Toledo, impreso en la Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1814. El Conductor Eléctrico, número 15, en Obras IV, op. cit., pp. 357-362. En un folleto de 1820, Lizardi había dirigido la palabra a José de San Bartolomé: Rociada de El Pensador a sus débiles rivales; en Obras X, op. cit., p. 314.

(9) Mariano Soto. Cf. las notas 2 y 6 a Satisfacción al público...

(10) Cf. las notas 4 y 5 supra.

(11) Manuel Gómez Marín (1761-1850). Nació en la villa de San Felipe del Obraje. Fue presbítero de la congregación del Oratorio de San Felipe Neri de México. "El Seminario Tridentino de México se honra con contarlo entre sus alumnos. Allí hizo todos sus estudios de gramática, filosofía y teología, con aprovechamiento y aplausos no comunes [...]. En el colegio de Minería fue vicerrector y catedrático de lógica. En su casa daba lecciones de latinidad á los hijos de las primeras familias mexicanas, conjuntamente con un número mayor de pobres. En una palabra, se puede afirmar que poseyó casi todos los conocimientos de su época [...]. Una reunión escogida de literatos se juntaba en la librería del finado D. Luis Abadiano y Valdés, y allí nuestro doctor ocupaba un papel no inferior, allí era consultado, escuchado y aplaudido [...]. A más de ser examinador sinodal del arzobispado, no hubo negocio de algún interés en la Iglesia, no hubo cuestión que se agitara en su época en la que no fuera consultado y cuyos dictámenes fueron siempre luminosos y decisivos." Manuel Berganzo, artículo biográfico publicado en el Apéndice alDiccionario universal de historia y geografía. Colección de artículos relativos a la República Mexicana. Por los Sres. D. José María Andrade, D. Manuel Berganzo, Conde de la Cortina y de Castro, D. Bernardo Couto... [y varios]. Recogidos y coordinados por el Lic. D. Manuel Orozco y Berra, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1856, t. II, IX de la Obra, pp. 441-444. Gómez Marín fue preceptor de Agustín de Iturbide, y probablemente influyó en éste para que se resolviera a emprender la consumación de la Independencia: "don Pedro Canel Acevedo, quien era propietario, comandante de Alarma y graduado de capitán en los ejércitos españoles, residente en América, con conexiones personales muy importantes, de vastísima cultura; precisamente en América conoció a la familia de Iturbide, sobre el cual -según dice- conoce 'los resortes que tuvo para obrar en sentido contrario de nosotros, puesto que su ayo y director, don Manuel Gómez, presbítero doctor, catedrático y bibliotecario de aquella Universidad, unido a clérigos y frailes de su estofa, contribuyó a esta resolución'." Jaime Delgado, España y México en el siglo XIX, 1820-1930, prólogo de C. Pérez de Bustamante, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1950, t. I, pp. 159 y 160.

(a) Todos saben que este señor, doctor y maestro desafió a todo el que quisiera defender este folleto, en el Noticioso General número 780.

(12) La respuesta fue escrita en el Oratorio de San Felipe Neri, el 9 de enero de 1821, es decir, en el folleto escrito por el doctor y maestro Manuel Gómez Marín, intitulado Cumplimiento del desafío teológico, México, Oficina de Valdés. En la primera página: "Señor Pensador Mexicano: Usted y cuantos quieran me tienen ya en el campo de batalla mucho antes del término prefijado, para que no se crea que desisto de la lid. Podría ser, que pasado el veinte de enero no compareciera yo por mis graves ocupaciones, como usted supone en la primera parte de su disyuntiva; pero que estando sin este embarazo prescindiera del desafío, que juzgo en favor de mi religión, ni siquiera lo imagine usted. Tener ocupaciones o enfermedades es una cosa sensible pero inculpable; mas desistir sin esto de la lid, me sería una eterna ignominia."

(13) Sin firma, Recuerdo a los teólogos mexicanos contra el papel titulado: Bosquejo de los fraudes que las pasiones de los hombres han introducido en nuestra santa religión,México, Oficina de D. Alejandro Valdés, 1820.

(14) poner el coco y después asustarse. Provocar directa o indirectamente cualquier obra mala y asustarse de ella por los malos resultados que tuvo. Daría Rubio,Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, México, s./e., 1937 (Estudios Paremiológicos), p. 371.

(15) "Luego que llegó a mis manos este impreso no pudo menos de asustarme su contenido: en él se ultrajan los sacerdotes del Señor, llamándolos ladrones públicos[...] se condenan como supersticiosos los usos más santos y piadosos de la iglesia [...]. Esto junto con la segunda censura de la Junta de Barcelona, que lleva al frente (como para escudarlo), al mismo tiempo que excitaba mi admiración hasta lo sumo, me hacía temer el grande estrago que causaría en los incautos, entre quienes corrían con mucho aprecio los pocos ejemplares que llegaron de la edición de Barcelona, y que se vendieron a precio bien crecido. La escasez impedía que llegasen estos impresos a manos de los que podían desengañar al pueblo, y que debían hacerlo con sus escritos, pues que deben ser luz del mundo, según expresión de san Mateo, y careciendo yo de las luces suficientes para hacer una digna impugnación de tan desatinado papel, me pareció el único medio de que llegase a noticia de todos, y de consiguiente a la de los instruidos en la materia, hacer una reimpresión, la que dando motivo a sólidas impugnaciones, impidiese de esta manera el mal que ocultamente causaba este escrito, minando sordamente el edificio santo de nuestra sagrada religión. Se reimprimió en efecto, pero no he logrado hasta ahora el fin que me propuse, pues no ha habido quien tome la pluma en su contra, como esperaba." Recuerdo a los teólogos mexicanos..., pp. 1-2.

(16) mal de muchos, consuelo de tontos. Refrán que alude al que se conforma con las desgracias colectivas. Santamaría, Dic. mej.

(17) Manuel de Vidaurre, Manifiesto sobre la nulidad de las elecciones, que a nombre de los países ultramarinos se practicaron en Madrid por algunos americanos el día 28 y29 de mayo del año de 1820, impreso en Madrid en la Imprenta de Vega y Compañía, y reimpreso en México en la de don Alejandro Valdés, en dicho año. Del mismo autor: Votos de los americanos a la nación española, y a nuestro amado monarca el señor don Fernando VII: verdadero concordato entre españoles, europeos y americanos, refutando las máximas del obispo presentado don Manuel de Abad y Queipo en su carta de veinte de junio de 1815, reimpreso en México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820.

(18) Juan de Dios Cañedo (1786-1850). Abogado mexicano que fue diputado a las Cortes españolas en 1813. Murió asesinado en la ciudad de México. Escribió unManifiesto a la nación española, sobre la representación de las provincias de ultramar en las próximas Cortes, por el licenciado don... diputado suplente por la Nueva España,Madrid, Imprenta de Vega y Compañía, 1820, reimpreso en México, el mismo año, en la de don Alejandro Valdés.

(19) El Argos investigador, y defensor acérrimo del principio fundamental de la Constitución de la Monarquía Española, que es la religión de Jesucristo, cuya base es la moral; firma A. M. O. Redactor del Argos. Este periódico salió en Sevilla en 1820 y 1821. Hubo una reimpresión en el año 1822: Ilustración sobre la sociedad de los francmasones, México, en la Oficina de don Mariano Ontiveros (con dos hojas escritas por Z. J. El Editor). Se trata de la reimpresión de los números 14 al 21 (martes 4 de julio de 1820 al martes 20 de marzo de 1821).

(20) La reimpresión mexicana de Un bosquejo de los fraudes (Cf. la nota 4 supra)comienza con la Segunda censura del impreso intitulado... fechada en Palma, 18 de noviembre de 1813, declarando "al mencionado escrito libre de toda tacha legal", al igual que en la primera calificación.

(21) La reimpresión de Barcelona es de 1820. Hubo un Decreto para recogerlo, en 1815. Cf. las notas 4 y 5 supra.

(22) Rafael Dávila escribió un folleto que suscitó gran escándalo: La verdad amarga, pero es preciso decirla. Número 1, México, Imprenta de D. J. M. Benavente, 1820, "Dirigido a los diputados de la Nueva España en las Cortes de Cádiz en el que se expresa que América puede vivir sin la protección de España, y sin necesidad de depender de ninguna nación. Los exhortaba a que regresaran de España y manifestaran a Fernando VII que en adelante no serían sus esclavos." Alma Dorantes, José Ma. Muriá y Jaime Olveda, Inventario e índice de las Misceláneas de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, Guadalajara, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Centro Regional de Occidente, 1978 (Colección Científica. Historia, 64), t. I, p. 279. Rafael Dávila fue un "panfletista conocido por el apodo de 'La Rata Güera' [...], originario de la metrópoli, fue soldado en la columna Milicias de México y empleado público. Dávila se inició en las letras, en 1820, con un 'papel' titulado:Manos besan hombres, que quisieran ver quemadas, en el mismo año sufrió prisión por otro libelo: La verdad amarga, pero es preciso decirla. Hombre de espíritu combativo, de ideas conservadoras, escribió un pasquín, El Toro, sin ayuda de nadie, él mismo redactaba 'por su puño', formaba la tipografía, corregía pruebas, imprimía y distribuía ejemplares [...]. Que no había diques a la libertad de imprenta quedó demostrado con la crudeza de los monólogos que Dávila publicó en El Toro, insultó, sin medida, a todos los liberales, en Retozos de Cuajo Largo con las hijitas del Cojo,pasquín con léxico de lupanar donde refiere sucedidos a Villavicencio, Zavala, Fernández de Lizardi, Cerecero, Poinsett y Guerrero, tal parece que su prosa asquerosa se debe a que, como él mismo lo confesaba: '...tengo churripampli y voy a tirar las bragas'." Héctor R. Olea, El payo del Rosario. Escritor liberal del siglo XIX (Pablo Villavicencio 1796-1832), México, Sociedad de Amigos del Libro Mexicano, 1963 (Historia de las Ideas en México, 2), pp. 80 y 81. Después del folleto que le ocasionó ser aprehendido, Dávila escribió el Suplemento al número 1 del papel titulado La verdad amarga, pero es preciso decirla (México, Imprenta de D. J. M. de Benavente y Socios, 1820), desde la Cárcel. También en ella., el número 2 de La verdad amarga, pero es preciso decirla (Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821). De los números 3 al 6 de La verdad amarga no tenemos noticia, pero sí de los números 7 y 8 (México, Imprenta de doña Herculana del Villar y Socios, 1822, 4 y 8 pp.): "Recuerda los excesos y arbitrariedades del gobierno español y elogia a Hidalgo y demás caudillos de la primera insurrección." Lucina Moreno Valle, Catálogo de la Colección Lafragua, p. 57. También sabemos de La verdad amarga, pero el preciso decirla. Número 9 (Oficina Liberal a cargo de Juan Cabrera, 1823): "Enjuicia la actuación de Iturbide y señala la ambición y el despotismo como sus principales móviles." L. Moreno Valle, op. cit., p. 131. Los folletos de Dávila provocaron polémicas como las siguientes: M. M., Contra las verdades que amargan, almendras dulces (Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1820); N., La verdad aunque amargue es muchas veces el objeto precioso de la libertad de imprenta (Oficina de Alejandro Valdés, 1820); F. V., La espada de la justicia (Oficina de don Juan Bautista de Arizpe, 1820); C. A. G., Guerra, guerra a las verdades amargan hasta no vuelva a decirlas (Imprenta Americana de D. José María Betancourt, 1821); El Tocayo de Clarita [o sea José Ignacio Paz, identificado por María del Carmen Ruiz Castañeda y Sergio Márquez Acevedo en su Catálogo de seudónimos, anagramas, iniciales y otros alias usados por escritores mexicanos y extranjeros que han publicado en México, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1985 (Instrumenta Bibliographica, 6), pp. 193 y 246], El cascabel sonador contra notorios excesos (Imprenta Imperial de D. Alejandro Valdés, 1822).

(23) En 1820 Lizardi escribió Aún ha quedado a las zorras el rabo por desollar (Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, Obras Xop. cit., pp. 409-415), folleto que alude a otros dos del mismo año: Las zorras de Sansón (Oficina de Alejandro Valdés), de Francisco Granados (¿Maldonado?), y Las zorras de Sansón desolladas (Imprenta de Mariano de Zúñiga y Ontiveros), escrito por J. A. S. B. Hubo otro folleto al respecto:La cola de las zorras de Sansón, o defensa de su autor (Imprenta de Alejandro Valdés, 1820), de F. B. y E.; según Palau y Dulcet, Francisco Granados se escudó bajo esas iniciales. Granados escribió también La casa de la demencia, o los políticos locos(Oficina de Alejandro Valdés, 1820), obra que fue perseguida y su autor encarcelado. Manual del librero hispanoamericano, 2ª ed., corregida y aumentada por el autor, Barcelona, Librería Palau, 1953, t. VI, p. 389.

(24) Cf. nota 26 a Papeles contra sermones.

(25) Oficina de D. J. M. Benavente. Nicolás Rangel menciona que existía, en los años de 1820 y 1821, dicha imprenta, como "de menor categoría"; además que "el 20 de enero de 1814 arrendó Arizpe su establecimiento a D. José María de Benavente, quien la conservó hasta el 25 de febrero de 1817." "Las imprentas. 1800-1821", enAntología del Centenario, Primera Parte, volumen segundo, pp. 1033 y 1035. Juan B. Iguíniz menciona lo siguiente: "En el año de 1820, seguramente a causa de los numerosos papeles políticos que aparecieron en ese tiempo como resultado de la libertad de imprenta, se fundaron varios talleres tipográficos que en su mayoría tuvieron vida efímera. Tenemos noticias de las de don José María de Benavente [...], en la calle de las Escalerillas, de don José María Betancourt en la segunda de la Monterilla número 7, trasladada el año siguiente a la de San Francisco, y de don Joaquín y don Bernardo de Miramón, originarios de la provincia de Bearne en Francia." La imprenta en la Nueva España, México, Porrúa Hnos. y Cía., 1938 (Enciclopedia Ilustrada Mexicana, 8), p. 40.

(26) Cf. nota 15 a Satisfacción al público...