IMPUGNACIÓN Y DEFENSA DEL BOSQUEJO
DE LOS FRAUDES(1)

 

DISCURSO PRIMERO

 

APOLOGÍA DE NUESTRA SANTA RELIGIÓN(2)

 

 

Cuando consideramos lo augusto de nuestra religión, lo sano de sus principios, lo sólido de sus fundamentos, la perfección de su moral, el cumplimiento de las profecías, el fin de su instituto, los medios de su propagación y la santidad de su Legislador, no podemos menos sino gloriarnos de pertenecer a una religión tan sólida, tan santa, ortodoxa y católica cual es la religión de Jesucristo.

"Todas las sectas, aunque separadas de su sociedad, dice el marqués de Caracciolo,(a) le rinden vasallaje. Aun el judío, como el historiador Josefo, llama a Jesucristo personaje poderoso en obras y en palabras; el mahometano lo venera como a un profeta, y el gentil publica que si no es Dios, es el mayor hombre de bien que se ha visto jamás: buen pariente, buen ciudadano, buen amigo. No hace afectación de un estoicismo ridículo; obedece a su madre; llora sobre su patria, y siente vivamente la falta de su querido Lázaro. Su Evangelio, todo celestial, predica una doctrina enteramente divina, que no se había oído hasta entonces.

"Ningún filósofo, sin excluir aun al sabio Platón, pudo hallar entre sus más bellas reflexiones y más claros preceptos, la moral de Jesucristo. Ninguno sino él ha podido enseñar la abnegación de sí mismo. Todo el Nuevo Testamento no repite más que esta doctrina; de modo que estas dos palabras: abnega te ipsum, niégate a ti mismo, recopilan en sí la más sublime filosofía."

En efecto, esta religión, celestial en sus principios, maravillosa en sus medios y en sus fines, utilísima a todo hombre, prueba su infalibilidad hasta la evidencia.

El conocimiento de la necesaria existencia de un autor de todo lo criado, fue impreso por él mismo en el corazón de todo hombre. La luz de la Divinidad refleja en nuestras almas, apenas pueden usar de la razón. Signatum est super nos lumen vultus tui, Domine.(3) Desde ese mismo instante, esto es, desde que conocemos que hay un ser sobrenatural, omnipotente, sabio, justo y benéfico por esencia, se nos inspiran las ideas del amor, del temor y de la gratitud, y nos sentimos obligados a rendirle culto y adoración como el homenaje más digno de la deidad, y este culto es la religión en su principio.

Como en Jesucristo no consideramos otra cosa que la palabra del Padre, vestida con el tosco traje de la naturaleza humana, le tributamos el mismo homenaje, adorándolo y reconociéndolo por Dios hombre y medianero entre nuestras culpas y la justicia del Eterno; y ésta es la religión católica, planteada con la sangre del Cordero y fecundizada con la de innumerables mártires o confesores de su Evangelio santo,(b) cuyo establecimiento no mira a otro fin que hacer felices a los hombres en su vida y después de su muerte eternamente.

Éstos son los principios de la religión católica, los medios con que los estableció el Legislador soberano, y los fines piadosísimos que decretó desde la eternidad.

Si atendida la utilidad de la materia nos es lícito detenernos en explicar, aunque brevemente, los fundamentos de nuestra religión, en obsequio de los que menos saben, los reduciremos a seis, por este orden:

1. Las profecías predichas muchos años antes de Jesucristo y verificadas sólo en él.

2. La pureza de la moral que estableció.

3. Sus milagros y resurrección incontestables.

4. El modo con que se estableció la religión.

5. La constante y uniforme tradición de la Iglesia.

6. La perseverancia y unión de la Iglesia católica.

Examinemos ligeramente estos fundamentos, y nos hallaremos convencidos de su solidez y muy gustosos con ser miembros de una tan santa comunión.

 

 

FUNDAMENTO PRIMERO

PROFECÍAS

 

Las profecías están exactamente cumplidas en la persona de Jesucristo, habiendo sido escritas en tiempos muy remotos a su venida, en diversos lugares, en distintas épocas y por distintos profetas.

De estas revelaciones fueron algunas tan circunstanciadas y prolijas que más parecen historias de lo pasado que predicciones de lo futuro. Así es que Isaías hace una descripción tan exacta de la encarnación, nacimiento, predicación, pasión y muerte de nuestro soberano Redentor, que los santos padres le dan el digno epíteto del Profeta Evangélico.(4)

Él predijo que una virgen concebiría y pariría un hijo que se llamaría Emmanuel.(c)Éste, como si ya lo hubiera visto, dijo: este niño nació para nosotros, y este hijo (de Dios) que se nos ha dado, estableció su principado sobre sus hombros,(d) y se llamará Admirable, Consejero, Dios, Fuerte, Padre del futuro siglo, Príncipe de la paz. Se multiplicará su imperio y su paz no tendrá fin. Se sentará sobre el solio de David y sobre su reino para confirmarlo y corroborarlo en la justicia eternamente. "Y como advirtiendo el profeta que aún no había llegado el tiempo del vaticinio, dice: el Señor de los ejércitos hará esto."(e)

Anunciando la venida del Salvador y sus milagros, dice: "confortaos y no temáis, el mismo Dios vendrá y os salvará. Entonces verán los ciegos, oirán los sordos, los cojos saltarán como ciervos, y se desatará la lengua de los mudos..."(f)

Hablando en persona de Jesucristo, designa su pasión y dice: yo di mi cuerpo a los que me herían, y mis mejillas a los que mesaban mi barba, no aparté mi rostro de los que me injuriaban y escupían.(g)

Con más precisión la predice en el capítulo 53: No tenía parecer ni hermosura, y lo vimos, y no tenía figura... Fue despreciado y hecho el último de los hombres, varón de dolores, y que conoce el padecer; tenía tan desfigurado y como escondido el semblante, que fue desconocido para nosotros. Verdaderamente sufrió nuestras enfermedades, cargó nuestros dolores, y nosotros lo juzgamos como leproso, herido y humillado por Dios. Él fue llagado por nuestras iniquidades y quebrantado por nuestras maldades. Sobre él vino el castigo para que gozáramos la paz del perdón, y sanamos con sus cardenales. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, y cada uno erró por su camino; y el Señor cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros.

Se ofreció a la muerte porque quiso, y no abrió su boca. Fue llevado al sacrificio como una oveja, y calló como el cordero delante del que le quita el vellón... Fue juzgado con los malhechores, cargó con nuestras culpas y rogó por los que quebrantaban la ley.(h)

El profeta David, como un historiador, describe aun las menudencias de la pasión del Señor. En su boca dice a Dios, hablando de los santos padres: "En ti esperaron y los libraste; clamaron a ti y fueron salvos; esperaron en ti y no fueron confundidos. Mas yo ya parezco gusano y no hombre. Soy el oprobio de los hombres y el desprecio de la plebe. Todos los que me ven se ríen de mí: me maltratan con la boca y mueven las cabezas.

"Rompieron mis pies y manos, podían haberse contado mis huesos... Me dieron por alimento hiel, y con vinagre me refrigeraron la sed. Dividieron entre sí mis vestiduras y sobre ellas echaron suertes."(i)

Con semejante claridad están caracterizadas las profecías que pertenecen a Jesucristo. Todas se cumplieron en él, y no hay quien pueda negarlo ni señalar otro hombre en quien se hayan visto realizadas. Luego, por leyes de crítica humana, es necesario confesar que este Jesucristo fue el Mesías prometido por los santos padres, pues no se ha visto otro hombre a quien mejor que a él convengan las señas predichas por los profetas más antiguos.(5)

 

 

FUNDAMENTO SEGUNDO

PUREZA DE LA MORAL DE JESUCRISTO

 

Si examinamos la moral de Jesucristo hallaremos que es la más pura, opuesta al ímpetu de las pasiones, y la más propia para conseguir la verdadera felicidad, aun en esta vida temporal.

Es cierto que sus reglas son muy contrarias a las inclinaciones del hombre corrompido por el pecado de Adán. Refrenar nuestras pasiones, hacer cruda guerra a los apetitos de la carne, llevar en paciencia las flaquezas ajenas, oponer un espíritu de paz y de mansedumbre a las injurias que se nos hacen, corresponder con beneficios los agravios, rogar a Dios muy de corazón por la felicidad temporal y eterna de los que nos persiguen y calumnian, y amar sinceramente a los que nos aborrecen, son preceptos muy opuestos a nuestra sensualidad, y a los apetitos que despertó en el hombre la culpa de nuestro primer padre; pero esto recomienda más la pureza y santidad de la moral del Evangelio, que no puede hacer paces con los vicios del hombre corrompido, cuando por otra parte la gracia del Redentor lo eleva sobre su propia miseria, para que practique tan sublimes y asombrosas virtudes hasta el grado de hacérsele muy suave este yugo y ligera esta carga (Mateo XI, 30).(6)

 

 

FUNDAMENTO TERCERO

 

MILAGROS Y RESURRECCIÓN INCONTESTABLES
DE JESUCRISTO

 

Los milagros de Jesucristo y su resurrección fueron muy públicos. Sus mismos enemigos que lo aborrecían de muerte, que lo calumniaron en los tribunales, que lo malquistaron con el pueblo y lo hicieron morir en un suplicio, jamás se atrevieron a negar que los hizo. Ellos quisieron deprimir su mérito, atribuyendo su virtud al poder del demonio y fingiendo patrañas, como decir que en el sanctasanctórum había unos pergaminos, en los que estaban escritas tan misteriosas palabras, que el que las trajera consigo haría milagros; que Jesucristo tuvo noticia de esto y habilidad para introducirse en el templo y sacarse los pergaminos dentro de una incisión que se hizo en un muslo.

Estas calumnias, imposturas y cuentos ridículos, prueban bien que Jesucristo tenía muchos enemigos, pero también prueban la autenticidad de los hechos, que no se atrevieron a negar, ni ¿cómo pudieran cuando sus milagros fueron tan públicos y repetidos? Todos los hizo delante de testigos que a veces se contaron a miles.

Su gloriosa resurrección tuvo igual carácter de verdad. Predicha por él mismo(7)─cosa que no se atrevió a hacer Mahoma ni el más famoso seductor─, se verificó.(j)Sus enemigos, que tal vez habían sido testigos de sus prodigios, como en su muerte, en que muchos, absortos por el trastorno público de la naturaleza, se confundieron, y moviendo las cabezas decían: "Verdaderamente este hombre era hijo de Dios",(8) temieron que se realizara, y tomaron todas las precauciones oportunas para alucinar al pueblo, caso de que se verificara, o para impedir un artificio de sus amigos. Para esto, pusieron guardias, escogidas y bien pagadas, que custodiaran el sepulcro que era nuevo y bien cerrado con una loza muy pesada. Sin embargo, Jesucristo resucitó según lo había predicho, y sus enemigos, no pudiendo negar el portento, recurrieron a la ridícula des[h]echa de que dormidas las centinelas [sic], habían robado el cadáver sus discípulos, como si fuera creíble que todos se durmieran, que los discípulos, llenos de tanto miedo que, a excepción de uno, todos los demás lo desampararon en su pasión y se escondieron sin atreverse ni a acompañarlo vivo, pudieran haber tenido valor para ir a sacar su cadáver custodiado; como si hubieran podido levantar la loza y exhumar el cadáver sin que ninguno lo sintiera. Acaso estarían ebrios los soldados; pero ebrios o dormidos, ellos no vieron robar el cadáver, y sin embargo, unos borrachos o dormidos, que nada vieron, fueron los testigos de este robo, y en cuya deposición descansaron tranquilos los que no tuvieron otro arbitrio para negar la resurrección. Esta fue su más ridícula respuesta, como la más hermosa reflexión de san Agustín es redargüirla.

En efecto, la publicidad de la resurrección de Jesucristo es uno de los fundamentos más sólidos e incontestables de nuestra religión, y tanto, que san Pablo, convencido de su infalibilidad, dijo: "Si Cristo no ha resucitado, en vano es nuestra predicación";(9) mas estaba tan asegurado, que se dejó degollar en defensa del Evangelio santo,(10) siendo no menos admirable el modo con que éste se fundó o estableció en todo el mundo, lo que es el

 

 

FUNDAMENTO CUARTO

 

EL MODO CON QUE SE ESTABLECIÓ LA RELIGIÓN CATÓLICA

 

Si consideramos los principios del Legislador en cuanto al mundo, el modo con que estableció su religión, el resultado de la predicación de sus discípulos y la extensión universal del Evangelio, es necesario o confesar su legitimidad, o sujetarnos a pasar por pirrónicos, esto es, a dudadores de las mismas evidencias.

Jesucristo no vino al mundo entre la majestad y la riqueza, como Alejandro, el hijo de Filipo Macedón.(11) Pobre y humilde, aunque de real estirpe, tenido por hijo de un artesano y de una costurera, apenas encontró lugar en donde reclinar la cabeza. Unas ruinas y un pesebre fueron los palacios y cuna en que nació. Cuatro villanos, muchos ángeles y dos brutos, cortejaron el día grande de su nacimiento (todo estaba profetizado). Su vida fue obscura, y apenas tuvo nombre en el mundo hasta que quiso manifestarse Dios de Dios y Luz de la Luz Eterna.

Entonces se desenrolló de repente aquel gran cuadro, trazado desde la eternidad por el Ser por esencia, y se dejó ver el hijo del Excelso en toda la plenitud de su misión. Moisés, en el Antiguo Testamento, entre una multitud de preceptos que reagravaban la ley, permitía muchas condescendencias a sus prosélitos, no siendo la menor el poder tener muchas mujeres.

Mahoma, no menos impostor que libertino, les permite a los suyos la poligamia, al tiempo que les prohíbe el uso del saludable vino.(12) Jesucristo dice que no viene a lisonjear las pasiones de los hombres ni a darles gusto, sino a cumplir la ley y los profetas; les predica que no viene a establecer la paz, esto es, la paz entre la razón y las pasiones, pues ésta es la paz de los pecadores que David llamó pésima: paz pecatorum pesima,(k) sino a introducir un afilado cuchillo para que hicieran la guerra a las pasiones.(13)

Declama el Soberano Maestro contra los abusos de la ley, contra los hipócritas y contra todo vicio en general. Su doctrina es confirmada con la santidad de su vida y con la multitud de sus milagros. Los pueblos siguen en turbas al austero orador. El resentimiento y la envidia se apoderan de los corazones de los fariseos: proponen exterminar al justo que les echaba en cara sus defectos y que se llevaba las atenciones del pueblo; lo acusan de hechicero, traidor al César y perturbador del orden público; se decreta y verifica su prisión; lo traen de uno en otro tribunal, y en ninguno se le prueba delito; sin embargo, la calumnia vence la verdad, el encono, la justicia, y la impostura a la inocencia. Un juez egoísta lo manda atormentar, y no satisfecho el novelero pueblo, pide su muerte, echando sobre sí y sobre sus hijos la sangre del Justo: muere, en efecto, el hombre Dios, en un suplicio infame entre dos facinerosos. Sus discípulos huyen despavoridos de sus más íntimos amigos: uno negó hasta haberlo conocido, y todos se esconden, temiendo correr la suerte de su Maestro.

En estos críticos momentos todo anunciaba el ocaso de la naciente religión. El Maestro ajusticiado y reputado por un impostor, y los discípulos idiotas y plebeyos, escondidos y sin valor para sacar la cara ni hablar una palabra en su favor, indicaban naturalmente que el pretendido sistema en breve se disiparía como el humo; porque Jesucristo, según dice un escritor francés, "humanamente hablando, hizo todo lo necesario para no conseguir el restablecimiento de la religión."

Sin embargo, resucitó, se apareció a su divina Madre, a varias piadosas mujeres y a sus discípulos; comió y conversó con ellos; los hizo testigos de su Ascensión gloriosa, los iluminó su Espíritu divino, y entonces... ¡Oh! Entonces varió la escena enteramente. Los idiotas se volvieron sabios, los cobardes valientes, y salieron por todo el mundo a predicar el Evangelio con el mayor denuedo y la más santa intrepidez.

Desde ese instante no temieron chocarse con los judíos, con los césares de Roma, ni con la opinión pública, artificiosamente prevenida contra su predicación y su doctrina.

Como ésta la confirmaban con milagros, y se dejaban sacrificar con una entereza jamás vista, se convertían los pueblos a millares y confesaban la fe del Crucificado en todas partes. La ley de Moisés flaqueaba de día en día entre los hebreos, y los altares de los gentiles se derrocaban a presencia de los tiranos.

Ambos partidos conspiraron acordes contra los nuevos confesores, sin perdonar arbitrio para exterminarlos del todo; pero en vano, porque estaba escrito que la religión católica se propagaría y permanecería hasta el último día de los siglos.

Los intrépidos cristianos defendían el Evangelio santo a costa de su sangre, despreciando las prisiones, las afrentas, los tormentos y la muerte, con tal constancia, que se cansaban los tiranos de sentenciar a muerte y los verdugos de sacrificar víctimas a su antojo. Fue tanta la abundancia de mártires en tiempo de Trajano, que hallándose Plinio el Mozo, procónsul de Bitinia, escribió al emperador, horrorizado de tanta carnicería, que él no hallaba delitos en los cristianos dignos de tal estrago. El prefecto de Asia, Antonino, al ver que los cristianos se le ofrecían a montones a derramar su sangre por Jesucristo, y no teniendo corazón para ver tal destrozo, les dijo que si era tanto su ardor para morir por Cristo, que allí tenían sogas y precipicios; que él no tenía brazo para tantos. Así triunfó siempre la fe de Jesucristo de la crueldad de los tiranos.(l)

De esta manera tremoló el pendón de la cruz, y el clarín del Evangelio resonó en todos los puntos de la tierra. Si con tales principios y circunstancias no es maravilloso el establecimiento de una nueva religión, dígase si ha habido alguna otra comunión que por iguales principios haya logrado iguales fines; pero si la razón humana enmudece a lo primero, y la historia a lo segundo, confiésese que la religión de Jesucristo es la única en la tierra, la sobrenatural, la verdadera, y que el modo de su establecimiento es uno de sus incontestables fundamentos.

 

 

FUNDAMENTO QUINTO

 

LA CONSTANTE Y UNIFORME TRADICIÓN DE LA IGLESIA

 

Es la iglesia católica, dice nuestro regular catecismo, la congregación de los fieles, regida por Cristo, y el papa, su vicario. A ella pertenecen, pues, todos los individuos de la especie humana que, habiendo recibido el santo bautismo, conservan una misma creencia, obedecen a un mismo pastor universal, que es el romano pontífice, y no están separados del gremio de tan santa Madre en virtud de pena alguna con que la legítima autoridad de los pastores suele arrojar de ella a cierta clase de delincuentes. La Iglesia se halla extendida por todos los países y naciones, encierra todo género de personas de todas edades, condiciones y sexos, en quienes se verifiquen las calidades referidas, y se alarga a toda la duración de los tiempos.

Ahora bien, muchos hombres, una ciudad, un reino entero, pueden engañarse y transmitir un error a su posteridad, y aun así no lo transmite como lo aprendió en su principio, sino como lo adulteró el tiempo, lo cual ni es nuevo ni admirable; se ha visto y se ve mucho de esto en el día, principalmente en lo que toca a la historia, ciencias y gobierno; pero que muchas naciones, gobernadas por diferentes y aun opuestos sistemas, encontradas en sus principios, idiomas y costumbres, tengan la misma fe, reconozcan las mismas virtudes, sigan las mismas máximas de moral, sepan y promulguen la misma historia del Evangelio que los escritores sagrados nos dejaron, que los apóstoles predicaron y que ha llegado a nuestros hijos, es una de las pruebas más inconcusas de la verdad de nuestra tradición.

Por experiencia sabemos que en una misma nación, en un mismo reino, provincia o ciudad, varía tanto la noticia de un pasaje cierto o verdadero, que los que no son necios apenas se atreven a creer lo que les cuentan. ¡Tanta es la ignorancia y la mala fe de los hombres!

¿Pues cómo es que en lo que toca a la tradición del Evangelio, todos los hombres están acordes entre sí?, ¿cómo es que todos, diferentes y aun opuestos en idiomas, gobiernos y costumbres, creen y confiesan una misma cosa sin diferencia alguna substancial? Ello es cierto, lo que cree el católico inglés creo yo, y lo que creo yo cree el católico francés, ruso, alemán o el que habita en la Turquía. ¿Cómo esta tradición se ha conservado tan pura y tan original en todo el mundo y por el largo espacio de diecinueve siglos, cuando todas las otras comuniones gentílicas, judaicas, y las que llaman reformadas, han variado tanto en menos tiempo, habiendo fundádose y sostenídose con el favor de las armas y la lisonja de las pasiones?(m)

¿Cómo, repito, descifraremos este enigma, sino asegurando que los fautores de las otras sectas fueron hombres y nada más, y de consiguiente falibles, y en vano levantaron los santuarios de sus doctrinas, emblanquecidos por defuera, pero que depositan corrupción? En vano los Arrios,(14) Sergios,(15) Nestorios,(16) Luteros,(17)Calvinos,(18) y otros, quisieron reformar la religión de Jesucristo y levantar un edificio nuevo, porque de muchos de ellos ha venido abajo su sistema, y de mil otros ha de llegar el día en que ni se perciban los cimientos, pues el que no puede mentir ni engañarse, ha dicho: Nisi Dominus edificaverit domun, in vano laboraverunt qui edificant eam. Si el Señor Dios de Israel no edificare la casa, en vano trabajaron los que intenten edificarla o dar la ley a su Iglesia santa. Por tanto, la tradición constante es uno de los más seguros fundamentos de nuestra religión católica.

 

 

FUNDAMENTO SEXTO

 

LA PERSEVERANCIA Y UNIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA

 

Ésta es una de las pruebas solidísimas de la verdad del Evangelio. Ninguna comunión separada de la iglesia católica ha permanecido en la universalidad y unión que ésta, a pesar de sus muchas e inauditas persecuciones; pero el Dios grande prometió protegerla y aseguró que prevalecería hasta el fin de los siglos.

¿Quién es capaz de asegurar la permanencia de su sistema, de sus leyes, de sus reinos, sino el que es árbitro de los reyes y de todo cuanto existe por el soplo divino de su palabra?, ¿y no es cierto que se han cumplido y se están cumpliendo las profecías?, ¿que la navecilla de san Pedro ha fluctuado y no la han podido sumergir ni las mismas potestades del infierno? Sí, sí es cierto, dice el real profeta:(n) "Lo mismo que hemos oído, hemos visto en la ciudad del Señor de las virtudes (la Iglesia), en la ciudad de nuestro Dios, porque este mismo Dios la estableció para la eternidad."

No por otra cosa dudamos muchas veces de los hombres, sino porque tenemos experiencia de que son falsos y falibles, propensos a engañar y a engañarse, y cuando estamos convencidos de que alguno es veraz, o lo que llamamos hombre de bien, no dudamos jamás de su palabra.

¿Pues quién más veraz ni más hombre de bien que Jesucristo? Él nos ofreció que durará su Iglesia, jamás nos engañó: hemos visto cumplidas las profecías que verbalmente nos dijo en cuanto hombre, y las que como Dios inspiró a los profetas. Todas las relativas a su Iglesia se han cumplido, ¿pues que hay que temer que no se cumplan las que faltan? Por eso dijo san Agustín que: "La Iglesia ha visto en el cumplimiento lo que oyó en las promesas, y en el Evangelio ha visto lo que oyó en la profecía."

Concluyamos diciendo que nuestra religión es la única, la santa, la verdadera, la ortodoxa, y que por más cismas que la agiten, por más persecuciones que la aflijan, ha de permanecer inmaculada en la tierra hasta su fin, y en el cielo sin término de tiempo. Por esto no temeremos los católicos cuando se revuelva el mundo, aunque los montes se pasen al centro del mar. Propterea non timebimus dum turbabitur terra et transferentur montes in cor maris.(19)

"Dictamen del muy reverendo padre, doctor y maestro, fray Manuel Mercadillo, exprovincial del real y militar orden de Nuestra Señora de la Merced.

"Señor provisor:

"No encuentro embarazo alguno para que vuestra señoría conceda la licencia para la impresión del cuaderno titulado: Impugnación y defensa del Bosquejo de los fraudes, cuyo autor es El Pensador Mexicano. Se reduce todo él a promover los motivos de credibilidad de nuestra santa religión, según el tino y destreza con que lo han manejado los teólogos, en quienes se halla fundada la doctrina que con dulzura y ciertos atractivos el autor maneja. Sólo sí hallo que la obra no corresponde a lo que insinúa, por no hallarse rebatido el Bosquejo en la parte acusable, ni defendido en la defendible, pues ni mención se hace de él, según convenía por la carátula o frontis.

"Dios Nuestro Señor guarde la vida de vuestra señoría muchos años. Convento de Nuestra Madre Santísima de la Merced de México,(20) y febrero 17 de 1821.


Fray Manuel Mercadillo."(21)

 

 

ADVERTENCIA

 

Con dos objetos he escrito la Apología de nuestra santa religión, antes de entrar en el desempeño del título de esta obra. El primero es dar un público testimonio de mi fe y religiosidad, pues el que alaba y defiende una religión, confesando todos sus artículos, respetando sus misterios y calificando de seguros sus dogmas, está muy distante de separarse de ella.

Esto he hecho otras muchas ocasiones, y hago en la presente, y por esto advertirá el público ilustrado que no soy hereje, como han dicho algunos fanáticos, que, o por suma ignorancia o por sobrada malicia, me dan este título, cuando ven o que apruebo las determinaciones de las Cortes en orden a la reforma del clero, o que combato los errores que se han introducido en el pueblo piadoso a sombra de nuestra santa religión. Errores harto útiles para muchos que se resienten de que el pueblo los conozca por la ninguna cuenta que les tiene.

El segundo objeto es que los ignorantes, que no son pocos, tengan compendiados los fundamentos de su creencia, y puedan alegar para ella algunos principios sólidos e inconcusos, y no que si se le pregunta a muchos que si son cristianos, dicen que sí. ¿Que quién es Cristo? Dios y hombre verdadero. Pero si les instan con que este Cristo pudo haber sido un famoso impostor que hubiera tenido habilidad para alucinar a los apóstoles, y éstos a todos los hombres, así como Mahoma engañó a tantos millares, etcétera. Ahí se paran, se confunden y no saben qué responder porque no tienen más idea de su religión sino la que les da elCatecismo del padre Ripalda.(22)

En beneficio de estos ignorantes, y en honor de nuestra religión, escribí estaApología. Si fuere de alguna utilidad, laus Deo.(23)

 

 

NOTA

 

En mi Alacena y en la Imprenta de D. J. M. Benavente(24) queda abierta la subscripción a esta obrita, siendo su precio 2 pesos en la capital, y 2 pesos 4 reales fuera de ella.(25)

 

 


(1) Sin pie de imprenta. Cf. nota 2 a Impugnación y defensa... prospecto...

(2) Parece que esta obra tuvo una continuación. Lizardi anotó en su "Advertencia" lo siguiente: "Con dos objetos he escrito la Apología de nuestra santa religión, antes de entrar en el desempeño del titulo de esta obra." En "Nota" final abrió la suscripción "a esta obrita" Cf. al final de este folleto). Es decir, que este "Discurso Primero" o "Apología de nuestra santa religión" es preliminar al desarrollo de unalmpugnación y defensa del Bosquejo de los fraudes que pudo haber escrito en posteriores entregas.

(a) La posesión de sí mismo, tomo I, páginas 151 y [1]52. [Domenico Caracciolo, Cf.nota 14 a Papeles contra sermones. Las obras del marqués de Caracciolo, "aunque hoy bastante olvidadas, en su tiempo obtuvieron el mérito de varias reimpresiones", entre ellas, El goce o posesión de si mismo, Madrid, Miguel Escribano, 1777, tuvo las reimpresiones de 1780 y 1786. Existen unas Obras completas, traducidas por Francisco M. Nipho, Madrid, 1818, y son 21 volúmenes. A Palau y Dulcet, Manual del librero hispanoamericano, 2ª ed., Madrid, Antonio Palau, 1950, t. III, p. 145].

(3) Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Sal. 4, 6.

(b) Esta palabra griega, mártir, significa lo mismo que testigo, y los mártires testificaron con su sangre la verdad del Evangelio. Es menester creer, dice Pascal, a unos testigos que se dejan degollar por él. [Dicha palabra viene del griego mártys, -yros, testigo, "de donde 'mártir', porque daba testimonio de la fortaleza de la fe." Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, Editorial Gredos, 1961, p. 376. Pascal escribió: "Je crois volontiers les histoires dont les témoins se font égorger." Pensées de Pascal sur la religion et sur qeuques autres sujets. Nouvelle édition conforme au véritable texte de l'auteur et contenant les additions de Port-Royal indiquées par des crochets, Paris, Gamier Frères, Libraires Editeurs, s. a., p. 195. En La educación de las mujeres o la Quijotita y su prima,Fernández de Lizardi utilizó la misma cita de Pascal -Obras VII, recop., ed., notas y estudio preliminar de Ma. Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 1980 (Nueva Biblioteca Mexicana, 75), p. 266-, aunque tomada de Blanchard: "Ah! croyonsen, dit tres bienPascal, des témoins qui se font égorger." L'École des moeurs. Ou réflexions morales et historiques sur les maximes de La Sagesse. Ouvrage utile aux jeunes gens et aux autres personnes, pour se bien conduire dans le monde. Cinquième édition, revue et corrigée avec soin, et augmentée de plusieurs nouveaux traits d'histoire. Par M. L'Abbé Blanchard, chanoine d'Avenay, Alliege, chez J. F. Bassompierre, Imprimeur-Libraire, 1761, tome second, p. 73].

(4) Isaías. El primero de los cuatro profetas mayores; vivió en Jerusalén en la segunda mitad del siglo VIII a. C. Su nombre significa en hebreo "Jehová es salvación." Eusebio lo llama el más grande de los profetas. Teodoreto lo llama el Divino. San Ambrosio aconsejó a san Agustín que leyera a Isaías, porque "ha sido, por encima de todos los demás, el profeta del Evangelio y de la vocación de los pueblos." (De civitate Dei, XVIII) San Jerónimo llamó a Isaías el profeta Evangelista.

(c) Isaías, capítulo 7, versículo 14. Ecce virgo concipiet, et pariet filium. Et vocabitur nomen eius Emmanuel.

(d) Jesucristo cargó sobre sus hombros la cruz como la más insigne señal de su principado, o como el estandarte con que fundó su Iglesia santa, que es su reino y su glorioso patrimonio.

(e) Parvulus enim natus est nobis, et filius datus est nobis; et factus est principatus super humerum eius; et vocabitur nomen eius: Admirabilis, Conciliarius, Deus, Fortis, Pater futuri saeculi, Princeps pacis. Multiplicabitur eius imperium, et pacis non erit finis; super solium David, et super regnum eius sedebit, ut confirmet illud et corroboret in indicio et iustitia, amodo et usque in sempiternum: zelus Domini exercituum faciet hoc.Isaías, capítulos 8, 6 y 7 [Is. 9, 6-7].

(f) Confortamini, et nolite timere... Deus ipse veniet, et salvabit vos. Tunc aperientur oculi caecorum. Et aures surdorum patebunt. Tunc saliet sicut cervus claudus, et aperta erit lingua mutorum... Isaías 35, 4, 5 y 6.

(g) Corpus meum dedi percutientibus, et genas meas vellentibus; faciem meam non averti ab increpantibus et conspuentibus in me. Idem capítulo 50, 6.

(h) Non est species ei, neque decor, et vidimus eum, et non erat aspectus. Despectum, et novissimum virorum, virum dolorum, et sceientem infirmitatem; et quasi absconditus vultus eius et despectus, unde nec reputavimus eum. Vere languores nostros, ipse tullit, et dolores nostros ipse portabit; et nos putabimus eum quasi leprosum, et percussum a Deo, et humiliatum. Ipse autem vulneratus est propter in iniquitates nostras, attritus est propter scelera nostra; disciplina pacis nostrae super eum, et livore eius sanati sumus. Omnes nos quasi oves erravimus, unusquisque in viam suam declinavit; et posuit Dominus in eo iniquitatem omnium nostrum. Oblaus est quia ipse voluit, et non aperuit os suum; sicut ovis ad occisionem ducetur, et quasi agnus coram tondente se abmutescet. Et cum sceleratis reputatus est, et ipse peccata multorum tulit, et pro transgresoribus rogavit. Capitulos 53, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 12 [Is. 53, 2, 3-7 y 12].

(i) In tesperaverunt patres nostri; speraverunt, et liberasti eos. Ad te clamaverunt, et salvi facti sunt; in te speraverunt, et non sunt confusi. Ego autem sum vermis, et non homo; opprobrium hominum, et abiectio plebis. Omnes videntes me deriserunt me; locuti sunt labiis, et moverunt caput [...] Foderunt manus meas et pedes meos, dinumeraverunt omnia ossa mea. [.] Diveserunt sibi vestimenta mea, et super vestem meam miserunt sortem. [..] Et dederunt in escam meam fel, et in siti mes potaverunt me aceto. Psalmos 21, 5, 6, 7, 8, 17, 18, 19, 68, 22 [Sal. 21, 5-8 y 18-19. Sal. 68, 22].

(5) Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo: y nos ha suscitado un poderoso salvador en la casa de David, su siervo; según lo tenía anunciado por boca de sus santos profetas, que han florecido en todos los siglos pasados. Lc. 1, 68-70.

(6) Porque suave es mi yugo, y ligero el peso mío. Mt. 11, 30.

(7) Mt. 16, 21; 17, 9 y 21-22; 20, 17-19. Mr. 8, 31; 9, 8-9 y 29-30; 10, 32-34. Lc. 9, 21-22, 44-45; 18, 31-33. Jn. 2, 19-22; 16, 16-20.

(j) No ignoramos que hubo algunos falsos mesías que predijeron su resurrección, y alguno de ellos, después de su profecía se arrojó al mar y no volvió a salir; mas estos fueron unos embusteros ignorantes que no merecen el epíteto de famosos.

(8) Mt. 27, 54; Mr. 15, 39; Lc. 24, 47.

(9) 1 Cor. 15, 14.

(10) San Pablo (2-67), el Apóstol de los Gentiles, nació en Tarso (Cilicia) y murió en Roma decapitado.

(11) Alejandro Magno (356-323 a. C.). Rey de Macedonia, hijo de Filipo II.

(12) El Corán o Alcorán, libro sagrado de los musulmanes, ha conservado de los antiguos usos de Arabia la poligamia y la esclavitud. Mahoma abolió los sacrificios humanos, el homicidio de las hijas al nacer, el uso del vino y los juegos de azar.

(k) Cuando el hombre libertino no siente remordimiento en su conciencia ni teme a Dios, está endurecido su corazón como el de Faraón. Nada le mueve, peca con ni tranquilidad, sin susto ni temor: goza de una gran paz; pero de esta paz habla el Real Profeta, y Dios nos libre de ella [Y el corazón de Faraón se endureció y no escuchó a Moisés y a Aarón, como el Señor lo había ordenado o predicho. Ex. 7, 13. En el Salmo 72, "El problema de la felicidad de los malos": ¡Cuán bueno es Dios para los rectos, el Señor para los de limpio corazón! Mas casi titubearon mis pies, por poco no resbalaron mis pasos, porque envidiaba a los impíos, observando la prosperidad de los pecadores. Pues no hay para ellos tormentos, sano y pingüe está su cuerpo. No les llegan trabajos de mortales, y con los hombres no son azotados. Por eso les rodea, como collar, la soberbia; y la violencia, como manto, los cubre... ¿Luego en vano conservé puro mi corazón, y lavé en la inocencia mis manos? Pues azotes aguanto en todo tiempo, y castigos cada día. Si yo pensase: Hablaré como ellos, renegaría del linaje de tus hijos. Meditaba, pues, para entenderlo; pero me pareció laborioso, hasta que entré en la santidad de Dios, y reparé en el paradero de ellos. Cierto, en senda resbaladiza los colocas, los precipitas a la ruina. ¡Cómo se derrumbaron en un momento, acabaron, fueron consumidos con terrible espanto! Como un sueño, cuando uno despierta, Señor, así, al levantarte, despreciarás su apariencia. Cuando se exacerba mi mente y sentía punzadas mi corazón, ignorante era yo y no entendía; como un jumento fui delante de Ti].

(13) No penséis que he venido a destruir la Ley ni los Profetas; no he venido a destruirla, sino a darle su cumplimiento; Mt. 5, 17. No tenéis que pensar que Yo haya venido a traer la paz, sino la guerra; Mt. 10, 34. ¿Pensáis que he venido a poner paz en la tierra? No, sino desunión; Lc. 12, 51. Su padre y su madre escuchaban con admiración las cosas que de Él se decían. Y Simeón bendijo a entrambos, y dijo a María, su madre: Mira este Niño está destinado para ruina, y para resurrección de muchos en Israel; y para ser el blanco de las contradicciones; y una espada traspasará, tu propia alma, para que se descubran los pensamientosocultos en los corazones de muchos; Lc. 2, 33-35.

(l) Flórez. Clave historial. Sig. II ["Sucesos memorables" del "Siglo II", en Clave historial con que se abre la puerta a la historia eclesiástica y política. Chronología de los papas y emperadores, reyes de España, Italia y Francia, con los orígenes de todas las monarquías, concilios, hereges, Santos, escritores y sucesos memorables de cada siglo.Edición XI. Por el M. R. P. Mro. Fr. Henrique Flórez, doctor y cathedrático de theología de la Universidad de Alcalá, y ex-Asistente General de las Provincias de España, Orden de San Agustín, Madrid, Imprenta de D. Antonio de Sancha, 1783, p. 62. Enrique Flórez de Setién y Huidobro (1702-1773), erudito e historiador agustino que nació y murió en España. "A los treinta y seis años de su edad había ya publicado [...] cinco tomos de teología, los cuales le habían adquirido mucha fama en su religión. Otro se hubiera contentado acaso con ésta, y no hubiera ya pensado más que en recoger los frutos de sus tareas escolásticas. Mas este sabio, lejos de estar poseído de aquella vana satisfacción, que suele engendrar en muchos el aplauso de las universidades y de los claustros, y habiendo leído por entonces la suma de Concilios del P. Cabasucio, abrió los ojos, y conoció lo mucho que le faltaba para ser buen teólogo. Desde entonces se aplicó particularmente al estudio de la historia en todos sus ramos, y más particularmente en la numismática y antigüedades. La primera obra que publicó en este género fue la Clave historial [...]. La idea de esta obra está tomada de otra semejante del abad de Vallemont; pero la mejoró el P. Flórez en el método y con algunas adiciones." Juan Sempere y Guarinos, Ensayo de una biblioteca española de los mejores escritores del reinado de Carlos III, t. III, pp. 62-64. La primera edición fue en el año 1743. Palau registra la edición xvi, corregida y aumentada por el P. M. Fr. José de la Canal. En Madrid, por Vda. de Ibarra, 1817, 33 pp. Manual del librero hispanoamericano, 2ª ed., Barcelona, Librería Palau, 1951, t. V, p. 435].

(m) El que quiera instruirse lea sobre esto al ilustrísimo Bossuet, en su Historia de las variaciones de las iglesias protestantes [Jacques Bénigne Bossuet (1627-1704), escritor y orador sagrado francés, llamado el Águila de Meaux. Escribió, entre otras obras, Histoire des variations des églises protestants (1688)].

(14) Arrio (hacia 256 o 270-336). Heresiarca. Cuando era sacerdote en Alejandría, sus disputas con Alejandro, obispo de dicha ciudad, dieron origen a la herejía llamada arrianismo. Afirmaba que Jesucristo no era de la misma naturaleza del Padre.

(15) Sergio, patriarca de Constantinopla que fue declarado hereje por sostener el monotelismo, en el siglo VII; esta doctrina admitía en Cristo dos naturalezas, divina y humana, pero una sola voluntad divina; murió en mayo del año 639.

(16) Nestorio (m. hacia el año 451). Patriarca de Constantinopla que combatió con celo a los arrianos y a los novacianos, pero negó que la Virgen María fuera madre de Dios. Denunciado como hereje por san Cirilo de Alejandría, fue condenado y depuesto por el Concilio de Éfeso.

(17) Martín Lutero (1438-1546). Religioso alemán y promotor de la Reforma protestante.

(18) Juan Calvino (1509-1564). Teólogo y reformador francés; su nombre francés era Jean Cauvin.

(n) Sicut audivimus, siv vidimus. In civitate Domini virtutum, in civitate Dei nostri. Deus fundavit eam in aeternum. Psalmo 47 [Sal. 47, 9].

(19) Por eso no tememos cuando se trastorna la tierra, y los montes caen en medio del mar. Sal. 45, 2-3.

(20) Convento de la Merced. Antes de que pudieran adquirir una casa en el barrio de San Lázaro, los primeros religiosos mercedarios estuvieron hospedados en un mesón y en una habitación por San Hipólito. Por fin, en 1601, pasaron a unas casas que compraron gracias a la caridad pública, después adquirieron otras y, en septiembre de 1602, fue puesta la primera piedra del templo; que fue dedicado el 30 de agosto de 1654 y estrenado en 1616. Posteriormente fue fraccionado el convento y la iglesia convertida en cuartel. En la actualidad apenas ha sido rescatado el claustro, que está en proceso de restauración. El convento de Nuestra Señora de la Merced estuvo en la esquina de las que hoy son calles de Uruguay y Roldán.

(21) Manuel Mercadillo. "El Dr. y maestro Fr. Manuel Mercadillo nació en México. En 1784 tomó beca de seminarista en San Ildefonso, y, concluídos casi sus estudios, el hábito de la Merced en el convento capitular de la Provincia de la Visitación; fue presentado y maestro por su Orden; maestro en artes, doctor teólogo y catedrático de filosofía en la Universidad; en su Provincia, comendador de varios conventos y dos veces provincial; en la curia eclesiástica arzobispal, sinodal para órdenes y licencias y para oposiciones de curatos. Murió en 20 de septiembre de 1825."Antología del Centenario, Primera parte, volumen segundo, p. 882. Mercadillo calificó, entre otros: el Sermón que con motivo de la jura de la Independencia dijo en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y nuestro padre san Francisco de Toluca el día 13 de mayo de 1822 fray José de Ortigosa (junto con fray Diego Antonio de las Piedras y fray Ángel Meneses); el Panegírico de la gloriosa virgen y doctora Santa Teresa de Jesús que dijo [el padre Talamantes] en la iglesia grande de rrpp. carmelitas descalzos de México el 15 de octubre de 1802, y la Biblioteca hispanoamericana septentrional de Mariano Beristáin.

(22) Jerónimo Martínez de Ripalda (1536-1618). Sacerdote jesuita español que se distinguió por su capacidad de explicar la doctrina a los niños. Su Catecismo y exposición breve de la doctrina cristiana (Burgos, 1591) fue empleado en las escuelas de América. En México fue adoptado por disposición del Concilio III Mexicano.

(23) laus Deo. Gloria a Dios, frase que se emplea al terminar una obra.

(24) Imprenta de Benavente. Cf. nota 25 a Impugnación y defensa... prospecto...

(25) Cf. nota 15 a Satisfacción al público...