HOY TRUENA GABINO BAÑOS COMO JUDITAS DE A REAL(1)
Bien hace quien su crítica modera;
pero usarla conviene más severa
contra censura injusta y ofensiva,
porque no hablar con sincero denuedo
poca razón arguye o mucho miedo.
Iriarte, Fábulas.(2)
Sí, seor Gabino, es menester que haga usted lomo como buen macho,(3) para aguantar la pesada carga de este papel. Yo quisiera tratar a usted con más comedimiento, porque, en efecto, la libertad de la imprenta(4) es para fomentar la ilustración y para acusar a los déspotas, pero nunca para desahogar nuestras pasiones ruines; mas pues usted ignora estas cosas, es necesario tocarle el son que baila,(5) tratarlo como quien es y enfrenarlo, hablándole en su idioma grosero y malcriado. Dios mismo dice: responde al tonto según su necedad, no sea que se envanezca;(6) con que hermano, haga usted paciencia, vaya oyendo.
Teniendo usted al Sacristán(7) de mi diálogo por un interlocutor imaginario y sabiendo que yo soy el verdadero autor, las injurias que le dispara a él, a mí me las hace directamente; y así, a mí [me] llama de obscuros principios.(8) No sé por dónde sabe usted mi genealogía: yo puedo afirmar que usted es hijo bastardo. ¿Le incomoda la declaración de esta verdad?, pues me remito a la prueba luego que usted la dé de la obscuridad de mis principios.
Sin venir a cuento revuelve usted las cenizas del difunto padre don Anastasio.(9)Él era mal poeta; pero muy hombre de bien, muy candoroso, y no le hizo a usted el más mínimo daño; y así es un pito(10) y una grosería sacarlo a danzar en este asunto.
A mí me llama usted mequetrefe de la imprenta de Palacio,(11) en lo que hace usted una injuria al Supremo Gobierno,(12) pues lo supone tan necio que emplea en su servicio hombres entremetidos y de ningún provecho, que eso quiere decir mequetrefe; pero sepa usted que ese destino se me dio como en premio de los señalados y públicos servicios que he prestado a la nación,(13) no por ser un eternochaquetón(14) como usted; y no soy un entremetido sino empleado con el cargo decorrector de los impresos del gobierno, lo que usted jamás será, porque no sólo no sabe escribir, pero ni hablar, y en prueba ahí va la siguiente.
Fe de erratas del papel titulado: Hoy truena como arpa vieja
El Pensador Mexicano.
Página 1, dice: la Pretendiente; léase, la Pretendienta.
Página 2, dice: rebolver; léase: revolver.
Página id., dice: las tentonas; léase, las tentativas.
Página id., dice: campanero, en vocativo sin comas: póngasele.
Fastidiosa tarea fuera señalar las erratas, no de imprenta, sino gramaticales propísimas de usted, que comete a cada paso en latín y en castellano. Baste esta indicación para que el público conozca cuánta será en cánones y en teología la ignorancia de un hombre que no sabe ni hablar ni escribir su propio idioma.
El ángel Chismosiel(15) y no Chismosín como usted le llama, me encontró cerca del Colegio de Minería(16) (usted me entiende), y me dijo: “la verdadera Pretendienta es un doctorazo tamaño; ése a quien tú has agarrado en un pobre clerizonte sin nombre, que apenas sabrá mal entonar el de profundis en un entierro.” No importa, le dije a mi ángel: él sonó como autor en el primer papel, y aunque ni aquél ni éste ni cuantos escriba el doctor Farfulla(17) merezcan ser producciones del borrico de Apuleyo,(18) es necesario tirarle de punta al firmón Gabino Baños, mientras la legítima Pretendienta piensa en prolongar sus disparates.
Sí, seor Gabino: el doctor o usted dice que cometo una impropiedad cuando hago hablar eruditamente a mi Sacristán y a su mujer doña Rosita contra las leyes del diálogo.(19) Pues son ustedes tontos, mirándolos de espacio.(20) En primer lugar que Rosita no es mujer del Sacristán ni del Payo, sino hija de éste y ahijada de aquél.(21) En segundo lugar que ustedes ignoran en qué clase de diálogos se debe conservar el carácter y estilo de los interlocutores, como en la comedia; pero en los fabulosos, donde no se necesita la verosimilitud, es dispensable ésta que a usted le parece impropiedad; así hablan eruditamente los perros Scipioni y Berganza,(22) sin que nadie haya inculpado a Cervantes la locuacidad de sus perros.
Yo he reprobado y siempre reprobaré que el hombre orgulloso y atrevido haya querido elevar a precepto el consejo evangélico, tratando de enmendarle a Dios la plana. He dicho que es casi milagro el conservar la castidad como se debe, por toda la vida, atendida la miseria humana y los fuertes estímulos de la naturaleza; he declamado contra la imprudencia (y acaso fuerza) con que hacen unos votos tan terribles infinitas mujeres, y no pudiendo cumplirlos, se hacen prostitutas sin hombre y adúlteras de Dios; los escrúpulos les estremecen, y el ningún remedio que tienen las desespera, y mueren víctimas de su necedad y falsa vocación. He probado la dificultad de cumplir estos votos con los ejemplos de Sansón, David, Salomón, san Pablo, san Jerónimo y otros,(23) de los cuales unos cayeron y otros se vieron bien afligidos. No he negado el poder de la gracia; pero he dicho que esta gracia no vale si no hacemos de nuestra parte lo que debemos. San Agustín dice: “el que te crió a ti sin ti, no te salvará a ti sin ti.” Qui fecit te sine te, non salvabit te sine te.(24) Hice ver que no es poco lo que tiene que vencer una muchacha por su parte para que la gracia no quede infructuosa. He probado que la perpetuidad del voto de castidad puede relajarse por el papa, pues lejos de oponerse al Evangelio tal relajación, es más conforme al mismo Evangelio de Jesucristo, al consejo de San Pablo y a la costumbre de la Iglesia en sus primeros siglos. He dicho que siendo el voto temporal, las monjas que quisieran podían repetirlo año con año y con más mérito; y las que no se hallaran suficientes para cumplirlo, podrían salirse y casarse; y aun hablo del voto temporal por vía de condescendencia y no porque lo juzgue necesario para la perfección cristiana, porque para ésta basta el consejo sin necesidad de hacerlo precepto. He probado que Jesucristo elevó a Sacramento el matrimonio y no la castidad; que el voto de ésta no da ninguna gracia especial como el matrimonio, y, de consiguiente, éste es más excelente en general que la virginidad, aunque ésta sea en lo particular o para algunos un estado de mayor perfección.
Últimamente he dicho y repito que es un orgullo y una soberbia intolerable hacer tal voto, porque si somos tan débiles y flacos que a cada paso caemos, aun contra los preceptos naturales que son tan fáciles de cumplir, si no podemos asegurar que no hemos de quebrantar jamás los diez mandamientos, ¿cómo es que juramos no pecar nunca contra la castidad?, ¿cómo prometemos a Dios salir triunfantes de los estímulos de la naturaleza, esto es, vencer siempre a un enemigo tan tenaz y doméstico, que a todas horas nos hace la guerra?, ¿a un enemigo ante quien temblaron los Saulos y Jerónimos, los Antonios y Pablos, los Franciscos, Macarios, etcétera, y que derribó a los Salomones, Davides y otros varones fuertes? ¿Quién podrá asegurar ante Dios y los hombres, y nada menos que con voto, que jamás pecará? Nadie, si no es tan ignorante y soberbio que desconozca la miseria humana, y se fíe en sus mismas fuerzas; pues esto asegura el que hace voto de castidad. Éste es el compendio de la necedad y del atrevimiento de los fanáticos.
Ni se me venga usted con la gracia, ni con que ha habido mil santos vírgenes angélicos que jamás delinquieron contra la castidad ni por pensamiento, pues sobre lo primero digo que esa gracia es auxiliante no eficaz. Esto es, ayuda junta con nuestra diligencia, no obra por sí sola; y si fuera eficaz, en la mujer virgen no había mérito alguno. Señor teólogo y doctor borlado:(25) si lo contrario estudió usted, mejor le hubiera estado no haber aprendido tales algarabías; pero sin embargo, así es usted doctor cuando no es docto, y así
llaman rabones a los mu...
cuando no tienen rabos en los cu...(26)
A lo segundo digo que, aunque en efecto habrá habido mil continentes perfectos entre los cristianos, lo mismo que entre los gentiles, como usted mismo lo dice, y éstos lo fueron sin el cirineo(27) de la gracia, yo no quiero creer que lo han sido tantos cuantos creen todos. Acúseme usted ahora de hereje porque no quiero creer las fábulas aun reprobadas por la Iglesia de algunas vidas de los santos; entonces yo reclamaré al Concilio Niceno porque no decretó quince artículos de fe, añadiendo, “el quince: creer los escritos apócrifos de los fanáticos.”
Yo me compadezco de usted, señor ignorante con borlas de doctor, al verlo en el siglo XIX tan empeñado en hacernos pasar las extravagancias de los siglos de la barbarie, cuando los obispos hacían santos sin necesidad de la declaración de Roma, y cuando los tiranos Constantino y Carlomagno, acusados en la historia de ladrones, asesinos y embusteros, lograron verse venerados en los altares (como hasta hoy se ven en Francia y en Grecia).(28) Sí, yo me compadezco de ustedes, y mucho más de mí, que aunque tan ignorante, que según usted no soy digno de cargar la bolsa de un doctor(29) (que en mi diccionario significa un perfecto sabio y no un charlatán como usted), tenga que rebatir (no por usted, sino por las viejas y los tontos que leen sus mamarrachos) sus disparates, pues su ignorancia no es capaz de convencerse, por más que le grite la razón, y aunque me afane por hacerle ver su luz grandiosa.
Los necios, como tan pagados de sí, son soberbios, y cuando no pueden rebatir la razón, echan mano del sarcasmo y de las groserías; y aun hay pícaros fanáticos que quisieran matarme, según se explican; pero que se prueben, porque el albur lo rifarán con mucho riesgo.(30) Tanto los temo con la pluma como con la espada, y de una alevosía, de la que sólo son capaces sus almas bajas, Dios me guarda y yo no me descuido... Hasta la ilación se me va al tratar con los necios. Decía que estos soberbios como usted escriben con un orgullo que les parece que van a convencerme; pero de cuanto asenté en mi Vigésima Conversación no veo en el mamarracho de usted, no digo una sólida redargüición,(31) pero ni un sofisma fino: todos son groserísimos, algarabías, hipocresías, sarcasmos, fanaticadas y disparates. Aún no tengo la desgracia de conocer a usted por su nombre, porque usted y todos mis antagonistas y enemigos son tan tontos como cobardes: lo primero que hacen es ocultar sus nombres, prueba inequívoca de la mala causa que defienden y del miedo que me tienen. ¿Acaso yo oculto mi nombre jamás? ¿No lo suscribo siempre a mis escritos? ¿Les tengo a ustedes el más mínimo temor?, pues ¿cómo vosotros, ignorantes, cobardes y sin honor, tembláis para escribir contra mí, y les teméis a vuestros mismos desatinos? Vosotros sois doctores entre los carboneros, los ilusos, las viejas, los fanáticos y los hipócritas, no entre los hombres de bien y despreocupados. Hacéis bien, doctor Berenjeno,(32) en esconder vuestro nombre; pero aunque Chismosiel por prudencia no me lo quiso descubrir, sí me aseguró que sois un necio hipócrita. ¡Bello defensor de la virginidad! Éste sois, ¿y así habláis con tanta altanería? Presentaos en el público con vuestro propio nombre, y entonces éste conocerá quién sois.
Todo el papelucho de usted no es más que un fárrago de atroces desatinos, que no merecen honrarse con la crítica; sin embargo, refutaré uno o dos para que los incautos no se alucinen con algarabías de usted, sino que conozcan la injusticia de la causa que defienden por su misma boca.
Yo he dicho y probado que nadie tiene libertad para privarse de su libertad, y de consiguiente, que nadie puede hacer un voto perpetuo de castidad o de clausura, sin contrariar esa sagrada máxima de la naturaleza; y usted, después de desatinar como lo ha de costumbre, dice: “Que mal se compadece que Dios nos haya dado la libertad, y que no podamos disponer de su ejercicio.”(33) Éste es un sofisma muy grosero, bueno sólo para deslumbrar a tontos, y equivale a este otro: “Qué mal se compadece que Dios nos haya dado la vida y que no podamos disponer de ella.” ¿Quiere usted ver, señor doctor, cómo no se compadece mal ni uno ni otro? Pues oiga usted: podemos disponer del ejercicio de nuestra libertad y de nuestra vida para conservar estos dones preciosos, pero no para privarnos de ellos, porque esto sí se compadece mal. Yo puedo usar de mis manos para trabajar, para defenderme de mis enemigos y para procurarme mi bien; pero no me es lícito usar de ellas para matarme, robar ni dañar a otros; así es que podemos y debemos usar de nuestra libertad en cuanto tienda a conservar nuestra existencia y la misma libertad; pero nunca para privarnos de ella, sin valer el sofisma de usted del matrimonio, porque la disparidad es muy notable: en el voto de obediencia se sacrifica la voluntad a la de otros; en el matrimonio no hay tal sacrificio, sino que se cambia dulcemente, y en esta feria ganan recíprocamente los esposos. Esa suave coyunda de seda de que usa la Iglesia en las velaciones, y que los novios reciben tan gustosos, la conocieron los paganos, y eran unos lazos de flores con que significaban la dulce y amorosa indisolubilidad del matrimonio; pero ¿qué comparación hay entre la entrega que hace Rosita de su voluntad (usted dice de su cuerpo) a un joven amable que le da la suya, todo su corazón, todo su amor, al sacrificio que hace la monja, jurando no querer sino lo que quiera la abadesa? De suerte que la diferencia que hay entre que Rosa regale a otro una alhaja suya para que disponga de ella a su antojo, o que cambie esta misma alhaja por otra igual o de más valor, ésa es la diferencia que hay entre el voto de obediencia y clausura, y la promesa de fidelidad que mutuamente se hacen los esposos. No es nada la disparidad que hay entre donación y cambio.
Pero usted dirá que hablo de la entrega que se hacen los consortes de suscuerpos, y entonces es más adisparatada su comparación. La monja hace voto de resistir a los impulsos de la naturaleza; la casada se compromete a satisfacer estos deseos, pagando el débito conyugal a su marido, ¿y hay alguna comparación entre prometer satisfacer este apetito, a prometer con voto privarse de cumplirlo? Ya se ve que sí, la que hay de comer a tirarse con los platos.
Aun hay más, hablando sobre libertad: que si el marido de Rosita sale perverso, ésta puede abandonarlo y separarse de él lícitamente, mediante la declaración de un divorcio; pero la triste monja ha de sufrir a las imprudentes preladas siempre, siempre, toda su vida, porque no hay divorcio que le valga. Vea usted, pues, y ¡qué bellas comparaciones hace para impugnarme!
En la página 5 dice usted: “¿y por qué ha de ser tan jinete ese consejo (de virginidad) que no se pueda bajar del caballo?”(34) Yo pudiera retroceder a usted su pregunta diciéndole, ¿y por qué ha de ser tan jinete ese voto (de castidad) que no pueda bajarse de su macho? Pero quiero responderle categóricamente: ese consejo debe estar fijo en su caballo, sin volverse precepto, porque así lo determinó Jesucristo; y cuando usted sigue preguntando: que “¿qué inconveniente es (que sea consejo) para reprobar la conducta actual de la Iglesia, o sea de los pontífices” que quisieron elevarlo a voto?”(35) Puedo responderle que esos inconvenientes los pulsó muy bien Jesucristo para no hacerlo precepto; y pues el Legislador Eterno no lo determinó así, ni su apóstol lo insinuó, ni la Iglesia lo practicó en sus mejores siglos, inconvenientes gravísimos hallaron que están al alcance de todos y no podemos evitar con el mismo voto.
Lo que da más risa es ver el empeño conque algunos fanáticos hipócritas se escandalizan de que yo hable estas cosas en favor de las jóvenes incautas, para que vean bien lo que es el voto de castidad, y para que los gobiernos con una ley justísima arranquen al fanatismo cruel tantas víctimas que mueren desesperadas en los claustros, después de privar a la sociedad de una prole que sería preciosa y necesaria; pero estos declamadores andan en la calle, visitan a sus conociditas y parientitas, y en sus mismas casas tienen hermanitas, primitas y sobrinitas muy chulas: salen con ellas en el coche y a pie al Coliseo,(36) a los paseos y vuelven a cenar y recogerse a su casa con ellas. ¿Éstos son los virginotes y los que se escandalizan de que yo me pronuncie contra el voto? ¡Ah!, yo quisiera ver si habla usted, Gabino, y otros tan en favor de la castidad, estando presos para siempre en un castillo, sin esperanza de pasear con las parientitas, que tal es un convento para las pobres monjas; pero ya se ve, el que está ahíto no cre[e] que otro tiene hambre. Señores virginotes, ¿qué no hay por esos mundos algunos doctorcitos yGabinitos? Esta pregunta la responde negativamente cualquier monja por sí; ustedes, ¿a que piensan mucho la respuesta? Conque, hermanos, sean virtuosos, sean castos enhorabuena; pero no hipócritas.
Por no sé qué pito dice usted en la página 10 que los Tamaulipas me habían elegido por su diputado.(37) Su ángel Chismosín de usted es bien embustero; mas a usted no le haga fuerza que en las elecciones de México me hayan desechado, porque han hecho muy bien: yo no soy para tan alto cargo, ni sé solicitarlo, ni meterme anticipadamente aquí ni allí, ni comprar votos, ni hacer otras maniobras que suelen hacerse por otros; y así si por la gatera no me entra la diputación, maldita la diligencia que yo haga para conseguirla.
Quiso usted defender a los colegiales de San Juan de Letrán(38) y tan satisfecho estaba de lograrlo, que en sus rotulones dijo que la respuesta de usted haría honor a aquel colegio. ¡Valiente defensor! Dice usted que “ellos hablaron solamente de la iglesia mexicana cuando dijeron que ‘cuando alguna nave está a pique de perecer, pone su conato el diestro piloto para sacarla del inminente daño que la amenaza’.”(39) Después de asentar estas palabras, comiéndose las que faltan y muy cargado de razón, dice usted: “¿pero lo prueba usted?, de ninguna manera... Es usted muy tonto.”(40) Usted es el tonto y el burro adulador. Oiga usted su embustería: los colegiales han impreso a seguida de las palabras que usted cita, estas otras: “¿Y será posible que cuando se halla en este estado la gran nave de la religión del Crucificado no haya piloto que trabaje en su favor?”(41) ¿Ve usted señor barbero de los colegiales de Letrán cómo éstos no hablaron precisamente de la iglesia de México, sino de la universal, que eso quiere decir la gran nave de la religión de Jesucristo? La defensa está de lo más sólida. ¡Cierto que le habrán quedado agradecidos!
Dice usted que me ayudó a hacer el número 20 un tal A.G.(42) Miente usted, y ¿a que no lo prueba? Esta solución no se insta.
Rosita devuelve a usted su florecita de caca, encargándole que se la coma para que se le prolongue la vida y siga defendiendo a su santa madre la de la vela verde,y yo me despido suplicándole que no sea tan pelota(43) que se tarde otro mes para salir con otra sarta de desatinos; pero en cualquier tiempo no irá por la respuesta a Roma.
México, diciembre 18 de 1824.
El Pensador.
NOTA. Las personas que han seguido las Conversaciones del Payo y el Sacristánpueden desde el lunes ocurrir por sus carátulas impresas a la librería del ciudadano Ontiveros, donde se hallarán a cuartilla.(44)
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros [cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Cf. los siguientes folletos: Qué mal quedó..., La vieja de la jeringa..., y Dentro de seis años... Juditas. Pelele, muñeco que se quema el Sábado de Gloria. Santamaría, Dic. mej. Real. Cf. nota 20 a Una buena zurra...
(2) Fábula XXX, “El erudito y el ratón” de Tomás de Iriarte. Cf. nota 3 aImpugnación de los gatos… Termina la fábula con la moraleja que reproduce aquí Fernández de Lizardi.
(3) haga usted lomo como buen macho. Hacer lomo: soportar con paciencia, resignarse, o hacer la vista gorda, principalmente por necesidad.
(4) La libertad de imprenta fue decretada por las cortes de Cádiz el 10 de noviembre de 1810. La Constitución Política de la Monarquía Española, firmada, promulgada y jurada en marzo de 1812, estableció la libertad de imprenta en el artículo 371, capítulo único del título IX; sin embargo, en Nueva España, fue retrasada su publicación: el virrey Venegas la dispuso por un bando de 30 de octubre de 1812. Él mismo mandó suspender la libertad de prensa el 5 de diciembre de ese año; fue restablecida el 19 de junio de 1820. El Reglamento adicional para la libertad de imprenta, Madrid, 30 de noviembre de 1820 declara, en el artículo 1º, que las bases de la libertad de imprenta eran religión católica, apostólica, romana, sin tolerancia de cualquiera otra; el artículo 2º señalaba que los artículos no podían atacar tales bases. En los Decretos expedidos sobre la libertad política de la imprenta,atribuciones de las Juntas de censura, y protección del derecho de propiedad que tienen los autores de sus obras se lee que Fernando VII declaró en las Cortes Generales Extraordinarias, congregadas en la Real Isla de León, que: “la facultad individual de los ciudadanos de publicar sus pensamientos e ideas políticas es no sólo un freno de la arbitrariedad de los gobiernos, sino también un medio de ilustrar á la Nación en general, y el único camino para llevar al conocimiento a la verdadera opinión pública [...]. ARTÍCULO PRIMERO. Todos los cuerpos y personas particulares, de cualquier condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas. Sin necesidad de licencia, revision ó aprobacion alguna anteriores á la publicacion bajo las restricciones y responsabilidades que se expresarán en el presente decreto.” J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la historia de la guerra de Independencia de México de 1808 a 1821, México, José Ma. Sandoval Impresor, 1881 (Biblioteca de “El Sistema Postal de la República Mexicana”), pp. 64-73.
(5) tocarle al son que baila. Refrán que se aplica al que se acomoda a todo, o que muda fácilmente de opinión o es veleidoso, o baila con cualquier son. Santamaría,Dic. mej.
(7) Alude a las Conversaciones del Payo y el Sacristán, cf. Obras V, op. cit. En Hoy truena como harpa [sic] vieja El Pensador Mexicano, México, Imprenta del ciudadano Valdés, 1824, refuta la vigésima Conversación del Payo y el Sacristán.
(8) “La tal cual instrucción [...] tan ajena de su profesión como de sus obscuros principios”, p. 1.
(9) Anastasio. “Dos grandes cabezas ha tenido el Real Palacio hoy Nacional, la del padre don Anastasio, capellán de una de sus capillas, celebérrimo por sus poesías.”Ibid, nota a, p. 1.
(10) pito. Inútil o de ninguna importancia. También persona menor. “Después de publicada [la ley] sólo nos toca obedecerla, desde el presidente hasta el pito.”Conversación del Payo y el Sacristán, número 20 en Obras V, op. cit., p. 251.
(11) La nota 1 citada en la nota anterior termina diciendo: “y la del famoso Pensador Mexicano, mequetrefe actual de su imprenta, hombre de gran calaña por sus impresos políticos y morales.” Palacio. Cf. nota 50 a La tragedia de los gatos...
(12) Supremo Gobierno. Cf. nota 9 a La tragedia de los gatos...
(13) “El Supremo Poder executivo há dado la Dirección de la Gaceta a El Pensador: se há conducido con demasiada bondad acia un hombre que ha tenido aberraciones harto bergonzosas.” Noticia del domingo 26 de septiembre de 1824 del Diario histórico de Carlos Ma. de Bustamante, op. cit., t. II, p. 132.
(14) chaquetón. Cf. nota d a Breve sumaria...
(15) ángel Chismosiel. Es algo así como el ángel de la guarda, o, al menos, quien le trae noticias a Lizardi. Lo descubrimos en la Conversación del Payo y el Sacristán, núm. 22 del t. I, y vuelve a mencionarlo en la Conversación núm. 24. “Al partirse el Campanero para la imprenta a llevar mi papel, acertó a entrar por mis puertas el ángel tutelar de usted, Chismosiel”, en página 10.
(16) Colegio de Minería. El Palacio de Minería es un edificio situado en la calle de Tacuba, núm. 5. Desde que fue restaurado en 1975 por patrocinio de la Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería se ha dedicado a la docencia y otras actividades culturales de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución que lo custodia. “El Colegio de Minería, el primero de los Establecimientos científicos de México, abrió sus aulas el 1º de Enero de 1792. Las ordenanzas de Minería en cuyo artículo XVIII, se decretó la creación del Colegio de Minería, fueron expedidas por Carlos III en Aranjuez el 22 de Mayo de 1783. Se inauguró bajo la administración del 52° virrey de Nueva España, don Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, segundo conde de Revillagigedo. El primer local que ocupó se encontraba en la calle del Hospicio de San Nicolás. Los directores, profesores y alumnos que más se han distinguido son: Don Joaquín de Velázquez Cárdenas y León, primer Director [y fundador] general de la Minería de Nueva España [...]; Manuel Ruiz de Tejada, alumno fundador del Colegio, el primero que recibió el título de Perito Facultativo de Minas [...]; Manuel Orozco y Berra, catedrático de Historia en el Colegio [...]; Lucas Alamán, publicista, Ministro, historiador [...]. El edificio que ocupa, fué construido por el notabilísimo arquitecto Tolsa. Se le considera como uno de los monumentos más grandiosos de la arquitectura colonial.” Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia y biografía mexicanas, op. cit., pp. 312-313.
(17) Por farfulla. En su segunda acepción, cosa de mucha apariencia y poca entidad.
(18) Alude a los 11 libros de la Metamorfosis o el Asno de Oro de Lucio Apuleyo, sátira de las costumbres del siglo II: el protagonista es convertido en asno como castigo de sus vicios.
(19) “Hace hablar eruditamente a un sacristán y a su mujer doña Rosita contra las leyes del diálogo, sin más prevención esta mujer leyida que su Kempis, Villacastil, elEjercicio cuotidiano y su novenas.” Ibid., p. 2. En las Conversaciones del Payo y el Sacristán, núms. 16, 17, 19, 20, 21, 22 del tomo I. Cf. Obras V, op. cit.
(20) mirándolos de espacio. No es adverbio, pero le atribuimos a menudo ese oficio. Díjose en antiguo ir, hablar, caminar de espacio o de prisa. En la 3ª y 4ª ed. de El Periquillo Sarniento, Lizardi escribió: “Yo, mirando lo espacio que estaba.”
(21) Rosita, personaje de Fernández de Lizardi, es hija del Payo y ahijada del Sacristán. Cf. Obras V, op. cit.
(22) Berganza narra su vida de compañero de Scipión comentando en forma filosófica los pasajes más notables.
(23) Fernández de Lizardi argumentó la dificultad de cumplir con los votos de castidad mediante los ejemplos de Sansón, David, Salomón, san Pablo, san Jerónimo y otros en las Conversaciones del Payo y el Sacristán núms. 20 y 22, op. cit.
(24) La Ciudad de Dios, libro V, caps. 9 y 10. En las porfías de El Pensador Mexicano: “para el mérito o para el demérito [Dios] os ha dado el libre albedrío. ‘El que te crió a ti sin ti, no te salvará a ti sin ti’. Esto es, sin que tú cumplas sus preceptos, correspondas a sus aspiraciones y hagas cuanto esté de tu parte, dice san Agustín.”Obras X, op. cit., p. 136.
(25) doctor borlado. Graduado. En México una borla era signo de haber obtenido el grado de doctor.
(26) Versos incluidos en Cartas de Juan de la Encina escritos por Francisco de Isla. La variación es: “Y llamamos rabones á los mulos.”Cf. Obras escogidas. Con una noticia de su vida y escritos por Felipe Monlau, Madrid, Ediciones Atlas, 1945 (Biblioteca de Autores Españoles, XV), p. 404. Isla también usó: “llaman todos rabones a los mulos”, en Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas.Ibid., p. 320.
(27) cirineo. Hacer un cirineo es simular algo o hacer un engaño. Cf. Carlos G. Chabat, Diccionario de caló. El lenguaje del hampa en México, Guadalajara (Jalisco), s./e., 1956.
(28) En Chamorro y Dominiquín. Diálogo sobre la coronación del emperador de México(1822) Fernández de Lizardi escribió: “¿por qué no ha sido costumbre que los papas coronen a los reyes y sí a los emperadores? Acaso Constantino y Carlo Magno podrían resolver esta cuestión.” Obras XII, op. cit., p. 50.
(29) Haberse metido a criticastro siendo tan potro como su amigo [el Sacristán], e indigno como él, aun de cargar la bolsa de un doctor, en p. 2.
(30) el albur lo rifarán con riesgo. En el juego del monte, que se jugaba con baraja española, los dos primeros naipes que sacaba el banquero.
(31) redargüición. Por redargución, argumento que se vuelve contra del que lo hace.
(32) doctor Berenjeno. Tal vez por berengo, bobo, cándido; se dice que este calificativo vino del apellido del virrey Félix Berenguer de Marquina (1800-1803), quien era tenido como de pocos alcances. Joaquín García Icazbalceta, Vocabulario de mexicanismos. Edición facsímil [de la de 1899: obra póstuma publicada por su hijo Luis García Pimentel. México, Tip. y Lit. “La Europea”, de J. Aguilar Vera y C.a], México, Ediciones del Centenario de la Academia Mexicana, 1975, p. 49.
(35) Idem. Ponemos entre paréntesis el agregado de Lizardi al texto citado, que continúa: “posteriores, cuando usted mismo aprueba los votos que se hacen por limitado tiempo, sin embargo, de pasar de materia de consejo a objeto de precepto.”
(36) Coliseo. “Hasta principio del siglo XVII la Ciudad de México careció de un lugar que mereciera el nombre de Teatro. El primero que hubo fué construido por los religiosos de San Hipólito, junto al Hospital Real y en él se daban funciones con el objeto de obtener fondos para ayudar á sostener dicho establecimiento. La primera representación se dió allí la noche del 19 de Enero de 1722. Poco después se incendió y entonces los religiosos construyeron uno nuevo el año de 1725, en la calle que entonces se llamó del Coliseo Viejo [hoy 16 de Septiembre]. Poco duró ese teatro sin deteriorarse y por fin fué demolido para levantar uno nuevo en 1732.” Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia y biografía mexicanas, op. cit., p. 945. Estaba situado en la calle del Colegio de Niñas (hoy uno de los tramos de Bolívar). En 1826 cambió su nombre por el de Teatro Principal. Fue destruido por un incendio el 1º de marzo de 1931.
(37) “Me dio [Chismosiel] la plausible noticia de haber elegido a usted las Tamaulipas por digno diputado de su estado, en atención a ser vecino de la ciudad Federal.” Para el Congreso de los Tamaulipas cf. nota 16 a Las sombras de Concha...
(38) San Juan de Letrán. Colegio fundado en 1529 en la calle de la Independencia. Sus fundadores fueron el virrey de Mendoza y el Ayuntamiento de México.
(40) Ibid. El texto faltante es: “Antes bien que con las palabras que cita de Jesucristo confirman lo que dicen; pero es usted muy tonto: óigalas y vea el público si tengo o no razón.”
(41) Refiriéndose a los cuatro colegiales de San Juan de Letrán, autores de Se pide excomunión contra El Pensador Mexicano, el Sacristán los cita. Cf. Conversaciones del Payo y el Sacristán núm. 23, en Obras V, op. cit., p. 242.
(42) “Yo no por el cardillo, sino por buen conducto he descubierto quien sea el autor de la mayor parte de esta Vigésima Conversación; pero quiero por ahora dejarlo medio tapado con las siguientes letras: A.G.” Nota 2 en p. 2, ibid. Sobre estaConversación Bustamante escribió: “Hoy ha salido la Conversación vigésima del Payo y del Sacristán obra del Pensador. Horrendas cosas dice en una constitución o reglamento que se ha propuesto para mejorar la suerte de la Nación en la reforma de abusos eclesiásticos como frayles, curas, monjas, Yndulgencias, canónigos, mortajas, etc., etc. Es un furioso armado con un sable, con el que a todos da sendos palos, dice verdades pero muy amargas; y a fe mía que necesitamos de un loco como éste, que con mano ayrada y furibunda, comience a demostrar el bosque de preocupaciones groseras en que vivimos.” Diario histórico de México, op. cit., t. III, vol. 1, p. 90.
(43) pelota. Tonto, falto de juicio. Jack Emory Davis, Estudio lexicográfico de El Periquillo Sarniento, op. cit.
(44) cuartilla. Moneda de plata que valía la cuarta parte de un real fuerte, o sea tres centavos de peso y un octavo.