HAGAN BIEN: TILÍN, TIN, TÍN,
POR LA ALMA DEL GACHUPÍN(1)
Supuesto que el gachupín(2) José María de Aza(3) se ha tenido por muerto a la presencia de una pistola, justo es impetrar de sus amigos algunos sufragios a favor de su alma, y puede ser que de su cuerpo.
Entre los bienes que pueden hacer a su favor uno es aconsejarle que no sea embustero ni caviloso. Ni una palabra de verdad hay en su folletito de 1 de éste, que tituló Muerte del escudero Aza por El Pensador,(4) en la Imprenta de Cabrera.(5)Lo repito: a excepción de la carrera que le inspiró su cobardía, todo lo demás es mentira. El hecho, sin quitar ni poner una tilde, fue como sigue. El domingo 29 del anterior, pasando yo solo por la calle del Coliseo Viejo,(6) poco después de las oraciones de la noche, con intención de tomar una taza de café en el Portal(7) y después irme al teatro, advertí que estaba entreabierta la puerta de la imprenta de Cabrera; me hizo fuerza por ser de noche, y más por ser domingo. Volví la cara y vi allí a El Payo del Rosario;(8) entréme y saludélo; pero al mismo tiempo vi al gachupín Aza, y como este buen vizcaíno me ha protegido tanto estos días, no pude menos que decirle:
“Es usted un pícaro y un bribón; si la cuestión que usted tiene es conmigo, ¿a qué viene sacar a mi inocente hija,(9) insultándola en sus indecentes mamarrachos...?” Que sé yo qué más le diría, ello es que me irrité hasta el punto de echarle mano a la corbata. Entonces él me cogió de las dos manos, por señas que me arañó la derecha, de un tirón desasí ésta, y en vista de sus súplicas le dije: “No tenga usted miedo: yo soy un caballero incapaz de dañarlo con ventaja; que a no serlo tengo con qué matar a usted en el momento.” A este tiempo saqué una pistola (y no dos como él dice)(10) y sin prepararla, pues no había necesidad, se la manifesté. Apenas este bribón cobarde vio ante sus ojos el instrumentillo de la muerte, cuando sin acordarse de que acaba de asegurarle mi honradez, dio la estampida, saltó el mostrador, me dejó el campo,como dice; marchó a la calle sin sombrero, y si la puerta está más lejos, se quita los calzones para que no le embarazaran la carrera. Dejemos a Aza corriendo por la calle como loco, y vamos a ver qué hizo El Payo del Rosario en la escena.
Este buen amigo, creyéndome resuelto a matar a Aza, me levantó el brazo; por esto dice el gachupín que los fuegos de mi pistola fueron evitados por uno de los concurrentes, que me agarró la mano.(11)Cualquiera que lea esto creerá que yo llegué a disparar la pistola, y que el desacierto del tiro se le debió a la diligencia de El Payo, lo que es una mentira garrafal, pues que no teniendo intención de dispararla, jamás la preparé, pero mi formidable enemigo creyó que el 29 del pasado era el último día de su existencia. El miedo sabe hacer unos lentes de aumento tan particulares que no los conocieron ni Leutón, ni Seibnizt ni Malebranche.
Apenas salió de la imprenta Aza, en su precipitada fuga, cuando le dije a El Payo sonriéndome: “No tenga usted cuidado: no he querido más sino asustar a este pícaro cobarde.”
A poco entró Cabrera reconviniéndome por el escándalo en su casa, y le dije que él era más pícaro que Aza, pues que toleraba en su imprenta a una pacotilla de indecentes destinados a deshonrarme y ultrajarme; pero que si Aza en su número once me volvía a insultar, lo había de matar, mas que él tuviera el gusto de poner en su imprentilla la Ejecución de justicia de El Pensador Mexicano.
Esto fue lo que pasó. Cuando yo me proferí de esta suerte con Cabrera, ya no se veía el polvo de Aza en cuatro cuadras en contorno; de consiguiente, él no pudo haber oído lo que yo le dije al impresor, así es que cuando Aza dice que yo ofrecí que si no podía matarlo por mi mano, pagaría asesinos para que lo mataran,(12) o él lo supone, o Cabrera es un embustero. Los dos son mis enemigos, los dos malvados, y así este embuste se lo disputarán mutuamente, mientras que para satisfacción del público cito contra Aza y Cabrera al mismo testigo que ellos citan contra mí, que es El Payo del Rosario. Tal testigo es de mucha excepción y se llama en derechocontraproducente. Pero no quiero atenerme a su deposición, sino a lo que la razón natural dicta. ¿Sería menester que yo buscara asesinos para un hombre que a la simple vista de una pistola arranca sin sombrero por las calles, después de asegurarle yo que era un caballero y que no quería dañarlo con ventaja?, para hombre que a sangre fría confiesa que me cedió el campo,(13) sin que nadie le forzara a estampar tan vergonzosas expresiones, y para un hombre que aunque se quiere disculpar en su último folleto con que estaba inerme y que no se quiso exponer a lances tan críticos(14) (lo mismo hubiera sido en el momento si hubiera tenido a su disposición la batería de Ulúa,(15) porque contra el miedo no hay más que Dios y una buena cuarta). Para semejantes hombre, pregunto, ¿necesitaría yo de buscar asesinos después que él me ha cedido el campo por la simple vista de una pistola? ¡Oh!, yo creo que no: mejor me estuviera pagar unos galgos, porque en esto de correr en el peligro no hay quien le lleve la primacía al valientísimo Aza.
Así también miente como un chino(16) cuando asegura que yo le dije que hablaríamos como caballeros.(17) ¿Cómo le había de llamar caballero a este zaragate, a quien le he dicho mil veces, y sin faltar a la verdad, que es un pillo, un vago, un tunante, errante como los judíos, sin domicilio ni ara, sin casa, sin familia, sin oficio ni beneficio, y que de consiguiente tiene suspensos los derechos de ciudadanía?
Para llamarle yo caballero a un hombre de esta naturaleza sería necesario estar loco o borracho. Él mismo debía advertir que no está en el orden de la caballería andantezca el que los señores traten de caballeros a sus escuderos o lacayos; pero dejemos a este ilustre campeón, y vamos con su payaso, impertérrito y liberal Juan Cabrera.
A éste le dije que era más pícaro que Aza y que toda la indecente pacotilla de enemigos míos que ha congregado en su casa. Él me respondió que como impresor debía imprimir lo que le llevaran; a lo que contesté que la imprenta no era para arcaduz de las pasiones de los hombres y... que sé yo qué le dije; ahora le digo que él no ha sido en más de dos meses sino un solapador de mis enemigos, tan maliciosos como necios y de un corrompido corazón. De su casa han salido los que han pretendido seducir, contra mí, al señor don Carlos María de Bustamante,(18) al señor exministro don Manuel Terán,(19) a un religioso dominico, a un quebrado en rentas públicas y... aunque los tres primeros los han echado noramala,(20) el último parece que moja su sopita.
De Cabrera no me hace fuerza que se prostituya a tales indecencias, tal vez su necesidad o su miseria lo obligarán a ello; pero de quien extraño este proceder es de la Oficina de don Alejandro Valdés,(21) que se franquea para que insulten a un hombre de bien, sin consideración a que este asunto ha tomado un aspecto muy serio, y sus resultados pueden llegar a ser muy funestos.
Cabrera patrocina a Aza, proporcionándole su asesoría donde se hacen las reuniones contra mí, y Valdés patrocina a Cabrera, proporcionándole letra, prensa y oficiales con la criminal fraudulencia de que, imprimiéndose los papeles en su casa, se dicen impresos en la Oficina de Juan Cabrera. Ésta es una mala fe de la imprenta de Valdés, porque, si en su casa se imprimen los papeles contra mí, ¿por qué no le pone Imprenta de don Alejandro Valdés, según está mandado por la ley?(22) Luego, cuando omite esta circunstancia y suplanta en los papeles el nombre de la Oficina de Cabrera, es porque conoce que tales producciones son odiosas, son criminales y por lo mismo no ha querido comprometer su nombre públicamente, sino sacar la castaña con la mano del gato;(23) esto es cooperar a que me insulten sin que suene Imprenta de Valdés; pero ya sonó. No hay quien ignore que Cabrera jamás ha tenido una letra de esa clase, ni prensas de tan buenos ajustes, ni oficiales tan diestros que saquen unos papeles tan correctos; además de esto sabemos que elportero, a modo de clérigo, don José María Valdés, eterno enemigo mío y hermano de don Alejandro, es apero perpetuo de casa de Cabrera, y es muy natural que influya cuanto pueda en que los papeles contra mí salgan bonitos; últimamente: hay mil testigos que depongan de esta verdad, si se dudara.
Para corroborar más que obran mal en casa de Valdés y con conocimiento, les pongo este problema: si Cabrera va mañana a casa de Valdés a que impriman un papel contra el señor Molinos del Campo(24) u otra persona semejante, poniéndole el nombre de su casa, ¿se lo imprimirían o no? Yo creo que responderán por la negativa, por no exponerse a que por una contingencia se descubriera la trácala. ¿Pues por qué razón se usa esa trácala contra mí? Porque soy un particular; ¡pero qué gusto! Hay leyes y hay... La trácala está descubierta y si las infamias de Aza se quedan impunes, bien podemos dar al diablo la Independencia(25) y la Constitución.(26)
Este gachupín indecente, al frente de un complot de pillos como él, de puro firmón mercenario con sus puntas(27) de escritor mamarrachero, ha tratado (aunque sin fruto y muy neciamente) de dilacerar(28) mi honor con el mayor empeño, llevándose de encuentro no sólo el mío, sino el de mi familia, el de la benemérita oficialidad, a que tengo el honor de pertenecer, el de los primeros generales y autoridades de la República, el de la Junta de Premios(29) y el del gobierno mismo. Vea el lector a cuantos precipicios expone a un escritor chabacano una pluma maliciosa y mal cortada.
A mí me ha injuriado infinitamente llamándome hereje, anti-independiente, traidor a la patria,(30) etcétera. A mi familia ha injuriado tratando a mi hija de muchacha huérfana o hija mía supuesta.(31) Ha ultrajado la oficialidad ridiculizando el empleo en mi persona, llamándome capitancillo, capitán de caridad, capitán araña,(32) etcétera, que vale tanto como si yo, para ultrajar a las Cámaras le dijera, por ejemplo al señor Vasconcelos:(33) senadorcillo, senador de un bote, senador de caridad, senador zampatortas, etcétera. En tal caso, ¿no se vendrían sobre mí las Cámaras(34)reclamando injurias por las que les hacía al señor Vasconcelos, no como a Vasconcelos, sino como a miembro suyo?, pues lo mismo sucede en este caso: el gachupín ridiculiza en mi persona a toda la oficialidad; esto ya lo conocen más de diez oficiales y le tienen preparada una paliza el día que menos piense. Yo por caridad se lo aviso, no sólo a él, sino a Cabrera y al padre Valdés, porque aunque se pase tiempo, no están seguros.
Ha injuriado a la respetable Junta de Premios porque la supone compuesta de hombres brutos o pícaros que, después de haber examinado los documentos y comprobantes de mis servicios prestados a la patria, me da la honrosísima calificación de que me considera acreedor al empleo de capitán que solicité, mientras que la nación tenía cosa mejor con que premiarme. Ésta no es libranza falsa: el que lo dude puede ocurrir al Ministerio de la Guerra,(35) y sólo esta calificación tan honorífica bastara para desmentir todas las cavilosidades del bribón Aza y compañeros.
Ha ultrajado a las primeras autoridades y generales de la República, pues que cuando éstas confiesan, motu prop[r]io, que mis servicios han sido muy públicos y notorios, que mi patriotismo ha sido muy constante, que he hecho mil sacrificios por mi patria, queyo trabajé siempre en fomentar la opinión a favor de la libertad, queen México, solo, rodeado de bayonetas enemigas hice más, esto es, me expuse más que las tropas independientes.Se complacen de mi empleo, y aun me dicen que se alegran de que la nación me haya correspondido de ALGÚN MODO, entonces es cuando Aza asegura que he sido traidor a la patria, antindependiente y enemigo de sus héroes,es decir de Hidalgo,(36) Morelos,(37) Galeana,(38) Matamoros,(39) Guerrero,(40) Mina,(41) Victoria,(42) Bravo,(43) Barragán,(44) Parres,(45) etcétera, etcétera; pero este necio, sangriento y malvado no advierte que a los muertos los he llenado de elogios; he costeado láminas para perpetuar su memoria,(46) lo mismo que a los vivos, y estos vivos son puntualmente los que me honran, confesando mi patriotismo, desde el señor presidente abajo, ya por certificaciones pedidas y ya por cartas voluntarias suyas. Conque asegurar este malvado gachupín que he sido traidor a mi patria, antindependiente y enemigo de los primeros héroes, cuando éstos puntualmente dicen lo contrario, y él lo sabe por los documentos que ha leído impresos en mi papel titulado Se le quedó al gachupín la lavativa en el cuerpo,(47) es injuriarme no a mí solo, si no a todos estos señores, porque en esta disyuntiva no se da medio: o he sido fiel a mi patria, o he sido traidor. Si lo primero, Aza es un impostor mordaz, digno del más severo castigo; y si lo segundo, el excelentísimo señor Victoria, los señores Guerrero, Bustamante,(48) Quintanar,(49) Barragán, los señores generales Filisola,(50) Hernández,(51) Parres, Lobato,(52) etcétera, son unos embusteros porque llaman patriota puntualmente al traidor a la patria en boca de Aza. Yo quisiera que este gachupín indecente tuviera honor por un momento y que respondiera este dilema. O soy traidor a mi patria o no lo soy; si lo primero, el presidente y los generales citados son unos embusteros; si lo segundo, Aza es un impostor digno de una mordaza.
En fin, este pícaro insulta al gobierno cuando, después de confesar que soy un capitán, dice en su último folleto que no he hecho ningunos servicios a mi patria.(53) El gobierno, cuando me confirió este empleo, atendió a la Junta de Premios, examinó muy bien mis documentos, y en virtud de ellos dice en mi despacho: El excelentísimo señor presidente de la República, “en atención al mérito y servicios de don Joaquín Fernández de Lizardi, le concedo, etcétera.” Conque, el gachupín Aza dice que nunca he hecho servicios a mi patria, sino que antes bien la he sido gravoso y traidor. La Junta de Premios, el presidente y los demás generales confiesan mis servicios y el gobierno me los premia. ¿Quién miente, Aza o estos señores y el gobierno? Quédese esto a juicio del piadoso lector.
México, febrero 4 de 1826.
El Pensador.
(1) Oficina del finado Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos…]. Año de 1826.
(2) gachupín. Cf. nota 22 a Breve Sumaria…
(3) José María de Aza. Cf. notas 2 y 5 a Respuesta de El Pensador...
(4) Muerte del escudero Aza por El Pensador Mexicano, México, Imprenta de Cabrera, 1º de febrero de 1826.
(5) Imprenta de Cabrera. Cf. nota 67 a Cedió El Pensador…
(6) Coliseo Viejo. Cf. nota 36 a Hoy truena...
(7) Portal. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...
(8) Payo del Rosario. Cf. nota 52 a Qué mal hará...
(9) mi inocente hija. Cf. al respecto la nota 15 a Segunda zurra y véase Justa vindicación...
(10) “retirándose dos pasos, sacó dos pistolas, casó una [sic], la dirigió a mí.”Muerte del escudero..., p. 3.
(15) Ulúa. Cf. nota 55 a Impugnación que los gatos...
(16) mentir como un chino. Cf. nota 4 a Respuesta de El Pensador...
(17) “me pidió le soltara, y que contestaríamos como caballeros”, ibid., p. 3.
(18) Carlos María de Bustamante. Cf. nota 2 a Qué mal hará...
(19) Manuel Terán. Cf. nota 70 a Cedió El Pensador...
(20) noramala. Cf. nota 21 a Segunda zurra...
(21) Oficina de Alejandro Valdés. Cf. nota 3 a La vieja de la jeringa...
(22) Artículo VIII del Bando sobre la libertad de imprenta de 12 de noviembre de 1810, publicado el 5 de octubre de 1812: “Los impresores están obligados á poner sus nombres y apellidos, y el lugar y año de su impresión, en todo impreso, qualquiera que sea su volúmen; teniendo entendido que la falsedad en alguno de estos requisitos se castigará como la omisión absoluta de ellos.” J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., op. cit., t. IV, p. 900.
(23) sacar la castaña con la mano del gato. Equivale a sacar el ascua con mano ajena: valerse de tercera persona para realizar alguna cosa de la que puede resultar perjuicio. “Pero ya se ve: el miedo no juega, y usted quiso sacar la castaña con la mano del gato”, Lizardi en Contestación de El Pensador a la Carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín de Iturbide, en Obras XI, op. cit., p. 145.
(24) Francisco Molinos del Campo. Cf. nota 22 a Se le quedó...
(25) Independencia. Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...
(26) Constitución. Cf. nota 7 a Disputa de los Congresos...
(28) dilacerar. Desacreditar, lastimar la honra.
(29) Junta de Premios. Cf. nota 61 a Impugnación que los gatos...
(30) “Sus escritos han sido más bien perjudiciales y antipatrióticos.” Muerte del escudero..., p. 1.
(31) Cf. el texto de Justa vindicación... y nota 15 a Segunda zurra...
(32) Cf. nota 72 a Cedió El Pensador...
(33) Manuel Vasconcelos. Coronel y senador. Fue suscriptor a El Pensador Mexicanosegún consta en la lista que aparece al final del tomo I de ese periódico (Cf. Obras III, op. cit., p. 120). Otro dato que Lizardi da es que Vasconcelos recogió en su casa a Nicolás del Puerto. Véase Elogio a la memoria de las recomendables virtudes de don Nicolás del Puerto, en Obras X, op. cit., p. 153. En 1823 se le creyó conspirador y fue arrestado, según consta en Cuarto ataque al castillo de Ulúa, en Obras XII, op. cit., p. 479. Escribió con Francisco Molinos del Campo y Casimiro Liceaga el Dictamen de la Comisión de Guerra al Senado sobre arreglar las relaciones de los gobernadores de los Estados y comandantes generales, México, Imprenta del Supremo Gobierno de la Federación, 1825.
(34) Cámaras... Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...
(35) Ministerio de la Guerra. Cf. nota 51 a Impugnación que los gatos...
(36) Hidalgo. Cf. nota 74 a Impugnación que los gatos...
(37) Morelos. Cf. nota 75 a Impugnación que los gatos...
(38) Galeana. Cf. nota 20 a El ángel que anoche...
(39) Matamoros. Cf. nota 77 a Impugnación que los gatos...
(40) Guerrero. Cf. nota 36 a La tragedia de los gatos...
(41) Mina. Cf. nota 62 a Impugnación que los gatos...
(42) Victoria. Cf. nota 55 a La tragedia de los gatos...
(43) Bravo. Cf. nota 78 a Impugnación que los gatos...
(44) Barragán. Cf. nota 12 a Justo tributo...
(45) Parres. Cf. nota 31 a Una buena zurra...
(46) Véanse los Calendarios para 1824 y 1825 en Obras XII, op. cit., y en este volumen, respectivamente.
(47) Se le quedó al gachupín la lavativa en el cuerpo.
(48) Anastasio Bustamante. Cf. nota 35 a Se le quedó...
(49) Quintana. Cf. nota 37 a Se le quedó...
(50) Filisola. Cf. nota 36 a Se le quedó...
(51) Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...
(52) Lobato. Cf. nota 10 a Breve sumaria...
(53) “Ningunos servicios ha hecho a la patria, y que por consiguiente ésta nada tiene que agradecerle.” Muerte del escudero..., p. 1.