GÜERITOS DE SETENTA AÑOS
Y MUCHACHOS CON ANTEOJOS
DIÁLOGO
Entre Mariquita y Sinforosa(1)
MARIQUITA: Anda, niña, ¡por Dios!, que te prendaras de un monifato(2) tonto y afectado cual es don Patarato. Vamos mi alma, jamás pensé que fuera tan extraño tu modo de pensar.
SINFOROSA: ¡Oh!, pues ¿qué tiene? ¿No lo debo querer? Él es muchacho, seguramente, y por lo que me ha dicho, apenas contará diez y nueve años. Fuera de esto es galán, viste decente, esté emple[a]do en la renta del tabaco,(3) o de la lotería,(4) que sé yo dónde; mas nunca anda sin blanca,(5) es muy planchado,(6) muy fino, muy cortés, y baila un valse que a ninguna señora ha lastimado como otros hombres torpes y groseros que dejan a una inmóvil de los brazos a las doscientas vueltas, y por cierto que yo he dado diez mil con Patarato, y no he sentido pena ni fatiga. Cuando valso con él parece que ando en los brazos de un ángel, yo quisiera bailar con él sin descansar un año.
MARIQUITA: Se te conoce, amiga Sinforosa, que es Patarato muy tu enamorado. Te disculpo a la vez. Yo también quise, no pienses que ahora mucho, no ha ni un año ¿a quién piensas que quise?, ¿a algún ricote?, ¿a algún ministro, juez o diputado? Nada de eso, nanita,(7) nada de eso: a un triste monigote tonsurado,(8) más pobre que tú y yo, más figuroso y más trapiento que lo fue Macaco.(9) Ya se ve, con decirte que era pobre, todos sus vicios pongo muy en claro; sin embargo lo amé cuatro semanas, y quizá, pues, tal vez lo amara un año, si una desgracia cruel no imaginara de nuestro fino enlace separarnos. Mas por fin, yo lo amé, te lo confieso, ¿y por qué?, me dirás: óyelo claro. Pasando yo una tarde por la calle, no sé si de Victoria(10) o la del Sapo,(11) encontréme un entierro, y en él iba mi querido Nicasio gorgoreando; pero ¡con qué primor, con qué dulzura entonaba aquel himno o aquel salmo. De profundis clamavi ad te Domine. Si iniquitates...!(12) Ya se me ha olvidado; ello es que lo entonaba con tal gracia que yo me fui tras él como escuchando. Dirigióme la vista, enamoróme, correspondíle, niña; es excusado decirte lo demás: mi monigote no mereció mi mano; sin embargo, mi afecto mereció, mas tenía prendas que yo no las encuentro en Patarato.
SINFOROSA: Tú no las hallarás; pero señala el vicio más atroz que le has notado.
MARIQUITA: ¿Qué, te parece poco el que use anteojos?, ¿pues no es lo más infame que un muchacho quiera parecer viejo?
SINFOROSA: Ésta es la moda.
MARIQUITA: Reniego de la moda y sus sectarios. Que por la moda quieran ser valientes, fungir de personajes, ser planchados, bailar muy bien, tocar, no ser muy tontos y figurar entre hombres literatos, ¡vaya con mil demonios!, más que(13) quieran fingirse viejos, esto sí que es raro. ¿Quién creerá, Sinforosa, que un mancebo que no cuenta, tal vez, ni catorce años, anteojos necesita? Es imposible. En tal moda entrará tu Patarato; pero éste es un muchacho sinvergüenza que quiere parecer... ¡oh Dios!, un sabio o un hombre de importancia: solamente con el ligero y aun ratero lasto(14) de unos espejuelillos, ¡qué simpleza! Yo, amiga, te lo juro, que a un muchacho cegatoncito de éstos ni por pienso lo arrullaré en mi regazo. Me parecen traidores, veleidosos, hipócritas, fanáticos y vanos. Habrá cosa más linda que quererse los hombres y mujeres mano a mano, por esto, por aquello y por el otro, como yo a mi cantor, triste monaco,(15) lo quise por su voz, él por mi cara; ni él me engañó, ni yo me llamo a engaño; pero que yo quisiera a un anteojudo, creyéndolo señor, virtuoso o sabio, sólo por sus anteojos, y mañana me hallara con un bruto o con un vago que ni comer me diera, ¿no era lance de darme, Sinforosa, a dos mil diablos?
SINFOROSA: Y tú, nanita, dime ¿no te peinas? Tu querido, el vejete de don Pablo, ¿deja de ser ridículo en extremo cuando, cargado ya de setenta años, un güerito parece, o por lo menos, lo quiere parecer el pobre diablo, con ese pelucón o ese casquete tan rubio, tan bermejo azafranado?
MARIQUITA: Eso es una friolera, Sinforosa, el pobre ¿qué ha de hacer, siendo tan calvo?, y luego con los fríos: precisamente es natural cuidar su limpio casco.
SINFOROSA: Bien, pero eso se puede sin monada, con un casquete negro y entrecano, que lo postizo disimule, haciendo creer que es el fruto de sus muchos años; pero que por las barbas y las cejas, y si lo adviertes bien, aun por el clavo,(16) se dejan ver las canas respetables que acreditan lo antiguo de don Pablo, y sólo en la cabeza sea güerito no se lo podrá creer ni el mismo Sancho.
MARIQUITA: Eres escrupulosa, no hay remedio, o más bien murmurona.(17)
SINFOROSA: No hay cuidado. Seré lo que quisieres, pero mira tu viejo es un ridículo afectado que, siendo tan antiguo el infelice, con pelos quiere parecer muchacho.
MARIQUITA: Pues tu galán no es menos, hija mía: y aun un poquito peor, si a eso vamos. Por fin mi viejo afecta buena cosa cual es el disimulo de sus años: joven quisiera ser, es un buen gusto, que nadie me parece ha reprobado; pero que tu mocito con anteojos quiera parecer viejo, yo no alcanzo qué cosa lo disculpe.
SINFOROSA: ¿No lo alcanzas? Pues oye, Mariquita, disculparlo. Se pone los anteojos por la moda, y porque su dinero le costaron, y yo lo quiero así porque me gusta y no tiene mi gusto apoderado. ¿Te agrada la disculpa?
MARIQUITA: Grandemente. En eso mismo estaba yo pensando. Que mi querido use casquete verde, amarillo, o azul o colorado no es cuenta de ninguno. Así lo quiero, y no tiene mi gusto apoderado.
SINFOROSA: Éste es el mundo, amiga Mariquita, y ésta la solución de sus desbarros. Cada cual a su gusto se acomoda, sin arreglarlo nunca a los extraños. Y pues tal es el mundo, que haya güeros de setenta, de ochenta o de cienaños.
MARIQUITA: Y mas que haya muchachos con anteojos, ni tú ni yo debemos apurarnos.
México, diciembre 31 de 1825.
El Pensador.
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].
(2) monifato. Monigote. Figura tosca y ridícula de persona o animal, en pintura o de bulto. Santamaría, Dic. mej.
(3) tabaco. Cultivado desde los nahuas (lo llamaban yetl). El visitador Gálvez estableció su estanco. Fue uno de los principales ramos de la Real Hacienda destinados a España. Este estanco conllevó restricciones al cultivo, elaboración y comercio del tabaco (los cosechadores lo vendían al gobierno al precio que se fijaba).
(4) lotería. La primera se fundó en 1771. El primer sorteo fue en 1790. Tuvo una vida precaria hasta 1843.
(5) blanca. Originalmente moneda de vellón. Por extensión, dinero.
(6) planchado. Por listo, apto, o valiente, bragado o resuelto. Santamaría, Dic. mej.
(7) nanita. Diminutivo de nana. También mamacita, así como tata es papá o abuelo. Se dice ¡ay nanita!, como interjección que denota miedo.
(8) monigote tonsurado. Monigote es “voz que dá el vulgo á los Legos de las Religiones: y por extensión llaman assi a otro qualquiera que juzgan ignorante en su professión.” Dic. de autoridades. “Tonsura. Significa el primero de los grados clericales, el qual se le confiere por mano del Obispo, como disposición y preparación para recibir el Sacramento del Orden, cuya ceremonia se executa, cortando un poco del pelo.” Idem.
(10) Victoria. Esta calle era continuación de la de Ortega (uno de los tramos de Uruguay), corría de oriente a poniente y precedía a la del Sapo (que ahora lleva el nombre de Victoria).
(11) Sapo. Calle que corría “de Oriente á Poniente y [hacía] continuación á la de la Victoria [...]: desde que comenzó á formarse á mediados del siglo XVII, se le daba ya ese nombre, que es el mismo que tenía el paraje en donde se formó. Este paraje era parte del barrio de Tlaxilpa, habitado por indios y sujeto á la parcialidad de San Juan. Estaba cruzado de varias acequias y compuesto de chinampas, con casitas pobres. La humedad, que contribuye á procrear alimañas y sabandijas, engendró sapos en este sitio y esa fué la razón por qué con el nombre de estos animales le puntualizó y distinguió del resto del barrio de Tlaxilpa.” José Ma. Marroqui, La Ciudad de México, op. cit., t. III, p. 665.
(12) de profundis. Aparte de cantar este salmo, la muerte era anunciada por medio de una cartulina negra con letras de oro y plata. Se reunían los dolientes en la casa mortuoria. Unos permanecían de pie en los patios y corredores; otros entraban a la habitación que se disponía como capilla ardiente, y cuyos muebles y espejos estaban cubiertos de lienzos blancos sostenidos por lazos y moños negros. La caja era llevada en coche de cuatro asientos al cementerio, o caminando en el caso de que éste estuviera cerca.
(13) más que. Aunque, a pesar de, por más que. Normal en los clásicos; luego esta expresión quedó relegada al habla rústica, especialmente de América. “La lengua culta no la admite.” Manuel Seco, Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, prólogo de Salvador Fernández Ramírez, 7ª ed., Madrid, Aguilar, 1976, p. 227.
(14) lasto. Suplir lo que otro tiene que pagar con el derecho a reintegrarse. ¿Es una simple errata por gasto? En el “Cajoncito 6o” de la Alacena de Frioleras se lee: “y a veces lastando ellos mismos su dinero.” Obras IV, op. cit., p. 202.
(15) monaco. En México y Guatemala el saraguato y otros monos del género ateles. G. Gerda, B. Cabaza y J. Farías, Vocabulario español de Texas, op. cit., pp 160-161.
(16) clavo. Corte de la patilla en la cara. Santamaría, Dic. mej.