GLORIA AL DIOS DE LOS EJÉRCITOS Y HONOR
A LAS TROPAS IMPERIALES AMERICANAS(1)
Breve impugnación a la Gaceta Extraordinaria del expirante gobierno de México, del jueves 23 de agosto de 1821, sobre lo ocurrido con parte de las divisiones de los señores coroneles y comandantes don Luis Quintanar y don Anastasio Bustamante, entre Azcapotzalco y Tacuba
A no haber visto yo mismo el parte oficial que dio el señor don Anastasio Bustamante(2) al señor don Luis Quintanar,(3) primer jefe de la retaguardia del ejército, a no haber contado los heridos nuestros, y a no haber hablado de esta acción con varios oficiales amigos míos, no me hubieran chocado tanto las equivocaciones o falsedades en que abunda el parte que dio al señor Novella(4) el coronel don Manuel de la Concha;(5) pero pues en el campo de Tacuba(6) se puede decir lo que se quiera, en el nuestro, ¿por qué no se ha de poder decir la verdad, tal como ella es?(7)
En toda la Gaceta se trata de aparentar que se batió el enemigo con mucho número y fuerzas considerables de nuestras tropas.
Cuando el público sepa que solamente ochenta patriotas, al mando del capitán don Rafael Velázquez, atacó una partida enemiga, como de cien hombres, la mañana del 19, obligándolo a replegarse a Tacuba, conocerá lo considerable de nuestras fuerzas respecto de las suyas.
El capitán Velázquez(8) se retiró a la Hacienda del Cristo(9) y, a la tarde, mientras que el señor Bustamante discurría por dicha hacienda y por las de Echegaray(10) y Careaga(11) para disponer el alojamiento de la caballería, el capitán don Nicolás Acosta,(12) más valiente que prevenido, se dirigió de su orden a Tacuba con cien infantes y unos cuantos caballos, y allí se batió con un grueso verdaderamente considerable del enemigo, en cuyo tiroteo salió herido de un brazo y sufrió alguna pérdida; pero por fin logró desalojarlo de un puente que ocupaba.(13)
En este estado se le avisó al señor Bustamante de lo ocurrido, y su señoría reforzó aquella partida con alguna caballería e infantería y un cañón, y por los fines que su señoría supo, se retiró (no lo retiró el enemigo) a Azcapotzalco, donde hizo un alto tan dilatado que hubo tiempo de hacer dos camillas para dos heridos.
Así que le pareció al señor Bustamante, salió para la Hacienda de Santa Mónica,(14) y el enemigo, creyendo que huía, emprendió seguirlo, y en efecto lo alcanzó en las inmediaciones de la Hacienda de Careaga, siendo notoriamente falso que se hubiera fortificado en ella.
Esta falsedad o equivocación, si se le quiere dar este nombre, se deduce de la misma Gaceta, porque el señor Concha dice que se hicieron fuertes en la Hacienda, y el señor Buceli, sargento mayor de Castilla,(15) que le dio el parte circunstanciado, dice: "mas habiéndose encontrado este valiente escuadrón cerca de la Hacienda de Careaga, con toda la fuerza enemiga." Aquí se ve claramente que alguno de los dos faltó a la verdad, pues no podía nuestra división estar dentro y fuera de la Hacienda, y si como asegura el señor Concha, no la pudo sacar de ella, ¿cómo sin salir los hizo replegar hasta Azcapotzalco?(16) Sólo esos señores podrán entender esas equivocaciones.
Es asimismo falso que se hubieran encontrado con toda la fuerza enemiga, pues los primeros que de los nuestros emprendieron rechazarlos a bayoneta, apenas serían ciento cincuenta hombres, los que, reforzados con una guerrilla de San Luis y el cañón, continuaron el fuego hasta meterlos en Azcapotzalco, como se ha dicho, y allí acudió el resto de la fuerza de vanguardia, que entre caballería e infantería apenas llegarían a quinientos hombres, de los que no todos se batieron, porque la oscuridad de la noche, lo estrecho de aquellos callejones, lo zanjado del terreno y la ninguna práctica que en él tenían les impidió maniobrar a todos, especialmente a la caballería, que se atascaba en las zanjas y fango.
Sin embargo de tantos obstáculos, los hicieron encerrar en la iglesia y casas, desde cuyas azoteas hacían un vivo fuego, habiendo dejado, antes de encerrarse y en su vergonzosa fuga, muchos muertos, heridos, y prisioneros.
Es falso también que se hubieran arrojado sobre el cañón. Mientras tuvo un solo hombre, nadie se atrevió a acercarse a él, ni aun cuando ya no tenía ninguno. Descompuesta la cureña muertas las mulas y el cochero, además, atascado en el fango, lo abandonó nuestra fuerza y el enemigo se lo llevó al cabo de muchas horas.
Como no nos proponemos dar aquí un detall[e] circunstanciado de la acción, porque eso toca a los señores jefes, sino impugnar lo más chocante de la Gaceta,nos ceñiremos a esto solo.
Dice el señor Concha en el párrafo trece "que su acción es digna de numerarse entre las ventajosas que se han dado en este reino contra los perturbadores de la tranquilidad", etcétera. Ciertamente que sacó en ella la peor parte, y así sus ventajas sólo podrán compararse con las que sacó el señor Hevia en Córdoba,(17) el señor Castillo en la Hacienda de la Huerta,(18) o en las que lograron los cuatrocientos contra treinta nuestros, en las inmediaciones de Querétaro.(19)
Se consuela su señoría con la sangre nuestra que se derramó en ese día, y dice "que si con tanta facilidad se vertiera siempre, quedaría castigado nuestro crimen." En primer lugar, el señor coronel vio correr nuestra sangre, pero no la de sus esclavos, que con tanta profusión se derramó por las armas independientes ese mismo día. En segundo lugar, que si defender la patria es un crimen en su concepto, ¿qué nombre daremos a la tenacidad con que se ha pretendido subyugar, y a la tiranía con que se han tratado sus pueblos por sus armas?
En el párrafo quince dice: "Entre los que murieron y fueron heridos de los nuestros el 19 hay muchos incautos que, sin saber el objeto que los conduce, han abrazado engañados y seducidos un partido que no saben por qué ni a qué se dirige; pues si ellos percibieran que miras particulares e intereses propios de cuatro individuos que los capitanean los conducen a la muerte y heridas que recibieron muchos antes de ayer, yo aseguro que se retractarían de seguirlos, aun cuando la independencia del reino los hiciera felices, y fuera éste sólo el proyecto de los autores de esta rebelión."
Es menester aparentar mucha ignorancia para asentar tales proposiciones. Nadie ignora que entre nosotros, desde el señor general hasta el último soldado, saben que pelean por hacer su patria independiente.
Aquí no hay levas, indultos, garitas ni premios de cien pesos para los que del gobierno se pasen a nosotros; tampoco se permite el pillaje, el saqueo ni la insubordinación; y sin embargo, sobran soldados valientes, buenos y decididos, cuando el triste gobierno, a pesar de todas sus diligencias, no sólo no puede aumentar su débil fuerza, pero ni contener su diaria deserción.
Decir que los jefes no tienen en esta lucha más objeto que su engrandecimiento, es una impostura contra la que está el reino en general, y los mismos hechos de los jefes. Entre éstos, el primero no ha admitido ni el barato tratamiento de "excelencia". Unos no han pasado de coroneles, y otros, que ya lo eran, no han ascendido a nada.
Por otra parte, poner en duda que la independencia del reino hará la felicidad general de todos sus habitantes, es afectar una ignorancia, la más crasa, pues hasta los extranjeros conocen y confiesan que sólo independiente será feliz el reino de las Indias...
Últimamente, en el párrafo diez y seis, afirma el señor Concha "que la considerable baja que hemos tenido entre muertos, heridos y desertores, proviene de que la causa que queremos defender es injusta."
A valer esta prueba, se infería muy bien con ella misma que la causa que hasta hoy ha defendido el gobierno ha sido injustísima (como en efecto lo es), pues todas las acciones que ha dado las ha perdido, y el señor Concha acaba de perder esta última.
Se sabe por noticias fidedignas, que su pérdida pasa de quinientos hombres entre muertos, heridos, prisioneros y extraviados, habiéndose notado una escandalosa deserción, fruto seguro del temor que les infundieron nuestras valientes armas.
Nuestra pérdida total entre muertos, heridos, contusos y extraviados, consistía, cuando se dio el parte, en ciento cincuenta y dos hombres; pero los contusos todos han sanado, y de los extraviados se han presentado muchos. Conque se ve bien claro que el señor Concha sufrió una pérdida muy terrible en la misma acción en que le pareció que había salido victorioso. Ya se ve que esta su desgracia no puede atribuirse a otra cosa sino a la injusticia de la causa que defiende; y si es por esto, seguramente que ha de perder cuantas acciones diere.
Concluiré esta ligera impugnación dejando mucho en el tintero, por no hacer fastidioso este papel, y añadiendo que el alférez don Manuel Montellano buscó al señor Bustamante para unirse con él y desamparar un partido tirano e injusto, abrazando el de los defensores de la patria. Está con nosotros bueno, sano, contento y dispuesto a batirse hasta lo último con los opresores de su patria. Si todos los americanos siguieran su heroica resolución, la guerra se concluiría en momentos, y se lograría la paz, que a todos nos conviene.
Campo, en la Hacienda de Santa Mónica, agosto 24 de 1821.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi].
(1) Tepotzotlán, Imprenta de los ciudadanos militares independientes D. Joaquín y D. Bernardo de Miramón. Y en Puebla en la de D. Pedro de la Rosa, impresor de gobierno, 1821.
(2) Anastasio Bustamante. Cf. nota 5 de A las valientes tropas...
(3) Luis Quintanar. Cf. nota 4 de A las valientes tropas...
(4) Francisco Novella. Cf. nota 2 a la Proclama del señor Novella...
(5) Manuel de la Concha (m. 1821). Jefe realista, famoso por su crueldad durante la guerra de independencia. En 1815 estaba al frente de las fuerzas que aprehendieron y trajeron preso a la ciudad de México a Morelos, lo que le valió su ascenso a coronel. En 1821 trató de embarcarse a España desde Veracruz: Santa-Anna, que era el comandante de la provincia le ofreció una escolta porque tenía noticias de un atentado en su contra, pero el realista desconfió de él y prefirió salir por sus propios medios: se disfrazó pero fue descubierto y asesinado en la madrugada del 5 de octubre, en las afueras de Jalapa. Los asesinos quedaron impunes y favorecidos por Iturbide, quien, al parecer de algunos historiadores, como Alamán, fue el promovedor de aquel atentado; otros estudiosos del tema exculpan al generalísimo.
(6) Tacuba. En el Distrito Federal, perteneciente a la Delegación Miguel Hidalgo. Su iglesia parroquial fue fundada en 1605. En su cercanía se desarrollaron muchas acciones notables, sobre todo en la época de la Conquista. Colinda con Azcapotzalco, al noroeste de la ciudad.
(7) "Mientras pasaban en la provincia de Veracruz los importantes acontecimientos que he referido [la llegada de O'Donojú y celebración del Tratado de Córdoba], se había acercado a la capital el ejército independiente. Novella puso a las órdenes del coronel Concha las fuerzas destinadas a obrar contra los sitiadores; nombró jefe del Estado Mayor al general Liñán, y por segundo de éste al coronel Llamas, español. No era muy estrecho el sitio, pues ocupaban los independientes los pueblos y las haciendas de la circunferencia del Valle de México, y los realistas, a pesar de las pocas fuerzas que tenían, relativamente a las enemigas, estaban en posesión de varios pueblos distantes de la capital, como Guadalupe y Tacubaya, a cinco kilómetros éste, aquél a siete de la plaza de la catedral. Mandaba en jefe a los independientes el coronel Quintanar, y don Anastasio Bustamante era el segundo. No quería venir a las manos el ejército independiente con el realista, teniendo orden de Iturbide de evitarlo, porque, como hemos visto, se había presentado O'Donojú con miras pacificas desde que llegó a Veracruz y entrado en relaciones con Santa Anna; pero el diecinueve de agosto, después de medio día, se avistaron dos guerrillas, se dispararon algunos tiros y volvieron a sus campamentos; mas en seguida, entre una y dos de la tarde, un ayudante de Bustamante, llamado don Nicolás Acosta, habanero, suponiendo una orden que no había recibido de su jefe, según el testimonio de varios oficiales, y el del mismo don Anastasio Bustamante, quien dijo en su parte que sin orden suya, hizo que marchara una columna de infantería contra los realistas, que penetró hasta Azcapotzalco, e hizo que se trabara una acción cuya victoria se atribuyeron ambos partidos, y después de la cual el coronel Bustamante cometió uno de los actos más atroces de la revolución, mandando fusilar al teniente del regimiento de Navarra; don Vicente Gil, que había rendido su espada como prisionero durante la acción, irritado Bustamante porque había sido muerto Encarnación Ortiz, el Pachón [cf. nota 13 a este folleto]. Concedió el Virrey varios empleos, grados y escudos por esta acción, que se llamó de Azcapotzalco." Francisco de Paula Arrangoiz, México desde 1808., op. cit., p. 290.
(8) Rafael Velázquez. Jefe insurgente que el día 19 de agosto de 1821 fue enviado por Bustamante para hacer un reconocimiento en Tacuba. Ahí se encontró con fuerzas realistas y se entabló una pequeña acción, preludio de la batalla de Azcapotzalco.
(9) Hacienda del Cristo. "Nos queda recordar los alrededores de México por el poniente. Después de la garita de la Tlaxpana, sobre la Calzada de Tacuba, estaba la Escuela de Agricultura. Luego se llegaba a Popotla; después a Tacuba, y más lejos, a Azcapotzalco y Tlalnepantla, por un lado, y al Panteón Español y San Bartolo Naucalpan por el otro, tal y como ocurre hoy. Todo ese rumbo era esencialmente ranchero, y entre los ranchos y haciendas que conocí, recuerdo 'El Rosario', de don Pepe Portilla; 'Careaga'; 'Echegaray', 'El Prieto' y 'El Cristo', que después perteneció a familiares míos, a quienes despojaron los agraristas." Alfonso de Icaza, Así era aquello... (60 años de vida metropolitana), México, Ediciones Botas, 1957, p. 76.
(10) Hacienda de Echegaray. En el Estado de México, en el municipio de Naucalpan.
(11) Hacienda de Careaga. Pertenecía al municipio de Azcapotza1co. Actualmente pertenece al Distrito Federal.
(12) Nicolás Acosta. Pertenecía al Ejército de las Tres Garantías y fue secretario de Anastasio Bustamante. Intervino en la batalla de Azcapotzalco.
(13) "La línea que cubrían los realistas, á partir de Guadalupe, corría por Tacuba, Tacubaya, Mixcoac, Coyoacán y remataba en el primer punto, pasando por el Peñón. La proximidad de sitiadores y sitiados debía ofrecer coyuntura para algún choque, y éste se efectuó el 19 de agosto en el pueblo de Azcapotzalco [...]. Anastasio Bustamante, que había ocupado con la vanguardia el molino de Santa Mónica y las haciendas del Cristo y Careaga, envió a la mañana del día que hemos citado (19 de agosto), al capitán Velázquez con ochenta soldados para que hiciese un reconocimiento por el rumbo de Tacuba. Este oficial, después de sostener un vivo tiroteo con una avanzada realista, se replegó al punto de su partida; pero algunas horas más tarde una fuerte columna de independientes, guiada oficiosamente por el capitán Acosta, según dijo Bustamante en su parte á Quintanar, cargó reciamente á parte de la guarnición realista de Tacuba, que defendía un puente situado entre este pueblo y Azcapotzalco, y la obligó a abandonarlo con algunas pérdidas de muertos y heridos. Apenas supo Bustamante que la columna de Acosta había, empeñado la acción contra sus órdenes expresas y las de Iturbide, quien previno no comprometer ningún choque durante su ausencia, marchó con el resto de la vanguardia á Azcapotzalco, donde se le unió con su columna el capitán Acosta y juntos desfilaron hacia la hacienda de Santa Mónica. Entretanto, toda la tropa realista de Tacuba al mando del teniente coronel Buceli y las divisiones segunda y tercera que á las órdenes de Concha salieron de Tacubaya á darle auxilio, dirigiéronse á Azcapotzalco y siguiendo á la división independiente, atacaron con denuedo su retaguardia cerca de la hacienda de Careaga. Bustamante les hizo frente, y poniéndose a la cabeza de las guerrillas de la Sierra de Guanajuato, de los granaderos de la Corona y del batallón primero Americano cargó con bravura á la vayoneta y empujó al enemigo hasta Atzcapotzalco, donde éste se hizo fuerte en el cementerio de la parroquia y en las principales casas del pueblo. Siguiéronlos allí los independientes, y con un cañón de á ocho dispararon nutrido fuego sobre las posiciones contrarias, que fue contestado vigorosamente y que dejó muertos á todos los artilleros que servían la pieza. El combate se prolongó algún tiempo, á pesar de haber cerrado la noche y de la continua lluvia que inundando los campos y caminos impedía obrar á la numerosa caballería de Bustamante. Este ordenó al fin la retirada y dispuso que el cañón fuese retirado á lazo por la caballería, en cuya operación quedó muerto el antiguo y bravo insurgente don Encarnación Ortiz, que con tan indómita constancia había luchado por la independencia en las montañas y llanos de Guanajuato. La pérdida de este esforzado patriota irritó de tal manera a los independientes, que al llegar á la hacienda de Careaga pasaron por las armas al teniente realista don Vicente Gil, hecho prisionero durante el combate. La división de Bustamante perdió en esta refriega, sangrienta y porfiada, más de doscientos hombres, y un número igual de bajas sufrieron los realistas; ambos partidos pretendieron haber alcanzado la victoria, y Novella mandó que la Gaceta celebrase como señalado triunfo este encuentro que no fué favorable á ninguno de los beligerantes." México a través de los siglos, t. III, pp. 738-739.
(14) Hacienda de Santa Mónica. Cf.la nota anterior.
(15) Francisco Buceli. Comandante de la división de vanguardia del ejército realista de operaciones, en la acción de Azcapotzalco. La división estaba compuesta por los batallones de Murcia y Castilla, las Compañías de cazadores de la Reina, un escuadrón de Fieles del Potosí, un cañón de a ocho y un obús. Buceli estuvo complicado en una conspiración que se había tramado para despojar del mando a Ruiz de Apodaca.
(16) Azcapotzalco. Antiguamente, capital del reino Tepaneca. Actualmente forma parte del Distrito Federal; comunica al norte con Tlalnepantla, Cuautitlán y Tepotzotlán; y por el sur, con Tacuba. Tuvo lugar en Azcapotzalco una importante batalla, dada el 19 de agosto de 1821.
(17) Francisco Hevia. Jefe realista que se distinguió por su crueldad; a tal grado que Alamán consideró que la pérdida de Hevia, en 1821, fue de enorme importancia para la causa realista, y que manchó esa misma con ser demasiado sanguinario. "Tres días después de la entrada de Herrera en Córdoba se presentó Hevia, ante esta villa (15 de mayo), por el Matadero, y desde allí destacó una fuerte columna que ocupó el barrio de San Sebastián, y algunas casas inmediatas, y rompió un fuerte cañoneo contra los parapetos números 6 y 8, que sostuvo hasta ya entrada la noche. Al día siguiente continuó el fuego de artillería y a las cinco y media de la mañana quedaba abierta una brecha en la casa de don Manuel de la Torre, comprendida en el perímetro fortificado. Hevia dispuso que dos compañías marchasen al asalto, y éstas, pasando por la brecha, entraron en la casa, donde se trabó un terrible combate en el que fueron rechazados con grandes pérdidas. Irritado Hevia con este desastre mandó que continuase el fuego de cañón, y él mismo dirigió la puntería del obús, que disparaba contra la brecha. Una bala de fusil le hirió entonces en la cabeza y cayó muerto en el acto uno de los jefes realistas que más se distinguieron por su insaciable ferocidad durante la guerra de la independencia." México a través de los siglos, op. cit., t. III, p. 696.
(18) "Publicó en Querétaro Iturbide un bando el 30 de Junio, fijando las contribuciones que se habían de seguir pagando. Mientras estos grandes y decididos sucesos se verificaban en Querétaro y sus inmediaciones, Filisola, nombrado coronel de un regimiento de caballería levantado en el valle de Toluca con las compañías de los realistas de varios pueblos, había entrado en aquella ciudad cuyos vecinos habían proclamado el plan de Iguala, retirándose á Lerma el coronel D. Angel Diaz del Castillo, que con su batallon de Fernando VII la guarnecia: pero habiendo recibido este el refuerzo que le mandó el virrey del batallon del Infante, D. Cárlos, volvió a avanzar sobre aquella poblacion que Filisola abandonó. Habíale prevenido Iturbide que no empeñase accion, sino que se alejase de la capital para atraer á Castillo á donde no pudiese recibir los recursos que de ella se le mandaban, y que si este se dirigia á Querétaro, como podia suceder, para auxiliar aquella ciudad, lo siguiere observando sus movimientos. Filisola no tenía más infantería que el batallon que llevaba, como el que Castillo mandaba, el nombre de Fernando VII, con escasa fuerza, que Iturbide habia hecho marchar hácia Toluca despues de la rendición de Valladolid á las órdenes de su comandante D. Antonio García Moreno [...], compuesto como hemos dicho, de la compañia de aquel cuerpo que estaba en Sultepec, de las de Murcia y desertores de otros. Importaba pues á Filisola situarse en donde pudiera sacar ventaja de la caballería, que era su fuerza principal, y con este fin y el de reunirse al padre Izquierdo, que con unos 200 hombres de regular infantería se hallaba en la hacienda de la Huerta, poco distante de Toluca, se dirigió á aquel punto. Siguiólo Castillo con su division, compuesta de su batallon, parte del de Don Cárlos, la compañia de cazadores de S. Luis (tamarindos), 2 cañones y alguna caballería de realistas de Iztlahuaca, Malinalco, Coatepec y Fieles del Potosi, que en todo harian unos seiscientos hombres, y el 19 al comenzar el dia avistó á la gente de Filisola prevenida para recibirlo. Dispuso la suya formando una columna de ataque de 190 hombres de D. Cárlos; á las órdenes de Martinez; que debia asaltar la hacienda, mientras otra de 150 hombres de Fernando VII mandada por el mayor D. Ramon Puig, sostenia el movimiento con el fuego de los dos cañones, quedando en reserva la 5ª compañia de D. Cárlos, y cubriendo la retaguardia y bagajes cincuenta infantes con la caballería. Filisola maniobró hábilmente con la suya, mandada por el teniente coronel Calvo, para atraer á los realistas á terreno en que pudiera aprovecharse mejor de aquella arma, y habiéndolo logrado, la accion se trabó con empeño. Los independientes recibieron muy oportunamente el refuerzo de la gente que quedó de Pedro Asencio, mandada por su segundo D. Felipe Martinez, con lo que los realistas, muerto el mayor Puig, habiendo tenido que abandonar su artillería y sufrido una pérdida considerable de muertos y heridos, dejaron el campo llevándose á estos últimos por haberlo permitido Filisola, y se retiraron á Toluca. En la acción de la Huerta, Castillo dijo al virrey que la pérdida habia sido un jefe muerto, otro y ocho oficiales heridos ó contusos, y cien hombres muertos ó heridos. Filisola en su parte á Ituibide, en el que recomendó la bizarría de García Moreno, de Calvo y de otros oficiales, asentó haber tenido dos de éstos muertos y dos heridos con treinta y tres soldados fuera de combate. El virrey dió á Castillo la cruz de San Fernando de primera clase, grados á varios jefes y oficiales, cuatro pesos de gratificación á cada soldado; y mandó se hiciese una mencion muy honrosa del mayor Puig en el libro de órdenes de todos los cuerpos del ejército." Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, pp. 183-185.
(19) Se trata de la acción de Arroyo-Hondo (7 de junio de 1821): "Iturbide, al frente del grueso del ejército, se habia movido de Valladolid en dirección a San Juan del Rio, y el mismo 7 de junio, dia en que capituló la guarnición realista de esa plaza, pasaba a corta distancia de Querétaro. El comandante militar, brigadier Luaces, instruido de ese movimiento, ordenó al teniente coronel don Froilán Bocinos que con cuatrocientos soldados de infantería y caballería hiciese un reconocimiento del ejército enemigo a su paso por la barranca de Arroyo-Hondo. Precisamente al llegar Bocinos a este punto acababa de desfilar la primera columna de las dos en que venia dividido el ejército, e Iturbide marchaba con una pequeña escolta de infantes y dragones, y a considerable distancia seguía la segunda columna. El teniente coronel español creyó poder destrozar fuerza tan pequeña antes de que llegase la segunda división, y en consecuencia cargó reciamente con todos sus soldados. La escolta de Iturbide mandada por el capitán de cazadores del Fijo de México don Mariano Paredes, a pesar de no tener más que treinta hombres, incluso el valiente y antiguo guerrillero Epitacio Sánchez, se sostuvo con heroico valor, puso fuera de combate a cuatro oficiales y cuarenta y dos soldados del enemigo, hizo prisioneros a otros dos oficiales y a tres soldados y dio tiempo a que la segunda columna llegase en su auxilio. Bocinos se retiró violentamente a Querétaro, perseguido de cerca por los independientes. Tal fue la acción de treinta contra cuatrocientos, que fue el lema del escudo con que Iturbide premió el heroico valor de Paredes y sus veintinueve compañeros." México a través de los siglos, op. cit., t. III, p. 127. Véase también en Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, pp. 170-172.