GLORIA A DIOS
(Gratis a los señores subscritores)
Saepe summa ingenia in oculto latent, Plauto in Captivi(1)
El domingo en la tarde, 8 del presente noviembre, acompañé, a unos religiosos amigos míos a la calle de San Felipe Neri número 10, y en una estrecha vivienda hallé a un honrado anciano natural de Cádiz llamado don Pedro de Castro, preceptor de latinidad y bellas letras, el que nos presentó a don Manuel Maldonado y Ozcoy,(2)su discípulo criollo de esta ciudad, hijo de un pobre muy pobre.
Sentóse Manuelito y comenzó su maestro a hacerle varias preguntas y repreguntas sobre diversas materias, a las cuales respondió con bastante oportunidad y desembarazo.
Leyó y habló muy bien el idioma latino (en que se está instruyendo), respondió con acierto a muchas preguntas que se le hicieron, por lo que toca a las clases de mínimos y menores; definió geográficamente la España y la América, dando unas noticias tan exactas de ambos mundos como no las darán muchísimos señores originarios de ellos. Dijo qué era silogismo, y respondió a uno o dos que se le pusieron; hizo la definición del hombre, como la puede hacer un doctor; explicó algo de las Sagradas Letras con magisterio; contó los profetas, los dividió, y explicó el significado de sus nombres... Mi memoria no es capaz de retener cuanto dijo a las diferentes especies que se le tocaron en cerca de hora y media que duró aquel acto lucido, aunque privado. Éste es el hecho, vamos a las circunstancias que lo hacenexquisito.
No cuenta de enseñanza, sino sólo siete u ocho meses, y de edad siete años. Yo no quiero hacer grande la pelea (como suele decirse) no sea que digan que por pasión exagero. Quiero conceder que por ahora sólo prueba una memoria gigante; pero si tantum seimus quantum memoria commendamus, esta criatura da unas gigantes esperanzas. A más que no se le puede negar un entendimiento claro y despejado y un fondo no pequeño de comprensión, porque tener en esta edad tanto discernimiento para colocar en sus respectivos lugares todas y cada una de las muchas ideas que tiene impresas no es puramente obra de la memoria.
Estoy firmemente persuadido que no oiré a otro niño de su edad responder con la gracia y tino que éste a las mismas preguntas en cuanto comprende la numerosa población de esta ciudad. Ésta es gracia que se debe alabar; éstos, ejemplos que se deben imitar; que no bailar campestres, ni beber vino.
Su maestro (que a primera vista me debió el concepto de un sabio honrado) lo ama tiernamente (y con razón) y lo llama con estos cariñosos epítetos: mi hijo, mi indito.
Infeliz América, querida patria mía, ¿es posible que habiendo el Padre de las Luces derramádolas en tus hijos con tan evidente liberalidad en todos tiempos, aún broten nuestros amargos días algunos genios díscolos, incapaces de conocimiento, que pretendan, estampen y publiquen hasta el otro lado del Océano, que no producen por el mayor número de individuos, sino hombre inciviles, agrestes, y salvajes? ¿Es creíble de haya quien se niegue al clamor de los buenos, al testimonio de su conciencia y a la testificación de sus oídos? Sí, sí lo es. ¡Oh fuerza de las pasiones de los hombres!
Pero sin embargo, ilustre México, preclara Puebla, lucido Michoacán, ínclitaGuadalajara, reino todo; tribútale las gracias al excelso y glóriate sobre tus enemigos. El débil papel de los libros y la sólida madera de los coros han dado en los pasados y darán en los futuros siglos un testimonio irrefragable de que los talentos de tus hijos, a pesar de lo poco conocidos y premiados, ni han cedido ni cederán jamás a las famosas universidades de Bolonia, Alcalá, París ni Londres.
Y vosotros, ricos, proteged en su infancia nuestros talentos, constituíos Mecenasy no os faltarán Virgilios que, a pesar del olvido de los tiempos, resuciten vuestras cenizas de entre los jaspes fríos de los sepulcros; coadyuvad a que florezcan los ingenios, y la memoria de vuestros beneficios se trasmitirá a las más remotas generaciones.
Y tú, tierno niño, amado paisanito, no desmayes por más que te acose la miseria. La aplicación constante triunfa casi siempre del desprecio de los ingratos hombres. En esta misma ciudad lucieron sobre las estrellas, un Portillo,(3) un Uribe,(4) unSerruto(5) y otros tan abatidos como tú. Sabe que el que aspira al laurel destinado al vencedor, suda, se fatiga y sufre muchos trabajos en la carrera.
Qui studet optatam cursu contingere metam, multa tulit...
Recibe, por último, esta noticia que doy de ti, como un débil agasajo de mi cariño y como una señal la más inequívoca de mi amor a la patria, con el que deseara que tú y otros recogiesen para su fomento y para ser después la gloria y ornamento de la nación los pesos que se tiran inútilmente en billares, tresillos, bailes, modas y otros objetos más pecaminosos. Créame que si mi suerte no fuera tan mezquina, yo hubiera convertido mis elogios en auxilios, y mis deseos hubieran sido realidades; pero pues ambos somos desgraciados, admite a lo menos la amistosa voluntad que te profesa.
El Pensador
Respuesta al autor del papelito intitulado
Adición a El Pensador
Señor D. F. Y.
Mi amigo querido:
He leído la juiciosa advertencia de usted en su cortés papelito, que titula: Adición a El Pensador, y no sólo no la llevo a mal, sino que le doy las gracias por ella.
Es menester cantar la palinodia en obsequio de la verdad; el equívoco de haber llamado Mediterráneo al Océano en mi número 5 no tiene disculpa, es muy craso. Yo, a más no poder, lo expondré para su corrección en la fe de erratas que daré concluyendo el primer trozo del periódico.
No quedo en esto, sino que protesto mi eterno agradecimiento a todos en iguales casos, pues conociéndome muy limitado, no puedo menos que decir con Ovidio en el libro I del Pento:
Cum relego, scripsisse pudet, quia plurima cerno me quoque, qui feci judice, digna lini.
Quedo de usted amigo y agradecido servidor, etcétera.
El Pensador
NOTA: Sé que algunos panaderos motu propio han tenido la justa bondad de aumentar alguna cosa el peso del pan en beneficio del público; y creeré que el superior gobierno no omitirá diligencia alguna para que tengan efecto mis instancias acerca de la total libertad en el dicho efecto, como que de ésta resulta un bien tan general.
Entretanto, panaderos piadosos, amables conciudadanos, Dios os bendiga y os colme de sus altos beneficios.
El Pensador
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1812.
(2) Manuel Maldonado y Ozcoy. Sólo se han obtenido datos de Manuel Maldonado, quien estudió humanidades, filosofía y teología en los colegios de San Jerónimo y San Ignacio de la Puebla de los Ángeles. Escribió El libro de las diferencias entre lo temporal y lo eterno del P. Eusebio de Nieremberg puesto en versos castellanos.
(3) Portillo. Posiblemente se refiere a Antonio Lorenzo López Portillo y Galindo, quien a los catorce años había concluido los estudios de latinidad y filosofía. Tuvo una beca real en el colegio de San Ildefonso, donde estudió jurisprudencia civil y canónica. Obtuvo gratis las cuatro borlas de maestro en artes, y más tarde el grado de doctor en teología, cánones y leyes. No obstante su ingenio, su fama la obtuvo en Valencia. Feijoo lo calificó de ingenio singular en una carta escrita a Portillo, oidor de México, primo de Lorenzo López Portillo.
(4) Uribe Quizá se refiera a José Patricio Fernández de Uribe y Casarejo, canónigo que se destacó por su sabiduría en toda clase de letras.
(5) Serruto. José Serruto y Nava, doctor, teólogo y maestro en artes. Tuvo de seguir la carrera de vicario de curatos, inferior a su talento inclinado a las letras. Ocupó varios puestos de relieve. Acabó sus días en la dirección de las religiosas capuchinas. Dio a luz varias poesías en elogió de Fernando VII.