GENEROSIDAD DE LOS INGLESES
Y BAILE BENÉFICO A LOS APESTADOS(1)

 

 

Por los periódicos sabemos que el señor Ward,(2) plenipotenciario de su majestad [británica] ha dado mil pesos(3) a favor de los pobres atacados de la actual epidemia;(4) y para el mismo fin, nuestros amigos los ingleses residentes en México, en muy pocas horas, contribuyeron con la cantidad de cuatro mil ciento diez pesos, ¡Loor eterno a unos hombres tan benéficos y dignos del aprecio universal! ¡Pero qué digo! ¿Qué alabanza ni qué encomio merecen por semejante acción estos ingleses? ¿Qué mérito pueden haber contraído ante Dios ni ante los hombres unos apóstatas de nuestra santa religión, unos herejes y protestantes separados de la iglesia romana? Ninguno a la verdad; el Ser Supremo no escribirá en el libro de la vida esta acción generosa que los reformados acaban de hacer con sus criaturas, ni los infelices que deban su subsistencia a la caridad de los ingleses deben quedar obligados a la gratitud.

Pero yo he dicho mal cuando escribí la palabra caridad. Esta es una virtud teologal, y, según nuestra teología, las virtudes de los ingleses y de cuantos no pertenecen a la iglesia romana no son teologales ni cristianas, sino cuando mucho morales. Ahí me las den todas; socórranme en mi necesidad, y sea moro o cristiano mi favorecedor, yo le viviré agradecido, porque el beneficio que reciba será real y verdadero, y esto no se admite a discusión.

Pero, por fin, ¿en qué quedamos? ¿Han hecho los ingleses alguna cosa buena en esta acción? ¿Será grata al Ser Supremo? ¿Resultará en provecho de nuestra afligida humanidad? ¿Y los infelices socorridos deberán reconocer la mano inglesa que los ha arrancado de la muerte? ¡Ah! Los fanáticos, que no conocen ninguna religión cuando aparentan ser cristianos, dirán que no, y que esta acción es una virtud puramente moral, que no tiene nada de meritoria, cantinela que he leído desde mis tiernos años; pero yo desafiara a todos esos teologastros para que me probaran si hay virtud moral que no sea teologal; mas no es esto del caso.

Lo que es del caso es que el venerable Cabildo Eclesiástico de México no sólo no se anticipó a los ingleses en esta acción benéfica y humana, pero ni los ha imitado ni los imitará, después de vista; y hemos de estar en que los señores canónigos son muy católicos, apostólicos romanos; y como sacerdotes, es decir, como la luz del mundo, como la sal de la tierra, y como la ciudad grande puesta sobre un monte,(5)deben dar los primeros el ejemplo de caridad; pero no han sido así los herejes, los protestantes, los que según la doctrina de los canónigos se han de condenar porque no reconocen al obispo de Roma, han sido los que han donado ese buen socorro a favor de los pobres. ¿De los pobres dije...? ¡Dios Eterno! ¿Pues qué los pobres en éstas y en todas ocasiones no tienen bienes de qué echar mano? Sí tienen; pero sus tutores, sus albaceas, se los usurpan y los dejan perecer en la miseria; por eso Dios dice en la Escritura que los hará responsables de la vida de estos infelices.(6) ¿Y quiénes son esos tutores? Los pastores de Israel. Sí, señor, los curas: los curas deben distribuir entre los pobres los bienes de la Iglesia. Pero, me dirán, los curas no administran tales bienes, sino los obispos y los canónigos,indebidamente; pues ésos que los distribuyan entre los pobres.

Me admiro cómo la ley de gracia abolió toda la ley escrita, esto es, las purificaciones, las fiestas, la pascua, las leyes y todos los ritos judaicos del pueblo hebreo, hasta el punto de aborrecer tanto a los judíos que los primeros inquisidores decían: dámelo judío, darételo quemado,(7) y solamente se ha conservado en nuestra santa religión la ley del diezmo, institución judaica que llama a su favor el voto de Jacob y el Deuteronomio;(8) ya se ve, es cosa de dinero; pero esta institución hoy no se observa como la observaban los judíos, ni nuestra Iglesia la observó en los primeros siglos. En ellos no se conocieron obispos poderosos, ni canónigos con coches; los curas recibían las oblaciones voluntarias de los fieles, que no se sujetaban al diezmo de Moisés; esto es, no estaban obligados a dar el uno por diez de sus bienes, que eso se llama diezmo; sino que ofrecían en el altar lo que querían, y esta oblación se distribuía en el sustento de los sacerdotes, y el resto en el alivio de los pobres del pueblo. Ahora no hay de eso; los curas se mantienen de las usurpaciones que hacen a sus feligreses, bautizadas con el nombre de derechos,como si hubiera un derecho para cobrar los Sacramentos que Jesucristo nos instituyó a todos de balde, y habiendo él mismo dicho que lo que no nos costó nada lo demos al mismo precio, gratis acepistis, gratis date, y todo el diezmo u oblaciones de los fieles se lo llevan los señores canónigos sin acordarse de los curas ni de los pobres. Esto no es ni ser buen judío ni buen cristiano.

Concluiremos con que estos ingleses herejes, que para nada reconocen la religión judaica, son en el día más benéficos a nuestra humanidad doliente que los canónigos apostólicos, romanos, que por obligación debían socorrerla, como que actualmente están disfrutando los bienes de la Iglesia destinados para los pobres.

A los fanáticos hipócritas que se enojan conmigo porque defiendo el tolerantismo religioso, a ésos que censuran mis escritos porque repugno el voto de castidad, virtud que acaso no conocen, les dirijo lo que llevo dicho, y les pregunto: ¿quiénes serán más gratos al Ser Supremo, los herejes protestantes ingleses que han dado en esta ocasión esa buena cantidad de dinero para alivio de los desgraciados, sin ninguna obligación religiosa, o los canónigos de México que, teniéndola, no han dado un peso, sin embargo de que se lo deben a los pobres?

Pero la respuesta de esta pregunta ya nos la dio Jesucristo en la parábola de la samaritana. Algunos pueden no saberla y me agradecerán que se las cuente: un fariseo, o doctor de la ley de Moisés, le preguntó que qué haría para conseguir la vida eterna. Jesucristo le dijo que amara al Ser Supremo e hiciera bien a su prójimo; el fariseo pregunta ¿quién es el prójimo? Entonces el Señor le cuenta la parábola que sigue. Unos ladrones robaron a un pobre caminante y lo dejaron medio muerto en el camino; pasó junto a él un sacerdote, no le hizo aprecio; pasó después un levita, y tampoco le hizo caso; pasó por último un samaritano, es decir, un cismático excomulgado, y éste, condolido de aquel miserable, lo fomenta, lo cura, y, montándolo en su bestia, lo conduce a su casa. ¿Quién fue el prójimo de este pobre, pregunta Jesucristo al fariseo, el sacerdote, el levita o el samaritano?(9) Claro es que el último. Así yo pregunto a los fanáticos de México: ¿quiénes son los prójimos de los pobres apestados, en la ocasión presente, los canónigos o los ingleses? Mientras que responden, diremos algo del baile que se les puede preparar para el 16 de éste a los mismos infelices enfermos.

Sabemos que la peste ha hecho y está haciendo unos estragos horrorosos en esta capital, encarnizándose naturalmente en los infelices. A éstos ataca el sarampión, los alimentan con atole, y los curan si tienen con qué; pero, por fin, el sarampión es una fiebrecilla pasajera: mas, por lo ordinario, sus resultas son funestas: la disentería casi siempre es una de ellas. En este periodo mantienen los pobres a sus enfermos con atole, y casi siempre los curan con remedios empíricos, porque los señores médicos no curan a los pobres de balde: a pesar de tamaño juramento que hicieron de ello al tiempo de su examen; y los señores boticarios encarecen sus drogas en tiempo de peste, hasta el punto de no querer dar medios reales(10) de algunas cosas, y poniendo a las recetas unos precios exorbitantes por sus mantecas y aguas puercas. El pobre enfermo en cuestión la va pasando sin médico y botica, y por lo regular la dieta y la naturaleza lo curan; pero no siempre puede alimentarse con atole: en la convalecencia es el hambre voraz; sus gentes no tienen pan ni caldo que darle, sino chile, frijoles y tortilla;(11) eso le dan, eso come y eso lo mata. Si aun en las casas de los no infelices mueren algunos, a pesar de la prolija asistencia, mucho abrigo, médico, botica y buenos alimentos, ¿cómo no morirán los desgraciados a quienes falta todo de una vez?

Se han colectado en estos días algunos pesos, dizque para solemnizar el aniversario de nuestra gloriosa Independencia.(12) Muy buena cosa es tal solemnidad, pero para que corresponda a la grandeza de su objeto, me parece que se le debe dar una dirección muy distinta de la que se piensa. Yo diré mi opinión, por si puede valer, en beneficio de la humanidad.

Esta función del 16 del corriente es puramente nacional, debe hacerla el gobierno; es una vergüenza que se ande limosneando para ella, cuando se puede hacer sin el costo de un real.(13) El Cabildo Eclesiástico debe a sus expensas hacer la función de iglesia con el aparato posible, así como celebraba los días de san Fernando, el parto de la reina y todas las ventajas de España. Esto no le cuesta al gobierno más que un pliego de papel para un oficio que dirija al Cabildo. Todas las iglesias de la capital deben repicar en esos días a la vez que lo haga la Metropolitana.(14)

Las tropas y sus músicas deben adornar los paseos públicos, y esto no le cuesta nada al gobierno. Si se quiere, como se debe y lo tengo ya propuesto en mi calendario de los héroes,(15) hacer un paseo solemne, en el que saque el alcalde primero o la autoridad a quien corresponda, el pabellón de nuestra libertad, así como se sacó en trescientos años el perdón(16) de nuestra esclavitud, es lo más fácil: personas muy brillantes sobran en México para hacerlo muy lucido; no cuesta más sino que el excelentísimo señor presidente y excelentísimo Ayuntamiento(17)conviden a los particulares y citen a los tribunales. Este paseo debe hacerse por la mañana y a caballo, después de la función de iglesia.

El señor gobernador del distrito pudiera por un bando mandar al vecindario la iluminación y adorno de sus casas. De teatros no hablemos: buen cuidado tendrán los empresarios de darnos unas sobresalientes funciones para solemnizar tan fausto día, siendo la paga doble. He aquí cómo no se necesita dinero para semejante solemnidad. Si se quiere rematar con banquetes y bailes, entonces es otra cosa; todo entra en la diversión.

¡Cuánto más grato sería a Dios y a los hombres, y más conforme a la grandiosidad del día, que se invirtieran en beneficio de la humanidad doliente los cuatro mil ciento diez pesos que han dado los señores ingleses, los quinientos que los señores diputados del honorable Congreso del Estado(18) cedieron caritativamente para el mismo fin, los sesenta mil de que puede disponer el gobierno, y los dos mil y tantos que han cedido los señores ministros y tribunales para celebrar el día 16! ¡Qué espectáculo tan hermoso no presentara el 16 de éste, si concluido el paseo, colocado el pendón de la libertad en el balcón de la sala del Ayuntamiento, donde nos manifestaban los españoles todos los años la insignia de nuestra esclavitud, salieran los señores regidores ante todo el público con sus criados cargados de frazadas, vasijas de bebidas astringentes, caldos de carnero y mil pesos; que se distribuyeran por todos los cuarteles de la ciudad; que visitaran todas las casas de los infelices, no sólo en el centro, sino en los barrios y albarradas o suburbios; que socorrieran a los infelices a proporción de su miseria; que les encargaran la dieta, haciéndoles ver que más mata el desarreglo que la peste, y que al tiempo de socorrerlos les dijeran estas pocas palabras: hijos, la generosidad del gobierno, la bondad del Congreso del Estado, la caridad de los ingleses y la de otros señores particulares, os da este socorro, y el que seguiréis recibiendo en honor y gloria del inmortal Hidalgo,(19) que sembró la semilla del árbol santo de la libertad que nos cobija. Haced un voto a Dios por vuestros bienhechores vivos, y otro en honor del héroe de Dolores. Tan sencilla arenga era bastante para desterrar de esas pobres gentes el fanatismo godo,(20) inspirándoles el tolerantismo religioso, esto es, la filantropía, el amor a sus semejantes sin referencia a las opiniones privadas de cada uno; y al mismo tiempo le inspiraría el amor patrio, conocerían los frutos de la libertad, y bendecirían el 16 de septiembre y al cura Hidalgo con más sinceridad que se hace en los brindis de ceremonia.

Después el Ayuntamiento puede comisionar y habilitar sujetos de su confianza para que no por barrios ni por manzanas, sino por cuadras, y si pudiera ser por calles, se encargasen del cuidado de todos los enfermos infelices; que se igualen médicos y boticas; que el caldo, atole y demás alimentos se hagan con toda prolijidad en las casas de los encargados, y con la misma se despachen a las de los dolientes. No faltan en México miles de hombres virtuosos que tendrán a mucha honra semejantes molestias a favor de la humanidad. ¡Ojalá no falte energía en el Ayuntamiento para llevar al cabo estas ideas!

El gobierno debe velar sobre que los camposantos tengan puerta franca para los muertos. Hay curas ambiciosos... No ha tres días que una pobre a quien socorro me vino a pedir limosna para enterrar a su hija que estaba insepultada, y un cura del Sagrario(21) le exigía un peso para darle el pasaporte para San Lázaro;(22) yo le dije: no doy limosna a curas sino a pobres; con dos reales que tiene usted sobra para que lleven su muerta al camposanto(23) o a la Orilla(24) que todo es uno: cuando Dios crió la tierra, la bendijo, y toda quedó camposanto. La mujer se fue, no le di nada; pero el cura no hizo las once(25) a mi cuenta ese día.

Hay mucho qué decir, y el papel se acaba.

 

México, septiembre 10 de 1825.


El Pensador.

 

 


(1) Oficina del finado Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) Este préstamo no fue generosidad sino un acto mercantil. Ward. Por William Ward, Francisco de Borja Mignoni, cónsul y agente de México en Inglaterra, encargado de conseguir empréstitos en Londres, pidió que éstos los garantizara una casa mercantil inglesa. “‘Mr. Thissleton me citó en 1º de Enero á su casa para presentarme a su socio Sr. George Cockburn y tratar con él del préstamo. El día que se verificó la reunión estuvo también en ella Mr. Harward [...]. Habiéndome ellos manifestado que la casa que había de salir garante estaba ya de acuerdo [...] diéronme [el nombre] de Mr. William Ward [...]. Dos días después, fue citado [...] para conferenciar con William Ward [...] entró un hombre desconocido para mí [...] era corredor, no pude menos que expresarle mi sorpresa y aun disgusto, por esta novedad de recibir en nuestra junta á un extraño, sin haberme prevenido sobre ello [...]. Tomó entonces Mr. Ward lo que yo le presenté diciéndome: —el tiempo es bastante crítico para empréstitos, especialmente para América [...], Mr. Ward fué a proponer el préstamo a la casa de Haldimand e hijos, y no sé qué otras [...]; fué a verme con B. A. Goldschmidt y compañía [...] aproveché aquel momento para renovar la negociación pendiente con ellos. Cerciorados de viva voz por Ward y Haldimand de que éstos no pensaban en contratar el préstamo [...] puede conducir el negocio hasta el punto de lograr que por la casa Goldschmidt y compañía, y por mí, se firmase un convenio provisional el 12 de enero de 1824 [habiéndole entregado Borja los poderes suyos a Ward le instó] para que se me devolviesen antes de exigirlos judicialmente’.” E. Olavarría y Ferrari, México a través de los siglos. México independiente 1821-1855, México, Publicaciones Herrerías, s./a., t. IV, pp. 127-129. Después vino a México H. G. Ward quien influyó en el partido escocés; para neutralizar el poder de éste, Joel Poinsett, ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica ingresó en la Real Logia número 4 “La Federación”. A fines de 1826 y principios de 1827 los yorkinos habían logrado mayoría en el Congreso. H. G. Ward, embajador inglés, escribió a Canning (autor de México en 1827) que dudaba de la capacidad del gobierno de cumplir con sus obligaciones financieras.

(3) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...

(4) Carlos Ma. de Bustamante nos dejó, en su Diario histórico, las siguientes noticias del año 1825: “El Gálico hace horribles estragos, y tanto que pasaron de mil los contagiados que entraron el año pasado [1824] en el hospital” (op. cit., t. III, vol. 1, p. 10). “Amenasa fiebre epidémica escarlatina según el número crecido de enfermos que hay de esta dolencia” (18 abril, ibid., p. 58). “El verano está tan seco que ni una nube aparece en los orizontes, por tanto la escarlatina aparece, y es muy temible que haga estragos; el sagrado viático no cesa de tránsito por las calles” (24 abril, ibid., p. 62). “La enfermedad abunda, y se echa de ver en las escuelas de primeras letras donde falta la 3ª parte de niños; atácales la escarlatina y otras dolencias comunes en la infancia. En Sinaloa (estado de occidente) hay mucha viruela maligna que causa bastante estrago” (22 junio, ibid., p. 94). “El Gobierno ha anunciado los estragos que preparan las viruelas, y ha acudido mucha gente a vacunarse” (7 julio, ibid., p. 105). “No sólo hay epidemia de escarlatina sino de cólicos; desde anoche está sin habla de esta dolencia la señora Doña Petra Velasco; Almanza adolece de lo mismo” (ibid., p. 109). “Según el Diario de hoy [...] pasan de noventa muertos los que se sepultan en la Santa Veracruz (es decir en el cementerio) y campo santo de S. Lázaro, de modo que no bastando estos locales para contener los cadáveres han ocurrido al campo santo de S. Juan de Dios [...]. El sarampión es pequeña cosa y se cura fácilmente, mas sus resultas son funestísimas [...]. El Dr. D. Manuel Codorniú médico catalán ha escrito un método de curar esta enfermedad. Yo juzgo que si se hubiera seguido el del Protomedicato del año de 1809 en que hubo igual dolencia que es sencillísimo tal vez habrían sido menos las víctimas” (30 agosto, ibid., p. 118). “Instruido del estado de la salud pública hallo que en los pobres no calma aún la peste, y sí en los de mediana fortuna. La sociedad médica de México ha pedido a la de Puebla sus observaciones acerca de esta epidemia, y ha respondido que no ha tenido motivo para hacerlas, pues allí ha sido muy benigna y sin resultas estragosas. ¡No es poca felicidad!” (24 septiembre,ibid., p. 128). “La epidemia ha cesado, el tiempo ha abonanzado” (30 septiembre,ibid., p. 130).

(5) Mt. 5, 13 y 14. “13. Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se hace insípida, ¿con qué volverá el sabor? Para nada sirve ya, sino para ser arrojada y pisada de las gentes. 14. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede encubrir una ciudad edificada sobre un monte.”

(6) Alguna idea semejante aparece en He. 7, 11.

(7) dámelo judio, darételo quemado. Registrado por Rodríguez Marín, Más de 21.000 refranes...op. cit., p. 103.

(8) Gn. 28, 22 y Dt. 14, 22-29.

(9) Lc. 10, 33-37 y Jn. 4, 39-40.

(10) medios reales. Antigua moneda mexicana, mitad de un real fuerte, y equivalente a 6 centavos.

(11) tortilla. Masa de maíz en forma de círculo, cocida en el comal, que sirve de pan. Cuando se hace de trigo se llama tortilla de harina. Santamaría. Dic. mej.

(12) Independencia. Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...

(13) real. Cf. nota 20 a Una buena zurra...

(14) Metropolitana. Cf. nota 52 a La tragedia de los gatos...

(15) Se refiere al Calendario histórico...

(16) pendón. Cf. nota 21 a Calendario histórico...

(17) Ayuntamiento. Cf. nota 2 a Mañas viejas...

(18) Congreso del Estado. Cf. nota 2 a Disputa de los Congresos...

(19) Hidalgo. Cf. nota 74 a Impugnación que los gatos...

(20) fanatismo godo. Se utiliza la expresión hacerse de los godos, es decir, blasonar de noble. Godos eran llamados los españoles en América. Aquí, Fernández de Lizardi juega con dichas expresiones; al respecto había escrito en un folleto de 1823: “Cosa ridiculísima es, a la verdad, ver que estamos rabiando por ser republicanos y aún no sabemos desprendernos de las costumbres góticas [... este subrayado es nuestro]. El título o tratamiento de ciudadano, que ciertamente es el más honorífico [...], se ve entre nosotros a poco más o menos.” Fuera dones y galones y títulos de Castilla en Obras XIIop. cit., p. 399.

(21) Sagrario. Cf. nota 26 a Calendario histórico...

(22) San Lázaro. Cf. nota 227 a Calendario histórico...

(23) camposanto. En un artículo del Diccionario de geografía, historia y biografía mexicanaop. cit., p. 164, podemos leer lo que sigue: “Cementerios. Por una orden del Virrey, conde de Revillagigedo, quedó prohibido en México, en 1790, sepultar los cadáveres en los templos. Se construyó inmediatamente el Cementerio General junto á la capilla del Santo Cristo del Buen Viaje. Después se cerró éste por haberse hecho otro mejor que el vulgo llamó El Canelo. Más tarde, sin que sea posible precisar la fecha, se construyeron los de San Lázaro y Santa María la Redonda. Posteriormente se edificaron los de San Pablo, la Santa Veracruz y San Fernando [...]. El de San Lázaro fué abandonado en la epidemia del cólera de 1833.”

(24) Orilla. Cf. nota 55 a Qué mal hará...

(25) no hizo las once. “Hacer las once”: dícese del refrigerio tomado a media mañana; también llámase así a la merienda. María Moliner, Diccionario de uso del español. H-Z, Madrid, Editorial Gredos, 1975 (Biblioteca Románica Hispánica. V. Diccionarios), p. 564.