FUERA REYES ABSOLUTOS,
QUE EL PUEBLO QUIERE CONGRESO(1)
¡Con razón los tiranos han obstruido siempre el arcaduz de la ilustración, privando a los hombres de la facultad de pensar! Los dueños de vidas y haciendas hubieran perecido a los pies del solio, si en vez de esclavos gobernaran seres racionales; porque la monarquía absoluta está en contradicción con la felicidad de los pueblos; y las reglas del trono en tal sistema pugnan con los intereses de la nación. La falta de experiencia de estas verdades, adquirida en el decurso de tantos siglos, como han pasado desde la usurpación de Nerón hasta el yugo de Fernando, despertaron a los hombres de aquel narcótico terrible que induce la dependencia. Viéronse en los pueblos cultos de la Europa morir en cadalsos a los impíos que regentaban los pueblos con la vara de Maquiavelo; eternizáronse los nombres de Bruto y Casio, y en todos los ángulos del Ponto resonaron las voces de la suspirada libertad. Un torrente de luz emanado de los cielos se difunde con velocidad desde el Antartos hasta el Boreas; mas su ráfaga luminosa sólo queda confundida al tirano del Norte, no menos que al déspota del Asia. Dentro de breves días todos los pueblos serán libres: no habrá un tira no en todo el orbe; caerán los pocos que existen en países apartados de nuestras regiones, cual se p[r]osterna la erguida caña al soplo del aquilón. Entonces, ¡oh!, entonces la Tierra, convertida en una parte del paraíso de las inagotables delicias, será la sociedad, el placer más dulce y perdurable; porque sólo el régimen constitucional, bien sea en toda su extensión, o bien modificado según lo proporcionen las circunstancias del país, serán las únicas formas de gobierno conocidas en el globo.
¡Alegraos, mexicanos!, el día de ventura y gloria está ya en nuestra casa; la aurora más brillante nos entretiene y divierte; ella presta a nuestro espíritu el dulce solaz apetecido y purifica la atmósfera pestilente que tenía entristecidos y mustios los semblantes. ¡Alegraos! Los movimientos políticos que parece amenazan un vaivén, no son más que una competencia generosa entre padre e hijos. El amor lo dirige todo, como las quejas de dos consortes estimables. El bien de la patria en unos y otros acaso habrá traspasado los términos de la moderación probidad; mas el objeto es uno mismo, y todo lo demás efectos de un celo inflamado. Agustín(2) es padre amante, que sólo desea la felicidad de sus hijos; y éstos sólo quieren hacer la de su bienhechor. Hoy la águila(3) mexicana, girando en torno de unos y otros, ya se posa en la cúpula del salón, ya queda inmóvil sobre el vértice del héroe. Hoy veremos por cuál queda el campo. Las virtudes brillan a competencia. ¡Mexicanos!, marcad este suceso indeleble en la más remota posteridad. En tales contiendas nunca se oye el estallido del cañón, ni el choque del acero. Cuando obra el discurso se retiran las armas: la ilustración proscribe la fuerza. Los derechos de los hombres no se defienden con la destrucción de los hombres mismos. Degenera el racional de su ser, cuando apela a la fuerza y obra inconsecuente a los principios de la humanidad.
(1) México, Imprenta Liberal a cargo de D. Juan Cabrera, calle del Coliseo Viejo número 13, 1833 [sic]. Este folleto lo hemos encontrado clasificado como de Fernández de Lizardi, aunque dudamos esta autoría.
(2) Agustín de Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...