FELICITACIÓN Y REFLEXIONES IMPORTANTES
A LOS PADRES DE LA PATRIA
Salve mil veces, beneméritos padres de la patria: seáis bienvenidos al augusto santuario de las leyes a ocupar otra vez los dignos asientos de que os despojó la arbitrariedad más inaudita. Yo os felicito, sacras columnas del Estado, las presentes Pascuas en que resucitó la representación nacional con vuestra absoluta y apetecida libertad. Yo me congratulo, padres conscriptos, al consideraros enteramente desembarazados de trabas para constituir el gobierno más adaptable a la nación; compadezco las desgracias y amarguras que sufrió vuestra inocencia en las prisiones y sonrojos pasados; pero al mismo tiempo me lisonjeo de vuestros felices infortunios, y con vosotros los celebraré con himnos de la más pura gratitud.
Sí, ellos fueron el prestigio más seguro de la felicidad que esperamos. Sin vuestra desgracia, sin la disolución de esta augusta Asamblea,(2) jamás la nación hubiera sacudido el pesado sueño en que la había amodorrado el despotismo. Encorvada bajo su yugo férreo, besaba con degradante humillación las duras cadenas que la ataran al tirano carro de la más infame servidumbre. Vosotros mismos, amenazados de una fuerza imponente, en vano trabajabais por restituirla sus derechos usurpados. Vuestra elocuencia se llamó locuacidad tribunicia; vuestros argumentos se calificaron de sofismas; vuestros reclamos, traiciones y vuestra firmeza de carácter se inculpó de rebeldía y desacato al trono.
Así como unos criminales fuisteis depuestos de vuestras sillas y arrojados a las prisiones espantosas. ¡Cuántas veces temí que una muerte clandestina nos privara de vuestra preciosa existencia!
La parte sana de la nación lamentaba en silencio vuestra suerte, sin poder hacer más por falta de fuerza física; y esta apatía a que la redujo su impotencia, envaneció a los enemigos de la libertad, a quienes aún hacían mucho contrapeso los hombres de bien que habían quedado en la desmembrada Asamblea; y como un abismo conduce a otro, el aciago 31 de octubre de 1822, al impulso de la más sacrílega amenaza, fue disuelta con escándalo de las naciones libres de la Tierra.
Una Junta que se quiso denominar Instituyente, compuesta en su mayor parte de hechuras del emperador, pusilánime y obediente a sus órdenes, fue la que reemplazó la falta de los más beneméritos representantes del pueblo, y desde entonces todo fue de mal en peor, como debía de suceder. Contribuciones, directas e indirectas, gravámenes excesivos sobre casas, papel moneda, reunión de poderes, anuncios repetidos de monarquía absoluta, insultos y amenazas de un populacho tan soez como idiota, y tan osado como vil, nos tenían sumidos en el dolor y sobresalto.(3)
En medio de nuestra vergonzosa abyección, quiso el cielo echar una mirada compasiva sobre esta América infeliz. Al instante encendió el fuego patrio el heroico corazón del intrépido joven Santa-Anna: proclamó libertad en Veracruz, animó a la nación para recobrar sus derechos;(4) volaron a su socorro los valientes Victorias, Echávarris, Guerreros, Negretes y Moranes,(5) cuyos ejemplos imitaron al punto los distinguidos jefes, ilustre oficialidad y tropa benemérita del ejército libertador, quedando privados de tal gloria algunos pocos incautos o cobardes.
Esta decisión hizo temblar el trono de Iturbide:(6) los aduladores que palanquearon el solio de este infeliz monarca desaparecieron a vista de una nación libre, como desaparecen las tinieblas de la noche a la presencia del Padre de las luces. Todo corrió con la marcha majestuosa a su deseado término: en cuatro meses los Riegos y Quirogas mexicanos,(7) sin llevar el terror, la muerte ni la desolación, vieron generalizada la opinión, derrocado el coloso, reinstalado el Congreso(8) y la patria respirando libertad.
¡LOOR ETERNO campeones ilustres!, porque habéis conocido que pertenecéis a la patria más como ciudadanos que como militares, y con obras habéis manifestado al mundo todo [lo] que las armas que os confió la nación las sabréis siempre emplear, como ahora, en su defensa. Jáctense cuanto quieran las naciones cultas de la Europa de su liberalismo y amor patrio; empero confiesen que ni la historia antigua ni moderna presentan un ejemplo semejante en su rapidez, en su orden ni en su economía de sangre humana. Tal gloria estaba reservada al Ejército Libertador Americano.(9)
Y vosotros, amados padres de la patria, respirad ya libres en el santuario de las leyes. A lo que alcanzo, no debe pensarse en nueva convocatoria que dilate y entorpezca nuestra Constitución.(10) Si se os disolvió ilegalmente, las provincias os nombraron libremente, y de consiguiente sois sus legítimos representantes. Es verdad que venisteis(11) coartados por la mala disposición del generalísimo de las armas, siendo un Congreso constituido y no constituyente; pero en el día esas mismas armas, de que abusó el poder ejecutivo, son las que protegen y garantizan vuestra necesaria y absoluta libertad. Abolidos y sin ningún valor han quedado el Plan de Iguala y Tratados de Córdoba. La opinión general está por la república,(12)y nuestra situación topográfica, nuestra vecindad con las repúblicas del sur y norte, y el escarmiento que tenemos de los reyes, así como los romanos de los Tarquinos, señalan con el dedo que el gobierno aristo-democrático es el único que nos conviene como el más análogo a nuestra posición y a las luces del siglo en que vivimos.
El tolerantismo religioso, que pudiera serviros de rémora, es un ridículo espantajo que asusta sólo a los necios que tienen más fanatismo que religión, y más hipocresía que moralidad. Sabéis demasiado bien que la tolerancia evangélica es la más conforme a la dulce doctrina de Jesucristo, la más útil en las sociedades cultas y la más necesaria a nuestro despoblado país.
Los enemigos de la república siempre nos oponían que carecemos de la ilustración y virtudes propias de los republicanos, y en esto mismo han hecho el panegiris de tal gobierno, pues lo confiesan susceptible de ilustración y virtudes, y, según esto ¿será el medio de adquirirlas, detestar el gobierno democrático?, y ¿cuándo adquiriríamos tal ilustración ni virtudes cívicas, si se nos quisiera perpetuar bajo el gobierno monárquico que tan mal nos ha probado en trescientos años? ¿Qué diríamos de un hombre que, incitado para que enviase a su hijo a la escuela, respondiese: ¿Cómo lo he de enviar si no sabe leer, ni escribir ni nada de lo que saben los niños bien educados? ¿No nos reiríamos de su insensatez, y le responderíamos que por lo mismo debía enviarlo? Pues eso se les debe decir a los antirrepublicanos. Si no tenemos ilustración ni virtudes patrias, seamos republicanos y las aprenderemos.
Mas para conseguir esa ilustración, necesitamos la sociedad con los extranjeros ilustrados: debemos franquearles toda hospitalidad, como ellos hacen con nosotros. De aquí se seguirá la población de que tanto necesitamos, resultando en aumento de la religión católica, pues siendo los enlaces con cristianas, será cristiana su prole, y tal vez las mujeres harán católicos a sus maridos. San Pablo, escribiendo a los de Corinto, dice: "si alguna mujer cristiana está casada con algún varón infiel, y él gusta de vivir en su compañía, no lo deje ni se aparte de él, porque algunas veces ha sucedido que el marido infiel vino a ser santo por medio de la mujer cristiana." Y san Jerónimo, escribiendo a la matrona Leta, le persuade que viva con su marido Toxacio, gentil, a quien da el santo el título de amigo:(13) lo que prueba que el tolerantismo es tan antiguo como la Iglesia.
Además de las ventajas dichas, tendremos dentro de poco tiempo las de la industria, comercio, agricultura, mineralogía, etcétera, pues, aumentada la población, sobrarán brazos que trabajen la tierra y las ruinas, que surtan los talleres de artífices hábiles y que hagan prosperar nuestro comercio. De aquí nacerá en los americanos la emulación, el amor al trabajo, el destierro de la holgazanería y, de consiguiente, la felicidad y la abundancia.
Las naciones cultas, convencidas de estas verdades, han tolerado a los demás hombres en sus senos, sean cuáles fueren sus opiniones religiosas. En las repúblicas que nos rodean hay tolerancia, y en la misma Roma, delante del primer obispo de la Iglesia universal: sólo en México se ve por algunos fanáticos con escándalo. ¿Acaso éstos serán más celosos de la pureza de la religión católica que el mismo sucesor de san Pedro, encargado por Jesucristo del cuidado de su Iglesia? Yo me compadezco de la ignorancia e hipocresía que a tantos domina; pero vosotros, dignísimos padres de la patria, haréis el uso que convenga de vuestros talentos y de la soberanía que representáis en su obsequio.
También sería obra digna de vuestras luces que se designaran los privilegios que deben gozar los ciudadanos, pues mientras el hombre no sepa lo que gana y lo que pierde, si se halla o se deja de hallar en esta clase, poco cuidado se le dará de ser o no ser ciudadano.
Así es que yo sería de parecer que entre los privilegios que gozaran los ciudadanos fuera uno el no estar sujetos a la pena de azotes y pública vergüenza, a no ser perdiendo este derecho por ladrones.
Partiendo de este principio y conociendo que la ilustración es la que suaviza las costumbres de los hombres y los hace entrar en sus deberes con utilidad suya y de la patria, influiría para que se declarase, como ley fundamental, que nadie pudiese gozar los derechos de ciudadano, de catorce años en adelante, si no sabía leer, escribir y un pequeño catecismo político, que explicara las obligaciones de tal, concediendo por plazo para aprender esto nomás dos años, tiempo muy suficiente para quien quiere saber, y más con el auxilio del método lancasteriense,(14) y los filantrópicos sentimientos de los editores de El Sol, sus pro movedores.(15)
De este paso desearía, ¡oh dignos apoyos de la patria!, que os apresuráis [sic] a formar la Constitución del Estado con leyes sabias, pocas, justas y claras para que estuviesen al alcance de todos, siendo algo fuerte el código penal, pues creo que se puede decir de nuestro pueblo bajo lo que de los romanos dijo Tácito: nec totam servitutem pati possunt, nec totam libertatem. Ni puede sufrir una absoluta esclavitud, ni no abusar de una completa libertad La primera lo irrita, la segunda lo insolenta Dolorosa experiencia habéis tenido de esta ver dad, augustos representantes de los pueblos. Vosotros mismos os visteis insultar con el mayor descaro por la plebe viciosa e insolente de México: vuestra existencia fue amenazada de muerte, y tuvisteis que sucumbir a la grita, denuestos y amenazas de un Populacho soez, idiota y atrevido.
Entonces esperaba ser protegido por las armas; pero hoy hace otro tanto sin esa protección El escandaloso suceso de la tarde del Sábado de Gloria(16) manifiesta cuán insolente es la escoria del pueblo mexicano, y cuan necesario es reprimirla con las leyes más severas.
No perdonéis señores, la vida del que se pronuncie contra vuestra dignidad ni contra la libertad de la patria: perezca en un patíbulo todo asesino alevoso; sufra la pena de azotes, vergüenza pública y presidio todo ladrón desde un peso hasta diez, y de esta cantidad en adelante la de muerte; destínese a minas y a los arsenales que se pongan a todos los vagos portadores de armas cortas y ebrios públicos.
Aplíquense por un año a los trabajos públicos a esos holgazanes y sinvergüenzas, cuya desnudez desacredita nuestra ilustración y escandaliza los ojos virginales. A las mujeres que incurran en iguales crímenes, sujétense a las mismas leyes: corríjanse en las cárceles, y oblígueseles a ser útiles haciéndolas trabajar en los hilados, tejidos, costuras, etcétera.
Es verdad que parecen duras estas penas; mas no lo son sino proporcionales contra los que se dicten. El hombre ilustrado y virtuoso, lejos de murmurarlas, las alaba, como que con ellas se contempla más seguro del asesino y el ladrón; éstos las odian y las temen. Este temor los contiene, los mejora y disminuye el número de pícaros, lo que es un bien para la sociedad, pues si el hombre justo abomina el crimen por amor a la virtud, el malvado se abstiene de él por temor del castigo.
Oderunt pecare boni virtutis amore:
Oderunt pecare mali formidine penae.(17)
Yo no ignoro que entre los publicistas modernos son odiosas las penas crueles. Ellos dicen que las leyes no son para destruir sino para corregir a los hombres; que en cada delincuente que se castiga con pena de muerte, se pierde un hombre que podría ser útil a la sociedad, y no faltan quienes declamen contra la pena de muerte, en general, tratando de abolirla para siempre. Convengo en todo, si se concede que todos los hombres sean unos en diversos países, bajo diferentes climas, usos, costumbres, religiones y gobiernos; pero como esto es un absurdo, debe concluirse que así deben variarse las leyes y agravarse o modificarse las penas, según fuere el carácter de los pueblos, sus costumbres, ilustración, ignorancia, abusos, etcétera, etcétera. No todos los dogmas políticos producen un mismo efecto en todas partes, así como no todas las medicinas obran de un mismo modo en todos los enfermos. La sangría que es útil al pletórico, le es perjudicial al débil.(18)
Tal me parece el caso de que hablo. Por desgracia nuestra última plebe es muy idiota, carece de educación y está consagrada al vicio y la holgazanería. De consiguiente, su carácter es feroz y sus costumbres crueles. Vemos con dolor que, en medio de las supersticiones religiosas de que abundan, carecen de toda religión; la confraternidad es lo menos que conocen: por robar un pañuelo o cosa menos no se detienen en quitarle la vida al que pueden; rompen los pactos de la sociedad y la naturaleza con la más abominable imprudencia: golpeando a sus mujeres, a quienes no sustentan, y a sus hijos, a quienes ni alimentan ni educan; no respetan a las autoridades sino por la fuerza, y ellos mismos se exponen a morir todos los días, o ahogados con el aguardiente, o machacados por un coche, pues así se tiran borrachos en la mitad de una calle, como pudieran en un mullido lecho y bajo los techos de un palacio.
¿Y de semejante clase de gentes esperamos la mejora con las leyes penales suaves? No lo puedo creer de unos hombres que en el mismo acto de estar ahorcando a un ladrón, están robando los pañuelos de las bolsas de los concurrentes.
No falta quien escriba que las leyes fuertes hacen duros y crueles a los hombres, pero yo no puedo creerlo. La experiencia me ha enseñado que la suavidad de la Constitución española, y la inacción de los tribunales en tiempo de la independencia, aumentó excesivamente el número de los ladrones y asesinos. Asombraría a la Europa el número de muertos asesinados en América alevosamente en el corto tiempo de 17 meses, es decir, desde octubre de [18]21 hasta marzo de [1]823. Solamente en México se cuentan mil y setecientos. ¿A cuántos miles subirá esta suma si se cuentan los asesinados en Puebla, Guadalajara(19) y demás provincias? Reflexiónese que apenas se han visto dos asesinos fusilados en la corte, entre tantos criminales. Necesariamente se deben multiplicar éstos con la impunidad de lo delitos; así como se deben multiplicar éstos con la impunidad de los delitos; así como se deben disminuir con su castigo.
Al hombre que no lo contiene el temor de la muerte, de unos azotes públicos, de una infamia y de un padecer de dos, tres o más años, no pueden contenerlo unas leyes benignas que no le toquen a su vida ni a su cuerpo.
Pero así como no basta para la mejor formación de las sociedades el que haya leyes justas y sabias, si no se hacen cumplir exactamente por los funcionarios, así también los castigos no producen su debido efecto si son dilatados. Todos saben que el objeto de las leyes penales es mejorar las costumbres por medio del saludable terror que infunde en el espectador la dura ejecución de los suplicios; mas si ésta se dilata mucho tiempo después del delito, éste se ha olvidado, y entonces, lejos de producir el efecto deseado, el terror del justo castigo parece venganza del juez, y el odio que excita el crimen se convierte en lástima al delincuente.
Por otra parte, los hombres se precipitan a delinquir fiados en la esperanza de escapar del castigo. No hay cosa más común que oír decir en las cárceles: con tal empeño, con tanto dinero, en teniendo al escribano de tu parte, se compone. De hecho vemos cometer los mayores crímenes, conocemos los delincuentes, sabemos que están presos y a poco los vemos en la calle. Ésta no es piedad, es tiranía de los magistrados. Lo que aprovecha es que el castigo siga inmediatamente a la culpa. De nada sirve que haya dos asesinos y mil asesinados en un año: menos doloroso es que haya cinco matados y luego luego cinco ahorcados. Así pierde la sociedad diez hombres, y los cinco con fruto; y en el primer caso pierde sin él mil y dos.
Estas reflexiones, augustos padres de la patria, no tienen ni pueden tener el carácter de advertencias, que no necesitáis. Hijas son de mis deseos de que se escarmienten los malos para que los buenos vivan en paz. Vuestra soberanía hará de ellas el uso que merezcan, mientras suplico al Padre de las luces celestiales las derrame en vosotros abundantemente para que, haciendo la felicidad de las generaciones presentes, vuestro nombre sea bendecido por las futuras.
México, 5 de abril de 1823. Segundo de la libertad.
SEÑOR
[José] Joaquín Fernández de Lizardi.
NOTA
Ya en la planta de este papel, supe que el abate Gregoire, francés, había dedicado a este Soberano Congreso su obra titulada Libertades de la iglesia anglicana.(20) Sería de desear que el mismo Soberano Congreso mandase reimprimir esta utilísima obra en obsequio de la pública ilustración, y del afecto que nos ha manifestado su sabio autor: para que nuestros intolerantes aprendan suavidad y caridad de los herejes.
OTRA
Este papel debió haber salido la Pascua de Resurrección, día en que resucitó el Congreso, así como murió en 31 de octubre, víspera de finados. Las demoras de la imprenta no lo permitieron y sale hoy.(21)
(1) México, Imprenta del Autor, 1823.
(2) disolución del Congreso: el 31 de octubre de 1822, fecha que dos párrafos adelante escribirá Lizardi. Cf. nota 36 al Segundo sueño...
(3) Una vez disuelto el Congreso, Iturbide quiso atenuar su falta al nombrar laJunta Nacional Instituyente; con ello quería "evitar que se le acusase de haber asumido el poder legislativo"; estaba "compuesta de dos diputados por cada provincia de las que tenían mayor número de éstos, y de uno solo de los que no hubiese más, y como la designación de los individuos se le reservó a sí mismo, la Junta se compuso de pocos hombres independientes de opinión, y de una mayoría de aquellos que en el Congreso se habían manifestado más adictos a la persona del emperador y más obsecuentes a su voluntad. La instalación de la Junta se efectuó el 2 de noviembre [...], Iturbide asistió a la apertura a las seis de la tarde, hora desusada para tales ceremonias, y en el discurso que pronunció reconociendo que no tenían otro origen los extravíos de la Junta Provisional y del Congreso, que el demasiado poder que se habían arrogado, propuso volver a los principios establecidos en el Plan de Iguala en cuanto a la limitación de las facultades de la Junta, recomendó como asuntos preferentes los relativos a hacienda, y comunicando el rompimiento de las hostilidades por parte del comandante de San Juan de Ulúa [...] llamó la atención de la Junta sobre la escasez de recursos de que hablaba el intendente de Veracruz en oficio en que dio lectura el ministro de hacienda [...]. Esta escasez continua de recursos, de que en un año no habían podido sacar al erario las providencias de la Junta ni del Congreso, era la dificultad insuperable que el gobierno encontraba para todo, y el motivo principal de sus diferencias con el poder legislativo. El Congreso aumentó los derechos sobre el pulque y autorizó al gobierno para contratar un préstamo extranjero de treinta millones, con cuya facultad en 24 de julio se trató uno de diez millones con un aventurero inglés, llamado D. Diego Barry, al interés de diez por ciento al año, con hipoteca de las rentas nacionales, especialmente la del tabaco, comprometiéndose Barry a entregar desde luego un millón de pesos en letras contra la casa de Morton Jones de Londres." L. Alamán,Historia de México, op. cit., t. V, pp. 506-507. En México a través de los siglos se asentó lo siguiente: "La Junta Instituyente comenzó entonces en sus apuros a aumentar el número de las aberraciones cometidas: impuso desde luego un préstamo de 2.800,000 pesos con la hipoteca de una contribución general sobre todos los habitantes del Imperio; prohibió la exportación de dinero aun para los españoles que querían emigrar, a quienes solamente se les permitía llevar la ropa de uso y muebles necesarios [...]; restringió la libertad de imprenta; prohibió la entrada de tejidos ordinarios de lana y algodón y de algunos comestibles, y patentizó que no era posible el arreglo de la hacienda pública al fijar los gastos de la nación en 20.000,000 de pesos, de los cuales 1.500,000 eran para los gastos de la renta real; y calculando los productos tan sólo en 9.000,000, quiso cubrir la falta con el producto de la renta del tabaco y la capitación general de cuatro reales sobre todos los individuos de ambos sexos de catorce a sesenta años y una contribución sobre arrendamiento de fincas; también creó 4.000,000 de cobre, con cuyas disposiciones acabó de matar el poco crédito que tenía el Imperio, sin que por eso se prescindiera de los preparativos para la jura del emperador, empleando los ayuntamientos crecidas sumas." Op. cit., t. IV, pp. 85-86.
(4) Antonio López de Santa-Anna. Cf. nota 2 a Viva el general... y nota 3 a El señor Echávarri...
(5) Guadalupe Victoria. Cf. nota 7 a Por la salud... José Antonio Echávarri. Cf nota 3 a Fuga de Guerrero... Pedro Celestino Negrete (1777-1846). Militar nacido en España; vino a Nueva España muy joven y fue uno de los jefes realistas más destacados. Durante la guerra contra los insurgentes alcanzó el grado de brigadier; en 1821 se adhirió al Plan de Iguala. Ya nombrado emperador Iturbide fue nombrado miembro del consejo de Estado, con el título de decano, pues era considerado como segunda figura del Imperio. Obtuvo la Orden Imperial de Guadalupe el 13 de agosto de 1822. Sin embargo, al secundar el Plan de Casa Mata se mostró adversario de Iturbide. José Morán y del Villar, marqués de Vivanco. Cf. nota 6 a El señor Echávarri...
(6) Agustín de Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...
(7) Lizardi compara a los héroes mexicanos con los de la independencia de España: Rafael de Riego y Núñez (1785.1822) y Antonio Quiroga, quienes formaron parte de la sublevación de 1820, que restableció la Constitución de 1812.
(8) Congreso. Cf. nota 2 a Sentencia contra el emperador...
(9) Ejército Libertador Americano. El primero que utiliza la expresión de Ejército Libertador en las prensas es José Joaquín Calvo (cf. nota 7 a El señor Echávarri...) enEntrada del Ejército Libertador en esta capital, o sea proclama del jefe de la vanguardia, México, Oficina Liberal a cargo de don Juan Cabrera, 1823; que está fechado en Ixtapaluca, 15 de marzo de 1823.
(10) Constitución. Cf. nota 12 a Barbero rapa Barbero.
(11) venisteis. Forma arcaica del pretérito de venir.
(12) Una vez reinstalado el disuelto Congreso, Iturbide abdicó ante él, el 19 de marzo de 1823.
"El Congreso consideró, el 8 de abril, que no había lugar a discutir la abdicación por haber sido nula la coronación, declaró igualmente nula la sucesión hereditaria e ilegales los actos realizados desde la proclamación del Imperio. Por decreto de la misma fecha declaró insubsistente la forma de gobierno establecida en el Plan de Iguala y el Tratado de Córdoba y el decreto de 24 de febrero de 22, 'quedando la nación en absoluta libertad para constituirse como le acomode'; pero al mismo tiempo consideró vigentes las tres garantías 'por libre voluntad de la nación'." F. Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., p. 122. Con este decreto fueron abiertas "las puertas al sistema republicano, pues los borbonistas y los iturbidistas quedaron nulificados", al decir de Manuel B. Trens en su Síntesis histórica de la nación mexicana (México, Archivo General de la Nación, 1954, p. 64). Lucas Alamán había escrito lo siguiente: "El imperio mexicano debe considerarse terminado con la abdicación de lturbide y los decretos del Congreso declarando la nulidad de su elección e insubsistencia del Plan de Iguala y Tratado de Córdoba, en lo concerniente a forma de gobierno, y por consiguiente todos los acontecimientos posteriores pertenecen a la historia de la república." Historia de México, op. cit., t. V, p. 576.
(13) I Co. 7, 12-14. Fernández de Lizardi citó este pasaje de san Pablo y repitió la misma historia de san Jerónimo y Leta en La Quijotita y su prima, t. II, cap. V; enObras VII, op. cit, pp. 257-258.
(14) método lancasteriense. Cf. nota 4 a El Pensador llama a juicio...
(15) El Sol. El ecuatoriano Vicente Rocafuerte, diputado a las Cortes españolas en 1812, se había unido a un grupo que luchaba por establecer escuelas lancasterianas en México. "El liberal español Manuel Codorniú, editor de El Sol que había llegado a México con O'Donojú, hacía esfuerzos en ese sentido desde enero de 1822, y con ese fin propuso que se abriera una suscripción pública. Sin mayor dificultad encontró personas interesadas, porque las Cortes ya habían aprobado medidas legislativas que favorecían la fundación de escuelas lancasterianas. La proposición de Codorniú fue apoyada por varios ex diputados mexicanos a las Cortes españolas, que habían sido los iniciadores de la legislación mencionada, y aunque algunos de ellos en ese momento conspiraban contra el gobierno, Iturbide mismo dio su aprobación al nuevo sistema educativo. Con la conformidad del emperador, el ayuntamiento de México puso a disposición de la Sociedad Lancasteriana el antiguo edificio de la Inquisición, para establecer su primera escuela; ésta recibió el nombre de Escuela del Sol, y empezó a funcionar el 22 de agosto de 1822. Para Rocafuerte era lógico y sensato que 'los salones de la Inquisición, tan enemiga de... (la educación), se convirtieran en escuela pública, en vivero de hombres libres, en templo de la razón' ["Report of the Mexican Minister, at the Twenty-first Annual Meeting of the British and Foreign School Society", Twenty-First Report (Londres, 1826), p. 109]." Jaime E. Rodríguez O. El nacimiento de Hispanoamérica. Vicente Rocafuerte y el Hispanoamericanismo, 1808-1832, traducción de Roberto Gómez Ciriza, México, Fondo de Cultura Económica, 1980, pp. 87-88. El Sol fue publicado del 5 de diciembre de 1821 al 29 de diciembre de 1832; la primera serie terminó el 11 de junio de 1823; la segunda, el 1° de diciembre de 1828, y la tercera el 29 de diciembre de 1832; en la 1ª serie fue bisemanario y en la 2ª y 3ª fue diario. L. Moreno Valle, Catálogo de la Colección Lafragua, op. cit., p. 103.
(16) En la sesión del día 20 de marzo de 1823 fue presentada, de una manera más formal, la abdicación de Iturbide "en una nota dirigida por el secretario Álvarez al ministro Valle y transcrita por éste al Congreso, el cual acordó se pasase a una comisión; mas como Iturbide quería salir de la capital a algún otro lugar del Imperio mientras se resolvía sobre su abdicación, conservando el mando supremo, para cuyo ejercicio delegaría en personas de la confianza del Congreso las facultades necesarias para el despacho de lo que fuese urgente, puntos sobre los cuales, así como sobre la abdicación misma, el Congreso no podía resolver, mientras no hubiese el número competente de diputados, y por otra parte, las tropas del ejército liberal á las órdenes del general Negrete, que mandaba el cuerpo del centro, iban ocupando los lugares inmediatos, el Congreso resolvió el día 22 comisionar dos individuos de su seno, que fueron el brigadier Herrera y D. Cayetano Ibarra, para que propusiesen á los jefes de aquel ejército una entrevista con el emperador, que estaba de acuerdo en esta idea [...]. Muy desagradable debía ser para los jefes del ejército, despues de lo que había pasado, una conferencia en que se encontrasen cara á cara con Iturbide, y acaso temían también que el influjo que pudiera ejercer sobre muchos de ellos, los comprometiese á concesiones que no estaban dispuestos á hacer, por lo que insistieron en rehusar la conferencia, y con esto los comisionados informaron al Congreso del mal éxito de su comisión [...]. Se resolvió á propuesta de Zavala, invitar al general en jefe del ejército libertador, para que con una división respetable ocupase la ciudad á la mayor brevedad, oficiando á los diputados que se hallaban en las cercanías para que asistiesen á las sesiones [...]. Para evitar un choque, Gomez Pedraza fué en busca del marqués de Vivanco, que tenía su cuartel general en el pueblo de Santa Marta, y en junta de guerra á que concurrieron el mismo Vivanco, Negrete, Echávarri, Bravo, Barragán, Calvo, Arana y Gual, representando por poder á los generales ausentes Armijo, Cortazar, Victoria y Santa Anna, se firmó el 26 un convenio en tres artículos, por el primero de los cuales el ejército se obligó á reconocer a Iturbide con el carácter con que se le considerase por el Congreso, cuando estuviese reunido legalmente y en la plenitud de su libertad: por el segundo se fijó la salida de Iturbide con su familia para Tulancingo tres días después, escoltándolo el general Bravo, como lo había pedido Iturbide, y por el tercero, las tropas que habían permanecido fieles al emperador en México y Tacubaya, debían ser tratadas como si fuesen del ejército libertador, entregando el brigadier Gomez Pedraza el mando de unas y otras al jefe que entrase á ocupar la capital. En consecuencia de este convenio, se dió órden para que en el mismo día 26 el ejército libertador se aposesionase de las garitas y suburbios de la capital, entrando á ocupar ésta el día siguiente que era Jueves Santo, lo que contribuyó á que la entrada fuese muy triste. La gente del pueblo como adicta a Iturbide, no solo no dió señal alguna de contento, sino que en una garita insultó á una partida de caballería, y el Sábado Santo, una de las patrullas destinadas, según las disposiciones de Vivanco, á conservar el órden, fué asaltada en el barrio de la Palma, siendo necesario que marchase á sostenerla el general, entonces coronel Terán, con refuerzo de tropa, con lo que se empeñó tan fuerte tiroteo, que resultaron muertos siete individuos de la plebe, treinta heridos y más de cincuenta presos." Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, pp. 562-565.
(17) Nicolás Jamín hace la cita así: "Oderunt peccare boni virtutis amore: / Tu nihil admittus in te formidine poenae. / Sit spes fallendi, miscebis sacra profanis"; traduciéndola de esta manera: "Sólo el amor de la virtud aparta al hombre honrado del vicio", que es el primer verso, y agrega: "al malo el temor del castigo; pero como esté seguro de que no se sabrá, caerá en los mayores excesos." El fruto de mis lecturas, o máximas y sentencias morales y políticas, que compuso en francés el P. D, Nicolás Jamín... y publícala en nuestro idioma un apasionado deseoso del bien público, Madrid, por don Plácido Barco López, 1795, p. 33. Se trata de los versos 52-54 de la Epístola XVI del Libro 1 de Horacio; consultamos la siguiente traducción: "Han rehuido caer los buenos de la virtud por efecto; tú nada admitirás contra ti por temor de la pena; si hay de engañar esperanzas, mezclarás sacro a profano." Quinto Horacio Flaco, Epístolas (Libros I y II) y Arte poética, introducción, versión rítmica y notas de Tarsicio Herrera Zapién, México, UNAM, Dirección General de Publicaciones, 1974 (Nuestros Clásicos, 47), p. 70. Seguramente Fernández de Lizardi está basándose en Jamín.
(18) No hay ningún procedimiento terapéutico que haya sido tan recomendado en la antigüedad como el de la sangría, y también tan denigrado, pues ya desde el siglo XVI era de uso excesivo, llegándose a utilizar en las más diversas enfermedades. Tratándose de una emisión sanguínea por flebotomía o apertura de una vena, fue sumamente benéfico para el que sufría de policitemia o aumento de la cantidad de glóbulos sanguíneos, concepto que corresponde a la plétora de los antiguos, es decir, a los pletóricos; no así a los anémicos.
(19) Puebla. Cf. nota 2 a Pulgas y vómito..., Guadalajara. Ciudad capital del estado de Jalisco. Fue fundada por Cristóbal de Oñate, en abril de 1530, con el nombre de Espíritu Santo, que le fue cambiado por el de Guadalajara en 1542 por Nuño de Guzmán. En la época virreinal fue capital de la provincia de Nueva Galicia.
(20) Enrique, conde de Grégoire (1750-1831). Prelado y constitucional francés; publicó vatios trabajos, entre ellos el Essai hitorique sur les libertès de l'èglise gallicane(1818).
(21) Después de este párrafo siguen otras cuatro líneas, que dicen así: "ERRATAS / (Página 2) Dice: y arrojos. Léase: arrojados. / (Idem) Dice: silen. Léase: silencio./ (Página 6) Dice: de deben gozar. Léase: que deben gozar." Nosotros hemos marcado las palabras señaladas, ya corregidas, subrayándolas en el texto.