FÁBULA

Lunes 31 de enero de 1814(1)

La disputa de dos médicos.
Alude a los daños que causa la lisonja


-Los síntomas que advierto son fatales

para que viva más, y a lo que infiero

tiene las cadavéricas señales;

yo la ciencia de usted no la condeno;

pero según síntomas mortales,

dudo pueda salir del catorceno.(2)

de que haga mal, tal vez, un crisis bueno;

y así, no hay que inspirarle desconfianza.

Que tiene de vivir yo le prometo,

y a su salud he de llenar la panza.

mas no he de prometerle yo la vida,

cuando tengo otra cosa en mi coleto.

Vea usted, tiene la bilis corrompida;

casi las fuerzas todas extenuadas;

la vista débil, turbia, obscurecida;

las graves accesiones prolongadas;

los letargos son crueles; el aliento

mucho se dificulta; las poleadas

ni las puede pasar por alimento;

el vómito es continuo y aun quiloso;

por la cámara arroja un humor cruento;

el delirio es fatal y de furioso;

el frío sudor le corre, y ya no quiere

pasar ni el agua; a ratos soporoso

me lo suelo encontrar. ¡Qué tal! ¿Se infiere

que pueda mi pronóstico ser cierto

y que muere el enfermo, o que no muere?

suele tener algunos intervalos,

en los que puede revivir un muerto.

según que nos enseña la experiencia;

y yo, por Dios, que aunque me den de palos

creo que el enfermo muere en mi conciencia.

yo he de buscar mi propia conveniencia;

y cuando su opinión sea verdadera,

no tengo de asustar a la señora;

el paciente lo diga cuando muera

y a mí me desacredita, no la digo,

aunque se pierda todo en la demora.

el hablar la verdad se lo aseguro.

-Antes suele pasar por enemigo

el que claro la dice, y lo aseguro.

-Con todo, la verdad es lo primero,

por más que su expediente sea tan duro.

y así la paso bien; usted, querido,

a pesar de su genio verdadero,

por charlatán de muchos es tenido.

El paciente, no hay duda que perece

en el catorce...; ya...; quedo entendido;

mas diciendo que vive, se merece

con sus dolientes, porque el mundo todo

cuando lo engañan más, más agradece.

Los médicos se fueron, y yo beodo

al oír qué de sistemas tan contrarios;

sin embargo, al primero me acomodo,

y haya los que haya pareceres varios,

los embustes lo son y son quimera,

por más que partos sean extraordinarios.

¡Quién aplicar la fábula pudiera!

 

Vuelta de Juanillo a la capital



Se continuará

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.

(2) catorceno. Decimocuarto.