FÁBULA

 

Lunes 11 de octubre de 1813(1)


El cacomixtle y la gallina


—Suelta, ¿por qué me aprietas el gaznate?

Ya que me hieres, deja el pico libre.

(Así clamaba una infeliz gallina

en las garras de un crudo cacomixtle).

Pero éste le responde: —Mentecata,

¿no ves el imposible que me pides?

Que te suelte el pescuezo, ¡qué tontera!

Si te hago este favor, fuerza es que grites;

que a los gritos despierten tus señores

y los perros también, y que me atisben;

que mi gallinicidio se descubra,

y me devoren fieros los mastines.

Pues no; muere, animal, sin esperanza

de que te suelte yo ni de que chistes.

Así el poderoso
que al mísero oprime,
y a más el recurso
de su queja impide,
porque su delito
sus voces no expliquen,
es vivo retrato
de mi cacomixtle.


Denuncia contra los empíricos

COMUNICADO. Señor Pensador: Mi asunto es corto pero interesantísimo al público. Médicos, cirujanos, empíricos, físicos, charlatanes y herbolarios están confundidos: todos usan una propia divisa, cual es la del bastón; y de aquí se siguen peores estragos en los hombres que los que causa la guerra sangrienta en que por desgracia nos hallamos, pues la gente vulgar ha creído que todos son doctores, y puede encomendarse en cualquiera de estas manos en toda especie de enfermedades. Los boticarios despachan las recetas del sabio aprobado médico y las del charlatán: aquéllos hacen caudal y el público padece desembolsos con el gasto de lutos y derechos parroquiales. Inteligenti pauca. Diga usted al Protomedicato que la humanidad se halla resentida por la tolerancia de semejante abuso; diga usted que en México hay más médicos intrusos que enfermos en los hospitales; que la voz del pueblo exige imperiosamente pronto y eficaz remedio contra el mayor mal que experimentamos; diga usted al público que peca mortalmente en servirse del cirujano cuando la enfermedad pertenezca al médico; y por último, diga usted a los empíricos, que la ley 6, título 8, parte 7,(2) los condenó con pena de destierro y que sobre su conducta velará constantemente.

El Sensible

IDEM. Señor Pensador: Ya que usted ha admitido entre sus pensamientos (que ha publicado) los ajenos, quiero yo probar fortuna dirigiéndole los míos, a ver si logran la suerte que otros, aunque carezcan del mismo mérito.

Uno de los ramos interesantes es la policía, pues de su buena administración depende la felicidad del público por interesarse su salud; en esta capital se observa casi en total abandono, siendo insufrible la pestilencia de sus calles a causa de lo sucio de los caños y de la basura e inmundicia de que tanto abundan. El gran número de vasos excrementicios que diariamente se encuentran volcados, los perros y mulas muertas de los muladares, la abundancia de orines que hay en las esquinas, sin perdonar los atrios sagrados, y, en fin, lo obstruido de las acequias, inclusas las de los paseos, contribuyen en gran parte a infestar el aire, de que resultan enfermedades y pestes inevitables.

No contribuyen poco las casas de tocinería, cuyas pocilgas expelen un fetor insoportable; por mi desgracia vivo inmediato a una de éstas, y puedo asegurar sin ponderación no poder estar un rato a gusto, pues luego lo resiente mi estómago. Sería muy útil el que los tratantes tuviesen a extramuros sus zahúrdas y que, a imitación de lo que se hace con los carneros, se matacen los cerdos en un paraje destinado y trajesen a vender la carne a lo interior de la ciudad. En fin, el todo de la policía necesita de pronto remedio. Bien sé que el gobierno ha tomado en distintas épocas providencias muy sabias; pero éstas o ya no rigen o su cumplimiento está entorpecido, tal vez porque los que cuidan de este ramo están entendiendo en otros asuntos graves; mas yo apreciaría no lo abandonasen enteramente para lograr, a más del decoroso aseo de esta ciudad, el beneficio de respirar un aire más puro. Usted puede contribuir por su parte, estampando en su periódico este pensamiento si le pareciere bien, y si no, haga de él el uso que guste, pues de todos modos queda a su disposición.

D. E. J.

IDEM. Señor Pensador: ¿Podría usted decirnos algo de lo que piensa acerca de la Academia de derecho teórico-práctico?(3) Este cuerpo literario sólo se nos deja ver de cuando en cuando, como los cometas. Por lo demás, sus miembros viven metidos en su catacumba de la aula, sin dejar traslucir al público lo que puede esperar de sus ejercicios. Y diga usted, si esta fuera una reunión de alquimistas que estuvieran tratando de la piedra filosofal, nada nos importarían sus locos discursos; pero no me puedo amoldar a esto cuando se trata de una junta de jurisconsultos hechos y por hacer, que han de dar cuenta de nuestras vidas y haciendas.

A más de que, como hombre caritativo, no sólo veo por mi provecho sino por el de mis prójimos; quiero decir que no digo lo dicho sólo por el público sino por la misma Academia, pues que su honor lo padece y nadie dirá que se hace lo que allí se hace, sino que aquellos señores, por defecto de sus estatutos o por falta de su cumplimiento, no tienen pruebas que dar a las gentes, no digo de sus adelantamientos, pero ni de sus trabajos, como es costumbre entre las corporaciones de esta clase, en demostración de la utilidad de su establecimiento y para su mayor lustre y decoro.

Esto es todo lo que por ahora se me ofrece, aunque no dejaré de advertir que, estimando mi reclamo como acción popular, lo mismo debe ser para usted que yo tenga los ojos pardos o azules, la nariz aguileña o roma, la frente chica o espaciosa, que sea de México o venga de las Batuecas, y que me llame Francisco, Antonio, Pedro, Juan o

El Curioso Impertinente

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.

(2) ley 6, título 8, partida 7. "Como los físicos e los zurujanos, que se meten por sabidores, e non lo son, merescen auer pena, si muriese alguno por culpa dellos (a)." Dice textualmente: "Métense algunos omes por mas sabidores de lo que non saben, ni son, en física, e en cirugía. E acaesce a las vegadas, que porque non son tan sabidores como fazen la demuestra, mueren algunos enfermos o llagados o por culpa dellos. E dezimos porende, que si algún Fisico diesse tan fuerte melezina, o aquella que non deue, a algun ome, o muger, que tuuiesse en guarda, si se muriesse el enfermo; o si algun çurujano fendiesse algun llagado, o lo asserrasse en la cabeça, o lo quemasse neruios, o huesos, de manera que muriessen porende; o si algun ome, o muger, diese yeruas, o melezina a otra muger, porque se empreñase, e muriesse por ello; que cada vno de los que tal yero fazen, due, ser desterrado en alguna Isla por cinco años; porque fue en gran culpa, trabajandose de lo que non sabia tan ciertamente como era menester, e de como fazía muestra; e demás deuele ser defendido que non trabaje deste menester. E si por auentura el que muriesse por culpa del Fisico, o del çurujano, fuesse sieruo, deuelo pechar a su señor, segund aluedrio de omes buenos. Pero si alguno de los Fisicos, o de los çurujanos a sabiendas e maliciosamente fiziessen alguno de los yerros sobredichos, deuen morir porende. Otrosi dezimos de los Boticarios que dan a los omes a comer, o a beuer, esamonea, o otra melezina fuerte, sin mandado de los Fisicos; si algunos beuiendola se muriesse por ello, deue auer el que se diesse pena de omicida." Cf. Los códigos españoles concordados y acordados. Código de las siete partidas, tomo IV, que contiene la sexta y séptima partida. Imprenta de la Publicidad, Madrid, 1848, p. 324.

(3) Academia de derecho teórico-práctico. Academia de Jurisprudencia Teórico-Práctica. El Colegio de Abogados pidió el 7 de enero de 1794 una academia para fomentar el estudio del derecho. Se les concedió por real cédula el 3 de abril del mismo año.