ERRE QUE ERRE(1)
Señor Pensador: Ni mi compañero, el ciudadano pobre, ni usted con su buen humor sacarán partido en las tortas de pan por el medio de mortificar al señor corregidor con unas aunque agraciadas pero inútiles exclamaciones. Los muchachos que andan en esta golosina son muchos, pero las fuerzas de su señoría no alcanzan para corregirlos y evitarles los hurtos de los mendrugos que hacen.
Con el derecho que cada uno tenemos de representar, unan ustedes sus justísimos clamores con los míos y con los de la voz del pueblo, y elévenlos al gobierno. Éste es íntegro e imparcial; sus facultades amplias y sin conexiones ni intereses con los monopolistas, y sabrá, yo lo juro, tomar luego luego providencias para levantar el sitio de hambre con que los abarcadores están amenazando a un pueblo que el mismo gobierno con tanto celo y actividad defiende.
Tomen ustedes sobre sí la representación de síndicos, si acaso los nuestros duermen, y para el remedio público manifiéstenle la necesidad en que estamos de que se queme como papel perjudicial a nuestros estómagos, esa tabla o carichata, a cuya horma se pegan tanto los panaderos por su conocido provecho, pues las combinaciones que en ella se hicieron ahora un siglo no son del día, y más cuando la negociación se está cerniendo por los monopolistas, sin los desperdicios que entonces; apurándose tanto el amasijo para sacarle jugo, que ya vienen los trigos muy distintos de los que venían en aquella época, y con mayor romaneaje(2) y peso, que es en lo que consiste su exorbitante ganancia; la que se moderará si el gobierno prohíbe el que los molineros pongan precios a los trigos y sigan con sus habilitaciones, compromisos y demás pactos usurarios que clandestinamente tienen con los panaderos.
Que para que las panaderías no estén estancadas, y que todo el que quiera fabrique pan y venda en las plazas, accesorias, esquinas, o como le convenga, y que se surta el pueblo con lo que pueda venir de las inmediaciones, se demuela toda junta de monopolistas, que vemos hoy con la denominación de los tratos, pues este conjunto de ciertas personas es la causa del exorbitante precio que tiene el efecto; porque semejantes corrillos que en sus privadas determinaciones económicas no tienen sujeción al superior, sólo tratan de sus personalidades y provecho y de juntar fondos, con que por lo regular litigan y embarazan todo útil proyecto. Son nocivos a la sociedad, y por lo propio no se conocen semejantes juntas en las ciudades cultas; y en éstas, por principios de buena economía y policía, jamás se han permitido y siempre se ha procurado sacar el comercio de granos de los pudientes y de aquellos que por otras representaciones y respetos lo entorpecen.
Los beneficios que ha recibido el pueblo de la libertad con que el gobierno puso las carnes, todos los disfrutamos; y así, no hay que perder momento en pedirle que haga lo mismo con el pan y con los otros efectos de que nos surtimos; y que para que esta negociación quede en plena libertad, se quiten todo género de pensiones que recaigan sobre los efectos de primera necesidad; y que sus fabricantes y expendedores y todos los que se incorporen en este comercio, sólo paguen las dos establecidas por el gobierno para beneficio del mismo vecindario, con lo que indefectiblemente serán socorridos nuestros estómagos, y tomando ya fuerzas nuestra debilitada naturaleza, podrá pensar; después, en representar sobre la carestía y abarcamiento de los azúcares y demás semillas que contra la mente del gobierno están encerradas, poniéndoseles excesivo precio. De lo que puede también jurar que el mismo gobierno está ignorante.
El otro mendigo ciudadano
ADICIONES DE EL PENSADOR
Señor ciudadano: usted complace mis ideas, usted es un hombre benéfico en la sociedad, el estilo de su papel me satisface de su instrucción y patriotismo; he aquí por lo que no he tardado en publicar su pensamiento, que se reduce a que se conceda a todo el mundo la libertad de vender pan, etcétera. Sí, amigo, esto es lo que por delante se debe reclamar al gobierno, y en esto hemos de estar hasta que se consiga.
Nada se pide imposible, nada injusto, nada nuevo. Los que han estado en Cádiz ySevilla me aseguran que por aquellas tierras no se cultiva trigo, como en otras partes, verbigracia, Castilla y Aragón, y sin embargo en ningún paraje de la Península se comen ni mejores ni más grandes hogazas que en ella, y lo mismo sucede en nuestra Guanajuato, y ¿por qué? Porque se le concede la libertad de labrar y vender el pan a todo el que quiere, que es lo mismo que solicitamos. Sí, señor corregidor, arranque vuestra señoría este privilegio exclusivo de mano de los monopolistas; ¿no advierte vuestra señoría que si en este trato no hubiera gato encerrado, cómo habían de dar ocho y nueve mil pesos por las llaves solas de una panadería? ¿No ve vuestra señoría cómo las tortilleras de México dan el ejemplo de esta franquicia? Ellas se ponen en hilera, formadas en batalla, y gritan: "¡A 15, a 20, a 25, marchante!" Otras: "aquí hay anchas, aquí hay blancas", etcétera, y en esta libertad consiste la mejora del comprador; ¿pues por qué razón no se ha de hacer lo mismo con el pan, tanto más siendo éste de más primera necesidad que la tortilla?, pues éstas no pueden ser alimento de los enfermos.
Por Dios, señor corregidor, agite la benignidad de vuestra señoría sobre este particular, y el Señor y el pueblo lo llenarán de bendiciones, y si no yo, a Dios rogando y con el mazo dando.
Está usted servido, señor mendigo
El Pensador
La semana que entra saldrán el 1 y 2, números de El Pensador, que faltan a los señores subscriptores. El foliaje de los extraordinarios está coordinado separadamente, para que así se puedan encuadernar.
(1) México, Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1812.
(2) romaneaje. Operación de pesar con romana, sobre todo si es larga y repetida. Cf. Santamaría, Dic. mej.