Fábula XIV

EL ZOPILOTE Y EL FALDERILLO

 

Un Zopilote un día

con un caballo muerto fiesta hacía.

Un Faldero lo vido,

y así le dijo en tono presumido:

—¿Tú eres el Zopilote?

¡Qué cosa tan horrible!¡Qué feote!

¡Qué prieto! ¡Qué tiñoso!

¡Qué zancón! ¡Qué sucio y asqueroso!

Si de noche te viera,

por coco de los perros te tuviera.

¡Fucha(1) en el pajarote aborrecido,

que come carne de animal podrido!

¿Dime, no te da pena

cuando en mí miras una cosa buena?

¿No me ves tan bonito,

tan blanco, tan bañado y aseadito?

Y no tú tan inicuo y tan grosero,

que de verte no más, creo que me muero.

El pobre Zopilote proseguía

estirando la tripa que podía,

seguro de que a un necio

se debe de responder con el desprecio.

Mas el perro insolente

proseguía en insultarlo amargamente,

y le decía: —Ni nombre

tienes particular. Por que te asombre,

escucha el mío, que es noble y exquisito,

pues me llaman en casa Marquesito.

Mi ama la señorita

en sus faldas me pide la pancita,

me tusa, me enlistona,(2) me adereza

y ostenta donde quiera mi belleza.

Como bizcocho, bebo chocolate

y nunca sé dormir en el petate.

Larga, en fin, la llevaba

el perrillo mordaz que lo insultaba;

tanto, que el Zopilote

enfadado le dijo: —Tontonote,(3)

eres bonito, quedo satisfecho,

pero ¿sirves en algo de provecho?

—Sí, señor —dijo el perro—, sirvo tanto,

que los gatos espanto

en muchas ocasiones

para que no se coman los ratones.

Me siento, sé bailar, hago el soldado

con un palo arrimado,

ladro, hago fiestas, brinco a troche moche,

asomo la cabeza por el coche;

pido con las manitas

a todas las visitas

cuando mueven la boca,

lo que a bastante risa las provoca;

y si quieren jugarme algún engaño,

les ladro y aun la ropa les araño.

Si algún extraño pasa

por donde estoy, aturdiré la casa,

y si ése se descuida

no dejaré de darle una mordida.

En fin, sé hacer el muerto

y muy al vivo. Bien está. —Por cierto

—dijo el Zopilotillo

al vano Falderillo—,

que tú por gracias tales

mereces veinte palos muy cabales,

pues entre tus oficios,

los que no son perjuicios

son unas boberías,

a la verdad, y demasiado frías.

Escúchame ahora, loco,

y verás que no sirvo yo de poco.

Es cierto que soy feo,

y siempre que bebo agua bien lo veo.

Sabia naturaleza

me negó el frágil dón de la belleza,

pero en cambio me dio las propiedades

de limpiar las ciudades

de carnes corrompidas. Yo me aplico

y no dejo de hacerlo con el pico.

He aquí que hago una cosa

incomparablemente provechosa

a cualquier ciudad, reino o Estado,

por lo que soy en todos apreciado.

Mil pestes ahorro yo, por que te asombres,

guardando así la vida de los hombres,

los que encontrando en mí tal conveniencia,

procuran respetar mi subsistencia;

y aunque desagradable

sea mi presencia, soy muy apreciable

a los hombres sensatos,

a pesar de los perros y los gatos.

Si no estás convencido,

replícame, Faldero presumido,

si tú harás otro tanto,

con todos tus primores y tu encanto.

A razones tan claras y evidentes

sólo dijo el perrillo allá entre dientes:

—Bien dice el Zopilote, no es cordura

juzgar de nadie mal por su figura,

pues bajo la más soez que yo desprecio,

el mérito se oculta. Soy un necio.


(1)Fucha. Interjección de detestación. ¡Fuchi! interjección de asco. ¡Puf! mucho más usada que ¡fucha! Santamaría, Dic. mej. Fernández de Lizardi usa la misma interjección en el Periquillo (libro I, cap. II) y en la Quijotita (cap. 13).

(2) enlistona. Neologismo de Fernández de Lizardi en el sentido de "adornar con cintas".

(3) Tontonote. Neologismo de Fernández de Lizardi.