Fábula XXXVII
EL TIGRE HIPÓCRITA Y EL LEOPARDO
—Yo tengo un corazón muy compasivo.
Me atormenta la suerte de ese pobre;
es Tigre como yo, Júpiter haga
que haya alivio y consuelo en sus dolores.
De este hipócrita modo lamentaba
un Tigre avaro y rico los rigores
que afligían a otro Tigre, que yacía
enfermo, pobre y solo dentro el monte.
Algunos animales lo escuchaban,
entre ellos un Leopardo de buen nombre,
quien al oír a este falso, así le dijo:
—Sí, Tigre, eres piadoso; se conoce.
Muy mucho te lastimas del enfermo;
su triste situación no se te esconde;
compasión manifiestan tus palabras;
pero después de todo, ¿lo socorres?
De la carne que tienes cecinada,
la mayor parte al año se corrompe
y a nadie participas; antes dices:
perezcan todos como a mí me sobre.
Pues, hipócrita vil, si tan cruel eres,
si te ha cogido la avaricia torpe,
no con labio falaz así profanes
de la tierna piedad el sacro nombre.
Y pues tu corazón no es susceptible
de esta augusta virtud que ni conoces,
a la vista del mísero enmudece
y con hipocresías no lo incomodes.
Así en el Tigre reprendió el Leopardo
a muchos que, teniendo proporciones,
afectan compasión al desdichado,
pero crueles al fin no lo socorren.
