EL SEÑOR ECHÁVARRI Y EL HÉROE
AGUSTÍN VAN A UN FIN(1)

 

 

Hay revoluciones políticas en que más es el ruido que las nueces,(2) pues siendo uno el fin a que se aspira, suelen ser diferentes los medios que se emplean en su consecución. Tal carácter me parece que tiene la presente.

Ello es cierto que por los menos reflexivos se la quiere bautizar con el título de república; pero sus fautores no le han dado tal nombre. Todo lo contrario, huyendo, como deben, de constituirse en legisladores, dicen que su objeto único es la instalación del Congreso representativo de la soberanía de la nación; esto mismo es lo que quiere su majestad, luego el emperador, el señor [E]chávarri y los demás jefes de la revolución(3) van a un fin.

No se puede dudar que éste es el voto general de los que llaman republicanos. El señor Echávarri así lo ha dicho en la acta que celebró con los oficiales de las tropas de su mando; esto confirmó el Ayuntamiento de Veracruz;(4) por tal partido entró Oaxaca;(5) el marqués de Vivanco,(6) con fecha de 11 de este mes, dice a los poblanos: "se trata de dar a la nación un Congreso que la represente y constituya bajo de leyes sabias; se trata de guardar el mejor orden."

El señor Echávarri con fecha de 9 escribe al coronel don Joaquín de Calvo,(7) entre otras cosas, lo que sigue: "UNIÓN sobre sostener la representación nacional para que tengamos leyes que nos dirijan, y olvidemos para siempre todo sentimiento con los que hayan podido ofendernos. Que se impriman en el soldado las virtudes patrióticas; que sepan a quién le sirven, y olviden de un todo aquello que no pueda ser nación. Por ésta hay emperador y toda clase de autoridad; sin ella nada existiría."(8)

¿Quién halla en estas palabras ni una que indique variación de gobierno? Por el contrario, cuando el señor Echávarri dice que por la nación hay emperador, da a entender que lo reconoce tal, y en efecto, en la acta que juraron, se manda que las tropas no atenten contra su augusta persona.(9) Conque tenemos que en el plan entra el reconocimiento del monarca y, de consiguiente, el de la monarquía, sin pensarse en variar la forma de gobierno, sino sólo en sostener el Congreso(10) o representación nacional para que nos dé leyes sabias, y ¿esto mismo no es lo que su majestad desea? Luego, todos vamos a un fin, y solamente en los medios está la diferencia. Esto es demasiado claro y el señor capitán general de esta ciudad, incitándonos a la unión para evitar la anarquía, dice que "si ésta se llega a solidar, será el mayor de todos los males que nos pueda sobrevenir, y el que tal vez nos haga sucumbir a un yugo extranjero, y se aproveche de nuestras desaveniencias que, examinadas a fondo, se deduce que todos aspiramos a un fin, cual es el de la reunión del Congreso" (Gaceta Extraordinaria del Gobierno, del viernes 21 de febrero de [1]823).

Pues siendo esto así, ¿a qué fin es que se divida la opinión, que se preparen las armas y que mañana u otro día se empleen contra los mismos hijos de la patria? El emperador ciertamente no puede [o]ponerse a los deseos del pueblo, ni ha de querer él mismo destruir la obra de sus manos, haciendo desgraciada la nación por no acceder a peticiones justas. Nos ha dado repetidas pruebas de sus talentos, prudencia y amor a sus conciudadanos.

En virtud de esto, no sería extraño que su majestad transigiera con los jefes de la revolución; antes tal conducta es muy conforme con el carácter de un héroe ilustrado. En los tiempos de la barbarie y despotismo monarcal absoluto, se decía que la última razón de los reyes era el cañón; que era lo mismo que comparar a los monarcas con los brutos que, careciendo de razón, deciden sus disputas con la fuerza. En el día los hombres se conocen mejor y obran con más juicio y madurez.

Nada puede perder su majestad en acceder con cuanto quiera la nación. Supongamos por un momento que el nuevo Congreso Constituyente, después de oír a los sabios y escritores, y después de pesar la opinión, resuelve que nuestro gobierno sea republicano: en semejante caso la gratitud dicta que el libertador de la patria sea el presidente del senado durante su vida. Esto es lo más que pudiera suceder, y en tal transformación ganaría muy mucho el héroe del Septentrión.

Es verdad que se le despojaría del pomposo título de emperador; pero, ¡ah!, que este nombre influye más temor y desconfianza que amor ni respeto en los súbditos. Los nombres de emperador y rey han sido algunas veces sinónimos con los de déspota y tirano. Napoleón fue generalmente amado de los franceses mientras fue primer cónsul; pero luego que subió al trono varió de condición, degeneró en tirano, se declaró enemigo de la libertad, se ensoberbeció hasta el infinito, sus virtudes se eclipsaron, y aquel mismo que en Austerlitz no se desdeñaba de apearse del caballo y vendar con su pañuelo las heridas de un soldado, después trataba a los ministros a bofetadas, puntapiés y silletazos.

Es menester confesar que los tronos se adquieren con sacrificios, se sostienen con fatigas y peligros, y se pierden siempre con desgracia.

El dulce nombre de libertador de la patria es más honorífico que el de emperador y rey; y la confianza pública, el amor de la nación y la tranquilidad interior, son preferibles al falso brillo de una corona y a los inciensos que la majestad siempre compra a costa de temores, desvelos, sobresaltos, odios, envidias y peligros.

Conque, aun en el último caso, su majestad, lejos de perder, ganaría; y yo creo del amor que nos tiene que, por cualquier partid[o], entrará trueque de que no se derrame la sangre americana, y entonces se coronará de laureles y la gloria de su nombre será eterna.

Esto sólo es una suposición para hacer ver que, aun en el último caso, su majestad ganaría en el cambio; pero está probado que no se piensa en tal cosa. Además, su majestad, lejos de la conducta de Napoleón en sus últimos días, se ha manifestado un tierno padre, economizando la sangre americana y continuando en tan benéfico sistema hasta hoy. Si se han notado algunas faltas en su reinado, no puede exigírsele ninguna responsabilidad. Los reyes, por lo común, son dirigidos antes que directores. Ya el futuro Congreso llamará a juicio a los que han mal aconsejado al emperador, malquistándolo y acarréandonos estas desavenencias.

J [osé] J[oaquín] F[ernández deL[izardi].

 

 


(1) México, Imprenta del Autor, 1823.

(2) es más el ruido que las nueces. Lo que se dice de algo es más de lo que en realidad es.

(3) Antonio López de Santa Anna se había pronunciado en favor de la república; Iturbide encomendó a José Antonio Echávarri, antiguo jefe realista que se había adherido al Plan de Iguala, que fuera a reprimir a los sublevados; entonces Echávarri, después de un inútil sitio puesto a Veracruz, se entendió con Santa Anna; de este acuerdo salió el Plan de Casa Mata (lo. de feb. de 1823), en el que se ponía toda la autoridad en el Congreso que Iturbide había disuelto. Santa Anna y Guadalupe Victoria se pusieron de acuerdo para derrocar a Iturbide, uniéndoseles también Echávarri. Cf. notas 2 a Viva el general... y 3 a Fuga de Guerrero...

(4) "Echávarri, el general mimado de Iturbide, no había podido reducir a Santa Anna, que en la plaza de Veracruz se había encastillado manteniendo en apuros a las fuerzas sitiadoras. Cuenta Alamán que Echávarri había sido recibido recientemente en las logias, y tenía la obediencia de un novicio, sucediendo lo mismo con Lobato, Cortázar y la mayor parte de los jefes que asediaban a Veracruz, y atribuye a los masones la decisión del jefe imperial para ponerse de acuerdo con Santa Anna. En efecto, pusiéronse al habla, y entrando en arreglos formaron lo que se llamó Acta de Casa Mata [...]; importaba un nuevo plan político concretado en once artículos, cuyas principales bases consistían en la inmediata instalación del Congreso, en el reconocimiento de la soberanía de la nación y en prohibir que se atentase contra la persona del emperador. Dióse circulación al plan aprobado por el ayuntamiento de Veracruz, y con rara velocidad se adoptaba donde quiera que se conocía." Así comenzaba el Acta de Casa Mata: "Los señores generales de división, jefes de cuerpos sueltos y oficiales del Estado Mayor, y uno por clase del ejército, reunidos en el alojamiento del general en jefe para tratar sobre la toma de Veracruz, y de los peligros que amenazan a la patria por la falta de representación nacional, único baluarte que sostiene la libertad civil; después de haber discutido extremadamente sobre su felicidad con presencia del voto general, acordamos en este día lo siguiente..." siguen 11 artículos y está firmada en Casa Mata, 1o. de febrero de 1823, por Echávarri y demás jefes, México a través de los siglos, op. cit., t. IV, pp. 88-89.

(5) Oaxaca. Cf. nota 2 a La revolución de Oaxaca...

(6) José Morán y del Villar, marqués de Vivanco (1774-1841). Militar mexicano que fue cadete de los Dragones de México en 1789, alférez en 1795 y luego maestro de cadetes. Llegó a ser coronel. Luchó contra los insurgentes. Iturbide le dio el grado de brigadier y después lo hizo inspector general de caballería (1821) y mariscal de campo (1822). Tiempo después se opuso al emperador; caído éste se le nombró comandante general de México y se le otorgó el grado de divisionario. Levantó planos de Veracruz para preparar el contraataque a una invasión. En 1827 cesó en su empleo y se marchó a Europa. Regresó en 1830 y tres años después quedó incluido en el decreto de proscripción. En 1837 fue presidente del Consejo, ministro de Guerra y Marina del 6 de febrero al 3 de diciembre de 1838.

(7) José Joaquín Calvo (1798.1838). Fue cadete del Regimiento de América en 1812, pasó al de México y ascendió hasta oficial en 1816, cuando era virrey Ruiz de Apodaca. Se adhirió al Plan de Iguala y ascendió hasta coronel, y cuando el general Filisola fue a Centroamérica quedó al mando de las armas en los estados de Querétaro, Oaxaca y Occidente; en 1828 obtuvo su retiro. Volvió al activo en 1831 y asumió el mando militar de Chihuahua y Nuevo México, que conservó hasta 1832. Asumió de nuevo el mismo mando en septiembre de 1834, al mismo tiempo fue nombrado gobernador. Se convirtió entonces en protector de la enseñanza, fundando una normal lancasteriana y una escuela para niñas, además reformó el Instituto Científico y Literario. Desempeñó su cargo hasta abril de 1837 y el mando militar hasta su muerte.

(8) La carta está fechada en Casa Mata y fue publicada en las Cartas escritas al señor brigadier don José María Lobato, y el señor coronel don José Joaquín Calvo, por el señor capitán general don José Antonio de Echávarri, Puebla, en la Oficina de D. Pedro de la Rosa, impresor del gobierno imperial, 14 de febrero de 1823, pp. 4-6.

(9) En el artículo 10 del Acta de Casa Mata: "El ejército nunca atentará contra la persona del emperador, pues lo contempla decidido por la representación nacional."México a través de los siglosopcit., t. IV, p. 89.

(10) El Plan de Casa Mata se basaba principalmente en la inmediata instalación del Congreso, que había sido disuelto el 31 de octubre de 1822 (cf. nota 36 alSegundo sueño...). También insistía en el reconocimiento de la soberanía nacional y en prohibir que se atentase contra la persona del emperador. El 26 de febrero la guarnición de Guadalajara adhirióse al plan de Echávarri, y tantas eran las manifestaciones de la opinión pública, que Iturbide hubo de pensar seriamente en la conducta que debía observar para deshacer la tempestad que rugía sobre su cabeza. Quiso parar los primeros golpes expidiendo un manifiesto en el cual aseguraba su decisión de restablecer el Congreso esperando tan sólo la conclusión de la convocatoria que había recomendado a la Junta y la llegada de los comisionados que debían presentarle el Plan de Casa Mata." México a través de los siglos. op. cit., t. IV. p. 89.