EL PLEITO DE LAS CALAVERAS
Lunes 1° de noviembre de 1813(1)
CALAVERA 1ª: Yo soy más calavera que mi padre...
CALAVERA 2ª: Más lo soy yo, por vida de mi madre...
CALAVERA 3ª: Eso no. ¿Qué decís? ¡Hay tal manía!
No hay mayor calavera que la mía.
CALAVERA 4ª: Tú también has mentido,
que mayor calavera no ha nacido
de ningún vientre humano
que la que tengo yo...
CALAVERA 5ª: La de mi hermano
sin disputa tendría
en la calavería
in rectum el lugar más preferente,
si nunca hubiera yo sido viviente.
CALAVERA 6ª: Pues mientes tú también, ¡voto a Caifás!
CALAVERA 5ª: ¿Cómo es eso de mientes?
CALAVERA 6ª: Mentirás
mil veces si dijeres
que la archicalavera del mundo eres,
habiendo tantas y tan exquisitas
con cuernos, con sorongos,(2) peloncitas,
con gorros y sombreros;
que lo digan si no, los peluqueros,
que saben bien que algunas muy peinadas
suelen hacer dos mil calaveradas.
CALAVERA 5ª: Pues todo eso es friolera,
porque yo soy la protocalavera
de cuantas tiene el mundo y ha tenido.
CALAVERA 6ª: Pues yo digo que mientes y has mentido.
CALAVERA 4ª: Y yo también lo digo.
CALAVERA 3ª: Y yo...
CALAVERA 5ª: ¡Bribones!
Habré de resolver estas cuestiones
a palos con vosotros.
CALAVERA 3ª: Eso es si nos dejáramos nosotros:
4ª. y 6ª: muera esta calavera... (Riñen)
CALAVERA 5ª: Tanta canalla de esqueleto muera.
CALAVERA 1ª: (a la 2ª.) Metamos paz entre éstos, ¿te parece?
CALAVERA 2ª: Muy bien hecho será.
CALAVERA 1ª: Pues cese, cese
esta riña insolente.
Vamos, señores, ¿qué dirá la gente
al ver tan empeñada
la ira de tanta calavera honrada?
CALAVERA 2ª: Valgan nuestros respetos
para moveros, nobles esqueletos,
a que haciendo lugar a la prudencia
a cuestión se reduzca la pendencia,
que sólo un necio o un tirano fiero
disputa sin razón con el acero.
Y así, ¡vamos, ya está...!
CALAVERA 5ª: Todo ha cesado
por mi parte, después que lo han rogado
con razones tan justas y bisoñas
vuestras nobles ilustres carantoñas.
CALAVERA 2ª: Yo lo agradezco.
CALAVERA 1ª: Y yo.
CALAVERA 5ª: Mas es preciso
que, supuesto que se hizo
condicional la paz a vuestro ruego,
la condición se cumpla luego luego.
CALAVERA 3ª y 4ª: ¿Cuál es la condición?
CALAVERA 2ª: Que se discuta
en juiciosa disputa
por una y otra parte
con talento y con arte,
con juiciosas razones,
sin bulla, gritos, pleitos ni pasiones,
so cargo de conciencia,
quién merece el lugar de preferencia
entre las calaveras aquí estantes;
qué réplicas serán y sustentantes;
y después que concluya el argumento,
con escrúpulos y tiento
se tomarán los votos
y se dará el lugar sin alborotos
a la que le tocare por derecho.
Después que todo esté hecho,
mandará lo que quiera
la nuestra soberana Calavera,
a quien desde ahora la obediencia damos.
¿Qué decís? ¿Lo juramos?
TODAS: Lo juramos.
CALAVERA 2ª: Ya no hay lugar a queja ni rencilla.
CALAVERA 1ª: Pues cada cual tomemos nuestra silla
y con música empiece nuestro examen.
CALAVERA 3ª: Perdona, hermana, mira que es vejamen,
pues la disputa sólo se provoca
no en razón de virtud.
CALAVERA 1ª: Bien dices: toca.
[TODAS]: Atención, que disputan
las calaveras
quien por mala merece
la preferencia.
Atención presten
las hermanas mironas
que nos atienden.
CALAVERA 1ª: (En pie) Yo, que vine la primera,
para no perder el tiempo
con discursos que molestan,
con arengas que no entiendo,
noble auditorio, diré
lo que me esté más a cuento
para lograr del certamen
el voto que me deseo.
El mundo me llama madre
de familias, porque tengo
dos hijas dizque doncellas
y un mancebito soltero.
De éste nada esperen diga,
porque con él no me meto.
Jamás le voy a la mano;
cosa alguna le reprehendo;
o bien no venga a comer,
o se desvele en el juego,
o le empeñe a sus hermanas
tal vez algún aderezo
para obsequiar la mocita
a quien sirve de cortejo;
o bien venga del café
o de los billares ebrio,
o que jamás oiga misa,
o que nunca vaya al templo,
o que disipe lo poco
que ha heredado de su abuelo,
sin dedicarse jamás
a oficio, estudio ni empleo,
sin hacer caso de mí
ni yo de él ningún aprecio,
porque al fin es joven rico
y es fuerza dé tiempo al tiempo.
De mis hijitas diré
que son como yo las quiero,
y que saben con primor
el arte que las enseño.
Son curras de las del día
y visten con tal gracejo,
que nadie puede dudar
que son hermosos sus pechos.
Las malas lenguas me dicen
que son necias en extremo
y no saben hablar más
que de modas y cortejos.
Dizque vírgenes no son
ni mártires... No lo creo,
pues harto las martirizan
los sastres y peluqueros.
Cuando bailan, lucir saben
de la pierna lo bien hecho.
Son más hábiles que yo
pues embaucan a un tiempo,
con la finura mayor,
a diez o doce mozuelos.
Yo en la vida las evito
las tertulias, ni paseos
ni los bailes, ni visitas,
ni el lujo ni el galanteo.
Por todo lo cual parece
que el premio yo lo merezco,
pues no solamente soy
calavera, sino quiero
que mi familia lo sea,
pues con mi consentimiento
haré que mi descendencia
sea raza de calavatruenos.
CORO 1: Bien merece sin duda
la preferencia
entre cabezas malas
madre tan buena.
Désele el premio.
y el grado con la borla
de un buen plumero.
CORO 2: No se le dé, no, el premio,
hasta que todos
sus méritos no aleguen
y oigan los votos,
porque es preciso
el que alegue cada uno
todos sus vicios.
CALAVERA 2ª: Con ese seguro, yo
voy a decir mis servicios,
por si merecen, señores,
lugar en vuestros oídos.
Soy un escribano, pues,
que el vulgo llama maldito,
porque jamás he usado
con conciencia de mi oficio.
Siempre procuro adular
ya a este juez, ya aquel ministro,
y según su inclinación
son los sentimientos míos;
de manera que aunque el reo
esté de culpa más limpio
que lo está de caridad
el mismo juez vengativo,
como yo a éste le conozca
su depravado designio,
enredaré al infelice
tan cierto como hay pepinos.
Y si fuere un poco tonto,
haré diga lo que no hizo.
Diré que en mi mano está
su libertad o castigo.
Por fin, lo seduciré
hasta probarle delito,
aunque vaya a dar a Ceuta
o lo conduzca al suplicio;
el caso es que se haga el gusto
del juez que sea mi padrino.
Para esto no le valdrán
diligencias al más vivo,
pues en mudando las flojas
que digan lo que él no dijo;
como no las rubricó,
diré que lo escrito, escrito.
Esto es cuando tenga parte
el juez en su maleficio,
que sí no, yo haré muy bien
pasar por santo el delito.
Si hay monedas o si tiene
(como ya me ha sucedido)
mujer o hermana bonita
con que pague el pobrecito
las costas de su prisión,
no le pararé perjuicio.
En esto de testamentos,
hijuelas, obligaciones
o instrumentos más prolijos,
son célebres mis marañas
y mis artes peregrinos;
pues mi alma en nada la aprecio
ni en nada la ley estimo,
de suerte que, como importe
a mi bolsa o a mi apetito,
al que quiero dañar, daño,
y al que quiero servir, sirvo.
Baste ya, por si merezco
el grado yo con lo dicho.
CORO 1: Désele el premio, digo.
CORO 2: Yo digo que no
pues no se ha oído a todos
como se ofreció.
COROS 1 y 2: Sigan diciendo,
y en el turno que deban
vamos oyendo.
CALAVERA 3ª: Pues por cumplir, yo diré
que soy una casadita
con un hombre que me da
casa, vestido, comida,
gusto, placer, diversión
y, finalmente, una vida
que en la casa de mis padres
acaso no la tendría;
y con todo eso, no sé
pegársela cada día
con éste, aquél, con el otro;
de manera, que en la Villa
no tienen más que pedir
porque yo no soy mezquina.
Ustedes mismos dirán
si habrá en la calavería
quien me dispute el lugar
para la soberanía.
CORO 1: A ésta désele el premio
pues lo merece.
CORO 2: Oigamos a los otros
por si prefieren.
COROS 1 Y 2: Que en esta vida
anda el vicio en disputa
de primacía.
CALAVERA 4ª: Hablando como se debe,
yo soy un pobre marido,
bueno por pobre, y por pobre
jovial, prudente, sufrido;
de modo que, sin saber,
tengo mil amigos ricos
que obsequian a mi mujer
(que es como el diamante lindo),
y aunque es verdad que no sé
trabajar ningún oficio,
ni tengo renta ni herencia,
comercio, empleo ni destino,
está mi mujer decente
y yo, como, bebo y visto,
y aunque tiene mi mujer
seis o siete muchachitos,
yo no me atrevo a jurar
si alguno de ellos es mi hijo...
CORO 1: A éste désele el premio
sin que lo pida.
CORO 2: Oigamos la restante
calavería,
COROS 1 Y 2: Pues pueden darse
calaveras mayores
en otras clases.
CALAVERA 5ª: Yo soy, señores, un tuno
de estos que curros se llaman,
que me mantengo del juego,
del monopolio o la trampa,
y soy un bruto enjalmable
aunque con brillante enjalma.
Ni yo entiendo filosofas,
ni policas ni gramacas,
pero critico al Estado
cuando me hallo con las damas,
y digo que de insurgentes
se acabaría la raza
con que el gobierno dijera
solamente mata mata,
pues como ni he visto mundo,
ni sé yo lo que es campaña
ni he leído historias sino
Los doce pares de Francia,
me parece que en matando
a ros y a bellós, se acaba
este mal que nos apura
y se nos viene a las ancas.
CORO 1: A éste désele el premio
por majadero,
pues mayor calavera
no la tenemos.
CORO 2: No, no se lo dé,
pues premiar a
los brutos
jamás es bien.
CALAVERA 6ª: Yo soy un soldado, en fin,
que me cogieron de leva,
y si he servido, he servido
(sábelo Dios) a la fuerza.
Dos veces me he desertado,
y con ésta va tercera,
y ya de esta deserción
¡voto a Cristo, que me pesa!
porque el paisanaje, amigos,
la licencia no franquea
de robar y de matar
como yo tal vez quisiera;
y por sólo este interés
asentaré plaza a fuerza,
pues a mí la religión,
la patria, el rey ni la reina,
ni otro honor ni faramalla
en la vida me sujeta
a salir a la campaña
ni hacer cuarto en centinela,
sino el amor de la plata,
la libertad y las hembras.
Ustedes dirán si puedo
ser el mayor calavera.
CORO 1: A este désele el premio;
no faltan otros.
CORO 2: Aguárdense que falta
tomar los votos.
CORO 1 Y 2: Tómense presto,
y acábese la fiesta
con un festejo.
(Hacen que se toman los
votos, y que se ven tantos a tantos).
CALAVERA 1ª: Cinco votos ha tenido
cada uno a buen componer,
y no se puede saber
quién más calavera ha sido.
Y así dése por partido
para que ahorremos quimeras
el cantar unas boleras
por lo que me toca a mí,
pues el voto falta aquí
de infinitas calaveras.
CORO 1: Hay en el mundo muchas
calaveritas
y andan en el Portal
en estos días.
No lo dijera,
por vida de mi madre,
si no se vieran.
Se advierten calaveras
que han desertado
de las mesas de dulce
y andan paseando.
¡Qué buena venta
las dulceras tendrían
si las cogieran!
CORO 2: Hay calaveras hembras,
hay cráneos machos,
soldados calaveras,
otras paisanos.
Que en esta vida
todo juzgo se vuelve
calavería.
COROS 1 Y 2: Diré por despedida,
si lo permiten:
ya que son calaveras
no lo publiquen,
pues no es preciso
hacer, aunque sean malos,
gala del vicio.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(2) sorongos. Peinado antiguo de las mujeres a manera de chongo o algo parecido. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(3) codicilio. (Del latín codicillus, diminutivo de codex, código). Instrumento en que, antes de ser promulgado el código civil, se podían y solían hacer con menos solemnidades disposiciones de última voluntad.