EL PLEITO DE LAS CALAVERAS

 

Lunes 1° de noviembre de 1813(1)

No hay mayor calavera que la mía.

que mayor calavera no ha nacido

de ningún vientre humano

que la que tengo yo...

sin disputa tendría

en la calavería

in rectum el lugar más preferente,

si nunca hubiera yo sido viviente.

mil veces si dijeres

que la archicalavera del mundo eres,

habiendo tantas y tan exquisitas

con cuernos, con sorongos,(2) peloncitas,

con gorros y sombreros;

que lo digan si no, los peluqueros,

que saben bien que algunas muy peinadas

suelen hacer dos mil calaveradas.

porque yo soy la protocalavera

de cuantas tiene el mundo y ha tenido.

Habré de resolver estas cuestiones

a palos con vosotros.

esta riña insolente.

Vamos, señores, ¿qué dirá la gente

al ver tan empeñada

la ira de tanta calavera honrada?

para moveros, nobles esqueletos,

a que haciendo lugar a la prudencia

a cuestión se reduzca la pendencia,

que sólo un necio o un tirano fiero

disputa sin razón con el acero.

Y así, ¡vamos, ya está...!

por mi parte, después que lo han rogado

con razones tan justas y bisoñas

vuestras nobles ilustres carantoñas.

que, supuesto que se hizo

condicional la paz a vuestro ruego,

la condición se cumpla luego luego.

en juiciosa disputa

por una y otra parte

con talento y con arte,

con juiciosas razones,

sin bulla, gritos, pleitos ni pasiones,

so cargo de conciencia,

quién merece el lugar de preferencia

entre las calaveras aquí estantes;

qué réplicas serán y sustentantes;

y después que concluya el argumento,

con escrúpulos y tiento

se tomarán los votos

y se dará el lugar sin alborotos

a la que le tocare por derecho.

Después que todo esté hecho,

mandará lo que quiera

la nuestra soberana Calavera,

a quien desde ahora la obediencia damos.

¿Qué decís? ¿Lo juramos?

y con música empiece nuestro examen.

pues la disputa sólo se provoca

no en razón de virtud.

las calaveras

quien por mala merece

la preferencia.

Atención presten

las hermanas mironas

que nos atienden.

para no perder el tiempo

con discursos que molestan,

con arengas que no entiendo,

noble auditorio, diré

lo que me esté más a cuento

para lograr del certamen

el voto que me deseo.

El mundo me llama madre

de familias, porque tengo

dos hijas dizque doncellas

y un mancebito soltero.

De éste nada esperen diga,

porque con él no me meto.

Jamás le voy a la mano;

cosa alguna le reprehendo;

o bien no venga a comer,

o se desvele en el juego,

o le empeñe a sus hermanas

tal vez algún aderezo

para obsequiar la mocita

a quien sirve de cortejo;

o bien venga del café

o de los billares ebrio,

o que jamás oiga misa,

o que nunca vaya al templo,

o que disipe lo poco

que ha heredado de su abuelo,

sin dedicarse jamás

a oficio, estudio ni empleo,

sin hacer caso de mí

ni yo de él ningún aprecio,

porque al fin es joven rico

y es fuerza dé tiempo al tiempo.

De mis hijitas diré

que son como yo las quiero,

y que saben con primor

el arte que las enseño.

Son curras de las del día

y visten con tal gracejo,

que nadie puede dudar

que son hermosos sus pechos.

Las malas lenguas me dicen

que son necias en extremo

y no saben hablar más

que de modas y cortejos.

Dizque vírgenes no son

ni mártires... No lo creo,

pues harto las martirizan

los sastres y peluqueros.

Cuando bailan, lucir saben

de la pierna lo bien hecho.

Son más hábiles que yo

pues embaucan a un tiempo,

con la finura mayor,

a diez o doce mozuelos.

Yo en la vida las evito

las tertulias, ni paseos

ni los bailes, ni visitas,

ni el lujo ni el galanteo.

Por todo lo cual parece

que el premio yo lo merezco,

pues no solamente soy

calavera, sino quiero

que mi familia lo sea,

pues con mi consentimiento

haré que mi descendencia

sea raza de calavatruenos.

la preferencia

entre cabezas malas

madre tan buena.

Désele el premio.

y el grado con la borla

de un buen plumero.

hasta que todos

sus méritos no aleguen

y oigan los votos,

porque es preciso

el que alegue cada uno

todos sus vicios.

voy a decir mis servicios,

por si merecen, señores,

lugar en vuestros oídos.

Soy un escribano, pues,

que el vulgo llama maldito,

porque jamás he usado

con conciencia de mi oficio.

Siempre procuro adular

ya a este juez, ya aquel ministro,

y según su inclinación

son los sentimientos míos;

de manera que aunque el reo

esté de culpa más limpio

que lo está de caridad

el mismo juez vengativo,

como yo a éste le conozca

su depravado designio,

enredaré al infelice

tan cierto como hay pepinos.

Y si fuere un poco tonto,

haré diga lo que no hizo.

Diré que en mi mano está

su libertad o castigo.

Por fin, lo seduciré

hasta probarle delito,

aunque vaya a dar a Ceuta

o lo conduzca al suplicio;

el caso es que se haga el gusto

del juez que sea mi padrino.

Para esto no le valdrán

diligencias al más vivo,

pues en mudando las flojas

que digan lo que él no dijo;

como no las rubricó,

diré que lo escrito, escrito.

Esto es cuando tenga parte

el juez en su maleficio,

que sí no, yo haré muy bien

pasar por santo el delito.

Si hay monedas o si tiene

(como ya me ha sucedido)

mujer o hermana bonita

con que pague el pobrecito

las costas de su prisión,

no le pararé perjuicio.

En esto de testamentos,

escrituras, codicilos,(3)

hijuelas, obligaciones

o instrumentos más prolijos,

son célebres mis marañas

y mis artes peregrinos;

pues mi alma en nada la aprecio

ni en nada la ley estimo,

de suerte que, como importe

a mi bolsa o a mi apetito,

al que quiero dañar, daño,

y al que quiero servir, sirvo.

Baste ya, por si merezco

el grado yo con lo dicho.

pues no se ha oído a todos

como se ofreció.

y en el turno que deban

vamos oyendo.

que soy una casadita

con un hombre que me da

casa, vestido, comida,

gusto, placer, diversión

y, finalmente, una vida

que en la casa de mis padres

acaso no la tendría;

y con todo eso, no sé

pegársela cada día

con éste, aquél, con el otro;

de manera, que en la Villa

no tienen más que pedir

porque yo no soy mezquina.

Ustedes mismos dirán

si habrá en la calavería

quien me dispute el lugar

para la soberanía.

pues lo merece.

por si prefieren.

anda el vicio en disputa

de primacía.

yo soy un pobre marido,

bueno por pobre, y por pobre

jovial, prudente, sufrido;

de modo que, sin saber,

tengo mil amigos ricos

que obsequian a mi mujer

(que es como el diamante lindo),

y aunque es verdad que no sé

trabajar ningún oficio,

ni tengo renta ni herencia,

comercio, empleo ni destino,

está mi mujer decente

y yo, como, bebo y visto,

y aunque tiene mi mujer

seis o siete muchachitos,

yo no me atrevo a jurar

si alguno de ellos es mi hijo...

sin que lo pida.

calavería,

calaveras mayores

en otras clases.

de estos que curros se llaman,

que me mantengo del juego,

del monopolio o la trampa,

y soy un bruto enjalmable

aunque con brillante enjalma.

Ni yo entiendo filosofas,

ni policas ni gramacas,

pero critico al Estado

cuando me hallo con las damas,

y digo que de insurgentes

se acabaría la raza

con que el gobierno dijera

solamente mata mata,

pues como ni he visto mundo,

ni sé yo lo que es campaña

ni he leído historias sino

Los doce pares de Francia,

me parece que en matando

a ros y a bellós, se acaba

este mal que nos apura

y se nos viene a las ancas.

por majadero,

pues mayor calavera

no la tenemos.

pues premiar a

los brutos

jamás es bien.

que me cogieron de leva,

y si he servido, he servido

(sábelo Dios) a la fuerza.

Dos veces me he desertado,

y con ésta va tercera,

y ya de esta deserción

¡voto a Cristo, que me pesa!

porque el paisanaje, amigos,

la licencia no franquea

de robar y de matar

como yo tal vez quisiera;

y por sólo este interés

asentaré plaza a fuerza,

pues a mí la religión,

la patria, el rey ni la reina,

ni otro honor ni faramalla

en la vida me sujeta

a salir a la campaña

ni hacer cuarto en centinela,

sino el amor de la plata,

la libertad y las hembras.

Ustedes dirán si puedo

ser el mayor calavera.

no faltan otros.

tomar los votos.

y acábese la fiesta

con un festejo.

(Hacen que se toman los

votos, y que se ven tantos a tantos).

cada uno a buen componer,

y no se puede saber

quién más calavera ha sido.

Y así dése por partido

para que ahorremos quimeras

el cantar unas boleras

por lo que me toca a mí,

pues el voto falta aquí

de infinitas calaveras.

calaveritas

y andan en el Portal

en estos días.

No lo dijera,

por vida de mi madre,

si no se vieran.

Se advierten calaveras

que han desertado

de las mesas de dulce

y andan paseando.

¡Qué buena venta

las dulceras tendrían

si las cogieran!

hay cráneos machos,

soldados calaveras,

otras paisanos.

Que en esta vida

todo juzgo se vuelve

calavería.

si lo permiten:

ya que son calaveras

no lo publiquen,

pues no es preciso

hacer, aunque sean malos,

gala del vicio.

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.

(2) sorongos. Peinado antiguo de las mujeres a manera de chongo o algo parecido. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(3) codicilio. (Del latín codicillus, diminutivo de codex, código). Instrumento en que, antes de ser promulgado el código civil, se podían y solían hacer con menos solemnidades disposiciones de última voluntad.