EL PENSADOR MEXICANO A LOS ESPAÑOLES
PREOCUPADOS ENTRE LAS JUSTICIAS DE NUESTRA
CAUSA Y A LOS AMERICANOS EGOÍSTAS Y TRAIDORES
A LA PATRIA(1)

 

 

Veis aquí, españoles, el idioma de la razón y de la humanidad. Al primer feje del Ejército Imperial Americano le son desconocidas las frases amenazadoras: siempre sus palabras están llenas de sencillez y de virtud, y todos sus discursos no respiran sino justicia, honor y humanidad.

A la frente de un ejército numeroso y vencedor no quiere concluir su empresa con la fuerza, ni comprar la victoria a costa de la sangre de sus semejantes, sino que todo sea obra de la razón y no de las bayonetas.

Fuera de esto, ¿qué es lo que defendéis? No la religión, porque ésta juramos sostener; no al rey, porque también hemos jurado conservarle estos dominios, siempre que quiera regirlos en el trono que se le prepara; no la patria, porque, siendo nuestra, no hemos de empeñar en defenderla más que vosotros; no, finalmente, vuestras vidas y propiedades, porque hemos jurado el respetarlas, y hemos cumplido religiosamente el juramento. ¡Ojalá vuestras pequeñas divisiones respetasen a los americanos igualmente!

Con que si ni a la religión, ni al rey, ni a la patria, ni a vuestras vidas ni intereses ataca el Ejército Imperial, ¿qué es lo que defendéis?, ¿acaso será la predominación sobre los nobles hijos de este país?, ¿será en los de conquista, donaciones violentas, supuestas e ilegales, y en los de proscripción que nunca ha habido? No puede ser en otros, pero no se os oculta que esos, en los siglos de la barbarie, no fueron sino unos trampantojos que apellidaron derechos los tiranos para justificar las usurpaciones; pero en el presente, a favor de las luces y civilización de la Europa, todo publicista, todo hombre sensato declama contra ellos; y lejos de reconocerlos como derechos, los coloca en la clase de los errores que sostenían la ignorancia y hacía reverenciar la fuerza.

Si consultáis, españoles residentes en México,(2) a la razón por un momento, veréis que por una parte vuestra resistencia al Ejército Imperial es inútil y funesta a vosotros, y por otra os caracteriza de pérfidos e ingratos.

¿Con qué fuerza pensáis rechazar, no ya a veinte mil bayonetas vencedoras, sino a toda una nación que reclama con justicia su independencia? La debilidad de vuestras armas es notoria, y no gozáis opinión ninguna; luego, el oponeros a un ejército ventajoso y al voto general de la nación, no es valor, sino temeridad y desesperación inaudita.

Si entre vosotros hay algunos tan sanguinar[i]os, lo que no creemos, que aun con estos convencimientos quiera resistir hasta el último extremo y sacrificarse inútilmente con tal de atraer sobre la populosa México las desgracias y horrores de la guerra, que pesan a un tiempo sobre el soldado armado y sobre el ciudadano pacífico; si entre vosotros hay algunos, repito, de almas tan bajas que piensen de este modo, pues no saben corresponder la generosidad con que la nación trata a sus compatriotas. ¿A quién de ellos se ha perjudicado en lo más mínimo en Guanajuato,(3) Valladolid,(4) Guadalajara,(5) Querétaro,(6) Puebla(7) ni en parte alguna del reino? A nadie: todos disfrutan de su libertad y de sus bienes en la más quieta y pacífica posesión; y a los que se han decidido a favor de nuestra causa, los ha recibido el general y ha recompensado sus servicios, colmándolos de honores y distinciones.

No ignoráis cuántos militan muy gustosos bajo nuestras banderas en clase de oficial y soldados; y cuántos jefes europeos dirigen nuestras tropas; luego, el resistir en México unos pocos la entrada en paz del Ejército Imperial, y el envolver la capital en los horrores de la guerra, después de serles inútiles [sic] y funesto, no tiene con qué cohonestarse.

Y vosotros, americanos aduladores, egoístas y traidores, que a pesar de estos conocimientos aún empuñáis la espada contra vuestra patria, ¿qué disculpa alegaréis después para paliar vuestra vileza?

Sé que sois pocos, pero no debíais ser ningunos. Cuando mil europeos conocen nuestra justicia y la defienden, ¿aún hay criollos viles que se oponen con las armas a la felicidad de sus hermanos? ¡Qué ruindad!, ¡qué confusión!, ¡qué vergüenza!

¿Y querréis después aparentar amor a vuestra patria?, ¿querréis figurar entre los independientes y obtener empleos que pertenecen en justicia a los honrados...? Apartaos, almas negras, criollos viles y desnaturalizados; escondeos en los más lóbregos rincones de este reino, si no queréis ser la befa y la abominación de los buenos.

Pero aún es tiempo de que unos os despreocupéis, y de que otros detestéis vuestra conducta. En los españoles necios puede tener lugar una disculpa frívola; pero en los americanos traidores a la patria no hay pretexto que los indemnice. Aquéllos, por fin, no disputan su libertad, su independencia ni su suelo: pretende dominarnos contra todo derecho y continuar siendo árbitros del comercio y de los primeros empleos del reino. Esta pretensión es injusta, bien lo sabemos; pero, a lo último, ellos han sacado partido de ella, y lo seguirían sacando si pudieran; mas los americanos, para quienes es infinitamente benéfica la Independencia, pues con ella consiguen de una vez su verdadera libertad civil, la posesión cabal de sus riquezas y la felicidad de su patria, ¿qué es lo que disputan o defienden? No otra cosa que perpetuar su esclavitud, su miseria, la de sus hijos y la de su desgraciada patria; tanto más infeliz, cuanto que abriga en sus seno unos hijos los más viles, desagradecidos traidores, cuyos nombres merecen nombrarse con la más justa indignación.

¡Ojalá dispertéis(8) los fascinados, y, uniendo vuestros votos al de la nación vencedora, libréis a la gran Tenoxtitlán de los horrores que la amenazan, y con el Ejército Imperial entonéis mil himnos al Dios de Sabahot, disfrutéis la paz que a todos desea vuestro hermano y amigo.


J[osé] Joaquín Fernández de Lizardi.

 

Tepotzotlán,(9) agosto de 1821.

 


(1) Tepotzotlán, Imprenta Portátil del Ejército Trigarante, 1821. Al frente de este folleto venía una proclama de Iturbide, publicada en Puebla, Imprenta Liberal de Troncoso Hermanos, 1821. 1 hoja. Es la siguiente: "El primer jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías a los habitantes de Puebla: La capitulación celebrada por esa plaza el día de ayer, más que de la necesidad y de la fuerza, es obra de la justicia y de la humanidad. La guarnición cuenta con jefes, oficiales y soldados amaestrados en la escuela de la disciplina y del valor; y aunque sin esperanzas de auxilios exteriores, podrían haberse sostenido algunos días al abrigo de sus fortificaciones. Mas considerando que su resistencia no produciría otro efecto que el de hacer costosa nuestra victoria, cedieron en ahorro de sangre y desgracia a las voces de la razón. Estoy altamente satisfecho, y muy pagado de esta conducta filantrópica ajustada con exactitud al derecho de la guerra, o sea del honor bien entendido. Militares despreocupados: el sistema liberal adoptado en los momentos críticos de nuestra política regeneración, me permite la feliz libertad de aplaudir en público vuestras virtudes. Vuestro ejemplo merece las mayores alabanzas, y él solo basta para condenar la obstinación tan cruel como infructuosa de los pocos que aún intentan contrariar nuestras miras de independencia. Habéis tomado ya vuestra resolución; pero tened por cierto que el gobierno nacional os franqueará en todo tiempo la más benigna acogida; os recibirá cual hijos predilectos de la patria; protegerá vuestras personas, familias y propiedades, y os abrirá la carrera del mérito para que aspiréis al premio de vuestros servicios. Poblanos: vuestros sentimientos se hallan en perfecta consonancia con los míos. La naturaleza los inspira, la religión los reclama, y vuestra dulzura y sensibilidad genial los justifican. Acreditad estos nobles afectos, apreciando a cada individuo de esa tropa, como a un hermano y al mejor de vuestros amigos. Cholula, julio 29 de 1821. Iturbide."

(2) "Es difícil llegar a establecer con la exactitud requerida la población europea [española] que habitaba en México durante las primeras tres décadas del siglo XIX. Los estudios publicados sobre este tema no han esclarecido las dudas existentes. Se hace necesario determinar la cantidad de españoles que vivían en México en este período por el lugar tan prominente que ocupaban en la sociedad, la economía y la política. La población total del virreinato de la Nueva España se calculó en 4 483 680 habitantes, según el censo ordenado en 1793 por Juan Vicente Güemes de Pacheco, segundo conde de Revillagigedo. Diez años más tarde, Alejandro de Humboldt la estimaría en 5 764 731 habitantes. Cuando los españoles encarcelaron al virrey José de Iturrigaray, Humboldt tenía por muy probable que la población fuera superior a 6 500 000 habitantes. Al estallar la guerra de independencia, Fernando Navarro y Noriega, en su Memoria sobre población, hacía un cálculo de 6 122 354 habitantes. Juan López Cancelada, en su Ruina de la Nueva España, nos dice que aunque la población no se sabía con exactitud, algunos padrones habían subido hasta 5 990 000 individuos y la 'opinión general y más probable' daba un promedio de seis millones de habitantes. Si dividimos la población de acuerdo con su origen, europeos, criollos, indios y castas, nos encontramos con una porción española que Humboldt suponía era de 75 000; un millón de criollos; 2.3 millones de indios, y la misma cantidad aproximadamente de castas. Según cálculos de este mismo autor, la capital del virreinato albergaba a un poco más de 106 000 moradores. Entre ellos había 2 118 españoles y 217 españolas; 21 338 criollos y 29 033 criollas; 11 232 indios y 14 371 indias; 2 598 mulatos y 4 136 mulatas. El resto no calificado era de 7 832 hombres y 11 525 mujeres [...]. Al iniciarse el primer gobierno independiente, Tadeo Ortiz de Ayala calculaba que la población de México ascendía a 9 940 000 habitantes, incluyendo la población de Guatemala que él mismo estimaba en un millón y medio. Las cifras expresadas en los párrafos anteriores, a pesar de su indiscutible importancia, deben ser consideradas con reserva. Sus autores basaron los cálculos en el censo de Revillagigedo que, aunque fue uno de los mejores tomados de su época, adolecía de serias deficiencias." Romeo Flores Caballero, La contrarrevolución en la independencia. Los españoles en la vida política, social y económica de México (1804-1838), 2ª ed., México, El Colegio de México, 1973, pp. 1-2.

(3) Guanajuato. Cf. nota 8 a Quien mal pleito tiene...

(4) Valladolid. Hoy Morelia, capital del estado de Michoacán; en 1828 tomó este nombre, en recuerdo de haber nacido ahí José Mª Morelos y Pavón.

(5) Guadalajara. Cf. nota 2 a Quien mal pleito tiene...

(6) Querétaro. Estado de la República Mexicana. Sus límites son: al norte, San Luis Potosí; al sur, Michoacán y el Estado de México; al este, Hidalgo; al oeste, Guanajuato. Su capital lleva el mismo nombre.

(7) Puebla. Cf. nota 10 a Quien mal pleito tiene...

(8) dispertar. Forma antigua de despertar.

(9) Tepotzotlán. Cf. nota 7 de A las valientes tropas...