Compatriotas: hay entre vosotros muchos sabios; pero también hay otros que, preocupados con opiniones religiosas que ni entienden ni distinguen, se hallan escandalizados al ver que no he pedido la absolución después de cinco meses que se fulminó la censura contra mí;(2) pero esta resistencia no ha sido por falta de religión, ni de sumisión a la santa Iglesia, a quien venero mucho, sino porque gracias a Dios no soy muy tonto, y no creo que estoy excomulgado sólo porque lo dijo el padre.
Para dar al público una completa satisfacción de esta verdad, con fecha de hoy, verá un papel mío titulado: Carta cuarta de El Pensador al Papista, y quinto ocurso al Soberano Congreso.(3) En ella cito y emplazo al papa y a cuantos quieran comprar la demanda, a un acto público en la Universidad, en el que de[fen]deré estas dos conclusiones:
Primera: la censura es injusta por no haber recaído sobre delito.
Segunda: es ilegal, por haber traspasado en su fulminación los trámites prescritos por la Iglesia.
Mi dicha Carta contiene noticias eruditas a mi favor, que nunca hubiera yo escrito, ni nada de lo que ha visto el público de México en mis Cartas anteriores,(4) si no me hubieran inferido tamaño agravio con esta injusta excomunión. Por tanto, yo quiero o triunfar con honor, o ser convencido con ventajas de mi conciencia. De una de dos maneras satisfaré a los preocupados: o con mi docilidad o mi triunfo.
Nadie crea que desafío al clero mexicano. Éste contiene muy muchos sabios, literatos y despreocupados que son de mi opinión. Desafío, pues, al Papista,(5) a mis excomulgadores(6) y a cuantos a mis espaldas arguyen que mi excomunión es justa. Hablen ahora, convénzanme estos señores(7) en público, y les agradeceré [que] me desengañen.
Honor suyo es admitir este duelo literario. La ventaja está por su parte. Ellos son muchos, yo uno; ellos sabios, yo ignorante; con que si no admiten el acto, será porque conocen que no está la justicia por su parte.
José Joaquín Fernández de Lizardi
México, 14 de agosto de 1822.
(1) México, s/edit., 1822. Dice en el pie de imprenta: "Se hallará mi Carta cuarta [el papel está mutilado] y en el Portal en los puestos públicos de papeles; su precio: dos y medio reales."
(2) "Entre los numerosos folletos que publicó Fernández de Lizardi, el día 13 de 1822 apareció uno intitulado Defensa de los francmasones, o sean observaciones críticas sobre una de las Bulas de los SS. Clemente XII y Benedicto XIV. Circuló desde ese día el folleto, si se quiere hasta inadvertido; pero el 20, cierto fraile carmelita predicó en la Catedral un sermón terrible, sobre dicho impreso, asegurando que contenía muchos conceptos heréticos, y exhortando al cabildo eclesiástico que usara contra su autor de las armas de que disponía la Iglesia para faltas semejantes. 'En el mismo día 20, dice el Pensador, se reunió la arbitraria e ilegal junta de censura eclesiástica. Llámola así, porque tal instituto, opuesto al sistema de libertad, fomento de las disensiones entre las autoridades civiles y eclesiásticas, y espantajo terrible de los escritores, tuvo su origen por la simple voluntad del arzobispo de Toledo' [líneas de la Exposición del ciudadano don José Joaquín Fernández de Lizardi; cf. nota 11 a Lo que escribe...]. Dicha junta calificó al folleto del Pensador, de 'erróneo, sospechoso de herejía, escandaloso, ofensivo de oídos piadosos, temerario, injurioso a las autoridades tanto civiles como eclesiásticas del Estado, y también fautor del cisma y del indiferentismo sobre religiones o sectas' [la "Calificación" de la Junta fue publicada por Lizardi en su Exposición ...]. Fruto de este torpe y ridículo dictamen, fue la excomunión dictada por el previsor Flores Alatorre contra elPensador. He aquí la copia de uno de los disparatados cartelones que se fijaron públicamente en las iglesias: 'Nos el Dr. D. Félix Flores Alatorre, canónigo doctoral de esta Santa Iglesia Catedral, provisor y vicario general de este arzobispado por el Ilmo. Sr. Dr. D. Pedro José de Fonte dignísimo arzobispo de esta diócesis, etc., etc. Tengan por público excomulgado a Joaquín Fernández de Lizardi, conocido por el Pensador Mexicano, como autor del papel titulado Defensa de los Francmasones, y que en su escrito notoriamente auxilia, favorece, propaga y fomenta cuanto la Silla apostólica condenó y prohibió bajo la pena expresa de excomunión ipso facto, absque ulla declaratione incurrenda, etc.' [Lizardi también incluyó esta copia en suExposición ... ]. Viéndose anatematizado el Pensador, se defendió por medio de escritos que revelan su estilo chispeante, y que se encuentran fundados en sólidos principios [además de la citada Exposición, hay que agregar: Demostración de la justicia de El Pensador Mexicano en el Ocurso tercero que dirigió al Soberano Congreso e123 de marzo del año de 1822. Alegando una reciente ejecutoria sobre que el conocimiento del delito de masonería no pertenece a la jurisdicción eclesiástica sino exclusivamente a la civil, México, impresa en la Oficina de Betancourt, 11 pp.]. Entonces fue cuando publicó su Segunda defensa de los francmasones, y sus brillantes Cartas al Papista [Primera, Segunda y Tercera, cf. nota 11 a Lo que escribe...], de las cuales la mejor es sin duda la Carta cuarta ... Además de esto, interpuso el recurso de fuerza ante la autoridad territorial, y elevó cinco ocursos al Congreso, para que se le mandara levantar la censura por el término legal, y se le nombrara un abogado que lo representase, pues todos a los que había ocurrido con este objeto, se habían negado a defenderlo. Pero a pesar de estas diligencias, no logró conseguir nada que lo libertase de la dificilísima situación en que lo habían colocado sus enemigos, por cuyo motivo, después de haber arrostrado con energía, cerca de dos años, tantas tropelías e injusticias, y de haber tenido que huir de la ciudad de México, porque lo perseguía con afán la condesa de la Cortina, 'a fines de 1823 ─dice uno de sus biógrafos─ en un escrito presentado ante la autoridad eclesiástica, renunció y desistió del recurso de fuerza y pidió la absolución, la que se le concedió en decreto de 29 de diciembre del mismo año de 1823, y estos documentos se imprimieron para darles publicidad en el número 269 del periódico titulado Águila Mexicana, de 8 de enero de 1824." Luis González Obregón, Novelistas mexicanos. Don José Joaquín Fernández de Lizardi (El Pensador Mexicano), México, Ediciones Botas, 1938, pp. 52-54. El carmelita que predicó contra Lizardi el Miércoles de Ceniza de 1822 era fray José Acal.
(3) Carta cuarta de El Pensador al Papista, y quinto ocurso al Soberano Congreso,México, s/edit., 1822, 18 pp. González Obregón asienta que fue publicado en la Oficina del Autor, Novelistas mexicanos, op cit.,p. 125.
(4) Cartas de El Pensador al Papista. Cf. nota 11 a Lo que escribe...
(5) El Papista. Seudónimo de Juan Bautista Díaz Calvillo (Ma. del Carmen Ruiz Castañeda y Sergio Márquez Acevedo, Catálogo de seudónimos, anagramas, iniciales y otros alias..., op. cit., pp. 67 y 189). Sabemos que Díaz Calvillo era orador sagrado; fue presbítero del Oratorio de San Felipe Neri, del cual llegó a ser director; también fue doctor de teología en la Universidad. Publicó un Sermón a la Virgen de los Remedios por la victoria del Monte de las Cruces (1811), y un Discurso sobre los males que puede causar la desunión entre españoles y americanos (1810).
(6) Por la Calificación que se hizo a la Defensa de los francmasones escrita por Lizardi, nos enteramos de quiénes fueron sus excomulgadores: "El infrascrito, secretario de la Junta Eclesiástica de Censura de este Arzobispado, certifico en debida forma, que en sesión celebrada en esta día [20 de febrero de 1822], a que concurrieron los señores: doctor don Félix Flores Alatorre, provisor y vicario general de este Arzobispado, presidente; doctor don José Nicolás Maniau y Torquemada, canónigo lectoral; doctor don José Miguel Guridi y Alcocer, canónigo magistral; doctor don Pedro González, prebendado racionero de esta metropolitana; doctor don Agustín de Iglesias, cura más antiguo del Sagrario de esta santa iglesia; doctor don Antonio Cabeza de Vaca, cura de la parroquia de San Miguel; doctor don Juan Policarpo Amesua, que lo es de San Sebastián; reverendo padre doctor don Juan Díaz Calvillo, presbítero del Oratorio de San Felipe Neri; y muy reverendo padre doctor y ministro fray Manuel Mercadillo, del Orden de Nuestra Señora de la Merced; y doctor fray Buenaventura Homedes, del de San Francisco." Dicha Calificación fue incluída y publicada por Fernández de Lizardi en su Exposición del ciudadano...
(7) José Nicolás Maniau y Torquemada (1775-?). Orador sagrado, doctor en teología por la Universidad, juez eclesiástico de Chilapa, canónigo de la Catedral de Puebla y después de la de México; publicó una Oración fúnebre del señor don Ignacio Paz y Tagle, en 1829. José Miguel Guridi y Alcocer (1763-1828). Sacerdote y escritor mexicano que fue diputado a las Cortes españolas, integrante de la Junta Provisional Gubernativa, miembro del Primer Congreso, diputado de la Junta Nacional Instituyente y diputado al Segundo Congreso Constituyente. También fue provisor y vicario general del Arzobispado, además de cura del Sagrario. Entre otras obras escribió: Representación de la diputación americana sobre las convulsiones de la América (1812), Poesías líricas y dramáticas, Apología de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe (1820), y una larga y extraña relación de su vida, que apareció en 1906 con el título de Apuntes de la vida de José Miguel Guridi y Alcocer formados por él mismo a fines del año de 1801 y principios del siguiente de 1802, publicados por Luis García Pimentel. Agustín Iglesias fue electo, en 1816, para rector de la Real y Pontificia Universidad de México, en sustitución del doctor Isidro Ignacio Icaza. Manuel Mercadillo (¿-1815). "El Dr. y maestro Fr. Manuel Mercadillo nació en México. En 1784 tomó beca de seminarista en San Ildefonso, y, concluidos casi sus estudios, el hábito de la Merced en el convento capitular de la Provincia de la Visitación; fue presentado y maestro por su Orden; maestro en artes, doctor teólogo y catedrático de filosofía en la Universidad; en su Provincia, comendador de varios conventos y dos veces provincial; en la curia eclesiástica arzobispal, sinodal para órdenes y licencias y para oposiciones de curatos." Antología del centenario, Primera parte, op. cit., t. II, p. 882.