EL PENSADOR A LAS VALIENTES DIVISIONES
DE LOS SEÑORES BUSTAMANTE Y QUINTANAR(1)
¿Conque es preciso, jefes ilustres, oficiales benémeritos, soldados bravos y constantes... conque es preciso, digo, que el honor brille y la virtud reluzca sobre la envidia de los malos? Sí, la virtud sobresale y alguna vez los hombres la respetan, aunque se empeñe en confundirla la perversidad de los inicuos y la lima sorda del tiempo que borra los hechos heroicos de los grandes hombres que ve el mundo.
Si esto sucede cuando la ingratitud, la malicia o el tiempo conspiran en obscurecer la virtud, ¿cómo relucirá ésta cuando el patriotismo y el amor desean ennoblecerla y publicarla?
Tal es, campeones valerosos, vuestra suerte. Gracias sean dadas a todo el Ejército Imperial(2) que, ofreciendo ejemplos de valor, de sufrimiento y de constancia, se ha hecho digno de las más imparciales alabanzas.
Tribútenlas enhorabuena a todas las dignas divisiones del Ejército Trigarante, mientras mi mal cortada pluma se ocupa en perpetuar la memoria de las virtudes militares de las heroicas divisiones 6 y 12, como que fui testigo ocular de ellas.(3)
Sí, jefes beneméritos, oficiales impávidos, soldados valientísimos, desde el 20 de julio tuve el honor de acompañaros, y desde entonces observé bien de cerca vuestra brillante y acrisolada conducta.
Yo mismo vi unos jefes que, reuniendo el valor y la prudencia, la disciplina y la afabilidad, se hacían obedecer y respetar más por su buen ejemplo y por su agrado que por el orgullo y altanería, de que estaban siempre muy distantes.
Yo vi unos oficiales que, celosos del cumplimiento de sus deberes, no perdían ocasión de acreditar su honor y patriotismo; y vi, por fin, una tropa que en otro tiempo pudiera haber sido la emulación de las célebres legiones romanas. ¡Qué subordinación a los jefes!, ¡qué valor en la campaña!, ¡qué moderación en los poblados, y qué cúmulo de virtudes no se advertían, soldados, en vosotros!
Por los pueblos por donde transitabais nunca quedaron estampadas las huellas del horror, de la desolación ni del pillaje.
Habéis luchado no sólo con los enemigos armados, sino con las injurias de los tiempos, con la diversidad de los climas y con las necesidades rigorosas, sin que se os advirtiera la más mínima señal de descontentos.
Más bravos que los antiguos espartanos, os admiraba yo cuando os veía salir alegres y risueños a presentar vuestros heroicos pechos a las balas, después de haber hecho frente a la intemperie, a la hambre, a la miseria.
¡Cuántas veces las lágrimas de la ternura saltaron a mis ojos, viéndoos con el fusil al hombro y el correaje sobre vuestra desnuda piel, haciendo centinela en una cortadura, debajo de unos fuertes aguaceros, a media noche, crujiendo el aire frío y sin tener dónde poner vuestros desnudos pies porque estabais parados en el fango! ¡Cuántas veces, por la dificultad de conducir dinero, faltaba éste en las tesorerías y carecíais de socorro cuatro, seis y ocho días, sin que se oyera una queja ni una murmuración de vuestras bocas!
Y esto ¿cuándo? Puntualmente cuando el gobierno de México pagaba u ofrecía pagar vuestra deserción a veinte pesos.
En esta ocasión se os leyó una proclama enérgica de vuestros jefes, advirtiéndoos la oferta del gobierno, exhortándoos a continuar la carrera con el honor comenzado, y franqueando la licencia al que estuviera descontento;(4) pero ¡con qué noble entusiasmo no despreciasteis las seductoras ofertas, inundando el aire vuestros vivas y aclamaciones tributados a la patria, a la libertad e independencia!
Pero lo que más exalta vuestro heroísmo es el denuedo y el valor que manifestáis al tiempo de la guerra. Testigos sean las Lomas de San Antonio y San Miguel, en las inmediaciones de Tepotzotlán,(5) y los callejones y plazas de Azcapo[t]zalco(6) y Tacuba.(7)
En las primeras os presentasteis impávidos el 22 de julio, y sólo vuestra serenidad con que recibisteis los tiros de la artillería enemiga, sin perder un palmo de terreno, sin acometer, aunque lo deseabais, por falta de orden superior, y el estallido de algunos cuantos cañonazos, impuso al enemigo de manera que al momento emprendió su retirada a vuestra vista.
En los segundos es bien pública la desventaja con que, en un terreno impracticable, en una noche lóbrega y lloviosa, rechazasteis al enemigo, causándole una muy grave pérdida a costa de vuestra noble sangre, con la que sellasteis en tan gloriosa acción el juramento santo que tenéis hecho de defender a vuestra patria. Cualquiera de las valientes divisiones que componen nuestro imperial ejército, habría desempeñado, a la par de vosotros, tal acción y habría logrado iguales triunfos; mas la suerte os destinó a vosotros para recoger esos laureles el 19 de agosto a las puertas mismas de la capital del opulento imperio mexicano.(8)
Gloriaos, pues, jefes ilustres, soldados valerosos: gloriaos por la parte que habéis tenido en la libertad de vuestra patria, y endúlceos las amarguras pasadas la grata memoria que hará de ellas y de vuestro mérito la posteridad siempre justa y agradecida.
Sí, ella, reconocida, leerá con admiración que el grande, el inmortal Iturbide la desató las pesadas cadenas que la habrían abrumado tantos años, acompañado de los insignes Guerreros,(9) Bustamantes,(10) Quintanares,(11) Negretes,(12)Chávarris,(13) Victorias,(14) Filisolas(15) y demás héroes que han contribuido a nuestra libertad. De generación en generación pasarán vuestros nombres inmortales, y el tiempo, que todo lo destruye, realzará vuestro mérito en las páginas de la historia.
Todo lo merecéis, héroes valientes: proseguid la carrera comenzada, sin fatigaros en trabajar por la prosperidad de vuestra patria. De esta manera atraeréis sobre vosotros las bendiciones de Dios, y el eterno aprecio y gratitud de vuestros amantes compatriotas.
México, octubre 7 de 1821.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi).
(1) México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1821.
(2) Ejército Imperial Mexicano de las Tres Garantías. Cf. a nota 2 de A las valientes tropas...
(3) Se ha especulado mucho sobre el desempeño militar de Fernández de Lizardi. Consideramos importante citar a los biógrafos que se han ocupado de esta etapa de su vida: Luis González Obregón en Novelistas mexicanos. Don José Joaquín Fernández de Lizardi..., op. cit., p. 27; Raúl E. Puga en "El Pensador Mexicano y Morelos. Don Joaquín Fernández de Lizardi sí tomó las armas en 1811 para combatir a los realistas: histórica entrevista en Taxco con Morelos", enNovedades (15 sept., 1960), p. 9; y Felipe Reyes Palacios en su "Prólogo" a Obras VIII, op. cit., p. XXVII, y en la nota b al cap. XII, t. II de El Periquillo Sarniento (Obras VIII, op. cit., p. 421).
(4) Después de la proclamación de Independencia hecha por Iturbide, el gobierno español tomó algunas medidas para sofocar la insurrección. Una de las medidas políticas adoptadas era la de ofrecer un olvido general a los jefes, oficiales y tropa que tomaron las armas con Iturbide, a condición de que se presentasen a cualquier oficial del ejército al mando de Pascual de Liñán. El virrey mandó que se premiara a los que así lo hiciesen, según su clase, a la vez que tal presentación sería considerada como muy honrosa.
(5) Tepotzotlán. Cf. nota 7 de A las valientes tropas...
(6) Azcapotzalco. Cf. nota 16 a Gloria al Dios de los ejércitos...
(7) Tacuba. Cf. nota 6 a Gloria al Dios de los ejércitos...
(8) Cf. notas 7 y 13 a Gloria al Dios de los ejércitos...
(9) Vicente Guerrero. Cf. nota 8 a Ideas políticas... 2
(10) Anastasio Bustamante. Cf. nota 5 de A las valientes tropas...
(11) Luis Quintanar. Cf. nota 4 de A las valientes tropas...
(12) Pedro Celestino Negrete. Cf. nota 7 a Ni están todos los que son...
(13) José Antonio Echávarri. Cf. nota 6 a Ni están todos los que son...
(14) Guadalupe Victoria. Cf. nota 13 a Ideas políticas... 2.
(15) Vicente Filisola. Cf. nota 12 a Ni están todos los que son...