Fábula XL
EL PALACIO DE LOS NAIPES
Cansados y prolijos
pedían a Pascual sus dos hijos
que unos naipes les diera
para hacer una casa. De manera
sus ruegos esforzaron
que por fin los naipes alcanzaron.
Luego que los hubieron,
un gran palacio hicieron
con inmenso trabajo;
pero después de todo, vino abajo
por un ligero viento,
que se los destruyó en un momento.
Los niños maldecían
al aire cuando vían
destruido por el suelo
el fruto de su afán y su desvelo.
Pero entonces Pascual, que los entiende,
su poca reflexión así reprehende:
—Este suceso, oh, hijos, os enseña
que todo el que se empeña,
por mera extravagancia,
en trabajar una obra sin substancia,
se expone inadvertido
a llorar su trabajo por perdido.
De nada sirve, pues, que la obra esté hecha,
si lánguida o inútil no aprovecha.
Cuando yo leo mis fábulas despacio
temo corran la suerte del palacio.
