CATUL
La tengo aquí, señor, en el bolsillo.
ENRIQUE
[A JACOBO,
aparte] Vea usted, ¡qué perro negro! Que lo maten.
[A CATUL] Abre, que puede ser algún amigo.
CATUL
¿Quién es?
VICENTE
[Adentro] Yo soy Vicente de la Peña.
CATUL
Señora, el mayordomo.
MARTINA
Sí, es el mismo.
Abre, no te detengas.
Abre CATUL la puerta con la llave que tendrá guardada, y sale VICENTE.
VICENTE
810 Soy el mismo...
Beso a ustedes las manos. Pues, señora,
me ha mandado el piloto diera aviso
a usía de que hace el tiempo favorable
y que sopla la brisa.
ENRIQUE
¿Usía la dijo?
JACOBO
Será alguna marquesa cuando menos.
Dispense usía, señora, nuestro estilo
con que la hemos tratado.
ENRIQUE
Yo ignoraba
la calidad de usía.
MARTINA
Es pleito chico;
bien me podéis tratar como quisiereis,
820 que los títulos son humos postizos.
La nobleza, señores, me parece,
consiste en la virtud y no en los brillos
que se logran a fuerza de dinero,
porque éstos son comunes al impío,
y el déspota más vil y más tirano
comprará la nobleza siendo rico,
pero el ojo del sabio ciertamente
lo verá con horror y con hastío.
JACOBO
Ésa es una verdad muy evidente.
MARTINA
830 Vete, Catul, al muelle, con permiso
del caballero Enrique. [A VICENTE] ¿Mi equipaje
está cargado ya?
VICENTE
Todo está listo.
MARTINA
Vaya usted con Catul.
ENRIQUE
Y Bunga vaya
a cardar algodón.
BUNGA
Esposo mío...
[Se acerca CATUL a BUNGA y viéndose
tiernamente, abrazan a su hijo y se
despiden de él. Música triste]
A Dios ya de una vez, pues nos separa
para siempre la suerte. A Dios, hijito...
A Dios, dulce pedazo de mi vida;
aquí murió tu madre. A Dios, hechizo;
ya no más te he de ver: dame un abrazo.
840 No llores, ¡infelice!... Pobrecito...
¡Ay, señores!..., ¿qué haré?..., no me lo lleven.
Toma, mi vida, ponte un collarcito,
que es lo único que tengo.
[Se lo quita, y se lo pone al negrito]
MARTINA
Vete al muelle
y espera con Vicente como he dicho.
CATUL
A Dios, a Dios, esposa. Yo no puedo [La abraza]
resistir mi dolor... ¡Hados impíos!
Si tantas aflicciones me combaten,
¿Para qué vivo ya?, ¿para qué existo?
[Vase con VICENTE]
BUNGA
A Dios, Catul querido, para siempre.
850 Mi muerte se aproxima; cuida a mi hijo.
[Cae desmayada al decir estas últimas palabras]
MARTINA
Retiren a esa pobre, que parece
que puede ser de riesgo su deliquio.
ENRIQUE
Sí, llévenla a su cama mientras vuelve,
que ciertamente me ha compadecido.
[La meten]
MARTINA
Si la queréis vender, que me la curen,
y si no, disponed a vuestro arbitrio
de mi inutilidad, pues nada falta
y vamos a embarcarnos ahora mismo.
ENRIQUE
Yo no quiero venderla; mas si acaso
860 agrada a usía la negra..., por serviros...
MARTINA
No, yo no tengo empeño; muchas criadas
y mejores mantengo en mi servicio.
[Aparte] Éste es un hombre malo, y si le ruego,
sin duda que a la esclava no consigo.
ENRIQUE
¿Pues qué haremos, Jacobo? ¿La vendemos?
JACOBO
[Al oído] Y breve, pues si no se va el navío.
MARTINA
Vaya, por fin resuelvan si se vende
y tratemos de ajuste.
ENRIQUE
Es que me quito
de una esclava muy útil.
MARTINA
Lo conozco;
¿y qué queréis decirme?
ENRIQUE
870 Que la estimo
en más de lo que vale
MARTINA
¿Pues a cuánto
puede llegar su precio?
ENRIQUE
Es excesivo;
ella doscientos pesos me ha costado,
pero la utilidad de que me privo
la estimo en mucho más
MARTINA
¿Cómo en qué tanto?
ENRIQUE
Como en mil pesos
MARTINA
Ponga usted el recibo,
que no es cara la cosa cuando se halla
ni tiene nuestra sangre precio digno.
JACOBO inmediatamente se acerca a la mesa y se pone a escribir el recibo
ENRIQUE
Es usía liberal.
MARTINA
Soy compasiva
880 y siempre me conmueve el afligido.
ENRIQUE
Yo no gastara tanto solamente
por hacer a los pobres beneficios.
MARTINA
Creo la verdad de usted de bueno a bueno;
no es menester se empeñe en persuadirlo;
mas yo soy al contrario; me parece
que el día que contribuyo a los alivios
de algún desventurado con mi plata,
soy la mujer más rica que ha nacido.
¿De qué sirven los bienes de fortuna
890 si con el infeliz no los partimos?
ENRIQUE
¡Oh!, nuestros herederos en tal caso
deben ser, me parece, preferidos.
MARTINA
Aun sin quitarle nada a los forzosos,
podemos disponer de nuestros quintos
en favor de los pobres; y a más de eso,
¿qué nunca ha visto usted lo que yo he visto?
ENRIQUE
¿Qué cosa puede ser?
MARTINA
Triunfar alegres
los hijos, los hermanos y sobrinos
con lo que muchos necios adquirieron
900 por medios usurarios y aun inicuos.
ENRIQUE
Mucho hay de eso, es verdad...
MARTINA
No nos cansemos;
maldito sea el dinero de los ricos,
si sólo sirve al lujo y no aprovecha
al huérfano, a la viuda y al mendigo.
Esto no es opinión, está fundado;
no menos que es de fe...
JACOBO
Ya está el recibo.
MARTINA
A ver, señor, si está como lo quiero.
[Lee]910 "Recibí de la señora doña Martina Ondonal, título
de Castilla que ignoro, la cantidad de un mil pesos,
valor de una esclava que le he vendido, llamada
Bunga. Y para que conste, lo firmo en éste: fecha,
etcétera."
Puede usted ya firmar, está muy bueno.
ENRIQUE
Con la venia de usía mientras lo firmo.
[Va ENRIQUE a firmar]
JACOBO
Bien paga usía los negros.
MARTINA
No los negros;
la libertad de un hombre y sus alivios
son los que a costa del dinero pago,
o hablando con decencia, la redimo.
ENRIQUE
Ya he firmado el recibo; ¿y la moneda?
MARTINA
[Aparte] ¡Qué villano es el hombre! Vuestro amigo
920 se dignará quizá llevarme a Bunga
al muelle donde espero, y allí mismo
entregaré sin falta, a letra vista,
toda la cantidad que he prometido;
mas se me había olvidado que me falta
que poner un papel que necesito.
JACOBO
¿Quiere usía un amanuense?
MARTINA
Lo agradezco;
no os quiero ser molesta, y es preciso
que este instrumento vaya de mi pluma.
Un rato dispensad mientras escribo.
Va a escribir, y mientras, DON ENRIQUE y JACOBO dicen:
JACOBO
930 ¿Qué le parece a usted de la española?
ENRIQUE
Es mujer de talento y de capricho.
JACOBO
¿No es harto liberal?
ENRIQUE
Sin duda alguna;
pero ésta no es virtud, son desperdicios.
Por fin el perro negro se nos marcha;
siento en mi corazón que vaya vivo.
JACOBO
Compradlo a la española.
ENRIQUE
No os parezca;
lo he llegado a pensar y lo confirmo.
JACOBO
Pero no lo matéis.
ENRIQUE
Él me ha insultado
y yo me he de vengar como lo digo
JACOBO
940 Recojamos la plata de la esclava
y veremos qué se hace.
MARTINA
Está concluido
este instrumento ya. Se llega la hora
de hacernos a la vela; me retiro
para que ustedes manden lo que gusten;
a su disposición.
ENRIQUE
Si a usía servimos,
en cualquier distancia mandar puede.
MARTINA
Muchas gracias, señores, yo lo estimo.
¿Conque espero a Jacobo?
ENRIQUE
Sí, señora;
dentro de un rato pasará conmigo.
MARTINA
Pues a Dios, caballero.
ENRIQUE
950 A Dios, madama.
[Se va DOÑA MARTINA]
¿Qué tal, Jacobo? ¡Buena venta hicimos!
Ello a mí me costó bastante susto
con el diablo del negro.
JACOBO
Sí, en un hilo
vi la vida de usted
ENRIQUE
Yo le prometo
que ha de pagar con sangre su delito.
JACOBO
Con un hecho pensado no se debe
tomar satisfacción del enemigo.
ENRIQUE
Todo bien puede ser, mas me ha agraviado
y yo me he de vengar.
JACOBO
Ya no porfío;
960 pero vamos a ver a la española,
no sea que se arrepienta en el camino
si advierte que ha ofrecido tanta plata
por una sola esclava.
ENRIQUE
Muy bien dicho.
Vamos a recibir ese dinero,
y a ver si compro al perro negro altivo.
[Vanse]
Vista de playa con mar; CATUL a un lado con el negrito, sentado en un poyo o peña, muy triste. VICENTE en pie, a su lado, le dice:
VICENTE
Aliéntate, Catul, no desesperes.
CATUL
¡Ay, infame color! ¡Ay, patrio nido!
¡Ay, infeliz Catul! ¡Ay, pobre Bunga!
Cielos crueles e injustos, ¿por qué causa
970 contra un débil mortal tantos castigos
apuráis de una vez? ¿Cuál es la culpa
con que yo os he agraviado y ofendido?
¿Qué más tienen que yo los demás hombres
para ser en un todo distinguidos?
Nada más que el color. Pues si lo negro
es mi crimen horrible y mi delito,
disculpadme siquiera, pues no pude
elegir el color con que he nacido.
¡Pero qué necio soy!, ¿por qué me quejo
980 de los dioses, que siempre son benignos?
Ellos no han decretado los pesares
que sin intermisión me han afligido;
ellos libre me criaron, aunque negro,
dotado de razón y de albedrío;
pero el blanco tirano, aprovechando
nuestra rusticidad y prevalido
de nuestra débil fuerza, nos usurpa
religión, libertad, mujeres, hijos,
haciéndonos servir como unos brutos
990 en medio de las mazas y los grillos.
¡Ah, tirano Jacobo! ¡Cruel Enrique!
¡Causas de mi desgracia y mi martirio!
¡Ay, desdichada Bunga, que te quedas
sin protección, sin hijo ni marido,
en el poder de un déspota inhumano
a ser de sus crueldades vil ludibrio!
A Dios, esposa, a Dios; ya no te puedo
sacrificar sino ansias y suspiros;
recíbelos, mi bien, y no te acuerdes
1000 de nuestro tierno amor, de aquel cariño
con que siempre te quise y tú me amaste.
No a la memoria traigas, dueño mío,
aquel afán continuo con que siempre
yo trabajé por ti, que era preciso;
pero ¡ah!, ¿cómo podrás, si yo no puedo
olvidar un instante tu amor fino,
cuando en mi patria disfrutaba alegre
mi propia libertad, cuando contigo
partía lo poco o mucho que lograba?
1010 Qué amable eras; ¡ay, Cielos compasivos!,
¡con qué terneza siempre me adoraste!,
¡me hacías el alimento con qué aliño!
Y si yo caía enfermo, ¡con qué anhelo
buscabas en las yerbas mis alivios!
Mas ya todo acabó, somos esclavos.
No tengo otro consuelo que este chico.
Infelice criatura desgraciada, [Lo abraza]
tú me harás acordar constantemente
una infeliz esposa que he perdido;
1020 y si vives y creces, ¡desdichado!,
prepárate a sufrir lo que he sufrido.
Mas ya se mira el mar; ya del océano,
esta vasta extensión que de aquí miro,
dentro de breve plazo para siempre
mi vista alejará de estos recintos.
A Dios, collados crueles; a Dios, montes;
a Dios, frondosos prados; a Dios, riscos;
a Dios, dulces arroyos; a Dios, milpas;
a Dios, que ya me voy; sed más benignos
1030 que lo son los humanos, y a mi esposa,
a esa pobre inocente a quien bien quiso
mi grato corazón, os encomiendo;
libradla de los hombres, halle asilo
en la naturaleza... Vamos, hijo.
Con la mayor violencia toma CATUL al negrito, en ademán de cargarlo e irse, y VICENTElo detiene, diciéndole:
VICENTE
¿A dónde vas, Catul? Aguarda a la ama,
que nos mandó esperar.
CATUL
Voy al navío,
para dejar de ver estos lugares,
depósitos de infamias y de vicios.
VICENTE
Dentro de un corto rato nos iremos;
1040 espera seis minutos, te suplico,
que ya la ama no tarda..., y me parece
que bajando la cuesta la diviso.
Hacen reflexión VICENTE y CATUL por el lado donde saldrá DOÑA MARTINA.
CATUL
Bajo un paragua viene, y cuatro criados
la traen acompañada con el niño.
Esta española no es mujer, es diosa;
el suspender mi marcha determino,
porque la quiero mucho y la respeto,
y a hacer siempre su gusto me dedico.
Ella con su dinero me ha comprado,
1050 pero más con sus muchos beneficios;
y éstos sí son monedas que aprisionan
la voluntad del hombre agradecido.
VICENTE
No te engañas, Catul; yo la conozco,
y mujer más piadosa nunca he visto;
mas ya llega...
Sale DOÑA MARTINA con JUANITO y las criadas; una de éstas traerá un paragua.
MARTINA
Catul, ¿y por qué lloras?
No te acobardes tanto. ¿Qué es de mi hijo?
CATUL
¿Preguntáis por el niño?¿Aquí no viene?
MARTINA
No pregunto por éste; por tu chico,
porque es mi hijo también.
CATUL
[Aparte] ¡Qué diferencias
1060 se notan cada día de rico a rico!
Besa los pies de tu ama.
Toma al negrito, haciendo se hinque a besarle los pies a MARTINA; ésta no lo consiente y lo detiene.
MARTINA
De tu madre
le dirás otra vez al pobrecito.
CATUL
¿Y mataron a Bunga?
MARTINA
¡Dios me libre
de que tal cosa hubiera sucedido!
CATUL
¿Pues dónde está, señora?
MARTINA
Con sus amos.
CATUL
¿Y nos vamos por fin?
MARTINA
Ya suena el pito
en la fragata, que es señal que todo
está para la marcha prevenido.
VICENTE
Sólo esperan a usía.
MARTINA
Ya lo comprendo;
1070 pero aguardar un poco es aún preciso,
porque tengo que hablar a un caballero,
y allí parece viene.
VICENTE
Sí, allí miro
unos cuantos señores, y sospecho
que viene una mujer; no la distingo.
MARTINA
¿Tiene usted el anteojo?
VICENTE
Sí, señora.
MARTINA
Pues démelo.
Se pone DOÑA MARTINA a observar por el mismo lado por donde salió. Juegan los dos niños.
MARTINA
Ellos son, muy bien los miro.
VICENTE
¿Y quiénes son, señora?
MARTINA
Unas visitas
que me vienen a hacer unos cumplidos
y a despedirse de Catul.
CATUL
No tengo
1080 a quien de verle aun siquiera un indicio
de una pura amistad.
MARTINA
Quizá te engañas.
VICENTE
¡Qué divertido está con el negrito
el niño don Juanito!
MARTINA
Así me gusta,
que dé su lado al pobre y no sea altivo.
VICENTE
Ya llegan los señores.
MARTINA
Yo me alegro.
Mil pesos ahora mismo necesito;
vaya usted que se traigan al instante.
VICENTE
Aquí los traigo en oro; por olvido
no los guardé en el cofre.
Salen ENRIQUE, JACOBO y BUNGA, cubierto el rostro con un lienzo.
ENRIQUE
Mi señora,
¿hemos tardado mucho?
MARTINA
1090 Corto ha sido
el rato que he esperado.
JACOBO
Ya la esclava
queda en poder de usía con el recibo. [Se lo da]
ENRIQUE
Cubierto el rostro de la esclava viene,
por dar así más gusto a su marido.
MARTINA
Pues contad el dinero.
CATUL
¡Santos cielos!
¿Qué gozo me transporta? ¿Qué latidos
el corazón me da? ¿Si por fortuna
será esta esclava Bunga?¿Si su inicuo
tirano, que aquí está, la vendería?
1100 Mas él dijo que no, y es de capricho.
¿Pero quién puede ser? Otra cualquiera,
que tiene muchas negras este impío.
¿Qué será esto?
ENRIQUE
Señora, muy completo
tenemos el importe recibido.
MARTINA
Anda, Catul, descúbreme a esa negra.
Música triste. CATUL descubre a BUNGA, y luego que la conoce, se admira, la abraza y hace las mayores demostraciones de júbilo.
CATUL
Ya obedezco, señora... Mas, ¡qué miro!
Mi bien...
BUNGA
Querido esposo.
CATUL
Prenda amada.
BUNGA
Ven a mis brazos; ven, querido hijito.
Si tu ama me ha comprado, soy dichosa.
ENRIQUE
1110 Si usía gusta, señora, le suplico,
que me venda a Catul a cualquier precio,
porque yo de este esclavo necesito.
MARTINA
¿Y para qué, señor?
ENRIQUE
Es valeroso,
y a más de eso, robusto y entendido,
y así, trabajará como ninguno
y cuidará a los otros.
MARTINA
[Aparte] Ya percibo
tus malicias, bribón; seguramente
te salieron errados tus designios.
ENRIQUE
¿Qué dice usía, señora, nos lo vende?
MARTINA
1120 Vale mucho Catul, y yo he entendido
que usted no ha de tener con qué pagarlo.
ENRIQUE
¿Pues qué tanto valdrá?
MARTINA
Si fuera mío
pudiera yo tasarlo; mas su dueño
lo quiere tanto, que sin duda afirmo
que no lo venderá por diez mil pesos.
ENRIQUE
¿Pues qué en efecto usía ya lo ha vendido?
MARTINA
No lo he vendido, no; lo he regalado.
ENRIQUE
Quizá nos fuera fácil conseguirlo,
si sabemos a quién.
MARTINA
No hay embarazo
CATUL
1130 Señora, ¿qué he pasado a otro dominio?
MARTINA
Sí has pasado, Catul.
BUNGA
¿Y yo, señora?
MARTINA
Sí, Bunga, tú también y tu negrito.
CATUL
¿Ya no somos, por fin, vuestros esclavos?
MARTINA
Ya no lo eres, ni Bunga.
CATUL
¡Ah! qué prolijo
será mi padecer, al contemplarme
bajo el yugo otra vez de algún impío.
BUNGA
¿Ya no vamos a España, señora ama?
MARTINA
Si tu dueño quisiere, no lo impido.
ENRIQUE
¿Pues qué dio usía los tres?
MARTINA
Eso es dudarlo,
1140 y yo no sé mentir en lo que digo.
Lee este papel, Catul, porque conozcas
el nuevo amo que tienes.
CATUL
¡Qué martirio
siente mi corazón, al ver que es fuerza
que mi fatal sentencia lea yo mismo!
Mas pues vos lo mandáis, os obedezco...
No quisiera..., es verdad..., mas no resisto...
[Lee] "Yo, doña Martina Ondonal, marquesa de Campo
Alegre, por la presente hago libre a Catul..."
[Representa] ¡Santos Cielos!... Ya respiro; dice así:
[Lee] 1150 "Hago libres en lo absoluto a Catul, a Bunga
su mujer, y a un hijo pequeño que tienen, pues
habiéndolos rescatado con mi dinero de la esclavitud
que padecieron, sólo por restituirlos al goce de los
derechos que la naturaleza les concede, no quiero que
se vean privados de ellos un momento, sino que desde
este instante sean libres, como es mi voluntad lo sean.
Y para que nadie pueda alegar sobre ellos derecho ni
dominio alguno por razón de esclavitud, les doy
la presente para su resguardo, firmada de mi puño, en
esta isla de Cuba, a 23 de noviembre, etcétera. La
[Transportado] 1160 Bunga...
BUNGA
Catul...
CATUL
Esposa..., ¡qué felices
han sido nuestras penas y conflictos!
Se abrazan con la mayor alegría, y hacen lo mismo con el negrito.
MARTINA
Ya ustedes saben, pues, quién es el amo
de Catul; ajustadlo con él mismo.
JACOBO
Vamos, que ha estado el chasco de los perros.
[Aparte] Yo me alegro que se evite un homicidio.
ENRIQUE
[Aparte] Diablo es esta mujer, pues ya no hay nada.
Con la venia de usía, yo me retiro.
[Se van ENRIQUE y JACOBO]
CATUL
Vamos, querida esposa, vamos todos
1170 a besarle los pies a quien nos hizo
felices para siempre.
Van a postrarse, llevando en medio al negrito de la mano, y DOÑA MARTINA lo impide.
BUNGA
Dueño nuestro...
CATUL
Ama...
BUNGA
Señora... Madre... Muy bien digo,
pues lo que vos hicisteis con nosotros
sólo una madre puede hacer con su hijo.
CATUL
Los cielos les compensen tantas gracias.
BUNGA
Los dioses paguen tantos beneficios
como nos habéis hecho...
MARTINA
¡Qué transportes
tan dulces siente el alma que un bien hizo!
Ricos, si experimentarais estos gozos,
1180 fuerais todos piadosos y benignos.
A Dios, a Dios se debe solamente
dar las gracias de todo; vamos, hijos;
si queréis embarcaros y servirme
con un salario, ya sois criados míos;
nos iremos a España; mas si acaso
aquí queréis quedaros de vecinos,
bien os podéis quedar, pues que sois libres;
y en este caso, a Dios, ya me retiro.
CATUL
¿Cómo es eso, señora, de quedarnos?
1190 Si somos vuestros criados, vuestros hijos,
y en ser vuestros esclavos siempre, siempre,
toda nuestra fortuna pronostico.
BUNGA
Vamonos, sí, señora; vamos, madre,
sin salario ni nada, te suplico;
no nos dejes, señora, no nos dejes,
ya que nos amparaste.
MARTINA
Vamos, hijos,
pidiendo al Ser Supremo nos conceda
un corazón humano y compasivo.
TELÓN
(10) marquesa de Campo Alegre. Es posible que Fernández de Lizardi inventase ese título por reminiscencia del de marqués de Prado Alegre, cuyo suntuoso palacio se alzaba —hoy sólo quedan las dos fachadas en esquina— en la céntrica calle de Plateros, en la ciudad de México.