EL NEGRO SENSIBLE(1)
SEGUNDA PARTE
ACTORES
DOÑA MARTINA, española rica, ama de
CATUL, negro, esposo de
BUNGA, negra, esclava de
ENRIQUE, amigo de
JACOBO, ingeniero
JUANITO, español, hijo de DOÑA MARTINA
Un negrito, hijo de CATUL y BUNGA
DON VICENTE, mayordomo
DOS CRIADOS
Vista de un sitio muy delicioso, lleno de árboles, fuentes, etcétera. DOÑA MARTINA, sentada en una peña con JUANITO y el negrito, hijo de CATUL .
JUANITO
¿Qué tiene usted, mamá, que tan contenta
la advierto esta mañana?
MARTINA
Hijo querido,
he hecho feliz a una familia entera:
¿no sobra causa a un justo regocijo?
A Catul liberté de las prisiones
en que lloraba su fatal destino.
A Bunga, su mujer, del mismo modo
rompí de su opresión los duros grillos,
y la alma les he vuelto cuando, libres,
10 estrechen en sus brazos a este chico.
JUANITO
¿Y por eso, mamá, tan solamente
usted está tan contenta?
MARTINA
Sí, Juanito.
Yo me contemplo una mujer felice,
y doy al Cielo gracias infinitas
porque me ha dado un genio compasivo.
Aprende desde tierno estas lecciones
y nunca las olvides, hijo mío.
En el más infeliz y desdichado,
en el más andrajoso y abatido
20 mira a tu semejante y a tu hermano,
a quien debes amar como a ti mismo.
Si Dios te diere bienes de fortuna,
no seas jamás avaro ni mezquino;
participen los pobres de tu dicha;
halle en ti protección el desvalido:
las lágrimas recoge de la viuda;
al huérfano protege y al pupilo;
sé padre de los pobres, y tu entierro
hónrenlo los leprosos y mendigos.
30 No te deslumbre el resplandor del oro;
mira que son inútiles sus brillos
si no sirven de espejo a la miseria
y sobre ella reflejan beneficios.
Eres hombre y mortal, y el desdichado
es lo mismo que tú, ya te lo he dicho;
pero aunque te lo diga muchas veces,
jamás me cansaré de repetirlo:
en su misma miseria el desgraciado
trae recomendación para que el rico
40 se compadezca de él y lo socorra,
tal vez con lo que gasta en desperdicios.
JUANITO
Mamita, y si soy pobre es imposible
que pueda yo hacer bien.
MARTINA
Te engañas, hijo;
jamás falta caudal, aun al más pobre,
para hacer a otros pobres beneficios.
Un pedazo de pan, una tortilla,
cualquier respuesta dicha con cariño,
un "perdone por Dios" en tono afable
y, en fin, todo ademán con que expresivo
50 signifiques al pobre que te dueles
de su miseria, cree que le es alivio,
pues se consuela un infeliz si advierte
que no lo tratan con desdén altivo;
y aunque no lo socorran, agradece
el no verse ultrajado con desvío.
¿Ya ves y qué barata es la moneda
con que se puede hacer un beneficio?
Conque vuelvo a decirte que no olvides
estos santos consejos, que son dignos
60 de un corazón sensible y de un cristiano,
en cuya ley amor es el principio.
Esto Dios te lo manda muchas veces;
yo como madre amante te lo digo,
y la naturaleza, siempre sabia,
jamás te faltará con sus avisos.
JUANITO
Yo lo he de hacer así, mamita mía,
y desde hoy quiero más a este negrito
sólo porque es un pobre.
[Abrázalo]
MARTINA
Dios te guarde
y te conserve un corazón benigno.
JUANITO
70 Y si usted me permite, quiero darle
una chaqueta y un pantaloncito,
porque está muy desnudo y me parece
que ha de tener el pobre mucho frío.
MARTINA
Bien se lo podrás dar llegando a casa;
y porque veas que tu intención estimo,
toma para tus dulces ese duro.
JUANITO
[Al negrito] Ahora con él, amigo, te convido.
Mire usted cómo baja la cabeza
y me quiere también el pobrecito.
[El negrito se inclina y le limpia los zapatos]
80 Mire cómo me limpia los zapatos.
MARTINA
Aprende en esto a ser agradecido:
el infeliz no tiene otro lenguaje,
pero hace cuanto pende de su arbitrio
para manifestarte que te quiere
y agradece tu obsequio prometido.
Las almas de los negros son capaces
de poseer las virtudes y los vicios
en grado superior, como los blancos,
por más que la codicia o el capricho
90 del europeo los juzgue semi-brutos;
pero éste es otro agravio conocido,
pues...
Sale JACOBO
JACOBO
Madama, ¿qué hacéis tan divertida,
o tan sola más bien, en este sitio?
MARTINA
Divertida será, pero no sola,
que estoy acompañada con mis hijos.
JACOBO
¿Qué este negro también entra en la cuenta?
MARTINA
Sí, señor, he parido este otro niño
JACOBO
¿Y lo quiere usted mucho?
MARTINA
Justamente,
¿pues no ve usted que está recién nacido?
JACOBO
¡Grandes los pare usted!
MARTINA
100 Y si pudiera...,
en todos los trapiches que aquí he visto,
¡por vida de Martina, no quedara
un infeliz esclavo del destino,
de la ambición ni la crueldad tirana
con que se miran todos oprimidos!
pues aunque consumiera en su rescate
cuantos millones la India ha producido,
les diera libertad, y de este modo
fuera madre de todos, como he dicho.
110 Anda, busca a Catul y no te tardes.
JUANITO
Ya voy, mamá; me llevaré al negrito.
[Vanse JUANITO y el negrito]
JACOBO
Está usted apasionada por los negros.
MARTINA
Siempre me ha apasionado el desvalido,
sin detenerme en ver si es negro o blanco,
si extranjero en mi país o si patricio.(2)
JACOBO
Si usted viera del negro los modales
y tratara su genio duro, altivo,
con muy pocas semanas tenía tiempo
para hacer de ellos muy distinto juicio.
MARTINA
¿Pues qué tan malos son?
JACOBO
120 El mismo diablo
es cada negro de éstos; yo que lidio
con canalla tan vil hace diez años
puedo ser de quien son un buen testigo.(3)
Siempre ha de andar sobre ellos el bejuco,
la cuarta o el chirrión. Si no hay castigo,
no haya miedo trabajen: son fatales,
flojos, perros, groseros yatrevidos;
y aun todavía no bastan los azotes;
son menester las mazas y los grillos
130 para que estén sujetos al trabajo,
porque si no, se marchan los indignos.
MARTINA
¡Válgame Dios, qué error hay en el mundo!
Como yo no sabía esto, era preciso
que les tuviera lástima a los pobres;
pero ahora que lo sé, los abomino.
JACOBO
¡Eh!... ¡Viva, viva!... ¡Bravo!... ¿No lo dije
que habíais de hacer un muy distinto juicio
de estos bergantes, luego que supierais
todas sus bribonadas?
MARTINA
Así ha sido.
140 Pero dígame usted, ¿qué tanto ganan
de jornal cada día los picarillos?
Porque según he visto, me parece
que su trabajo es duro y excesivo.
JACOBO
¿Qué más han de ganar que lo que tragan?
MARTINA
¿Y aun eso no será muy exquisito?
JACOBO
Plátanos, maíz y baca;(4) para un negro
son manjares por cierto apetecidos.
MARTINA
Y aun para usted quizá también lo fueran
si no hubiera otra cosa; pero digo,
150 ¿nada ganan, en fin, por su trabajo?
JACOBO
Nada, señora.
MARTINA
Vaya, no me admiro
de que trabajen mal, porque sin premio
¿cuál es el criado que hace buen servicio?
Para mover el corazón del hombre
el interés es un resorte fijo,
y sólo el bruto ha obrado por la fuerza,
por natural instinto o apetito.
Señale usted salario a sus sirvientes,
y los tendrá contentos y aun activos;
160 mas querer que trabajen solamente
por una ruin comida es un delirio.
JACOBO
Son esclavos, señora, y así deben
trabajar, sin más sueldo que el que he dicho.
MARTINA
Eso es querer librarse de una culpa
añadiendo en descargo otro delito.
No se paga a estos pobres su trabajo
porque fueron esclavos y vendidos;
Y aquel que los vendió ¿con qué derecho
pudo violar los más sagrados ritos
170 de la naturaleza? ¿Quién le ha dado
al blanco sobre el negro este dominio,
que se tiene abrogado injustamente
sólo por un abuso permitido?
¿No son los negros hombres como todos?
¿No nacieron dotados de albedrío?
El Cielo, que a los blancos hizo libres,
¿sólo para los negros fue mezquino?
¿Pues por qué se les trata con tal odio?
¿Por qué habemos de ser sus asesinos?
180 ¿Os admiráis , Jacobo, de que os diga
que cuantas ventas hay son homicidios?
Pues aún no dije todo lo que siento.
Es mayor crimen, sí, no me desdigo,
quitar la libertad a los humanos,
sin más razón que el interés maldito,
que quitarles la vida. ¡Cuántas veces
por librar a su patria de un tirano
han hecho de sus vidas sacrificio!,
¡y cuántas han tenido la barbarie
190 de abrasar las ciudades ellos mismos
y perecer en las voraces llamas,
antes que ser esclavos ni rendidos!
Tanto así aprecia el hombre verse libre,
que serlo quiere o busca su exterminio.
Pero ¿qué más?, si vemos que en la jaula
enmudece el alegre pajarillo,
se encrespa, se entristece, clava el pico
y muere de pesar, como quien dice:
"Si no soy libre ya, ¿para qué vivo?"
200 Considerad, Jacobo, ¡qué gran cosa
será la libertad y el albedrío
cuando un irracional morir se deja
al punto que conoce está cautivo!
Pues si un pájaro bruto tanto siente
en medio del regalo y del cariño
verse sin libertad, ¿qué harán los negros,
que son hombres al fin los pobrecitos,
cuando se ven sin ella y maltratados
por un déspota cruel, por un impío
210 que ha comprado su sangre sin derecho,
que los castiga impune sin delito,
que les usurpa su sudor y triunfa
a costa de sus ayes y suspiros?
JACOBO
¡Bueno ha estado el sermón! Yo no esperaba
en mis barbas tamaño resoplido.
MARTINA
Yo no lo digo por usted, Jacobo.
JACOBO
¡Cáspita!, ¿pues por quién?
MARTINA
Por el vecino.
JACOBO
Pues el comprar esclavos es comercio.
MARTINA
Que es comercio lo sé; pero es inicuo.
JACOBO
220 Con esa iniquidad al que los vende.
MARTINA
El que los compra tiene igual delito.
JACOBO
Si fuera así, las leyes lo prohibieran
MARTINA
En México sé ya que lo han prohibido.(5)
JACOBO
Esas leyes no rigen a nosotros.
MARTINA
Pues una ley sé yo que sí ha regido.
JACOBO
¿Y cuál es?
MARTINA
La de Dios, que nos impide
el vender y comprar lo mal habido.
JACOBO
Dejemos esta plática, madama,
que yo no he de meterme a capuchino;
230 mi plata me han costado, y que me sirvan
o por bien o por mal será preciso.
MARTINA
Dejado está por mí, pues es simpleza
el pretender majar en fierro frío;
siga cada uno la opinión que quiera,
que para mí es mejor la que yo sigo;
cualquiera ha de pensar con su cabeza,
y así, es gran necedad...
Sale JUANITO.
JUANITO
¿Mamá?
MARTINA
Juanito,
¿y qué es del muchachito?
JUANITO
Con su padre
se ha quedado, señora, quien dormido
está bajo del puente.
MARTINA
240 ¿Y está solo?
JUANITO
Sí, está solo, mamá.
MARTINA
Pues prevenido
le dejé que después de ver a Bunga
a buscarme viniera hacia este sitio
acompañado de ella.
JACOBO
Pero en vano;
¿qué va a que está ya ebrio ese maldito?
MARTINA
Yo no lo quiero creer. Vamos a verlo.
JACOBO
Vamos a ver si acierto en lo que digo.
[Vanse]
Diferente vista de bosque: junto a un árbol, durmiendo, CATUL y, abrazado de sus piernas, el negrito acostado sobre él. DOÑA MARTINA, JACOBO, y el niño por un lado, como escuchando. Música triste: piano.
MARTINA
Ya desde aquí se ve Catul durmiendo,
y acostado en sus piernas el negrito.
250 No es de ebrio la postura me parece.
¿Qué dice usted?
JACOBO
Señora, yo porfío
en que él está borracho; ¿usted permite
que haga las experiencias que imagino?
MARTINA
Haga usted lo que quiera; mas el pobre
en sueños habla; oigamos su delirio.
Música triste: piano. CATUL habla en sueños.
CATUL
¡Ay, Bunga de mi vida! ¿qué es posible
que Catul para siempre te ha perdido?
MARTINA
¡Pobre infeliz! Aún siente de su esposa
la cruel separación; ¡duro martirio!
CATUL
260 Me engañó la española; yo pensaba
que era su corazón más compasivo.
JACOBO
De vos habla, señora, en este instante.
MARTINA
Ningún agravio le he hecho al probrecito
para que así se queje.
CATUL
Me ha engañado
en burlarse de mí como imagino.
MARTINA
Despertadlo, Jacobo, despertadlo,
que ya parece agravia el honor mío,
y ni aun en sueños sufro que lo ultrajen.
Salgamos, pues, de dudas.
Llega JACOBO y, dando un puntapié al negro, le dice:
JACOBO
¡Hola, amigo!,
270 ¿hemos de estar durmiendo todo el día?
Despierta CATUL asombrado y lleno de temor, mira a JACOBO, y se pone en pie, cogiendo a su hijo de la mano. DOÑA MARTINA estará observando.
CATUL
Señor..., ¿aún sueño yo? ¡Qué es lo que miro!
JACOBO
¿Siempre has de estar durmiendo, bribonazo?,
¿no hay que hacer en la amilpa(6)o en el molino?,
¿son éstas horas de dormir, bergante?,
¿o el aguardiente ya se te ha subido?
CATUL
Aguardiente... Señor, ni lo he probado.
Venía a buscar a mi ama; en el camino
me tiré a descansar, y la fatiga
al sueño me entregó sin advertirlo.
MARTINA
[Aparte] 280 ¡Pobre infeliz! qué lástima me causa
el verte ni aun en burlas afligido.
JACOBO
¿Qué sueño ni qué droga, mentecato?
¿Qué ama ni qué amo, si eres siervo mío?
CATUL
Laespañola, señor, que me ha comprado
a mí y a mi hijo ayer...
JACOBO
¡Qué desvarío!
Ésa fue una española que a su costa
ayer un rato divertirse quiso
fingiendo te compraba.
CATUL
¡Santos Cielos!
¿Conque aquella dulzura, aquel cariño
290 que me manifestó con mil extremos
todo burla fue, todo fingido?
JACOBO
Todo, Catul.
CATUL
¡Ah, blancos inhumanos,
que aún os burláis del mísero oprimido!
¿Conque soy vuestro esclavo?
JACOBO
Como siempre
CATUL
¿Y mi hijo también lo es?
JACOBO
No, no lo es tu hijo,
porque éste ciertamente lo ha comprado
doña Martina, ayer, como te he dicho.
Él se huyó de mi casa por buscarte;
pero habiéndolo hallado ya contigo,
300 fuerza será llevarlo; tú al ingenio
ve pronto a trabajar.
Le quita JACOBO a CATUL el negrito de la mano.
CATUL
Hijo querido...
Señor, lo abrazaré por despedida...;
soy su padre..., lo adoro..., es hijo mío...
JACOBO
Dale un abrazo y márchate, que es tarde.
Corre Catul a abrazar al negrito. Música triste: piano.
CATUL
A Dios, mi bien, a Dios... A Dios, hijito...,
para siempre te pierdo...; toma un beso
por última señal de mi cariño.
Ya ni padre ni madre contar puedes;
ya huérfano los lloras siendo vivos;
310 hijo de mis entrañas, yo te estimo,
mas ya no te veré, que soy esclavo
y tú lo eres también, sin más delito
que haber nacido negro.
JACOBO
¡Eh! ¿Hasta cuándo
acabarás con tanto desatino?
Vamos, deja al muchacho, que no es tuyo
después que su valor he recibido.
¿Qué, no lo sueltas?
CATUL
¡Ay, señor, es mi hijo!
JACOBO
Pero esclavo.
CATUL
¡Oh, infeliz!... No llores,
líbrenos a los dos este cuchillo
de tanta esclavitud.
Saca CATUL un puñal, y al ir a darle al negrito, sale DOÑA MARTINA corriendo y le detiene.
MARTINA
320 Catul, detente,
que yo soy tu ama, y esto es lo fingido.
CATUL
¡Señora!
MARTINA
Sí, Catul, no desesperes.
[AJacobo] ¿Qué le parece a usted, está en su juicio
este negro sensible y desgraciado?
CATUL
¿Quién es mi amo, por fin; a quién le sirvo?
MARTINA
A mí mientras que quieras; eres libre,
es libre tu mujer y libre tu hijo.
CATUL
¿Conque el señor Jacobo yano es mi amo?
JACOBO
No, Catul, no lo soy, ya te he vendido.
CATUL
¿Y esto es burla también?
MARTINA
330 De ningún modo;
creeme, Catul, que nunca yo he mentido;
te mandé que vinieras con tu esposa
a buscarme a este sitio, y este niño
me acabó de decir que bajo el puente
(que es en este lugar) te halló dormido.
El señor don Jacobo me porfiaba
que estabas embriagado con el vino;
yo no lo quiero creer; él me propone
hacerme ver que sí, si mi permiso
340 le diere para hacer una experiencia;
yo, que de tu conducta mucho fío,
la licencia le di; mas no esperaba
que fuera la experiencia tan al vivo.
Vamos a lo que importa. ¿Qué es de Munga?
¿No dije que viniera ella contigo?
¿Me miras y suspiras?... ¿Te enterneces?
Vamos, dime, Catul, ¿qué ha sucedido?
¿No fuistes a la casa con Vicente
el mayordomo, como dejé dicho?
350 ¿Lloras?... Catul, por Dios, que no me tengas
con más dudas confusa: di, ¿qué ha habido?
CATUL
Soy infeliz señora, y esto basta;
soy a más de esto negro; bien me explico.
MARTINA
Pues si te explicas bien, yo no te entiendo.
Dime, ¿qué nueva pena o qué martirio
tu corazón aflige?, que ya sabes
que en tus desdichas tomo yo partido.
CATUL
¿Es posible, señora, que vos misma
la causa no sabéis por qué me aflijo?
MARTINA
Es posible, Catul.
CATUL
360 Pues yo pensaba...
MARTINA
¿Qué pensabas?
CATUL
Que vos...
MARTINA
¡Habrase visto!
Acaba de explicarte, no me aflijas.
¿Quieres decirme acaso que has creído
que yo la autora soy de tus pesares,
como acabaste de decir dormido?
CATUL
Sí, eso es, señora; perdonadme, os ruego;
mas me habéis engañado. Si atrevido
os parezco por esto, castigadme.
A vuestros pies un mísero afligido
370 esclavo vuestro está, mas, aunque negro,
no sé mentir, señora: soy sencillo
y digo la verdad como la siento.
MARTINA
Levántate, Catul, yo hago lo mismo:
ni mentir ni engañar he acostumbrado;
de lo que digas tú mucho me admiro;
pero di, ¿en qué consiste mi mentira?
CATUL
En que no es mi mujer la que habéis dicho.
MARTINA
¡Válgame Dios! ¿No es Munga?
CATUL
Sí, señora,
pero no es mi mujer, que yo he sabido
380 que es la infeliz esclava de un Enrique,
y como en la esperanza que me disteis
de que la había de ver salí fallido,
pensé que me engañabais solamente
(como dijo el señor) por divertiros.
MARTINA
Tu sencillez te salva y te disculpa,
mas yo nunca he engañado ni mentido.
¿Cuál es el nombre de tu esposa?
CATUL
Bunga
MARTINA
A ver, dilo otra vez, porque no he oído.
CATUL
Bunga, señora, Bunga.
MARTINA
Bien advierto
390 que la equivocación ha consistido
en que la que compré se llama Munga
y que tu esposa es Bunga.
CATUL
Sí, así ha sido.
MARTINA
¿Y usted, Jacobo, no me dijo que era
la mujer de Catul?
JACOBO
Sin advertirlo
os lo dije, señora. [Aparte] Bien lo supe,
mas no le tenía cuenta a mi bolsillo
dejarla de vender.
CATUL
El trato es nulo
y bien podéis, señora, rescindirlo,
porque tratasteis comprar a Bunga,
400 la mujer de Catul; muy otra ha sido
la que el señor os dio, luego no hay nada.
(1) Primera y segunda parte. Hecha la última por El Pensador Mexicano. México, 1825, Oficina del finado Ontiveros, 64 pp. en 8º. La primera parte es una reedición de la por entonces popular obra de Comella. En el Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología e Historia existe un manuscrito de ella, erróneamente atribuido a Fernández de Lizardi.
(2) patricio. Licencia de Fernández de Lizardi por compatriota.
(3) puedo ser de quien son un buen testigo. Licencia por "de quienes son".
(4) baca. Podrá ser una errata por baga, árbol cuya fruta se usa como alimento para el ganado, o bien por yuca, alimento de pobres en Cuba, donde El Pensador sitúa la acción.
(5) En México sé ya que lo han prohibido. La esclavitud fue abolida en México por don Miguel Hidalgo y Costilla mediante el decreto de 19 de octubre de 1810. El general Guadalupe Victoria, primer presidente de la República (1824-1829), dio forma efectiva a la abolición.
(6) amilpa. " Campos o sementeras de riego". Cf. Santamaría.