Fábula XXIV
EL MONO Y SU AMO
Vio matar pollos un día
un Mono a la cocinera,
y dijo: —¡Brava friolera!
Esto cualquiera lo haría.
A matar yo me dedico
para granjearla(1) con eso.
Dijo, y le torció el pescuezo
¿a quién? al pobre perico.
Sábelo el Amo, y al punto,
de cólera electrizado
tal vuelta al Mono le ha dado
que lo dejó por difunto.
Lástima a todos causó
del Mono la suerte impía;
¿pero quién lo metería
a hacer lo que no entendió?
Que erró el Mono no disputo,
y ha de errar siempre, a saber,
todo el que se meta a hacer
lo que no es de su instituto
(1) granjearla. Vale por "ganarme su buena voluntad". Santamaría, Dic. mej.
