Fábula XXIX

EL MONO Y EL CAZADOR

 

Un Mono cierto día

un grande calabazo

vido, y sin embarazo

corrió tras él por ver lo que tenía.

Llegó, y en el momento

que lo observó curioso,

lo oyó sonar, y ansioso

le introdujo la mano con gran tiento.

De pan duro un pedazo

encontró luego luego,

y de codicia ciego

la garra le echa reventando en gozo.

Pero todo su gusto en azar convertido

advirtió, cuando vido

salir del monte un Cazador. ¡Qué susto!

Huir quiere, pero en vano

el pobre lo intentaba,

porque el pan no soltaba,

y así se entrega por su misma mano.

El Cazador muy fresco

afianza al necio Mono,

y éste en un triste tono

le dijo: —Haces muy bien, me lo merezco.

 

Aunque no tan sereno,

¿no dirá igual vocablo

el que es presa del diablo

sólo por no querer soltar lo ajeno?