Fábula XVI

EL MÉDICO, LA ENFERMEDAD Y EL PACIENTE

 

Un Médico afamado

visitar a un Enfermo no quería,

porque desesperado

veía que la dolencia no cedía;

antes por más remedios que aplicaba,

más y más el Paciente se empeoraba.

Un día vio que el Enfermo

abrazaba a una vieja tenazmente,

y este vil estafermo,

a la vista del Médico prudente,

con insolencia y desvergüenza rara

lo besaba en los ojos y en la cara.

El Médico la dice,

de rabia lleno y de furor temblando;

—Deja, bestia infelice,

a este pobrete. Ves que está expirando.

¿Pues para qué lo acosas, condenada,

si ya no puedes conseguir de él nada?

Al oír esto, la vieja

al Médico se encara y le responde:

—Dejemos esta queja.

Tú no sabes quién soy. Bien se te esconde.

Pues soy la Tisis que curar quisieras

y ya hubieras curado si pudieras.

—¿Y por qué no? —replica

el Médico en enojo ya exaltado—.

¿Pues todo cuanto indica

naturaleza ya no le he ordenado?

La Enfermedad responde: —Sí, tú has hecho

cuanto está de tu parte y sin provecho.

Porque cuanto apetece

le dan los de su casa en el instante;

y aunque el mal lo estremece,

bebe aguardiente, come bien picante,

y de este modo, con estrecho lazo

él se abraza de mí y yo lo abrazo.

El Médico al momento

dijo al Enfermo: —Muere usted, sin duda.

¿Qué hará el medicamento

si a la naturaleza no se ayuda?


Supuesto que sin régimen ni dieta,

de nada sirve la mejor receta.