Fábula XII

EL HERRADOR Y EL ZAPATERO

 

—¡Ah, señor Herrador! —Soy Zapatero,

indecente y grosero,

tenga más cortesía.

—Señor don Herrador, para otro día.

—¿No echa de ver el mísero malcriado

que su oficio es tan vil como el mío honrado?

—Señor, en mi conciencia

no encuentro yo ninguna diferencia,

salvo sólo los nombres,

entre ser Zapatero de los hombres

o calzador de bestias. —Mentecato,

¿qué va que la nariz te desbarato?

¿Qué piensas, insolente,

que se puede con sólidas razones

ésta destruir y mil preocupaciones

que los hombres abrazan tenazmente?

—Cierto que es disparate, no replico

—respondió el Zapatero—, y calló el pico.