ACTO SEGUNDO
La misma sala, y saliendo de otra pieza HIDALGO y los capitanes.
HIDALGO: Muy buena siesta han dormido ustedes caballeros.
ALDAMA: Sí, señor cura, no ha sido mala.
HIDALGO: Sentémonos, y tomaremos chocolate(20) mientras llegan nuestros tertulianos.
[Siéntanse]
ALDAMA: Sea enhorabuena.
ABASOLO: ¿Conque usted tiene su tertulia todas las noches?
HIDALGO: Las más. La música me deleita demasiado, y aunque aquí no puede disfrutarse una excelente orquesta; sin embargo, a costa de trabajo y dinero, he conseguido poner una muy razonable, con la que les he hecho una escoleta(21) a mis inditos, que son muy aplicados; y no sólo saben ya el canto llano, sino algo de buena música; de suerte que un día de función clásica de iglesia no es desagradable en Dolores.
[Sacan chocolate y luces, y mientras lo toman sigue el diálogo]
ALDAMA: Si todos los curas tuvieran la eficacia de usted, bien pudieran tener su escoleta en todos los pueblos, y no que en los más es una irrisión una función clásica.
ABASOLO: ¡Jesús!, por no sufrir el rechinido de los violines de pita,(22) y raca raca de aquellas malditas guitarras con que aporrean los oídos menos dedicados, se puede uno quedar sin misa.
HIDALGO: Lo peor es aquella sarta de desatinos que cantan en los coros. ¡Pobres indios!, los hacen blasfemar. Ya se ve, no saben hablar el castellano, ¿cómo es posible que pronuncien el latín correctamente?
ALDAMA: Y qué, ¿ahora vienen los inditos a ensayar algunas vísperas o misa?
HIDALGO: Misa no es, pero pueden ser vísperas.
ABASOLO: ¿Vísperas de qué, señor cura?
HIDALGO: De nuestra libertad.
ABASOLO: No entiendo a usted.
ALDAMA: Ni yo.
HIDALGO: Pues ahora lo entenderán. No son los indios los que componen mi tertulia, sino algunas muchachas decentes y jóvenes honrados del pueblo, que son muy aficionados y no tienen malas voces. Yo les hago sus letrillas y pago la música, y ellos se adiestran y me divierten.
ABASOLO: ¿Y qué tienen prevenido para esta noche?
HIDALGO: Una marchita patriótica que están ensayando.
ABASOLO: De todo saca usted partido a beneficio de la patria, hasta de la música y de sus diversiones caseras.
HIDALGO: Es preciso entusiasmar a nuestro paisanos, hacerles conocer sus derechos, la opresión en que viven y lo dulce que es la libertad. Sí, es menester no descuidarse un punto en esto, sino trabajar con tesón en las concurrencias, en los púlpitos, en los estrados, y en todas partes, en prosa y en verso, en todos los idiomas que aquí se hablan, con la lengua, con la pluma y con los violines y las flautas.
ALDAMA: No puede usted negar su grande patriotismo.
HIDALGO: Él es mi pasión favorita. Como yo vea a mi patria libre, mas que al momento cierre mis ojos la muerte para siempre.
ALDAMA: Con media docena de curas como usted y otra media de militares como Allende, la cosa era hecha en cuatro días.
HIDALGO: Ella se hará aunque sea en veinte: yo no pierdo las esperanzas. Contamos con lo más necesario para lograr la empresa, que es la razón y la opinión, y el Cielo no desamparará tan justa causa.
ALDAMA: Yo lo creo; mas por ahora sólo deseo que lleguen las muchachas, y que canten, pues no veo la hora de oír la letra que será como de usted.
HIDALGO: Nada tiene de particular: su estilo es muy sencillo y natural, tal como se necesita para que lo entiendan los autores, pero respira patriotismo.
ALDAMA: Eso es lo mejor que puede tener.
ABASOLO: Ya creo que vienen, según el tropel de la escalera.
[Levántase, sale de la primer pieza, y vuelve a entrar alborozado]
Ellos son, ellos son. Aquí están.
[Entran los que cantan]
UNO: Señores, muy felices noches.
HIDALGO: Amigos, bienvenidos, ya culpábamos la dilación de ustedes.
UNO: Por venir reunidos de una vez, nos hemos dilatado un poco más; pero aún no son las siete.
HIDALGO: Es muy buena hora. ¿Qué tal saben la letra?
UNO: Perfectamente.
HIDALGO: Pues siéntense, mientras los músicos tocan la obertura que tienen prevenida.
TODOS: Enhorabuena.
Se sientan. La música toca una solemne obertura, y concluida se levantan todos, menosHIDALGO y los capitanes, y cantan la siguiente marcha
CORO
A las armas corred, mexicanos:
de la patria el clamor escuchad,
baste ya de opresión vergonzosa,
libertad pronunciad, libertad.
Después de tres centurias
de dura esclavitud
busquemos la salud,
basta de padecer.
España sin monarca,
Fernando ya en Bayona,
abdicó la corona,
y quedamos sin rey.
Coro
La Junta de Sevilla
compuesta de anarquistas,
de intrusos y de egoístas,
darnos quiere la ley.
No estamos en el caso
de sufrir más cadenas,
basta, basta de penas,
ya no hay que obedecer.
Coro
Alarma, mexicanos,
viva la libertad;
todos os preparad
por si viene el francés.
Ya la América joven
emanciparse quiere,
su libertad prefiere
gobierno de un rey.
Coro
Sabio Iturrigaray
viendo nuestros derechos,
dejarlos satisfechos
quiso según la ley.
Pero una facción fiera
de oidores y traperos
burlaron los esmeros,
de aquel justo virrey.
Coro
Los inicuos autores
de tan atroz traición,
hacen la desunión
de este mundo de aquél.
Si al virrey no respetan
porque no es de su gusto;
¿por qué en lo que es injusto
hemos de obedecer?
Coro
De ninguna manera
de tan sagrado intento,
dude mi pensamiento;
libres hemos de ser.
Libres, libres seremos,
porque libres nacimos,
más yugo no admitimos,
o morir o vencer.
HIDALGO ( a sus compañeros): ¿Qué les ha parecido a ustedes?
ALDAMA: La letra y la música muy buenas, y el espíritu que la dictó inmejorable. Lo que me hace mucha fuerza es la satisfacción con que la han cantando.
HIDALGO: Todos estos señores que usted ve son amigos de toda mi confianza.
ALDAMA: ¿Conque son muy buenos patriotas, según eso?
HIDALGO: Sí, excelentes. En mi casa no entran serviles ni chaquetas.(23)
ABASOLO: Muy bien hecho, en este caso no está por demás ninguna precaución, y menos ahora que está el espionaje muy recomendado, y...
Entra un payo precipitado con una carta.
PAYO: Ave María. ¿El señor cura dónde está?
HIDALGO: Aquí estoy, Nicolás, ¿qué se ofrece?
PAYO: Mi amo el señor don Ignacio Allende le manda a su mercé esta carta. (Dásela)
[El cura lee para sí, se queda suspenso y al cabo de un segundo, dice]
HIDALGO: ¿Y qué hacia Allende cuándo te despacho?
PAYO: Estaba registrando unos papeles y mandó ensillar. A lo que yo percibí, para acá viene y no tarda.
HIDALGO: Pues anda dentro a descansar, y ustedes, amigos, permítanme que me retire a contestar esta carta que es ejecutiva, a bien que para mañana diferiremos nuestra tertulia.
UNO: Señor cura, está muy bien. Hasta mañana.
TODOS: Que pase usted muy buena noche.
HIDALGO: Que a ustedes les vaya bien.
[Vanse]
Amigos nuestra empresa se ha perdido.
ALDAMA: ¿Cómo así?
HIDALGO: Lea usted ese papel.
ALDAMA ( lee): "Todos nuestros planes están descubiertos ante el gobierno. Anticipo estas cuatro letras, para que no sorprenda a usted mi llegada a ése, donde le informaré por menor. Soy del..." etcétera.
¡Válgame Dios! ¿Y quién ha sido el vil americano que ha tenido la bajeza de vendernos?
HIDALGO: Qué sé yo; soy con ustedes.
[Vase]
ABASOLO: Ahora somos perdidos sin remedio. Todo se lo llevó el diablo en un instante. Si la cosa se ha descubierto como dice Allende, nuestra prisión es infalible.
ALDAMA: Y nuestra ruina también.
ABASOLO: ¿Pues qué hacemos?, ¿a qué nos detenemos?, ponernos en salvo es lo más seguro.
HIDALGO ( con serenidad): Aquí estamos bien seguros.
ALDAMA: Aquí, señor?
HIDALGO: Sí, aquí.
ALDAMA: ¿Y cuál es la seguridad con que contamos?
HIDALGO: Con la que prestan los buenos caballos y las armas.
ABASOLO: ¿Y si no nos dan tiempo de tomarlos?
HIDALGO: No se apoquen ustedes, que al fin más ha de ser el ruido que las nueces...(24) mas Allende llega...
[Se asoma a una puerta]
Sí, él es.
[Sale ALLENDE de capitán con botas y decente]
ALLENDE: Yo soy, mi amable cura y compañeros.
HIDALGO: Vamos, ¿qué ha sucedido?
ALLENDE: Todo malo. Un eclesiástico de Querétaro(25) ha descubierto al gobierno de México la revolución que teníamos trazada por el 1º del próximo octubre.
HIDALGO: ¡Qué vileza!
ALDAMA: ¡Qué iniquidad!
ABASOLO: ¡Qué infamia! ¡Un sacerdote! ¡Un ministro de paz, y americano!
HIDALGO: ¿Conque ya no tienen duda de nuestras intenciones?
ALLENDE: Son tan públicas, que hasta Riaño,(26) el intendente de Guanajuato(27)las sabe. Garrido(28) se delató él mismo...
HIDALGO: ¡Qué bastardía!
ALLENDE: Ayer intercepté un correo de Guanajuato en que aquel intendente previene nuestro arresto. Vean ustedes los oficios originales.
[Los entrega a HIDALGO, y éste lee en voz alta]
"Habiendo sabido positivamente que los capitanes don Ignacio Allende y don Juan Aldama, como también don Ignacio Abasolo, tratan de conspirar contra el gobierno, en unión del cura de Dolores, prevengo a usted que, sin pérdida de tiempo, proceda a la prisión de Allende y Aldama, que se hallan en esa villa, en lo que hará usted un buen servicio al rey y a la patria. Dios guarde a usted muchos años. Guanajuato, 13 de septiembre de 1810. Riaño. Señor subdelegado de San Miguel el Grande."(29)
[Representa]
No hay la menor duda, la firma es suya.
ALLENDE: Igual encargo traía con Francisco Iriarte(30) para arrestar a usted y [a] Abasolo.
ABASOLO: ¿Pues qué debemos hacer en este caso?
HIDALGO: ¿Cómo qué?, dar el grito en esta misma noche.
ALDAMA: ¿En esta misma noche?
HIDALGO: Sí, señor. Ya estamos perdidos, la cosa es innegable, pues nos descubren los mismos compañeros, y no es lo peor que nos perdiéramos nosotros, sino que la empresa se pierde, y si nosotros no la llevamos al cabo, acaso no habrá otros que la emprendan. ¿Qué dice usted Allende?
ALLENDE: Yo, ya sabe usted que siempre sigo gustoso sus disposiciones, y así no tiene sino mandar, y yo obedecer.
ALDAMA: Pero ¿con qué gente, con qué auxilios contamos para llevar a efecto una empresa de tanto empeño?
HIDALGO: Con nuestro valor, y con unos muchachos que tengo prevenidos. Entren hijos.
[Entran diez payos, vestidos al uso de la tierra, unos con carabinas y otros con machetes]
HIDALGO: Inmediatamente van y ponen presos a los siete españoles que hay aquí, sin maltratarlos, y en un lugar seguro y separado, y esperadnos en la plaza.
TODOS: Sí, señor.
[Vanse]
ALDAMA: Señor cura, por Dios, ¿qué va usted a hacer? Con diez hombres intentar una revolución, es la mayor temeridad; y luego cometiendo la tropelía de arrestar a los europeos.
HIDALGO: No es tropelía, es prudencia, porque el pueblo, que lo verá usted conmovido muy en breve, no los mate.
ALDAMA: Sin embargo, una vez desconectados nuestros planes, diez hombres nada valen.
HIDALGO: Pues si ellos no valen nada, yo valgo mucho. Nunca será libre la patria si hemos de andar con tanta cobardía. Si muriésemos en la empresa, otros nos reemplazarán; la causa es justísima y general, por último, el que tenga miedo que se marche, que yo solo basto para lo que esta noche se ha de hacer. El patriotismo, amigos, ha de lucir en los peligros, no en los estrados y placeres.
Al decir esto se ciñe un sable que estará sobre la mesa, y toma su sombrero y su bastón.
ALDAMA: Por Dios que me avergüenzo, señor cura, de que atribuya mi prudencia a poco patriotismo o cobardía. Si por tal la ha tenido, yo lo desengañaré. Vamos, vamos a morir por la patria.
HIDALGO: Eso sí, los nobles sentimientos jamás pueden disimularse mucho tiempo. ¡Ea, amigos!, ¿Juráis defender los derechos de nuestra nación oprimida?
TODOS: Sí, juramos.
HIDALGO: ¿Juráis morir, si necesario fuere, por tal causa?
TODOS: Sí, juramos.
HIDALGO: Pus a salvar a la patria o a morir.
ALLENDE Y TODOS: Vamos, y desde aquí la patria viva [éntranse].
[Descúbrese vista de calles, en ellas habrá tres tiendas que a su tiempo abrirá el pueblo con hachas, y arrojará la ropa y víveres que habrá dentro. A un lado estará la cárcel; luego que se dejen ver, HIDALGO y compañeros, comenzarán a sonar campanas, y se verán algunas gentes con hachas de brea, discurriendo por todas partes]
HIDALGO: Amigos, ya estamos en la palestra. Vamos a sacar los presos de la cárcel.(31) Es necesario hacer agradecidos (llega). ¡Ea, el alcaide!
ALCAIDE: Mande usted, señor cura.
HIDALGO: Abra la puerta y eche fuera los presos.
ALCAIDE: Yo no puedo en eso obedecer a usted, porque están bajo mi responsabilidad.
HIDALGO: Si se dilata, es su muerte segura. A ver las llaves.
[Le encara una pistola]
ALCAIDE: Ya está, ya está señor.
[Le da las llaves, HIDALGO abre y salen unos veinte presos gritando]
TODOS: ¡Qué viva nuestro padre el cura Hidalgo!
HIDALGO: Hijos, a mí no me aclaméis sino a la patria. ¿Estáis gustosos con vuestra libertad?
TODOS: Sí, estamos.
HIDALGO: ¿Me la agradecéis?
TODOS: Sí, agradecemos.
HIDALGO: Pues escuchad
[A ese tiempo llegan los diez payos con sables desnudos, y carabinas, y uno de ellos traerá una bandera blanca, con un águila. Algunos otros los acompañan con hachas de brea. La presencia del cura, se paran todos, y éste prosigue]:
Americanos: nacisteis libres por la naturaleza, como todos los hombres al mundo; la codicia europea descubrió este vasto y rico Continente, lo conquistó, esto es, lo usurpó a los indios, sus legítimos dueños, y desde entonces han visto y tratado a los hijos del país como sus colonos y aún como sus esclavos.
En vuestra misma patria no sois nada, ni podéis sembrar ni cultivar, sino lo que os permiten como gracia.
Nacisteis en el reino del oro y de la plata, y no tenéis un peso:(32)rodeados de la abundancia, perecéis en medio del hambre la miseria; el Cielo os dotó de talentos despejados, y vivís y morís ignorantes. De esta manera, oprimidos vuestros padres por los españoles, os dejaron pobres, rudos y miserables, y vosotros, bajo los mismos principios, no podéis dejar a vuestros hijos otra herencia que la miseria, la esclavitud y la ignorancia.
Esta suerte de los americanos será eterna, mientras no conozcan sus derechos, esto es, que son libres, porque son hombres, que nuestra patria ya se halla en estado de gobernarse por sí, sin necesidad de que la gobierne y domine un extranjero que está a dos mil leguas de distancia de nosotros, que nos carga de leyes, nos abruma con gabelas y se lleva a su nación nuestros tesoros.
La justicia nos favorece, podemos ser felices si queremos de un momento a otro. n empuje generoso se necesita de vuestra parte; pero con unión y constancia. El tiempo presente es el precioso; si lo desaprovechamos, estamos a pique de ser esclavos para siempre. Ya os digo, España, por ahora, tutoreada y aún dominada por la Francia, está imposibilitada de enviar tropas de refuerzo contra nosotros; pero los franceses no carecen de recursos ni intenciones, acaso ellos vendrán y nuestra esclavitud será mayor.
Yo advierto en vosotros una decidida inclinación para recobrar y conservar vuestra libertad; pero también advierto que os detiene lo inermes que os halláis y el no contar con una cabeza que os dirija. Yo os amo mucho, y deseo la libertad de la patria como vosotros; si os resolvéis a seguirme, a pesar de mi vejez y mis achaques, os conduciré a la victoria con la ayuda de Dios y el favor de estos ilustres compañeros.
¿Qué decís?, ¿Queréis vivir esclavos, o ser libres y salvar vuestra paria?
UNOS: ¡Viva la libertad!
OTROS: ¡La patria viva!
[Toma HIDALGO la bandera y dice]
He aquí, hijos míos, las armas del suelo mexicano, las de vuestros mayores, y el símbolo de vuestra libertad. ¿Juráis ante el Dios de los ejércitos, y ante la patria derramar vuestra sangre en su defensa?
TODOS: Sí, juramos: o morir o ser libres...
[Entra uno precipitado]
UNO: Señor, el alboroto es ya general en todo el pueblo, el furor crece por instantes contra los españoles; si no estuvieran presos, ya fueran víctimas de su furor, pero éste se ha encarnizado en sus efectos, han abierto sus tiendas y después de robar, arrojan a la calle lo que resta.
ALLENDE: Es muy escandaloso este desorden.
ABASOLO: Una injusticia es.
HIDALGO: Es cierto, pero ni es política el oponernos a la plebe furiosa, ni tenemos fuerza para el caso. Es de necesidad ceder a las circunstancias.
[A este tiempo entra la multitud, tirando las tiendas y gritando]
UNOS: ¡Muera el gobierno español!
Y OTROS: ¡Viva la libertad, viva la patria!
TELÓN
(20) chocolate. Se refiere a la bebida que se separa con una pasta hecha de cacao, a la que se añade azúcar, canela y aun vainilla, que se disuelve con agua. Usada desde la época precorteciana.
(21) escoleta. En una reunión social se aprende a bailar media música. Santamaría,Dic. mej.
(22) violines de pita. Violines populares que aún se conservan como juguetes para niños. La pita es el hito que se hace con las plantas del mismo nombre oriundas de México. Se trata de violines con una clase de maguey.
(23) chaquetas. Apodo con que eran conocidos, durante la guerra de Independencia, y aun después, los partidarios de los españoles. "Había en la Colonia batallones permanentes de voluntarios formados por los gremios, así los había de curtidores, panaderos, etc., el de comercio lo componían los dependientes de las tiendas, y éstos fueron los que en el año de 1808 depusieron al virrey don José de Iturrigaray. El uniforme que usaron estos batallones desde 1792 eran unas vistosas chaquetas, lo que dio lugar a que el pueblo los llamara pastores de Nochebuena. El decir chaqueta, era sinónimo de realista, en contraposición deinsurgente". También lo era de traidor. Artemio de Valle-Arizpe. Historia de la ciudad de México según los relatos de sus cronistas. 9ª ed., corregida y aumentada con ilustraciones. México, Editorial Pedro Robredo, 1946, p. 439.
(24) más ha de ser el ruido que las nueces.Tener poca sustancia o ser insuficiente una cosa que aparece como grande y de cuidado. En sus novelas. Fernández de Lizardi utiliza a ( o a las) veces en casa de los marqueses( o de los condes) más suele ser el ruido que las nueces.
(25) Querétaro. Estado de la República Mexicana. Sus límites actuales son: San Luis Potosí, al norte; Michoacán y Estado de México, al sur; Hidalgo, al este; y Guanajuato, al oeste. Ahí se reunían los conspiradores.
(26) Juan Antonio Riaño. Militar español. Ocupaba el cargo de intendente de Guanajuato en septiembre de 1810, al comenzar la guerra de Independencia. "Encabezó la defensa de la plaza de Guanajuato, que fue atacada por las tropas de Hidalgo el 28 de septiembre de 1810. En la mañana de ese día Hidalgo le intimó rendición. Había ya tomado medidas de defensa y concentrado los principales elementos en el Castillo de Granaditas. El día del ataque envió una comunicación á Calleja en estos términos: 'voy á pelear porque voy á ser atacado en este instante. Resistiré cuanto pueda porque soy honrado; vuele Vs. Señoría á mi socorro, á mi socorro... Dios, etc., Guanajuato, 28 de Septiembre de 1810 á las once de la mañana.' Fué muerto desde los comienzos del ataque por una bala que le dió en el ojo izquierdo [...] Desde enero de 1792 ejerció el cargo de intendente de Guanajuato." Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, op. cit., p. 822.
(27) Guanajuato. Estado de la República Mexicana. Reconocido como tal por la Constitución de 1824. Su territorio es casi el mismo que ocupó en la época virreinal la intendencia del mismo nombre. Fue uno de los estados más ricos de la República por su minería. En este Estado se troqueló la primera moneda insurgente, en 1810, emitida por Hidalgo.
(28)Ignacio Garrido. Tambor mayor del batallón provincial de Guanajuato, delató la conspiración de Hidalgo, dando cuenta de ella a su sargento mayor Diego Berzábal, que reiteró ante Riaño.
(29) San Miguel el Grande. Hoy San Miguel Allende.
(30)Francisco Iriarte. Se trata de Rafael Iriarte (1772-1811), insurgente que se decía comisionado por Hidalgo para promover la insurrección, que en León y en Lagos reunió una tropa numerosa e indisciplinada; en Aguascalientes se le unió el Regimiento de Dragones de la Nueva Galicia; empezó a hacerse sospechoso cuando en San Luis Potosí apresó a la esposa de Calleja y le dispensó toda clase de consideraciones. Cuando Allende lo requería para apoyar la toma de Guanajuato y era llamado por Hidalgo para ir a Puente de Calderón, Iriarte permaneció en su zona, conducta que lo hizo aún más sospechoso. Fue el único jefe insurgente que no cayó prisionero en Acatita de Baján. Al quedar Ignacio López Rayón como jefe máximo del movimiento, Iriarte fue acusado de malversación de fondos y de indisciplina. Al hallársele culpable fue fusilado.
(31) Después de desempeñarse en varios curatos Hidalgo pasó a Dolores. La conspiración se había iniciado en Querétaro con la participación del corregidor Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez. Hidalgo encabezó la conspiración que debía estallar en octubre de 1810; pero ante la denuncia de ésta a las autoridades de Querétaro y Guanajuato, Hidalgo proclamó la Independencia en Dolores, y éste fue el primer acto que inició la insurrección: "Hidalgo y Allende al enterarse de los sucesos ocurridos en Querétaro, comprendieron que no había tiempo que perder [...] Cerca del amancecer salió Hidalgo del curato, resuelto ya á proclamar la independencia. Seguido de Allende, Aldama, don Mariano Hidalgo, don José Santos illa, el padre Balleza, diez ó doce sirvientes de Hidalgo y unas cuantas personas más. Todas se dirigieron a la cárcel, cuyas puertas abrieron para liberar á los presos, con lo cual la pequeña fuerza ascendió á 80 hombres que se armaron de palos, lanzas y espadas que tomaron del cuartel del pueblo. Libertados y armados los presos, y unidos al naciente ejército del liberador algunos soldados del Regiminento de la Reina, la fuerza de Hidalgo alcanzaba al amanecer del 16 de septiembre como 80 hombres [...] Dirigióse Hidalgo á la parroquia e hizo llamar á misa, á la que asistieron como de costumbre muchos labradores. Entonces arengó á la multitud diciendo que se trataba de derribar al gobierno de los españoles; que en lo de adelante los mexicanos no pagarían tributo alguno, y por último, ofreció que pagaría 1 peso diario á cada uno de los que se alistaran en su tropa, llevando armas y caballo, y cuatro reales al que fuese a pie. Así comenzó la guerra más sangrienta y heróica de que hay sido teatro el suelo mexicanos". Ibid., pp. 281-283.
(32) peso. Unidad monetaria de México. Al establecerse la moneda mexicana dentro del sistema decimal, teniendo como unidad el peso, éste tuvo el valor de ocho reales. Un real equivalía a doce centavos y medio.