Fábula XXVII
EL GALLO VANO Y PELADO
Cacareando y sin plumas salió un Gallo
de una cruda refriega,
en que por poco llega
el de su fin amenazado fallo.
Pero habiendo escapado de la muerte,
entró en una gallera
donde contó su historia verdadera
con cuatro vanidades de esta suerte:
—Yo era por cierto Gallo muy famoso,
en extremo valiente;
peleaba diestramente
y era de pluma con primor hermoso.
Ni uno hay entre vosotros, camaradas,
que tenga como yo tal gallardía.
Mi amo por mi cola se moría
y por mis plumas lindas y plateadas.
Mi cresta era una rosa,
mi pecho... —Bueno está, señor Pulido
—le dijo un Gallo hablando muy erguido—;
¿pero a qué viene semejante prosa?
Ni niego su riqueza ni la alabo;
pero su vanidad me causa risa,
después que lo han dejado sin camisa,
rotas las alas y pelado el rabo.
Criar nuevas plumas ya será oportuno
y valor que las obras acreditan;
mas si ambas cosas otra vez le quitan,
no cuente vanidades a ninguno.
Porque el pobre que cuenta que ha tenido,
y humos de rico ostenta y apetece,
ser tenido por loco bien merece,
pues olvida lo que es por lo que ha sido.
Al que se ve en miseria declarada,
y porque alguna vez se vio dichoso
se precia de esto vano y orgulloso,
la fábula le está que ni pintada.
