EL DÍA NUEVE DE JULIO

 

Por El Pensador Mexicano

En respuesta al papel de El Colegial(1)

 

 

Amigo mío: Acabo de leer su papel de usted.(2) Me gusta por su estilo, por su objeto y por el espíritu constitucional que dirigió su pluma la escribirlo. Pero, con su permiso, me tomaré la libertad de decirle que, aunque es muy buena y muy santa la invitación de usted para que se diga una solemne misa de rogación, implorando la gracia del Espíritu Santo para los señores diputados que abrirán mañana la primera sesión de Cortes,(3) como que es muy regular que se haya hecho, sería yo de parecer que acá celebráramos este día primeramente con una solemnísima misa de gracias, ofreciendo al Eterno Padre la hostia inmaculada y agradable, por habernos concedido ver el presente 9 de julio.

¡Oh día feliz! ¡Día grande y venturoso! Tu memoria siempre será grata a todo ciudadano amante de su rey y su patria.

Mañana sí, mañana se celebrará en Madrid la primera sesión de cortes con el rey, mañana jurará el monarca solemnemente el Código sagrado a presencia de toda la nación unida por sus representantes; mañana se afirmará el santuario de la ley, el templo de la religión y el trono del monarca. Mañana, finalmente, perderán para siempre las esperanzas de reentronizarse en las Españas la ambición, el despotismo y tiranía.

Huid, furias infernales, precipitaos eternamente en los abismos porque nunca, jamás os sentaréis en los doseles de los reyes. Y vosotros, egoístas miserables, hipócritas de lealtad y religión, enmudeced por siempre que el rey habla y la nación lo escucha. Sí juro guardar la Constitución,(4) dirá mañana a la faz de la España y de la Europa.

¡Oh palabra, para nosotros lisonjera, para vosotros malhadada! Ella romperá de una vez las cadenas de nuestra servidumbre y atará las manos de vuestro despotismo; hará hablar a la sabiduría y enmudecer vuestra ignorancia; ella convertirá los esclavos en ciudadanos, los fanáticos en religiosos, los ociosos en trabajadores, los ineptos en hombres útiles al Estado, Y todo español dirá mañana en la tierna efusión de su corazón, al oír el juramento real, la promesa sagrada e inviolable, libremente pronunciada por los augustos labios del monarca, lo que santa Isabel al recibir la visita de la más pura e las vírgenes: venerunt mihi omnia bona pariter cum illa.(5)(a) Con esta palabra he recibido todos los bienes: honor, seguridad, religión firme(b) y libertad civil.

Y dígame usted señor Colegial, amigo mío, ¿no será muy justo el tributarle al Dios de las misericordias el más rendido homenaje de nuestra gratitud? ¿No será muy justo en razón el complacer su Majestad Altísima con la inestimable ofrenda del sacrificio incruento de su palabra eterna? Así lo creo, y dudo que nuestras autoridades respetables no se presenten gustosas a tan sagrado desempeña... ¡Qué digo! Me atrevo a asegurar a usted que, convencidas de estas verdades inconcusas y de que esta indicación es la voluntad del pueblo, de la que son órganos los escritores, condescenderá[n] con nuestro voto y nos dará el gusto que deseamos.

Sí amigo, solemnícese mañana el sacrifico del atar debidamente; truene el cañón con alegría, ya que ha tronado tantas veces con horror de la humanidad; rómpanse las esquilas y campanas en señal de nuestros inocentes regocijos, y los vecinos todos de esta ciudad hermosa den pruebas inequívocas de su adhesión a nuestro nuevo sistema de gobierno, colgando sus balcones(6) por el día e iluminando las calles por la noche; los empresarios del teatro esfuércense a darnos una función plausible: reúnan en la escena marchas alegres y análogas a la celebridad del día. En fin, sea todo el 9 de julio paz, unión, contento y regocijo.

Si yo tuviera la competente autoridad, lo mandaría por bando. Pero ya que no puedo, avisaré, a lo menos, que conviene; excitaré que se haga y comprometeré al vecindario a que, a lo menos por su parte, nos facilite estas alegres, inocentes y expresivas exterioridades de nuestra gratitud. ¡Tristes principios de nuestra felicidad será ver muchos balcones sin cortinas, muchos balcones sin luces por la noche! ¿Qué, podremos pensar que hay entre nosotros millones de serviles?, ¿que hay muchos egoístas a quienes desagrada el Código divino? No es posible. Usted verá, amigo mío, usted verá mañana el entusiasmo santo que se advierte en esta noble y populosa capital.

Entre tanto, congratulémonos acordes en este feliz día nueve de julio; rindamos al Dios de las bondades las más sinceras gracias por el aluvión de beneficios con que nos inunda; no se cansen nuestros sabios de bendecir a la nación española, a nuestro amado rey, y a nuestra sabia y liberal CONSTITUCIÓN.

 

 


(1) México: 1820. Impreso en la Oficina de Alejandro Valdés [primeramente estuvo en Santo Domingo, hoy Brasil, esquina con Tacuba. A partir de 1816 se cambió a la calle de Zuleta].

(2) El Colegial era José María Iturralde y Revilla. Hizo sus estudios en el Colegio de San Juan de Letrán. Doctor en cánones y licenciado en leyes por la Universidad. Catedrático de la misma. Fue diputado al primer Congreso Constituyente y rector de Letrán de 1825 a 1834. Siendo diácono entró como prebendado al Cabildo de Guadalupe. Publicó versos y estudios jurídicos. Existen dos folletos de Iturralde a Fernández de Lizardi: El Colegial a El Pensador sobre elecciones de electores, México, impreso en la Oficina de Alejandro Valdés, 1820, 4 pp., firmado por J. M. Y., y el directamente aludido Recuerdos del 9 de julio de 1820. Carta de El Colegial a El Pensador Mexicano, México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1820. 4 pp.

(3) "El día 9 de julio tenía lugar la ceremonia de apertura de las Cortes, comenzando los actos con la renovación por parte del rey del juramento de la Constitución, que anteriormente hiciera en difícil coyuntura. Tras unas palabras adecuadas a las circunstancias del momento, pronunciadas por el presidente de las Cortes, Fernando VII dio lectura e su primer discurso de la corona [...] con el que se inicia la tradición política de informar al país sobre las líneas fundamentales del programa de gobierno del Gabinete. El texto que leyó el monarca comprendía ciertas alusiones críticas a la época anterior y concluían con la promesa de mantener y defender al Constitución: 'Al establecimiento y conservación entera e inviolable de la Constitución, consagraré las facultades que la misma Constitución señala a la autoridad real, y en ello cifraré mi poder, mi complacencia y mi gloria' [...] Las Cortes de 1820 pondrán de manifiesto el carácter democratizante de la Constitución de 1812, por cuanto es a partir del 9 de julio de aquel año cuando se inicia el régimen de cogestión monarca-Cortes". Cf. Historia de Españaop. cit., t. XXVI, pp. 677-678.

(4) "Se extendió el movimiento en Galicia, mostrando lo crítico de la situación, y ese hecho determinó una serie de medidas que no llegaron a tener eficacia real porque, apenas fueron adoptadas, hubieron de ser sustituidas por otras más radicales, hasta llegar al juramento de la Constitución." "'Él juró debajo de su trono la Constitución en manos de personas sin carácter y sin representación y delante de cinco a seis desconocidos que se llamaban representantes del pueblo.'" Cf. Ibid., t. XXVI, pp. 659 y 663 respectivamente.

(5) Lc. 1, 39-56.

(a) Guardando la debida proporción, y sin comparar.

(b) Al escrupuloso que le choque [moleste] la palabra firme, le explicaremos el sentido si lo pregunta.

(6) colgando sus balcones. En las ceremonias públicas, como la verificada durante la jura de la constitución de 1812, en la Nueva España se acostumbraba "colgar los balcones". En los "Documentos oficiales referentes á algunas ceremonias de la publicación [de la Constitución] verificadas por las corporaciones de la capital", se lee lo siguiente: "en la ciudad de México á tres de octubre de mil ochocientos doce: Habiéndose jurado la mañana de este día con los Sres. Administrador, Director y Diputado que componen el Real Tribunal General de la Minería, los Sres. Su Fiscal y Consultores de esta capital que suscriben, para tratar del cumplimiento del superior oficio antecedente y resolver en qué manera se ha de verificar después de haber conferido sobre el particular, ACORDARON: que el día 9 del corriente se haga congregar en la Sala del Tribunal todos los empleados y subalternos, y el Colegio de Minería en su Rector y Catedráticos [...] haga después el Tribunal y los demás el juramento de su observancia bajo la fórmula prevenida en el Real Decreto de diez y ocho de marzo último; lo cual verificado, pasen en forma el cuerpo del Colegio y el del Tribunal incorporando á los convidados que asistieren al Real Seminario de Minería, en cuya capilla se entone con la mejor música y orquesta el Te Deum, y se celebre una misa solemne de gracias con salve al último: Que los balcones del Tribunal se cuelguen y entapicen, poniéndose un dosel en que se colocará el retrato de nuestro amado soberano el Señor don Fernando Séptimo, que estará todo el día á la vista del público, practicándose lo mismo en la fachada principal del Colegio." Cf.La Constitución de 1812 en la Nueva España, opcit., t. I, p. 56.