EL CUCHARERO Y SU COMPADRE CHEPE(1)
DIÁLOGO
CUCHARERO: ¿Cómo te va, compadre Chepe?(2)
CHEPE: Bien y mal, compadre. Bien porque el jueves pasado se dio mi mujer una peleada de los diablos.(3) Nos dijimos aquéllo, tu madre, la tuya, pu...,(4)mantenido, tal y cual, y al fin nos rompimos los trapos y las cabezas, nos desmechamos, y paró todo en que se fue y me dejó en paz con la Tules, por cuya causa fue todo el San Quintín.
CUCHARERO: ¿Qué Tules, compadre?
CHEPE: La tuerta, aquella que vende los nenepiles(5) y criadillas en la pulquería(6)de las Papas.
CUCHARERO: ¡Ah!, sí, ya me acuerdo; la mujer de Toncho el Zurdo, nuestro compañero de armas, a quien pasearon en triunfo años pasados, cuando no había Constitución, en un humilde burro y le calentaron las espaldas por tonto; ¿no es ésa?
CHEPE: La misma.
CUCHARERO: ¿Y por ésa te largó tu mujer?
CHEPE: Sí.
CUCHARERO: Pues no tuvo razón, porque mejor compañera no la encontrará si la busca con un cirio pascual. Es verdad que es algo lagañosa, borrachita y trapienta; pero hace unas enchiladas(7) y unas manitas en mole(8) que se lambe uno los dedos. Algunas he comido de las que le regaló a tu mujer en las Arrecogidas(9) ahora un año, cuando estaba cumpliendo su penitencia que le impuso el juez por la friolerilla de haberse sacado a la hija de un caballero una noche a no sé qué campaña con un hombre.
CHEPE: Es cierto; pero ya el diablo me sacó de tan gran maula,(10) y me estoy rapando(11) con mi tuerta una vida de ángeles. Por este lado me va bien; pero la cuchara(12) está perdida por mis barrios.
CUCHARERO: ¿Es posible, compadre?
CHEPE: Sí, está el mundo perdido, compadre; en más de ocho días no hemos hecho un avance de provecho ni yo, ni Culás, ni el Zurdo, ni el Chato Pérez, ni Perucho el Manco, ni Cantarranas, ni ninguno de mis compañeros. Con decirte que ni la Huele-Perros ha tenido nada en estos días te dije todo, y ya tú sabes que la tal negrita es el mismo diablo, porque no hay casa que no sepa, ag[u]ador con quien no se valga ni criada que no conozca; pero ni por ésas.
CUCHARERO: Eso estará en que vuestras mercedes serán muy flojos y para nada, pues a quien robar sobra. Mas si quieren que todo se los den frito y guisado,(13) entonces vuestras mercedes se tienen la culpa; pero debían saber que la maldición de Dios es que todos comamos de nuestro sudor y nuestro trabajo; y así corno unos han sido criados para la espada, otros para la pluma, éstos para los libros, aquéllos para el arado y cada gente para algo: nosotros nacimos para la santa cuchara. Es menester que trabajemos con tesón, valor y constancia. Si cuando había azotes, picotas, presidios y horcas hacíamos lo que estaba de nuestra parte para no vivir ociosos y cumplir con nuestras obligaciones, ¿por qué hoy que no hay nada de eso hemos de querer vivir a la bartola, sin trabajar en cosa maldita? Ya yo me hago cargo en lo que está la miseria de vuestras mercedes.
CHEPE: ¿En qué, compadre?
CUCHARERO: En que quedrán que vayan los pobretes a buscar a vuestras mercedes a su casa, y que con toda humildad les entreguen sus capotes, sus rebozos,(14) frezadas y cuanto tengan. Sí, en eso estará porque creo que la cuadrilla del guajolote(15) es tan cobarde como su nombre.
CHEPE: No, nada menos que eso. Todos semos valientes y arriesgados. Yo soy el menos, y mira lo que me pasó la otra noche. Salí a mi trabajo a las diez, fui por el callejón del Muerto,(16) y diviso un bulto que se me afiguró(17) de un decente con su buena capa. Me puse a tiro; pasó junto de mí; dile el grito feroz de párese, y el maldito me respondió con un garrotazo, que si me coje, no te cuento el caso, pues me lo tiró con tanta fuerza que cayó en el suelo. Entonces yo, con mi acostumbrado valor y llamando en mi ayuda toda la corte celestial, le hice tortilla la cabeza con cuatro garrotazos, de modo que no meneó pie ni mano...
CUCHARERO: ¿En el suelo lo mataste?
CHEPE: Sí, hermano, pues para morir lo mismo es el suelo que el aire o la agua. A más de que estaba muy puesto en razón que yo lo asegurara antes que se levantara, pues en ese caso quién sabe cómo me hubiera ido con el picarón, que no me manifestó ningún respeto.
CUCHARERO: Bien, ¿y qué avanzaste?
CHEPE: Una honrada porquería. La que me pareció capa era una manga muy vieja, llena de abujeros(18) y de piojos, que me dieron esa noche una torta que no me la podía acabar. Rabiando estaba porque amaneciera para irla a vender al baratillo, como lo hice.
CUCHARERO: ¿Y cuánto te dieron por ella?
CUCHARERO: ¿Y por seis reales mataste un hombre?
CHEPE: ¡Qué escrupuloso estás! Otros se matan por menos. Sobre que el matar ya se sabe que es moda entre nosotros.
CUCHARERO: Es cierto; pero dime, ¿en qué consiste que esté el oficio tan perdido en tu departamento? ¿Qué, se han doblado las patrullas?, ¿se han multiplicado los serenos?, ¿salen rondas continuas?, ¿han puesto casillas o vivaques de prevención?, ¿o qué providencias se han tomado que han entorpecido nuestro giro?
CHEPE: Nada hay nuevo; todo está como siempre. A lo que atribuyo la calma en que nos vemos es a que hemos hecho tantas fechorías, que ya nos temen mucho y se previenen más. De modo que a deshora de la noche no se ve una alma, y si se ven, son dos o tres acompañados y armados.
CUCHARERO: ¿Y cómo saben vuestras mercedes que andan armados?
CHEPE: Muy bien; la otra noche estábamos agazapados en la pulquería del Puesto Nuevo(20) cinco compañeros, esperando la hora de Dios en que pasase alguno solo para atraparle; y en efeuto, pasaron dos sin vernos; había una luna como la mitad del día, y vimos que eran muy decentes y les iba sonando dinero, por lo que entendimos que eran jugadores gananciosos, y porque iban diciendo: "Si jugamos la vaca en aquella última sota que yo te decía, desmontamos seguramente."(21)
CUCHARERO: ¿Y qué hicieron vuestras mercedes?, porque ésa era buena cucharada. A lo menos yo no la hubiera dejado perder, y más junto con cuatro compañeros.
CHEPE: Eso quisimos hacer nosotros; pero no pudimos. Salimos todos de montón, enarbolando nuestros belduques(22) y garrotes, gritándoles: "El dinero o la vida." Ya ves tú que un grito a tiempo vale mucho.
CUCHARERO: ¿Pues qué sucedió?
CHEPE: ¿Qué había de suceder?, que aquéllos eran el mismo diablo. Aún no habíamos acabado de hablar, cuando los dos nos descerrajaron un par de tiros de pistola, que si no es por algún santo de nuestra devoción, semos ánimas esa noche. A lo menos a mí me rezumbaron las balas por las orejas.
CUCHARERO: ¿Y en eso paró?
CHEPE: ¡Ojalá! Echamos a correr como era prudencia, y ellos tras de nosotros con los sables en la mano; ya nos cojen, ya no nos cojen; por fin al chato Culás le alcanzó un tajo junto al codo derecho, que tuvo que soltar el cuchillo y la frezada, y quién sabe si perderá el brazo el probe, porque está mal herido; y no fue eso lo pior, sino que los malditos jugadores con sus gritos y sus escándalos iban alborotando las calles, y los serenos ya mero(23) nos cercaban, hasta que nos desperdigamos cada cual por su camino y ansí escapamos.
CUCHARERO: ¿Conque por fin no cogieron a ninguno?
CHEPE: No.
CUCHARERO: Pues sábete que me has dado una mala noticia, porque, si todos van tomando la devoción de andar acompañados y con pistolas y sables, corremos mucha contingencia; pues, por fin, que nos cojan las patrullas o los serenos, malo es, pero no tanto. Tenemos la esperanza de que con un mes de grillete o dos de cárcel, ya pagamos y salimos a hacer nuestra diligencia; pero esto de que nos reciban a balazos y sablazos está de los demonios. Quiera Dios que no hagan lo mismo que estos jugadores todos los que andan de noche, porque entonces me quito del oficio, y ya sabes que no me lambo los dedos con el garrote; pero palos contra balazos es partido carabino.(24)
CHEPE: Y más pior te la contaré: que ya dizque el Soberano Congreso nos ha tomado en boca públicamente.
CUCHARERO: ¿Y para qué?
CHEPE: Para encargar al gobierno que nos persiga y castigue sin remedio, luego que nos cojan trabajando.
CUCHARERO: ¡Ésa está de los diablos! ¿Y quién le meterá al señor Congreso en cuidar vidas ajenas? Mejor es que piense en hacer sus cosas y no se meta con nosotros.
CHEPE: Eso mesmo digo yo: ¿acaso nosotros nos metemos para nada con su mercé, ni le vamos a enmendar sus decretos ni sus bandos? ¿Pues qué tiene que meterse con nosotros?
CUCHARERO: Si te digo que hemos quedado con la tal Independencia pior que antes, porque antes sólo teníamos por enemigos a las patrullas, a las rondas, a los serenos, y eso no a todos, que algunos eran nuestros amigos; pero ora también hemos de tener miedo al señor Congreso, que nos está encargando para que no podamos hacer baza. Y luego dirán que semos independientes, que semos libres; pues no hay duda que está bonita la libertá, que no es uno dueño de buscar su vida.
CHEPE: Ansina es; pero ¿sabes lo que me consuela?
CUCHARERO: ¿Qué?
CHEPE: Que ésos serán favores escolásticos.
CUCHARERO: Fervores se dice, compadre, no favores. Están los favores algo averiados.
CHEPE: Pues sean fervores o favores. Lo que digo es que esos encargos y el cuidado de los jueces durarán ocho días, y después se les olvidará todo y quedaremos con nuestro pasaporte.
CUCHARERO: Quién sabe lo que sucederá, porque como a todos les va en el gallo(25) en que no se aumente nuestra hermandad, temo que nos persigan, como isque perseguían a los fra[nc]masones.
CHEPE: Ora que dice fra[nc]masones, ¿sabes dónde viven ésos, porque en sus casas es tiro seguro, porque dicen que todos son ricos?
CUCHARERO: Yo no lo sé ni conozco a ninguno, aunque todos los mientan; pero más que los conociera, no fuera a buscarlos.
CHEPE: ¿Por qué?
CUCHARERO: Porque dicen que son hechiceros y judíos, que hablan con el diablo; y si esto hay, ya ves que es trabajo perdido, porque les avisará el diablo; y cuando se les duerma su diablo y no les avise y consigamos avanzarles algo, se nos volverá carbón.
CHEPE: Es verdá, porque el dinero de los duendes se vuelve carbón, y lo mesmo será el de los fra[nc]masones.
CUCHARERO: Por eso, en todo caso, lo mejor será robar a los cristianos, porque su dinero tiene cruz y ellos no tienen diablo que les avise.
CHEPE: Pero si tienen pistolas y sables ¿qué haremos?
CUCHARERO: Echar a correr como tú.
CHEPE: Es verdá; pero ya es tarde y la noche no está mala; voy a ver si topo alguna vieja, viejo o muchacho que no tenga sable. Hasta mañana, compadre.
CUCHARERO: Sí, compadre, hasta mañana. No dejes de verme a ver lo que hacemos.
CHEPE: Yo volveré.
CUCHARERO: Pues a Dios. Memorias a la tuerta.
CHEPE: Encomiéndanos a Dios.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi]
(1) México, Oficina de Betancourt, 1822.
(2) Chepe. Diminutivo de José. "Es vulgar, y menos familiar que Pepe." Existe también la forma femenina, Pepa. "Se usa en otros países. Tal vez tomado del gallego Jepejota con sonido francés." Santamaría, Dic. mej.
(3) de los diablos. "Se dice por tremendo, tremebundo, atroz." Santamaría, Dic. mej.
(4) tu madre, la tuya, pu... Cf. nota a a De don Servilio al clamor...
(5) nenepiles. "Del azteca nenetl, muñeca, y pilli, que cuelga: la lengua. Vulgarmente y poco usado, por guiso que se prepara con la lengua de ciertos animales." Santamaría, Dic. mej.
(6) pulquería. Expendio de pulque, bebida que se obtiene del jugo fermentado del maguey, o aguamiel.
(7) enchiladas. Guiso que se prepara con tortilla de maíz, aderezada con chile, cebolla, queso, etc., en una salsa de tomate o mole.
(8) manitas en mole. "Guisado de huesitos de manos de carnero, res o puerco" en salsa de "mole (del azteca molli, salsa, guisado); famoso y peculiar guiso que se prepara con salsa de chile y ajonjolí, y se hace especialmente de carne de guajolote." Manuel B. Trens, México de antaño, México, s/edit., 1957, p. 115 y Santamaría, Dic. mej.
(9) Arrecogidas. Casa de corrección de mujeres. Su nombre oficial era "Casa de Recogimiento de las Magdalenas." Se fundó a diligencia de don Francisco Zaraza, alcalde del crimen, para mujeres delincuentes y de conducta disoluta y como casa de corrección de las jóvenes libertinas. Se hallaba en la calle de Nezahualcóyotl, mirando a la plazuela de San Lucas, por lo cual también se le dio el nombre de Casa de San Lucas o de las Magdalenas. Data del año 1692 y duró hasta 1862, cuando fue clausurada. En tiempos de Fernández de Lizardi se hallaba cerca de la garita de San Antonio Abad, en el extremo sur de la ciudad. Josefina Muriel, Los recogimientos de mujeres, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1974.
(10) maula. Cosa o situación inútil y despreciable. Cuando se aplica a personas significa ser taimado y bellaco, persona perezosa o deudor que no paga.
(11) rapando. De rapar. "Pasar, tener en la frase rapar una vida regalada."Enciclopedia Universal Ilustrada, Madrid, Espasa-Calpe, 1966, t. XLIX, p. 697.
(12) cuchara. En su forma familiar significa hurto, robo al por menor. Aún no ha mucho tiempo que en todas las casas medianamente acomodadas se usaban cubiertos de plata, y los rateros que se introducían en ellas, o los criados, robaban de preferencia las cucharas, por ser la pieza de más valor. De ahí vino probablemente el nombre de cucharero aplicado al ladrón ratero. Santamaría, Dic. mej.
(13) que todo se los den frito y guisado. Todo arreglado y dispuesto. Carmen Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1941.
(14) rebozos. "Chal, paño o pañolón que cubre los hombros y que usan mucho las mujeres de la clase media y pobre, sobre todo en el interior, donde es típico. Se fabrica de clases primorosas y finísimas, en seda, lana y algodón. Son famosos los de Santa María, en San Luis Potosí, y los del Bajío. Nació el uso de esta voz en los tiempos coloniales, en la Nueva España." Santamaría, Dic. mej.
(15) cuadrilla del guajolote. Guajolote es el pavo americano. Se aplica como adjetivo al torpe en sus movimientos, distraído y poco reflexivo. Cuadrilla es un grupo de delincuentes que atacan a sus víctimas en grupo y superioridad numérica.
(16) Callejón del Muerto. "Callejón del Muerto se llamó la actual calle de la República Dominicana. La leyenda dice que a principios de 1600 llegó de las Islas Filipinas don Tristán de Alzucer y su hijo del mismo nombre, estableciendo un comercio en esta calle. El hijo de don Tristán tuvo que ir a la costa a efectuar algunas compras donde se enfermó de gravedad, su padre ofreció ir a pie a ver a la Virgen de Guadalupe por haberle salvado la vida. Pasó el tiempo y don Tristán no se acordó de su promesa, pero su conciencia le reprochaba, y fue a ver al arzobispo fray García de Santa María Mendoza, quien le dispensó la referida promesa. Y cuéntase que el prelado al regresar de la villa se encontró a su amigo don Tristán que iba a cumplir su promesa, mas impresionado por la palidez del hombre decidió ir a su casa y cuál sería su sorpresa que encontró en una caja mortuoria entre cuatro cirios a don Tristán Alzucer..." Gustavo Casasola, Seis siglos de historia gráfica de México 1325-1976, México, Editorial Gustavo Casasola, 1978, t. II, p. 39.
(17) se me afiguró. De afigurarse, vulgarismo por figurarse. "Caso de a protéica, típicamente popular y antigua en el habla española." Santamaría, Dic. mej.
(18) abujeros. De agujero. Santamaría, Dic. mej.
(19) reales. "Octava parte de un peso, o sean doce y medio centavos." Santamaría, Dic. mej.
(20) pulquería del Puesto Nuevo. Calle de o del Puesto Nuevo, hoy 8ª cuadra de la calle de Mesones. "En la esquina que formas esta calle y el callejón del Puesto Nuevo había en fines del siglo XVI unas casas de adobes, pequeñas e irregulares, de dos dueños: las de uno tenían vista al callejón y adjunto un solar hacia la calle principal; las del otro daban hacia ésta. En el curso del siglo siguiente se consolidó el dominio de ambas en una sola persona; pasando por diversas manos, llegaron a las de D. Tomás Vello, el cual, por testamento otorgado a 8 de mayo de 1709 las dejó a su hija natural doña Antonia Vello, y al entrar en posesión de su herencia, todavía se identificó la casa llamando la calle con uno de los nombres arriba dichos. Fue doña Antonia casada con Tomás Delgadillo, y en tiempo de éstos recibió la casa mejoras consistentes en aderezar la vivienda que daba al callejón, cuya cocina estuvo en la esquina, y en establecer al lado de la calle un puesto nuevo de pulquería. Murió Delgadillo y después su mujer, dejando estas casas y otros bienes en herencia al Br. D. Diego de Santillana. Éste, en 1736, pidió licencia al juzgado de Provincia para la formación de inventarios, aprecio y adjudicación de los bienes mortuorios, y en este escrito se encuentra mencionado por primera vez el puesto nuevo de pulquería. La muerte de D. Diego Santillán paralizó el curso del negocio por largo tiempo, mas proseguido por sus herederos y sucesores, hubieron de sacarse a pregón el sitio, el puesto y la casa, y fincó el remate por la suma de $2,600 en D. Manuel Rodríguez Sáenz de Pedroso... Conde de San Bartolomé de Jala, y capitán de granaderos, en cuya familia se conservó desde el 8 de junio de 1748, hasta nuestros días, en que pasó a otra distinta." José María Marroqui, La ciudad de México, México, Tip. y Lit. "La Europea" de J. Aguilar Vera y Compañía, 1973, t. III, pp. 637-638.
(21) si jugamos la vaca en aquella última sota que yo te decía, desmontamos seguramente. Hacer vaca es "asociarse para cualquier negocio momentáneo o pasajero." Santamaría, Dic. mej. Jugar vaca es "participar en puestas de juego con otra u otras personas." Guillermo Prieto (Fidel), Viajes de orden suprema. Años de 1853, 54 y 55, 3ª edición, México, Editorial Patria, 1970 (Colección México en el Siglo XIX), p. 470. Sota es la tercera figura de la baraja, con la figura de un infante, soldado o paje. Desmontar "entre jugadores tiene la acepción especial de ganarle al montero todo lo que tiene el monte." Santamaría, Dic. mej.
(22) belduque. "Cuchillo grande y puntiagudo. Parece que el nombre le vino de fabricarse estos cuchillos en Bois-le-Duc (Holanda), que los españoles convertían enBolduque." Santamaría, Dic. mej.
(23) ya mero. "En un tris, a punto de." Santamaría, Dic. mej.
(24) partido carabino. "Se dice de partidos desiguales o desventajosos. Del origen de la frase puede darnos alguna luz el Diccionario de Pichardo: 'Carabina. s. f. La corta cantidad que alguno juega comparativamente a la grande que otro apuesta a la carta contraria, siendo ambos apuntes'. Esteban Pichardo, Diccionario provincial de voces cubanas, Habana, 1862; José Miguel Macías, Diccionario cubano, Veracruz, 1886." Santamaría, Dic. mej.
(25) a todos les va en el gallo. Tener interés en el asunto. Santamaría. Dic. mej.