EL CUCHARERO POLÍTICO
EN ARGUMENTOS CON CHEPE(1)
CUCHARERO: ¿Cómo te va, Chepe?(2) ¡Cuánto ha que no nos vemos!
CHEPE: ¡Ay, hermano de mi alma!, que por poco pelo patos(3) con la maldita escarlatina.
CUCHARERO: ¿Pues qué, te dio?
CHEPE: Y con todas sus fuerzas. Toda la garganta se me allagó, ya no podía pasar bocado, y por un tris me ahogo.
CUCHARERO: Ya, como nuestro signo es morir ahorcados, no es mucho que hasta las enfermedades amenacen nuestras gargantas. Pero dime, ¿te confesaste?
CHEPE: De fuerza, sobre que soy christiano, aunque malo y pecador.
CUCHARERO: ¿Y cómo te confesaste?
CHEPE: Por señas, porque ya no podía hablar.
CUCHARERO: ¿Y hasta entonces no esperaste a confesarte? ¡Buena estaría la confesada!
CHEPE: Cabal que sí. El padre me preguntó que cuál era mi vicio dominante.
CUCHARERO: ¿Y qué le respondiste?
CHEPE: Que todos, pues ya tú ves que no tengo por dónde el diablo me deseche,(4)y aquélla no era hora de mentir.
CUCHARERO: Es verdad; pero el padre te porfiaría en que le dijeras a qué vicio te inclinabas más.
CHEPE: Así fue, y entonces le enseñé la cucharita del atole. El padre no me entendía; antes me preguntó que si mi vicio era beber atole, y yo con la cabeza le dije que no. Y luego le hice así con la mano como araña,(5) y entonces me entendió perfectamente.
CUCHARERO: ¿Y qué te dijo?
CHEPE: Me regañó muy bien, y al fin paró el sermón en que restituyera lo mal habido. Al oír esto, el cielo se me juntó con la tierra,(6) porque yo nunca he tenido nada por bien. El padre, mirándome tan apurado, me consoló diciéndome que restituyera lo que buenamente pudiera, que si Dios me daba vida, trabajara para restituirlo todo, y que me quitara del oficio. Yo a todo dije que sí, por salir del mal paso; pero mira, hermano, qué imprudencia de padre. Querer que restituya lo que pueda, ello era muy poco, y si lo volvía, no me quedaba un real para comer con mi pingajosa. Querer que trabaje, como si yo supiera; y por último, mandarme que me quite del oficio, como si no fuera tan socorrido.
CUCHARERO: ¿Pues qué hiciste y qué piensas hacer?
CHEPE: Seguir mi carrera, porque la caridad entra por sí mismo, y yo es fuerza que coma, beba y vista a costa de mis prójimos.
CUCHARERO: Pues no hay duda, Chepe, ha estado tu confesión edificante. Si te mueres, seguramente te llevan los diablos y vas a decir al infierno que habías escapado en una tabla. Y dime ¿has sabido de tu compadre?
CHEPE: Sí, el pobre está en el grillete pasando mil trabajos.
CUCHARERO: ¿Y por qué?
CHEPE: Porque no sé qué tuvo con Pancha la Larga, que se enceló de él y fue a vengarse, entregándolo a la justicia, quien lo agarró, le quitó todos sus bienes, que los tenía enterrados debajo de las vigas. El escribano le pedía cien pesos(8) para componer; mi compadre no tenía un real, y así no se los dio. El escribano se volvió un diablo, le levantó mil falsos testimonios, y los jueces lo sentenciaron a tres meses de grillete, donde está pasando lo que Dios sabe, que si no fuera por mí y otros compañeros que lo socorremos, perros se lo hubieran comido.
CUCHARERO: Siento mucho las desgracias de tu compadre, al fin es compañero; y cierto que fue muy mal hecho haberlo condenado al grillete sin culpa ninguna, porque él es hombre de bien, como la mano del Mosquito,(9) no agraviando lo presente.
CHEPE: Pues ya se ve que sí. Eso mesmo digo yo. Mi compadre es muy hombre de bien, como todos nosotros; pero si no tenemos oficio ni beneficio, ni hay en el día en qué buscar un real, ¿qué hemos de hacer sino arrimarnos a la santa cuchara?, porque comer es fuerza y es un pecado dejarse morir de hambre.
CUCHARERO: Completo, Chepe tener de los que tienen, porque está el tiempo malo.
CHEPE: Y tan malo, que no se jalla(10) un real bueno a bueno, ni para un remedio. Ya se ve, como ha salido tanta plata y las minas no se trabajan, ¿de dónde ha de venir el dinero? Dicen que en La Habana(11) hay ochenta millones de pesos fuertes.(12)
CUCHARERO: ¡Alma mía de ellos! ¡Quién les diera un abrazo muy apretado! Algo más te había de tocar a ti que a las ánimas, si yo metiera mi cucharita en los ochenta; pero no se hizo la miel...
CHEPE: Está todo tan dado a la trampa(13) que dentro de poco me parece que no ha de haber ni a quién robar. Los que tienen algo, se encierran a piedra y lodo; los que tienen capa, o salen de noche acompañados o no salen; y en las casas de gloria patri,(14) en que pensamos hay algo de provecho, solemos encontrarnos con que creyendo que hay jamones, no hay ni estacas.
La otra noche fuimos cuatro a casa de un médico. Sorprendimos al mozo de abajo; subimos, pedimos las llaves de los baúles; la señora, que estaba sola, nos las dio, abrimos y juimos hallando una trapería tan larga y tan deshecha que ni para hilas de hospital estaba buena. Abrimos después una escribanía, pensando que allí estaban los escuditos de las purgas, y sólo hallamos recetas, cartas y papeluchos. En fin, aburridos de nuestra mala campaña, nos contentamos con desnudar a la señora y a su criada, llevándonos de camino dos sábanas viejas, un cobertor, dos candeleros de cobre y otras maritatas(15) manuables, que por junto hemos vendido en siete pesos. ¿Qué te parece y cómo está México?
CUCHARERO: Es ciertamente increíble. Lo que más cólera me da es ver cómo cuando caemos en poder de los magistrados, éstos se cargan de razón y nos castigan, inexorables, algunas veces, como ha sucedido con el pobre de tu compadre.
CHEPE: ¿Pero hombre, qué han de hacer sino castigar los delitos, que dicen que es su oficio?
CUCHARERO: Sí, castigar los delitos es atribución de la magistratura; pero también lo es precaverlos, que es mejor; y aunque esto pertenece al poder legislativo, con aplicarse eficazmente las leyes que tenemos por el poder ejecutivo, seguramente que si no exterminaran los ladrones del todo, a lo menos se menoscabaría su número considerablemente.
Una de las causas que hay para que abunden los de nuestro oficio, con daño y escándalo de la sociedad, es la mala educación que nos dan nuestros padres, porque no tienen otra mejor que darnos. Si los curas y ayuntamientos de los pueblos fueran responsables ante el gobierno de nuestra educación, si se castigaran severamente cuando en sus feligresías y jurisdicciones se hallara dentro de dos años un muchacho de siete que no supiera leer, y dentro de cuatro uno de diez que no supiera escribir, verías menos necios en los pueblos, y de consiguiente, menos viciosos y holgazanes, porque nada fomenta más el vicio que la ignorancia. Pero como no hay quien reclame sobre esto a los párrocos ni jueces de partido, se desentienden de cumplir con su obligación en esta parte, no estrechan a los padres de familia, y éstos se descuidan enteramente de la educación de sus hijos.
CHEPE: Espantado estoy al escucharte. No hay duda, sino que tú eres muy ladino. Pero, dime ¿qué, deseas de corazón que se persigan los ladrones?
CUCHARERO: A los ladrones no; al fin soy del arte y ellos son mis compañeritos de mi alma. Antes los disculpo. ¿Sabes a quiénes quisiera yo ver en el grillete?
CHEPE: ¿A quiénes?
CUCHARERO: A una porción de virreyes y oidores que en tantos años se descuidaron de la educación de la plebe y del fomento de la industria en este Imperio, contentándose por una parte con ostentar la persona y jalar el sueldo, y por otra con llenar de cárceles de delincuentes a quienes después enviaban afrentados a los presidios y a las horcas. ¡Inaudita crueldad! La ley liberal y justa tiene por objeto corregir a los hombres, no exterminarlos. El reo infame, ya sin ideas de honor, jamás se corrige; luego que se ve libre se dedica con más furor y precaución a sus vicios, como que tiene menos que perder, y el muerto queda incapaz de ser malo ni bueno.
CHEPE: Pero, hombre, si con saber leer y escribir tuviera uno siempre lo que ha menester, fuera buen remedio ése para que no hubiera ladrones; pero lo cierto es que no basta, y cansados estamos de ver ladrones en todos tiempos que han sabido leer y escribir y contar y algo más. Conque ya ves que ese remedio es inútil.
CUCHARERO: Yo no digo que basta para hacer al hombre impecable, ni menos para asegurar su subsistencia; pero la buena educación contribuye mucho a uno y otro. Puede señalarse por segunda causa del robo, la necesidad, pues la suma pobreza es ya ocasión próxima de robar.
CHEPE: ¿Y eso quién puede remediarlo?
CUCHARERO: El gobierno puede, debe y tiene facilidad de hacerlo.
CHEPE: Anda allá; tú entenderás de meter una ganzúa o de quitar un capote; pero de estas politiquerías, pienso que estás como una bola.(16)
CUCHARERO: Puede ser; pero dime, ¿no tiene el gobierno muchísima extensión de tierras en el Imperio, baldías y estériles por incultas y despobladas, que si se cultivaran, serían muy productivas y benéficas, y ahora como están, no le sirven a Dios ni al diablo?
CHEPE: Es verdad.
CUCHARERO: ¿No hay una multitud de minas que esconden la plata y el oro porque no hay quién lo saque de sus entrañas?
CHEPE: No hay duda en eso.
CUCHARERO: ¿Tenemos urgentísima necesidad de buques de guerra que guarden nuestras costas del contrabando y de enemigos exteriores, así como de buques mercantiles en qué hacer nuestro comercio activo?
CHEPE: Es cierto.
CUCHARERO: ¿Y no tenemos muchos puertos y ensenadas muy a propósito y surtidas de abundantes maderas para hacer astilleros?
CHEPE: No lo puedo negar.
CUCHARERO: ¿Faltan lugares oportunos para sembrar lino, plantar moreras, nopales de grana,(17) cepas, olivares y demás vegetables que son manantiales de riqueza?
CHEPE: No por cierto.
CUCHARERO: ¿Son los talentos de los criollos(18) tan obscuros que no sean capaces de aprender en poco tiempo a hacer papel, sacar excelentes vinos y licores, tejer lana, algodón, lino y seda, y hacer cuanto les enseñen?
CHEPE: Eso tú y yo lo hemos de decir.
CUCHARERO: Pues ahí tienes cómo, según mi poco saber y entender, el día que el gobierno quiera aplicar su autoridad con energía, puede desterrar de nuestro país la holgazanería y la miseria, fundando poblaciones, fomentando la agricultura y la industria, y protegiendo la minería y marina, con lo que se aumentaría la población, y se desterraría la ociosidad, la miseria y el vicio, como he dicho.
CHEPE: ¿Y con qué caudal se hacía eso?
CUCHARERO: Con muy poco, que volvería con usura.
CHEPE: Y ¿con qué gente?
CUCHARERO: La floja y viciosa, como tú y yo, nos serviría remitiéndola por castigo y haciéndola trabajar con utilidad propia. Entonces verías a tus compañeros útiles a sí y a la patria, porque el hombre es menos perdido cuando tiene más qué perder.
CHEPE: ¡Caramba, hermano! Lástima que no seas consejero.
CUCHARERO: Pero soy aconsejador.
CHEPE: Yo mucho de lo que dices no te entiendo.
CUCHARERO: Poco importa, como me entienda el gobierno. Ya es tarde, dale esa pesetilla(19) a tu compadre y a Dios.
El que reimprima este papel sin mi consentimiento será responsable ante la ley.
El Pensador
(1) México, Imprenta del Autor, 1822.
(2) Chepe. Cf. nota 2 a El cucharero y su compadre...
(3) pelar patos. "Pelarse 'morir' es más propio del habla mexicana: 'Cuando parecía que se iba a curar se peló'. Con el significado de 'irse' se usa en varios países [...]. Pelarse en México reúne las dos acepciones [...]. Derivaciones muy usuales son pelar gallo y pelar ratas." Juan Manuel Lope Blanch, Vocabulario mexicano relativo a la muerte, México, Seminario de Dialectología, UNAM, 1963 (Publicaciones del Centro de Estudios Literarios, 10), p. 66. Como en la época de Fernández de Lizardi era frecuente comer patos, la expresión de pelar gallo no era tan usual.
(4) no tengo por dónde el diablo me deseche. Ser muy vicioso y sin ninguna cualidad buena.
(5) como araña. Curiosamente este gesto de abrir y cerrar la mano con los dedos algo encogidos, semejando la forma y movimiento de la araña, tiene como equivalente la palabra araña: "También por traslación se llama la persóna que codicia y recóge con solicitud por no buenos modos lo ajéno." Dic. de autoridades.
(6) se me juntó el cielo con la tierra. "Hallarse en callejón sin salida, en grande apuro." Santamaría, Dic. mej.
(8) pesos. Al establecerse la moneda mexicana dentro del sistema decimal, teniendo como unidad el peso, éste tuvo un valor de ocho reales. Un real equivalía a doce centavos y medio.
(9) Mosquito. "En junio de 1821, Nicolás Bravo, que por invitación del propio Iturbide se había unido al movimiento por él patrocinado, fundaba en Tulancingo, un periódico que con el título de El Mosquito publicóse 'para fomentar activamente la revolución'." J. M. Miquel i Vergés, La independencia mexicana y la prensa insurgente, México, El Colegio de México, FCE, 1941. En el original aparece con mayúsculas. No sabemos a qué mosquito se refiera. Como calificativo se usaba para aludir al que asistía frecuentemente a la taberna o también para una persona insignificante.
(10) jalla. La guturalización es frecuente en el habla popular. En La Quijotita y su prima, Fernández de Lizardi reproduce también este fenómeno: "yo juí a la casa [...] y me jallo a la señora Luterina." Obras VII-Novelas, edición, recopilación, notas y estudio preliminar de M. R. Palazón, México, UNAM, 1980 (Nueva Biblioteca Mexicana, 75), p. 20.
(11) "en la noche del 2 de junio [de 1822], tuvo noticia el emperador de que uno de los regimientos de la guarnición, combinado con otros, intentaba asaltar las casas de comercio, en especial las que estaban reunidas en la plaza mayor en el edificio llamado 'El Parian' [...] En consecuencia se tomaron las medidas de seguridad oportunas, y haciendo confianza de la misma tropa, se le encargó custodiase el edificio amenazado [...] El aviso que el gobierno dió al congreso de este acontecimiento y de los riesgos que amenazaban por falta de recursos, hizo se tuviese una sesión extraordinaria en la tarde del 4 de junio. Había informado ántes el ministro de hacienda [sesión del Congreso de 24 de mayo] con mucha exageración, que en la Habana existían sesenta millones de pesos extraídos del imperio en monedas y barras, y tanto para evitar mayor exportacion cuanto por haber detenido el general Dávila, gobernador de S. Juan de Ulúa, un bergantin americano con cargamento de fusiles y una goleta que conducia algunos artistas á Veracruz, habia dispuesto el emperador suspender todo embarque de dinero y depositar el que habia bajado á aquel puerto en la ultima conducta 'para impedir que se extrajese furtivamente y sirviese de fomento á los proyectos que se meditaban contra la independencia' [sesión del 29 de mayo], sobre todo lo cual representaron los interesados, manifestando haber puesto aquellos caudales en camino, bajo la confianza que les había inspirado el decreto del congreso por el que se permitió la exportación [sesión del 31 de mayo] y Echenique, activo agente del comercio de Veracruz logró se diese órden para que se entregasen á sus dueños las sumas que les pertenecían, afianzando éstos volverlas á presentar se les exigía." Lucas Alamán, Historia de México. Con una noticia preliminar del sistema de gobierno que regía en 1808 y del estado en que hallaba el país en el mismo año, México, Imprenta de Victoriano Agüeros y Compañía, 1884, t. V, pp. 470-471.
(12) pesos fuertes. "La reforma monetaria que trajo consigo la aplicación en España de la Real Cédula de 23 de diciembre de 1642, creó dos especies de monedas: las de plata vieja o antigua acuñada con anterioridad a la fecha dicha, y la posterior, denominada de plata nueva, para diferenciarla de aquélla de menor peso y ley, con circulación en la Metrópoli y prohibición en América. Al 'peso de plata vieja o antigua' se le denominó por esa circunstancia 'peso fuerte'. Su valor de Rs. pasó a ser 10 Rs. de plata nueva y para distinguirlo en su nomenclatura se le denominó 'escudo de plata'." En 1686 se revaloró en 15 reales, 2 marcos de vellón; en 1726, a 9 reales y medio; en 1728, 18 reales, 28 marcos; en 1737, 20 reales. De 1786 a 1825 el peso fuerte de busto valía 8 reales. Humberto Burzio, Diccionario de la moneda hispanoamericana, Santiago de Chile, Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio y Medina, 1958, p. 181.
(13) está dado a la trampa. "Estar en malas condiciones sociales, pecuniarias o de cualquier otra clase; y tratándose de cosas, éstas maltrechas o en malas condiciones de uso y servicio." Equivale a estar dado al diablo. Santamaría, Dic. mej.
(14) de gloria patri. "De tres al cuarto, de medio pelo." Santamaría, Dic. mej.
(15) maritatas. Baratijas o trebejos, cosas de poco valor o poca importancia. En su forma maritates es una voz andaluza. Hoy se dice chivas. Santamaría, Dic. mej.
(16) estás como una bola. Actualmente se dice estar hecho bolas o pelotas, es decir, confundido. Hacerse o volverse bola es perder el orden y concierto, sobre todo en una formación. Santamaría, Dic. mej.
(17) nopales de grana. De nopalli: nombre genérico de unas cactáceas que producen tuna. En un nopal de muy pocas espinas [dactyliopus cacti] se criaba la cochinilla, un insecto que reducido a polvo servía para dar color grana a la seda, a la lana y otras telas. Esta técnica, conocida por los aztecas, pasó a España, la India, Jamaica y las Canarias. Fue sustituída por los extractos minerales colorantes. Actualmente existe un proyecto para rescatarla.
(18) criollos. Del lugar. Actualmente son los nativos de México que descienden de españoles. En la época de Fernández de Lizardi también se llamaba así a los mestizos.