TERCERO DIÁLOGO CRÍTICO

EL CRÍTICO Y EL POETA.(1)

 

..."Ridentem dicere ver
Quid vetat?...
¿Cuál es el embarazo
para decir una verdad burlando?

Horacio. Sátira I Libro1

 

CRÍTICO: Vaya compadre, vaya es cantaleta

querer sin son, ni tron meterse a Poeta.

POETA: ¿Cómo sin son, ni tron, qué es lo que dice?

CRÍTICO: ¡Ay mísero de usted, ay infelice!

POETA: Soy un Poeta eminente,

estoy haciendo un Poema, y a insurgente

consonante no le hallo.

CRÍTICO: Tal es usted compadre de caballo.

¿Pues qué, prudente, no es buen consonante?

POETA: Es consonante si, mas no bastante.

CRÍTICO: ¿Pues lo será valiente?

POETA: Ni tampoco.

CRÍTICO: ¿Y no es bueno clemente?

POETA: ¿Está usted loco?

¿cómo ha de sonar bien al Insurgente

que fuera yo a encajarle lo clemente,

el valor, ni prudencia?

CRÍTICO: Como saliera en verso, en mi conciencia

que nadie lo notara,

porque en esas frioleras ¿quién repara?

mil papeluchos salen cada día,

maldito lo que dicen, y a fe mía,

los pregonan a gritos,

y algunos los celebran por bonitos.

POETA: ¿Y de los míos compadre, qué tal dicen?

CRÍTICO: Hablando formalmente los maldicen,

y lloran sin remedio

los poco cautos, que han largado el medio

por tan necias frioleras.

POETA: ¿Cómo compadre, que habla usted de veras?

CRÍTICO: ¿Pues qué lo duda? ¡buena va la danza!

¿Sabe usted que me guste hablar de chanza?

POETA: ¿Y de do viene el llanto?

CRÍTICO: A lo que infiero,

es por haber empleado su dinero

tan mal en porquerías,

que ese nombre le dan a sus poesías;

y así piense con seso

Compadrito, y por Dios quítese de eso.

Usted ni entendimiento, ni memoria

tiene, ni menos instrucción ni historia,

ni es erudito, Poeta, ni estudiante,

y así no es mucho caiga a cada instante

en mil anacronismos,

alegorías impropias, solecismos,

malas medidas, y conceptos fríos.

POETA: En fin salen los versos como míos.

Yo dar gusto quisiera, y esto es llano,

a todo el mundo; mas no está en mi mano.

CRÍTICO: Con no escribir Compadre, ya está dado:

aplíquese a la azada, y al arado,

y viva satisfecho

que al público será de más provecho,

que escribiendo dislates,

mamarrachos, simplezas, disparates,

que nada dicen, y que enfadan mucho.

POETA: ¡Válgame Dios Compadre y lo que escucho!

¿tan malos son mis versos?

CRÍTICO: Sí, compadre.

POETA: Pero hay tontos también, a quienes cuadre

leer esos mamarrachos.

CRÍTICO: Sí, a los cocheros, viejas, y muchachos,

y a otros de igual ralea,

a los que nada importa el papel sea

ridículo o discreto,

sea bella producción o mamotreto.

POETA: ¡Gracias a Dios que hay gente para todo!

y yo a escribir para éstos me acomodo;

y no para los doctos mi Señor.

CRÍTICO: Escribir para todos es mejor,

y que traiga el escrito utilidad.

POETA: A mí sí me la trae.

CRÍTICO: Yo la verdad,

pienso que poca es ésa,

pues si es el cercenarle la pobreza,

a mal arte se aplica,

pues Poeta, y rico ya ve usted qué implica,

según la maldición del padre Apolo,

que viva el Poeta siempre pobre, solo,

y acosado de Antágonos prolijos:

¿si esto hace el padre Apolo con sus hijos,

considere qué hará con un Poetastro,

de quien no es padre, sino cruel padrastro?

y así pues ni Castalia, ni Hipócrene

sus licores le dan, no le conviene

continuar la Poesía,

ni buscar los favores de Talía,

porque a más que publica su tontera,

dicen que roba al público...

POETA: Es quimera,

es quimera por Dios la más injusta,

¿los vendo yo por fuerza? ¿a quien no gusta

el leer mi papasal

le pongo yo en los pechos un puñal?

aunque sea un majadero,

¿la impresión no me cuesta mi dinero?

y cuando no se venden mis papeles

¿no los doy para aforros de pasteles

sin quejarme de nadie? pues amigo,

¿por qué tanta ojeriza?

CRÍTICO: ¿No le digo

que aún los Poetas de nombre

tienen rivales?

POETA: Sí.

CRÍTICO: Pues no le asombre

los tenga un atontado,

un pobrete coplista adocenado,

un famélico...

POETA: ¿Qué?

CRÍTICO: ¿Qué no lo entiende?

Un Poeta que no come si no vende

su fárrago del día.

POETA: ¡Voto a la suerte, y a la estrella mía!

Mal hayan los Demonios,

¡Y cómo me levantan testimonios!

Otros arbitrios tengo,

no sólo con los versos me mantengo,

tal vez por gusto escribo,

reniego yo de la época en que vivo,

que todo se murmura

sea malo, o bueno.

CRÍTICO: Calle que es locura

esa proposición,

lo bueno siempre es loable, y con razón;

mas lo malo Compadre,

¿nos hemos de enojar porque no cuadre?

Es verdad (que de todo se ha de hablar)

que algunos, que ni aún saben deletrear,

rajan, murmuran y la crisis hacen,

de todo lo que leen, no satisfacen

por fin sus argumentos;

pero ellos se acreditan de jumentos,

se contentan con eso,

y digo yo, ¿me he de enojar? Confieso

que a mí jamás me ofende

la crítica de aquél que no lo entiende;

mas esto no es decir, que usted haga versos,

pues ya le digo son los más perversos.

POETA: Yo versos he de hacer, y deje que hable

la chusma murmurona miserable.

Sí, yo tengo de hacer versos a troche moche,

versos por la mañana, tarde, y noche.

CRÍTICO: Usted me compadece.

POETA: No se canse,

que en teniendo un Soneto, o un Romance,

una Oda, o Redondilla,

mas que en mi mesa no haya una tortilla.

CRÍTICO: ¡Habrá hombre más extraño!

POETA: Déjeme usted hacer versos todo el año

mas que me rajen, y me despedacen;

¿me ve usted censurar lo que otros hacen?

Eso, eso me encamorra;

ver criticar a usted (como la Zorra

de la fábula,) austero

los defectos ajenos; no, primero

comience usted por sí,

y deje a los demás, déjeme a mí,

suspenda sus escritos,

no prosiga esos Diálogos malditos;

¿No es empresa graciosa,

escribir la Pelona y la Furiosa?

El Currutaco, y... vaya... ¡qué simpleza!

¡quebrarse en estas cosas la cabeza!

¿qué le va a usted compadre, o qué le viene

si aquella se trasquila, si aquél tiene

levita, y no camisa?

¿pues no son cosas éstas que dan risa

(quédese entre nosotros)

ver corregir a usted defectos de otros,

cuando por otra parte, ¡caso extraño!

no intenta remediar su propio daño?

la verdad, yo imagino,

no le conviene a usted ser Censorino,

ni querer dar consejos,

deje usted eso allá para los viejos

experimentados, doctos, y virtuosos,

a ésos sí les conviene, no a los mozos

de una vida...

CRÍTICO: Imprudente,

ridícula objeción, impertinente.

La conducta viciosa, no condena

de autor alguno la censura buena,

así como al enfermo se le aplica

el remedio, que traen de la Botica

aunque en su casa sepan no está sano

Médico, Boticario, o Cirujano;

y así, pues es viciosa

Compadre la objeción, diga otra cosa.

POETA: Todo eso está muy bien; mas se ha notado

que quien tiene de vidrio su tejado,

parece desatino,

que se ponga a apedrear al del vecino.

CRÍTICO: Es frase muy prudente;

pero debe entenderse solamente

de la murmuración particular;

de la crítica, no.

POETA: ¿No es murmurar?

CRÍTICO: Antes es corregir, porque en efecto,

es la murmuración contra el sujeto;

y la crítica no, pues sólo atiende

al vicio en general, y lo reprende,

por eso el Orador siempre procura

en el Púlpito hacerlo, y no murmura.

POETA: Pero es un disparate sin segundo,

el que usted quiera remediar el mundo,

cuando Feijoo, Quevedo, e infinitos

de crítica llenaron sus escritos,

y sin provecho alguno me parece,

que el mundo loco siempre está en sus trece.

CRÍTICO: A usted le ha parecido;

mas la crítica mucho ha conseguido,

y si no hubiera el loco desengaño,

hoy estaría tan loco como antaño;

pero algo se ha curado; y sin remedio,

mis recetillas echaré de a medio,

que por el poco precio

las mira el pobre, el rico, el sabio, el necio,

a ver si algo se cura.

POETA: Muy bien dicho:

sigamos usted y yo nuestro capricho.

¿Qué pueden hablar otros,

que no hayamos hablado ya nosotros?

Siga usted criticando en adelante;

mientras busco a Insurgente consonante.

 

(1)Impreso en Obras X, pp. 17-24. No está mencionado en las bibliografías [anteriores].