EL CASTILLO SE RINDIÓ; PERO LA CATEDRAL, NO
DIÁLOGO
SIMPLICIO: ¿Conque por fin se rindió el castillo de Ulúa?(2)
JUSTO: Sí, amigo; y la nación ha ganado en esto tanto cuanto creo que no ha conocido. Este juicio lo formo en virtud de la frialdad con que lo hemos visto celebrar.
SIMPLICIO: ¿Cómo frialdad?, ¿pues no ha habido salvas, cohetes, repiques, iluminaciones, misas de gracias, paseos, bailes, ambigús, etcétera, etcétera?
JUSTO: Sí, todo eso ha habido; pero en unas partes más, y en otras menos. Me aseguran que en Puebla(3) estuvo todo de lo más desairado.
SIMPLICIO: Yo no lo vi. No soy voto; pero si así fue, hicieron muy mal. No se portaron así cuando festejaron al señor Iturbide.(4)
JUSTO: Lo que digo es que este accidente no se ha celebrado tanto como merece, porque no se ha conocido lo que vale. La España hoy está impotente y más que nunca supersticiosa, fanática, teocrática, humillada a un clero soez, traidor y tonto, que gobierna las conciencias y las manos de sus pueblos. Además está presidida de dos monarcas que aprecian más su rango de señores absolutos que la libertad y bien de sus vasallos. Estos reyes son Carlos X de Francia y Fernando VII de España. El primero es un monarca de contingencia, pues jamás lo hubiera sido sin la desgracia de Luis XVI, educado en las antiguallas de los Capetos, y eterno sostenedor de la ambiciosa dominación de las coronas. El segundo es un rey idiota, guiado siempre por ministros que adulan su opinión, sea buena o mala; no es mucho que los españoles estén divididos en partidos opuestos, que los frailes y clérigos dominen a los ministros, que tramen conspiraciones y finjan milagros para sublevar a unos pueblos fanáticos contra su rey, proclamando Carlos V contra Fernando VII, porque aquél les promete no tocar los que llaman bienes de la Iglesia; ni tampoco es mucho que un fraile, lleno de sudor y porquería, conocido por el Trapista,(5) se haga capitán de conspiraciones ruidosas.
Ésta es España en el día, y se perderá y será presa de las naciones vecinas por santa, por religiosa, por cristiana. ¡Epítetos brillantes si los desempeñara la virtud, y no la ambición e hipocresía!
Pero, en fin, esta España débil, pobre, ignorante y cobarde, algún día fue fuerte, rica, sabia y valerosa; y además, caprichuda, y tenaz. Mil sacrificios hizo para sacudirse el yugo de los moros, y al fin lo consiguió. Entonces aquellos pueblos sabían lo que valía la libertad: un puñado de valientes, aislados en una cueva, y regidos por el inmortal Pelayo, bastaron a sacudir el yugo sarraceno que habían sufrido por ochocientos años. Prescindieron de los infinitos enlaces de la sangre, amistad e intereses que habían contraído con los moros, de grado o por fuerza, en el dilatado tiempo de ocho centurias, y no dejaron un progenitor en España.
Para que el pueblo entienda bien cuál era el carácter español en aquel tiempo, se lo voy a explicar muy claramente. Cuando los españoles, amigos y camaradas, compañeros, hijos, nietos, bisnietos, maridos, hermanos, cuñados y deudos de los moros, se sacudieron el yugo de éstos, no dejaron en España sino uno que otro; prescindieron de las poderosas razones de sangre y amistad; y aunque hasta el día conservan muchas casas, apellidos y títulos arábigos, lo mismo que la nación, costumbres y su idioma, voces como almirez, almohada, almohaza,(6) alhóndiga, almojarifazgo,(7) etcétera, arrojaron de su suelo a la mayoría de sus conquistadores por sólo serles sospechosos. Nosotros, con menos tiempo de conquista, con trabazón de amistad, sangre e intereses, no hemos podido hacer lo mismo con los españoles. Ya se ve: la ilustración del siglo, la filantropía, el derecho de las naciones, no nos da lugar a la imitación. Yo me alegro, y no me pesa tal diferencia; soy amigo del hombre, y el bueno, sea de la nación que fuere, no debe confundirse con el malo; pero a lo que traigo esto es para manifestar el carácter fuerte y sostenido de los españoles, que no contentos con la expulsión de los moros, acometieron la grande empresa de apoderarse de algunas de sus plazas, como en efecto se apoderaron de Ceuta, Melilla, y otras que hasta el día conservan sin servirles de otra cosa que de gravamen; pero toda la morisma no ha podido rehacerse de ellas. Véase ahora con cuanto empeño no hubieran mantenido el castillo de Ulúa, y cuanto no es el favor que debemos a la protección del cielo, que hizo que acosados de la hambre y de la peste lo hubieran abandonado y entregado a nuestro poder, con lo que ya no cuenta la España, con un palmo de tierra en nuestro Continente. ¡Gloria a Dios y a la nación americana, porque ya flamea nuestra águila(8) triunfante en todas partes!
SIMPLICIO: Menos en la Catedral(9) de México, allí sí que no aleará la águila.
JUSTO: ¿Y por qué no?
SIMPLICIO: Porque los canónigos no se llevan con las águilas, sino con los leones. ¿Acaso ha visto usted que sus señorías se hayan dignado colocar la águila mexicana en el frontispicio de Catedral, donde lucía con gran pompa y majestad el escudo de las armas españolas por tanto tiempo?
JUSTO: Efectivamente, que en esto se han hecho sus señorías no sólo sospechosos de borbonismo, sino abiertamente criminales, y, por lo mismo, odiosos a toda la nación, a quien ultrajan con esta tenaz resistencia, que envuelve en sí insubordinación a las leyes, escandaloso mal ejemplo a los pueblos, traición a la patria e ingratitud a la nación a que pertenecen y la que los mantiene en el lujo y la molicie.
SIMPLICIO: Así es: en mi concepto son mil veces los canónigos, en esta parte, más criminales que lo fue El Payo del Rosario(10) con su impolítico papel que dio contra los ingleses.(11) A El Payo siempre lo disculpará su falta de crítica, el extravío a que lo indujo la lectura del libelo titulado La libertad de los mares,(12) y más que todo el exaltado patriotismo con que se propuso vindicar el honor de su nación, que creyó ultrajada por el gabinete de Saint James, con la repulsa que hacen de nuestros enviados con carácter público.(13) Esta queja, manejada con arte y con política, no le habría producido malos resultados, porque ¿en qué lugar del mundo se le puede imputar a un ciudadano como delito el volver por el decoro de su patria? La descantadilla de El Payo consistió en la generalidad con que se explicó contra toda la nación británica, en las faltas que sacó a ésta sin venir al caso, y en el error con que calificó de agravios los servicios benéficos que aun [en] clase de habilitaciones de minas nos han prestado los ingleses.(14)
Todo esto es impolítico, y nunca me atreveré a negarlo; pero con todo, admite las disculpas que ya he dicho; pero los canónigos de México ¿qué disculpa tendrán para cohonestar el desprecio que manifiestan a nuestro actual sistema de gobierno, manteni[en]do vacío, por el largo tiempo de cinco años, ese hueco del frontispicio de la Catedral, donde desde luego debían haber colocado las armas de la patria? ¿Los disculpará la ignorancia? No, pues saben que están obligados a ello. ¿Los disculpará la falta de dinero?, menos, pues les sobra para hacerlas de oro. ¿Les servirá, por último, la falta de advertencia?, tampoco, pues El Pensador cerca de un año ha que está insistiendo sobre esto,(15) y rogando que se pinten aunque sea con carbón o con almagre. Conque no hay disculpa que favorezca a estos señores.
JUSTO: Todo eso que usted dice es una verdad. La prudencia del gobierno en tolerar este insulto público a la nación es admirable, aunque yo no sé si será muy segura, o esta condescendencia abrirá la puerta para que mañana el alto clero le exija otras anticonstitucionales, so pena de excomunión mayor.
SIMPLICIO: Tampoco yo entiendo esas cosas; lo que sí entiendo es que los canónigos y los frailes en España han religionado el gobierno y traen a la Península envuelta en confusiones y partidos; allí es fácil y muy común empuñar un fraile en una mano el santo Cristo, y en la otra, la espada para seducir y alarmar a los pueblos contra su mismo soberano.
JUSTO: Quiera Dios que aquí no los imiten sus reverencias; pero es mal presagio que se haya rendido el castillo de Ulúa, y que la Catedral se mantenga firme en no adornarse con la águila mexicana.
SIMPLICIO: A mí me ocurre un arbitrio bien fácil para hacerla rendir en pocos días.
JUSTO: ¿Y cuál es?
SIMPLICIO: Éste. ¿No se rindió el castillo por hambre?
JUSTO: Así fue.
SIMPLICIO: Pues qué cosa más fácil que sitiar la Catedral cuando los señores canónigos estén dentro, sin dejarle provisión ni de un real(16) de bizcochos. Hágase esto, y yo le aseguro a usted que dentro de tres días capitularán sus señorías con el gobierno, y pondrán no ya la águila mexicana, sino hasta gavilanes y lechuzas. ¡Sobre que la hambre puede tanto!
JUSTO: Esa ocurrencia fuera buena a ser posible.
SIMPLICIO: Usted no lo entiende. Vea usted lo posible que es. Suponga usted que el señor presidente de la República dirigiera al Cabildo Eclesiástico un oficio concebido en estos términos:
“Siendo ya demasiado escandalosa la resistencia de este venerable Cabildo manifiesta en adornar la fachada principal de esta santa iglesia Catedral con las armas de la República Mexicana, prevengo a vuestras señorías, como a su deán, haga que dentro de quince días queden colocadas del mismo metal y fina hechura que lo eran las de España, bajo el concepto de que de no verificarlo se tendrá ese cuerpo por sospechoso de infidencia, y de consiguiente sus individuos serán depuestos de sus empleos y ocupadas sus rentas. Dios guarde a vuestras señorías muchos años”, etcétera.
Aquí tiene usted un sitio formidable con medio pliego de papel.
JUSTO: Estoy plenamente convencido. La providencia pareciera violenta, pero sus efectos serían seguros.
SIMPLICIO: Quiera Dios que los señores canónigos no den lugar a tales medidas, sino que, en obsequio de su honor y de la nación a que pertenecen, coloquen la águila mexicana en Catedral y hagan unos gallardetes decentes para adornar las torres, porque los de hoy están fatales; el mejor de ellos no vale un real en el Factor.(17)
JUSTO: Veremos lo que sucede. Hasta otra vista.
México, diciembre 16 de 1825.
El Pensador.
(1) Oficina del finado Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].
(2) castillo de Ulúa. Cf. notas 55 a Impugnación que los gatos...y 4 a Justo tributo...
(3) Puebla. Cf.nota 220 a Observaciones que El Pensador...
(4) Iturbide. Cf.nota 17 a La tragedia de los gatos...
(5) El Trapista. El Trapense. Fray Antonio Marañón. Tomó el nombre de la congregación de la Trapa (la Trappe) fundada en 1140 en los confines de Normandía. Posteriormente algunos monjes estuvieron en Murcia, Zaragoza, Suiza y en el monasterio de Poblet, Tarragona. En la Gaceta del Gobierno Imperial de México, tomo II, aparecieron las siguientes noticias: “Barcelona. Proclama que dirigió á sus incautos somatenses el Trapense fray Antonio Marañon, en la Espulga del Francoli, el ocho del corriente mayo, la que es como sigue [...]: ‘Soldados é hijos de Jesucristo: con la ayuda del Señor vosotros acabáis de ganar una gloria, que vuestros antiguos antepasados adquirieron sobre los moros e impíos por la salud de nuestra santa religión [...]. El Señor quiere sacrificios, y siendo como sois cristianos, é yendo yo á vuestra cabeza, cuento con ellos para lograr el fin tan deseado. Mañana os dirigiré a otra victoria, como la que hoy acabáis de conseguir, y nuestros enemigos, y de la religión esposa de Jesucristo, no hallaran más salvación que escapándose, ó disfrutar de nuestras generosidades; así pues, juremos y declarémos todos delante de los cielos, y en presencia de la imagen del Señor, de no separar las armas de nuestras manos, hasta que estén exterminados, y de un todo acabados los nuevos filósofos, milicianos y tropa de línea’.” Número 94 del jueves 12 de septiembre de 1822, pp. 726-727. En el número 96 (17 de septiembre de 1822, p. 738) dice: “Tarragona. El Trapense, que se dice y firma el PrincipeCatalán, ha puesto en libertad en Montblanch al famoso Mosen Jové, que por conspirador manifiesto contra el sistema estaba alli preso hace un año, gracias a labondad ó actividad del juez que estudia en su causa. Este fascineroso y los demás presos se han unido á su columna.” Y en el número 103 (lo. de octubre de 1822, p. 790) del mismo periódico está escrito: “Provincia de Lérida. Desde Tárrega, participa [la división de la Provincia] a vuestra señoría [José Cruz Muller] en este mismo dia la derrota que a las inmediaciones de aquella Villa había sufrido la partida formada por el desmoralizado é hipócrita exfraile Trapense, que con otros de su profesión y conducta habían logrado seducir al país, y ejecutar en sus habitantes toda clase y todo género de atentados contra el sistema benéfico que nos rige, y contra la misma humanidad.”
(6) almohaza. Instrumento que se compone de una chapa de hierro con cuatro o cinco peines de dientes romos que sirven para limpiar la caballería.
(7) almojarifazgo. Impuesto que se pagaba por los géneros que salían del reino o se introducían en él. También el oficio y jurisdicción de almojarife, oficial que recaudaba rentas y derechos del rey, u oficio y jurisdicción del almojarife.
(8) nuestra águila. Cf. nota 2 a Calendario histórico...Ya era blasón nacional. Debido a que el león era símbolo de España, Fernández de Lizardi escribe más adelante que “los canónigos no se llevan con las águilas, sino con los leones.”
(9) Catedral. Cf.nota 52 a La tragedia de los gatos...
(10) El Payo del Rosario. Cf. nota 52 a Qué mal hará...
(11) Se refiere al folleto Si no se van los ingleses, hemos de ser sus esclavos; Cf.Sentencia del Consejo..., Respuesta de El Pensador..., Cuartazo de don Joaquín... yLavativa a un gachupín...
(12) La libertad de los mares. Cf. nota 33 a Consejo de Guerra...
(13) Cf. nota 10 a La tragedia de los gatos..., nota 10 a Segunda zurra... y nota 2 aConsejo de Guerra...
(14) Cf. nota 6 a Consejo de Guerra...
(15) Cf. nota 251 a Observaciones que El Pensador... La primera de las Cincuenta peguntas de El Pensador... habla de la necesidad de retira las armas de España de la fachada de Catedral, Cf. Obras XI-Folletos, p. 339.. En Preguntas interesantes... vuelve a a bordar el tema: “1ª ¿Por qué los señores canónigos de México, después de cinco años de Independencia, no quieren colocar en la fachada de esta Santa iglesia Catedral las armas de la América [...].”Por último, en el Testamento... 1 se lee: “Item: dejo la Catedral donde la encontré y con el hueco de las armas del rey de España, ni más ni menos que como cuando se hizo para que los señores canónigos las vuelvan a poner cuando llegue el caso.”
(16) real. Cf. nota 20 a Una buena zurra...
(17) Factor. Nombre del mercado de baratillo ubicado en las calles del Factor. Las calles del Factor corresponden actualmente a las de Allende (1ª y 2ª). “Cuando el Conde de Revilla Gigedo, segundo virrey de este título, resolvió despejar la plaza Mayor, enviando á otras los diversos mercaderes en ella aglomerados y confundidos, resolvió también que los vendedores de viejo, ya ropa, ya fierro ú otras cosas, pasasen á esta plaza, que por esta razón, y desde la fecha en que la ocuparon, tomó el nombre de Baratillo. Apenas hecha la designación dicha, se vió que la placita era pequeña para su nuevo destino, y á efecto de agrandarla, se compró una casita ruinosa, que contigua á ella había en la segunda calle del Factor. Mientras se extendió la escritura, se demolió la casa y se arregló el piso, los vendedores de viejo ocuparon provisionalmente las plazuelas de Jesús y de las Vizcaínas; concluida la del Factor, se bendijo el día 13 de Junio de 1793, y el 17 comenzaron á pasarse á ella los baratilleros.” J. M. Marroquí, La Ciudad de México, op. cit., t. II, pp. 401-402.