DIÁLOGO IDEAL
Por el Pensador Mexicano
Entre Juan Diego y Juan Bernardino, lamentándose de la tibieza
que de pocos añosa esta parte se nota en México en el culto
y obsequios debidos a nuestra madre MARÍA SANTÍSIMA
bajo la advocación de GUADALUPE en su novenario(1)
[Juan] Bernardino: ¿Di por qué lo estás tan triste,
Juan Diego, sobrino mío?
Juan [Diego]: Déjeme osté, por la virgen
mi tío don Juan Bernardino.
¿No lo he de estar pesaroso?
¿No lo he de estar confundido
al ver que en México el grande,
al cabo de los tres siglo
de haber María soberana
de los cielos descendido
para quedase en su imagen
sirviendo a todos de asilo,
de amparo, de protección,
de madre y... Vaya, osté, tío,
y déjemelos llorar,
pues con llorar siento alivio.
[Juan] Bernardino: Es verdad que el llanto sirve
mil veces de lenitivo
al penas irremediable.
Dímelos, no disimules
por más tiempo tu martirio.
El comunicar las penas
debes tener entendido,
que si no sana, consuela
al infeliz afligido;
otra vez te lo suplico,
¿cuál es la que te atormenta
y te hace llorar?
Juan [Diego]: Pues, tío,
y que lo es osté porfiado
y lo está con el capricho
de saber de mis angostias
el legítimo motivo,
oigalosté; pero alvierta
que yo no voy a decirlo
porque los tenga esperanzas
de conseguir el alivio,
sino porque al escucharme
comience a llorar conmigo.
Ya te lo acordarosté,
que habrá cosa de tres siglos
el madre del Dios divino
me los buscó cariñosa
y me los envió al obispo
con on mensaje en que dice
que quiere que en aquel sitio
se le fabricase on templo
para quedar de contino
haciéndoles mil finezas
a los indianos sos hijos;
y no sólo a los indianos,
sino a cualquier que rendidos
corran a implorar con fe
so liberal beneficio.
¡Qué lindo era esta señora!
¡Válgame Dios y qué lindo!
So semblante, ¡qué gracioso!;
¡qué modestos sos ojitos!;
un clavel era su boca,
su voz era el canto mismo
de las aves melodiosas
que suspenden con sos trinos.
¿No lo es el mero verdá
todito cuanto le digo?
[Juan] Bernardino: Sí es, por señas de que a mí
en on visita que me hizo
esa reina soberana
Juan [Diego]: Pues ya se lo acuerda osté,
mi tío don Juan Bernardino,
qué trabajo me costó
que me creyera el obispo
pintado el retrato mismo
del gran Reina de los cielos
sin haber intervenido
pintor, ficción ni otra cosa
que la voluntad de su Hijo,
quien como de nada el mundo,
de flores el pintura hizo.
También se lo acuerda osté,
que el dificultá vencidos
que se ofrecieron entonces,
se levantó el edificio
o templo guadalupano,
Lo tendrá osté bien presente
que el gran padre convencido
del portento, le aplicó
en contradictorio juicio
las palabras de David
por epígrafe.
[Juan]Bernardino: ¿Qué has dicho?
Eso sí no lo entiendo.
¿Qué es epígrafe, Juanillo?
Juan [Diego]: Es una breve inscripción.
[Juan]Bernardino: ¿Y cuál es la que ha cabido
declarada por el papa
a este asombroso prodigio?
Juan [Diego]: Éste: María soberana
semejante favor no hizo
a ninguna otra nación
como éste que hizo a los indios.
[Juan]Bernardino: Eso es mucho.
Juan [Diego]: Y no es lo más
sino que este Reina pío
todos sus prometimientos
fidelísima ha cumplido,
haciendo a los mexicanos
a millares los prodigios.
En el tempestad es iris,
en las secas es rocío,
en la inundación es dique,
en el temblor es asilo,
en las pestes medicina
y en toda pena y conflicto
el que la busca con fe
sale siempre socorrido.
Pero no lo piensosté,
mi tío don Juan Bernardino,
que sólo generalmente
hace el Virgen sus prodigios:
particulares son muchos
los que constantes les hizo
a cuantos con humildá
imploran so patrocinio.
Ansina es que de éstos se hallan
innumerables testigos;
porque en María siempre encuentra
so madre tierna el popilo;
la doncella, rico dote;
el socorro, el desvalido;
la medicina, el enfermo;
el pecador, el auxilio,
y todos cuanto apetecen
y piden con fe y contritos.
Pero cuál lo piensosté
que es el puntual retribuido,
el agasajo, el obsequio
de los agraciados mismos?
[Juan]Bernardino: Lo será la gratitud
y el esmero más prolijo
de todos los mexicanos
en manifestarse finos
con los cultos exteriores
a pagar los beneficios
que de la hermosa María
los disfrutan de contino.
Juan [Diego]: ¿Ansí lo piensasté?
[Juan]Bernardino: Sí.
Juan [Diego]: Pues no hay nada de eso, tío,
porque son los mexicanos
mocho mal agradecidos;
no todos, pero los más.
Los más. Sí, lo dicho, dicho.
[Juan]Bernardino: Eso lo es temeridad;
¿en qué te fundas, Juanillo?
Juan [Diego]: Mirosté: en el novenario,
que se hace por ser preciso
recordar a los indianos
tan celestial beneficio,
no ponen ni ona cortina,
ni siquiera on farolito,
on virgen en los balcones,
de medios probes y ricos,
a pesar de que los tienen,
por este ligero signo
de gratitud, mil indultos
[Juan]Bernardino: ¿Es posible?
Juan [Diego]: Sí, señor
Lo son mal agradecidos;
los mexicanos lo son,
y dizque lo son destruidos.
Pero el cierto caso lo es
que los miserables indios
se los dan de gratitud,
el ejemplos repetidos.
Que me digan, ¿en qué casa,
del indio más infeliz
no se los ve on altarito
en que falte de María
de Guadalupe on liencito
mal pintado, y cuando no,
on estampa soya? Y digo,
¿no afirman que son salvajes,
rudos, bestias y neófitos
los indios? ¿Pues como ansí
a costa de mil afanes,
a costa de mil subsidios
para venir al santuario,
año por año, prolijos,
con sos mojeres, sos hijos,
a pagarle a la Señora
sos inmensos beneficios,
y a reconocerle, gratos,
el especial que les hizo
en descender de los cielos
para mirarlos como hijos?
¿Cómo es que estos mis paisanos,
estos indios pobrecitos,
no lo olvidan el favor
de la madre del Dios vivo?
¿Cómo es que valientes hollan
los riesgos y los peligros
que en tiempos insorgentados
¿Cómo es que siendo tan probes
siempre, siempre han contribuido
al culto de este santuario,
de donde salieron ricos
tanto el manipolante
que... mas no quiero decirlo?(d)
¿Y cómo es, al fin de todo,
que los señores leyidos,
los sabihondos, los de rango,
los medios probes y ricos,
se olvidan de este favor
de la Reina del empíreo,
y tanto, que en sos balcones
no ponen ni on trapito
en los días del novenario?
¿No es on vergüenza decirlo?
Si esto es ser cristianos viejos,
más mejor son los novicios;
pues si éstos rudos lo son
en los cristianos principios,
el colpa es de sos mayores,
porque no los han instruido
en so religión cual deben,
y cuya sangre. Dios dijo
de ellos las desquitará
porque los fueron omisos.
[Juan]Bernardino: No lo seas atarantado,(9)
no lo seas tonto, Juanillo.
Discolpa los mexicanos,
a to prójimo, to mismo.
Ya lo entiendes. ¿Tú sabrás
si esos exteriores signos
no los ponen por probeza
y no por afecto tibio
al virgen de Guadalupe
que mil favores les hizo?
¿Lo sabrás si en mochas casas
donde hay balcones y vidrios
los falta una sobrecama
on farol y aun on cabito
de vela que los poner
en los nueve días seguidos?
Pues ello bien puede ser,
porque lo tengo entendido
que el lujo es una aparencia,
y el sostancia moy distinto;
y ansina hay casa en que comen.
no te asustes, yo lo he visto,
con el cochara de plata
on plato de frijolitos.
Mira tú si pueden darse
casas de balcón y vidrios
donde falte ona cortina
y tal vez hasta on cabito.
Juan [Diego]: Eso lo pudiera creer,
mi tío don Juan Bernardino,
uno que no conociera
en el México a los ricos;
pero a mí, que los conozco
como a mis cinco sentidos,
no se encaja esa discolpa,
ni pegan esos delirios.
Mirosté, no seosté tonto,
y perdónelo osté, tío,
hay casas de tanto rango,
casas de tanto kirio
que tienen paños de corte
y de so mano los cirios.
Casas de condes, marqueses,
de comerciantes, ministros,
canónigos, abogados,
empleados muy distinguidos,
militares de alto bordo
y otros, cuya lista omito,
que tienen todo el adorno
para ese caso preciso,
y apenas hay on fonción,
por aviso prevenido,
de que se los jora el rey,
de que so esposa ha parido,
otra vez lo ha revivido,
cuando cata ahí(11) que, a porfía,
los balcones entapizos,
los cirios arden de noche,
y dodo es on regocijo,
y al María de Guadalope,
ya lo dije, ni on trapito.
¿No lo confesará osté,
en vista de estos principios,
que no lo hay fe, gratitud,
ni devoción.
[Juan]Bernardino: Cállate, hijo,
que a la luz de esa verdad
fuerza es quedar convencido.
¡Ah, México cruel, ingrato,
falso religioso, impío.
En ti los probes sin duda
dan el ejemplo a los ricos
de piedad y gratitud
en los exteriores signos!
en un infeliz cuartito
de casa de vecindá
hay pechos agradecidos,
al mismo tiempo que faltan
en las casas de los ricos.
¡Oh, María!, ¿por qué bajaste
a este suelo tan mezquino,
en donde hasta la memoria
falta en tus beneficios?
¿Por qué no lo fuiste a Francia
o al suelo de los latinos,
a Rusia, a Alemania, a Suecia,
a la Gran Bretaña, al Indo
o a do quiera, pues doquier
será tu nombre bendito,
ensalza tu fineza,
tu favor agradecido
y tu memoria indeleble
en los siglos de los siglos?,
y no a México, a mi patria,
patria..., no quiero decirlo,
donde los probes te aclaman
y te desprecian los ricos.
No todos, no todos, no,
otra vez vuelvo a decirlo;
pero los más, sí, los más,
como los dijo Juanillo.
Cierto que estoy pesaroso
por habértelo venido
a preguntar de tu llanto
el legítimo motivo.
Yo quisiera remediarlo,
y que el México tan tibio
no se mostrara... mas, ¡ay!,
que yo no lo tengo arbitrio
para infundirles amor
ni gratitú; si ellos mismos
no se alientan como deben
a cumplir cual buenos hijos,
nuestro llanto será inútil,
y la esperanza perdimos.
Si ansí lo ha de ser, sea el llanto
el prueba de mi martirio.
Juan [Diego]: ¿Ya lo ve osté? ¿No le dije
lo había de llorar conmigo?
Pero consóelese osté;
no lo llorosté más, tío.
Los mexicanos son buenos
devotos, agradecidos,
moy liberales, piadosos
y de María muy queridos.
Si en estos años atrás
se los han mostrado tibios
algunos, no fue maldá,
sino on poco de descuido;
pero en éste, osté verá
qué prisa se dan toditos
a manifestar que son
de María queridos hijos.
Gloria será ver las calles,
los cortinas, los tapizos,
los faroles, los altares
y el culto más decidido.
[Juan]Bernardino: Dios lo haga como lo dices,
que me pareces buen indio.
NOTA
La imprenta y el autor ceden los costos y utilidad que produzca este papel a beneficio de los pobres mendigos, y a nombre de nuestra santísima madre de Guadalupe.
En la víspera de su día a las nueve de la mañana se repartirá lo que hubiere en la dicha oficina.
(1) México, 1820. Imprenta de Ontiveros. Antes del título aparece lo siguiente: "Vale un real" [cf. nota 11 a Consulta que un payo hizo...]. En 1531, la virgen de Guadalupe se apareció a Juan Diego en el Tepeyac. En la tilma de este indio se vio pintada su imagen cuando él quiso mostrar las rosas que llevaba en ella al obispo Zumárraga para comprobar la embajada mariana. "Atravesando en uno de sus viajes una serranía árida, cubierta de espinos y malezas, que terminaba en las orillas de la laguna, por lo que en el idioma mexicano se llamaba Tepetlyecaczol que los españoles pronunciaban Tepeyac, que quiere decir nariz del cerro, Juan Diego oyó una música tan suave y armoniosa que nunca la había escuchado igual, ni entre los españoles ni entre la gente de su país.
"Detúvose para observar de qué parte venian estas armonías, y entonces vió un arco-iris de bellísimos colores, y en medio de una nube blanca y transparente, la figura de una mujer de hermoso y apacible rostro y vestida á poco mas o menos como usaban las indias nobles y ricas de esos tiempos. Juan Diego se acercó sin temor, y entonces la Señora le dijo que era la Madre de Dios, que desaba se le edificase un templo en aquellos lugares, y que dispensaria su protección y amparo a los que de corazon se acogiesen á ella. Ordenó asimismo a Juan Diego que inmediatamente refiriese al obispo lo que habia visto y oido." "El indio refirió sencillamente lo que le acababa de pasar, dejó caer las dos puntas de su tilma para mostrar las flores y entonces el obispo y los circunstantes cayeron de rodillas ante la imagen que apareció pintada en la capa ó ayate del feliz y afortunado Juan Diego. Este suceso aconteció del 9 al 12 de diciembre de 1531, á los diez años cuatro meses de la Conquista, siendo pontífice Clemente VII y rey de España el emperador Carlos V.
"Esta es la piadosa tradición transmitida de padre á hijos respecto a la imagen que se venera en el santuario [...] Los fundamentos de esta tradición reposan en datos idénticos a los que han servido para esclarecer algunos hechos de remota antigüedad, es decir, las pinturas simbólicas de que los indios se servían para consignar los acontecimientos importantes, los cantos populares y las relaciones de personas que vivían en una época inmediata al tiempo que ocurrió el suceso." Cf.Diccionario universal de historia y geografía, op. cit., t. V. pp. 1000-1001. Cf. nota 6 aElogio a la memoria de las recomendables virtudes. José Rojas Garcidueñas sugiere como hipótesis que "la tibieza" a que se refiere Fernández de Lizardi en las primeras líneas, puede deberse, aquí, en la capital, a que la imagen de la Guadalupana se convirtió en bandera de los insurgentes, a partir de Atotonilco, el mismo 16 de septiembre de 1810.
(2) ansí. Arcaísmo aún en uso en el campo o entre gente de poca preparación cultural.
(3) Tepeyac. Cerro situado en lo que era el norte de la capital. Cf. nota 6 a Elogio a la memoria de las recomendables virtudes.
(4) tabardillo. Cf. nota 21 a Chanzas y veras.
(5) tilma. Apócope de tilmatli. Manta o capa de algodón o de ixtle, que se anudaba por delante o, mejor, sobre uno de los hombros.
(6) Colegiata. En el lugar en que se apareció la virgen se construyó una ermita que costeó el obispo Zumárraga. La ermita primitiva se transformó en santuario y éste se erigió en Colegiata en marzo de 1749. Posteriormente en Basílica. Cf. nota 8 aPropuestas benéficas.
(a) Los ilustrísimos señores obispos de Puebla y Tarrazona han concedido ochenta días de indulgencia, entre los dos, para cada cuarto de hora en que se exponga las imágenes de María santísima en las ventanas y puertas de todo el reino, rogando a Dios por las necesidades de la santa Iglesia, etcétera.
(7) jacalito. De xacalli, choza, bohío o casa de paja, cañaveral o carrizo.
(b) Es bien constante que los infelices indios siempre hacen largas y penosas romerías para visitar este santuario.
(8) mitote. Especie de baile o danza que usaban los aztecas en la que gran número de ellos, adornados vistosamente, y agarrados de las manos, bailan en torno de una bandera, junto a la que había una vasija, y bebían de rato en rato, hasta que se embriagaban y perdían el sentido. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(c) En los años de mayor fermento insurreccional, no faltaban indios que peregrinaban entre los riesgos para desahogar su devoción, mirando la pintura de su divina Madre.
(d) Si se hiciera la cuenta de las innumerables limosnas que se han dado, se vería que el templo podría ser de plata maciza y no de piedra.
(10) Constitución. Cf. nota 4 a El día nueve de julio.
(11) cata ahí. Cf. nota 25 a Quien llama al toro... o sea contestación...