DESVERGÜENZAS Y EXCOMUNIONES
NO DESTRUYEN LAS SÓLIDAS RAZONES(1)
O crítica juiciosa contra el groserísimo papel que vio la luz pública el 21 de
este mes de agosto, impreso en la Oficina de don Alejandro Valdés,
titulado: Un Guapo admite el desafío al excomulgado
José Joaquín Lizardi, conocido por El Pensador.(2)
Baste ya de un indigno sufrimiento
que reprimió con débiles reparos
la justa saña del conocimiento...
Quiero ser yo satírico Quijote
contra todo escritor follón y aleve.
Guerra declaro a todo monigote,(a)
y pues sobran justísimos pretextos,
palo habrá de los pies hasta el cogote.
No me amedrentes, Lelio, con tus gestos
pues ya he advertido que el callar a todo
es confundirse tontos y modestos.
En vano intentas con severo modo
serenar el furor que me arrebata,
no a tus pánicos miedos me acomodo.
¿Quieres que aguante más la turba ingrata
de tanto necio idiota presumido
que vende plomo por preciosa plata?
¿Siempre he de oír no más?, no permitido
me ha de ser el causarles un mal rato
por los muchos peores que he sufrido?
. . .
"Un Guapo me ha insultado muy rapado,
que de su habilidad da claro indicio",
hácele la ignorancia más osado,
y basta que no sepa alguna cosa
"para dar un papel desatinado".
Y si acaso otra pluma más dichosa
en docto escrito deleitando instruye,
se le exalta la bilis envidiosa.
Y en "algún mamarracho" que construye,
(empuñando por pluma un varapalo),
le acribilla, le abrasa, le destruye.
Ultrajes y dicterios son regalo
de que abundan tan torpes escrituras;
siendo cada palabra un fuerte palo.
En todo lo demás camina a oscuras,
y el asunto le olvida o le defiende
con simplezas e infieles imposturas.
Su ciencia sólo estriba en lo que ofende,
y como él diga desvergüenzas muchas,
la razón ni la busca, ni la entiende.
. . .
¿Por qué nos das tormentos tan atroces?
Habla, bribón, con menos retornelos,
a paso llano y sin vocales coces.
Habla como han hablado tus abuelos
sin hacer profesión de boquilobo.
. . .
Preguntárasme acaso, "lector", ahora
"¿quién es este malcriado y ruin escriba?"
contra "quien hoy" mi pluma se acalora.
Yo te daré noticia positiva.
Cuando hable nominatim de "este payo",
y le ponga el pellejo como criba.
Más claro que "el más hábil papagayo",
dirá su nombre mi furioso pico
sin rodeos, melindres ni soslayo.
¿La frente arrugas?, ¿tuerces el hocico?
¿Al nominatim haces arrumacos?
Óyeme dos palabras te suplico.
Yo no he de llamar a "este bellaco"
palabra alguna que la ley detesta,
ni le diré "que es puto ni berraco".
Sólo diré que su ignorante testa,
animada muy torpe y brutalmente
al mundo racional le es muy infesta.
Tonto lo llamaré tan solamente
y sus folletos a una vil cocina
merecen ser llevados prestamente.
A que "la cocinera" tonta y mohina
haga de ellos capaces cucuruchos
a la pimienta y a la especia fina.
¿No le parece a usted, miserable Guapo, que el padre Isla lo retrató fielmente en esta sátira?(3) Oíd, descomunal criatura, ¿acaso su padre fue algún cochero o cargador?, ¿su cuna sería un petate de tule?(4) ¿su escuela la pulquería?,(5) ¿sus colegios las tabernas?, ¿sus academias los truquitos?,(6) ¿sus libros la baraja?, ¿sus catedráticos los coimes(7) y jicareros?,(8) ¿y su carrera tan brillante como se manifiesta en su insultante papelucho? Por lo menos un hombre soez no lo hubiera puesto peor.
¿Y así escribe usted, así ensucia las prensas imperiales, así desacredita la nación con unos mamarrachos que no los pusiera más sin juicio ni más insolentes el mismo Baco en medio de la más furiosa embriaguez, y se llamará hombre decente, y se gloriará de católico cristiano, hipocritón fanático, ¿dónde le ha enseñado Jesucristo a que lastime a su prójimo, so pretexto de defender su religión? ¿Cree usted, adulador, que el señor provisor(9) se ha de pagar de sus ruines lisonjas?, ¿piensa que la santa Iglesia le autoriza para infamar a sus semejantes so capa de defender sus derechos? ¡Infeliz!, ¿no ha leído que Jesucristo dice en su Evangelio "mi ley es suave, y mi yugo benigno"?(10) ¿No ve cómo el Maestro de la Ley conversaba amigablemente con los excomulgados de su tiempo, y sólo se indignaba contra los hipócritas fariseos como usted? Hombre detestable, ¿no sabe que Jesucristo dice que amemos a nuestros enemigos, que hagamos bien al que nos hace mal, que perdonemos las injurias; que disimulemos las flaquezas de nuestros prójimos, y que nos amemos como hermanos?(11)
Supóngame hereje, como lo cree; aun en este caso debe respetarme y amarme, porque se lo inspira la naturaleza y se lo manda su misma religión; esa religión de paz que ignora y ultraja con descaro al tiempo que presume defenderla. ¿Y usted había de ser quien me admitiera el desafío?, los doctores ya lo pensarán, no digo un ramplón desvergonzado.
No tiene usted más razones que desvergüenzas, calumnias y mentiras. Muéstreme un canon en que mande la Iglesia que los fieles se desacaten contra el público excomulgado, que lo befen, calumnien y zahieran públicamente. ¿Pero qué ha de mostrar si está rapado a navaja en la materia?
Pero sépase el necio que en la primitiva Iglesia se hacían mil diligencias con los públicos pecadores antes de excomulgarlos, los amonestaban una, dos y tres veces, y cuando eran pertinaces eran echados de la Iglesia.
En este estado no los injuriaban, no los abandonaban, no se burlaban de ellos los cristianos; antes los mismos obispos los buscaban, los visitaban, consolaban y persuadían con caricias a que abjurasen sus errores y se reconciliaran con la Iglesia; y entonces, sin varazos ni ceremonias vergonzosas, sino con sola la imposición de sus manos, los absolvían, los reconciliaban, y ése era un día de júbilo para la Iglesia santa.
¿Ve usted qué sistema tan distinto del suyo y otros fanáticos tontos e hipócritas que quieren reducirme a que pida la absolución no con razones, ni convencimientos, sino con injurias e imposturas, con amenazas de cárceles y destierros? Dígame, hombre infeliz: si eso mandara Jesucristo, si eso prescribiera la Iglesia, ¿quién hubiera querido ser cristiano? ¿Ha visto que el pez caiga en el anzuelo atraído de la hiel, ni el ratón entre en la ratonera si le ponen en ella un gato?, pues, bárbaro, ¿cómo quiere convencerme con injurias, ni persuadirme que es católico, cuando puntualmente usa para ello las armas que le prohíbe su religión?
Sépase usted que el sistema que ha adoptado es el mejor para hacer herejes, pues al ver que los guapos defensores son los más cobardes, ignorantes y atrevidos, que insultan impunemente a un ciudadano honrado, bajo el parapeto de una excomunión, ¿qué juicio quiere que se formen de nuestra religión? ¿No es fuerza que hagan este juicioso raciocinio? La religión cristiana autoriza en unos lo que prohíbe a todos; luego es consecuente; luego es falsa. Y este otro: luego que quiere un provisor excomulgar a un ciudadano, éste queda sujeto a que cualquier tonto lo insulte e infame públicamente por las prensas, quedando impune por sus leyes civiles (no es así, o a lo menos no debe ser); luego; el ser cristiano es peligroso.
Pregunte usted a los extranjeros que viven con nosotros y verá qué escandalizados están por su papel, y si tienen tantitas ganas de ser católicos romanos. Desengáñese, infeliz, a nadie se persuade con violencia. Las injurias irritan, no convencen. Yo le perdono como hombre de bien, las que me ha hecho; y con sinceridad puede vivir, porque no soy cobarde ni alevoso; pero si el día 21 lo conozco, ya lo habría excusado de leer este ni ningún papel.(b)
Desde el principio comienza usted insultando al público, engañándolo con que admita mi desafío, y vemos que el tal Guapo es tan cobarde que ni se firma, ni admite tal desafío, contentándose con salvar su cobarde título diciendo que me espera en el cajoncito y se descubrirá con un talego de cagajones.(12) ¡Qué poco hombre es usted para cumplirlo! Si eso fuera posible, yo iría sin muletas, pero con un par de pistolas que le exprimiera en la mitad del alma, apenas me hiciera el insulto primero, y cate usted que iba a acabar su argumento a los infiernos. No cito a usted a la prueba porque ni mi religión ni las leyes lo permiten; pero vivo seguro de que si no admite un duelo literario, menos lo admitiera con armas. Conque cómase usted sus cagajones, y aprenda a criticar con juicio.(13)
Dice usted, señor embustero, en su infando mamarracho, hablando de mí: "él se le va a las barbas al teólogo más profundo, al más instruido moralista, al perito jurisconsulto y al exacto historiador. De todo escribe, habla en cualesquiera materias, y desafía en todas ellas... Y ha presentado a un Benedicto XIV como ignorante."(14)
¿Ve usted, hombre necio, cómo pretende calumniarme sin la menor vergüenza?, ¿en dónde he desafiado a todos ni en todas materias? Sabio llamo al gran Benedicto XIV, y era menester que fuera tan guapo como usted para tratar de ignorante a un pontífice tan docto.
Asegura usted que cometí verdadero delito defendiendo a los masones.(15) Seor guapo por antífratis, ése es el primer punto de la cuestión que he de defender. Que no hay tal defensa en mi papel; de consiguiente, no hay el delito que se me imputa. Y de reconsiguiente que la excomunión es injusta.
Dice usted que soy firmón de muchos de mis papeles. Deposite usted cien pesos(16) en la librería de Recio,(17) quien responderá de los míos; viene usted conmigo, nos encerramos en una pieza de mi casa, y delante de usted hago un papel contra usted mismo, o en mi defensa, y en materia de censura, lo firmo, lo llevo a la imprenta, pierde usted sus cien pesos por tonto y se convence de que el papel que sale a luz bajo mi nombre, sea bueno o malo, es muy mío; y para que no diga usted que acerté como el burro flautista por casualidad, cada vez que escriba un papel, le mando avisar, viene usted, apuesta diez pesos y lo escribo delante de usted, y así seguimos hasta que se convenza.
Quiero concederle a usted de pura gracia que firmo papeles de otro, a lo menos luce en ellos mi nombre; pero tan guapo que no se firma, y desconoce al hijo de sus entrañas, ¿qué disculpa tiene para solapar su ignorancia? Muy poco satisfecho está de sus producciones el que no se atreve a decir que son suyas. Estos papeluchos deben de ser hi... de puta y de padres no conocidos, pues no se atreven a lucirlos.
Pero vamos a ver lo más gracioso de su simpleza. Dice usted que mi desafío "debe verse con todo desprecio"; lo primero, porque soy "un pobre necio, indigno e incapaz de ladearse ni ponerse al frente de ningún hombre literato, porque sería honrarle mucho."
Venga usted acá, so majadero, ¿conque porque soy pobre necio se desprecia mi desafío?(18) ¡Bravo, mi doctor!, si fuera necio rico otro gallo nos cantara; dijo usted, sin sentir todo lo que callo por prudencia. Pero sea pobre tonto e ignorante, ¿por eso no se me convence, no se me oye, no se me desengaña? Yo convido a que me saquen de mis errores, si lo son, y protesto en tal caso sucumbir.
Decir usted que los sabios no me arguyen porque soy ignorante y sería honrarme mucho con sus desengaños, es lo mismo que decir que el médico no debe curar al enfermo porque sería honrarlo mucho con sus remedios... ¡Ay qué tonto, qué tonto es usted!... ¿Si será usted padre? ¿Si será usted cura? ¡Válgame Dios!
El segundo motivo que usted señala porque no se me admite el certamen, es porque estoy excomulgado y no se puede hablar conmigo.(19) ¡Hombre de Barrabás! ¿Usted es el guapo? Si así son todos, vengan en docenas. ¡Qué bien hace usted de no firmarse! Pues si tal hiciera, y fuéramos sabiendo que era el doctor N., el cura H., tenido por sabio entre los tontos, quedaba usted muy bien. No, amigo, no hay que firmarse ni usted, ni otro porque los hago quedar mal y pierden el crédito con sus viejas.(20)
¡Miserable!, zapa,(21) usted que hasta los moralistas más rapados saben que con el excomulgado vitando(22) como yo, se puede comunicar, sin incurrir en excomunión menor... (ésta es otra) en cinco casos que recuerda este versito:
Utile, lex, humile, res ignorata, necesse.(23)
Se lo explicaré y a los otros guapos como usted para que no anden alucinando a los tontos.
Utile: no incurre en censura el que trata conmigo sobre cosa útil.
Lex: no incurren [sic] el que habla con excomulgado en juicio o en asunto de legislación en su caso.
Humile: no se excomulgan ni mi mujer, ni mis hijos, ni mis criados, ni mis domésticos.
Res ignorata: no incurre en excomunión menor el que lo ignora.
Necesse: tampoco incurre ninguno que trate con el vitando por necesidad.
Aquí tiene usted en pocas palabras la doctrina recibida en la Iglesia. Pues dígame usted ahora: ¿qué cosa más necesaria que sostener la justicia y legalidad de mi censura? Pues ve usted aquí, señor Guapo y los guapos como usted, que están libres de incurrir en excomunión menor arguyendo conmigo, porque los excusa elutile y el necesse; luego este temor que usted finge tener no es razón sino pretexto frívolo.
La tercera causa que usted alega es porque "será perder el tiempo con un hombre que no cede a la razón." Eso es lo que falta ver, si no cedo a la razón.(24) A la sinrazón es a la que yo no cedo, ni cederé en mi vida; pero a la razón en el momento, y manos a la obra.
Provoca usted al señor provisor a que me reagrave la censura, esto es, a que me mate espiritualmente o me eche dos veces de la Iglesia. ¿Usted ha visto ahorcar a uno dos veces? Yo, a lo menos, no comprendo cómo es esa reagravación. Considerando usted su venganza poco saciada con esto, lo induce a que implore el auxilio del brazo secular para que me escarmiente, tontonote: ni el provisor puede impetrar ese auxilio, ni el gobierno dárselo. ¿Qué le parece a usted? Pues aprenda: el señor provisor no es mi juez ni puede serlo. No lo es porque lo tengo recusado solemnemente ante el Congreso desde el 7 de marzo;(25) no lo puede ser porque puntualmente es la parte de quien me quejo, y ya verá usted qué monstruosidad sería que la parte agraviante fuera el juez juzgador. ¡Qué chula saliera la sentencia! Así es que yo no reconozco más juez en este asunto que el tribunal que el Soberano Congreso señalare para que conozca del recurso de fuerza, y para siempre protesto de nulidad en cuanto haga el señor provisor.
La autoridad civil no puede prestarle auxilio contra mí, aunque lo pida, por la razón dicha: porque no se me ha probado delito (mas que usted y los guapos digan que lo he cometido), porque tal condescendencia sería alarmar a los ciudadanos, haciéndolos desconfiar de la integridad del gobierno, teniéndolo por débil contra la seguridad del ciudadano; y lo último, porque recayendo todo mi negocio sobre impresos, sería atropellar con escándalo la ley de imprenta,(26) a la que están sujetos los papeles, primero que al autor, y ni el gobierno ni el señor provisor son tan guapos como usted para que ignoren estas trivialidades y procedan escandalosamente, ultrajando en mi persona la ley y la seguridad individual de todo ciudadano que han jurado defender.
Conque pierda usted cuidado, de que por esta vez no le dará mi prisión por el hocico, como cristianamente desea.
Si este tapaboca no le basta, fírmese el cobarde, no se meta entre sus cagajones; y oirá más despacio al excomulgado.
[José] Joaquín Fernández de Lizardi.
NOTA
¿Ya ve usted cómo no lo llamo vil, ni pícaro, ni hereje, ni cojo, tuerto,(27) manco ni cosa que lo deshonre? Es menester que usted, el Boticario y todos mis rivales aprendan que la crítica es el arte de buscar la verdad, no el de manifestarnos groseros, insultando a quien no podemos convencer. Escriban vuestras mercedes cuanto quieran; pero con juicio y urbanidad: de otro modo dan a entender que les falta la razón y echan mano del sarcasmo, la injuria y la chocarrería. ¡Qué pequeñez!
(1) Puebla, [Imprenta] Liberal de Moreno Hermanos, 1822.
(2) México, Imprenta Imperial, agosto 21 de 1822.
(a) No se crea que el padre Isla, cuyos son estos versos, insultó a los eclesiásticos con esta palabra que tomo en su amplia significación, y quiere decir chapucero [que hace chapucerías o chapuzas, engaños de mala índole. Santamaría,Dic. mej.] en su oficio. Véase el Diccionario castellano.
(3) No son de Isla, sino de José Gerardo Hervás y Cobo de la Torre (¿-1742), poeta satírico español que se sabe que fue clérigo, doctor en derecho canónico, profesor en Salamanca y que ejerció la abogacía en Madrid. Usó los seudónimos de Jorge Pitillas y don Hugo Herrera de Jaspedós. En el Diario de los literatos(1742) se publicó su "Sátira contra los malos escritores de este siglo", donde defiende las doctrinas de Luzán yBoileau. La confusión lizardiana se debe a que la "Sátira" fue publicada en el Rebusco de las obras literarias del padre Isla, editada después de la muerte de éste. La hermana de Isla y sus amigos protestaron porque contenía composiciones apócrifas. Utilizamos comillas para indicar las adaptaciones de Fernández de Lizardi al texto de Pitillas.
(4) petate. Del azteca petatl, estera. Una estera tejida de tiras de hoja de palma. Sustituye al colchón entre la gente pobre. Santamaría, Dic. mej.
(5) pulquería. Cf. nota 6 a El cucharero y su compadre...
(6) truco o truquito. Garito de baja categoría donde se jugaba el billar y los albures o monte. "No tenía México entonces grandes salones de billares, pero sí trucos, con mesas tapizadas de paño verde y construídas de palo blanco." Luis González Obregón, La vida de México en 1810, París, Librería de la Viuda de C. Bouret, 1911, p. 20.
(7) coimes. Mozo que en el juego del billar arma los palos y tantea.
(8) jicareros. Despachador de las pulquerías que mide por jícaras el pulque que vende. Santamaría, Dic. mej.
(9) Félix Flores Alatorre. Canónigo doctoral de la Catedral, provisor y vicario general del Arzobispado de México.
(11) Mt. 22, 37-40 y 5, 44; Lc. 6, 27 y 10, 27; Jn. 13, 34; Mr. 12, 29-31.
(b) Es regular que el Soberano Congreso meta la mano en punto a que nadie injurie a otro por las prensas, bajo ningún pretexto, pues si no, dentro de poco andaremos los escritores a puñaladas. ¿Mejor es la ley que evita los delitos que la que les señala castigos.
(12) cagajones. El estiércol de las mulas, caballos y burros. Dic .de autoridades. "Se le espera [...] recostado o reclinado sobre su acostumbrado cajoncito; pero sin sus platicones o muletas, y al frente se descubrirá su contrario con su talego de cagajones." Un Guapo admite..., op. cit., p. 6.
(13) El Guapo parafrasea el cuento del cojo (de Cartas a Juan de la Encina)escrito por José Francisco de Isla, comparando las fanfarronadas de éste con la actitud de Fernández de Lizardi. Después de retar el cojo a un joven, tiró las muletas, empuñó la espada, invitando a su adversario a que se acercase. Éste "Desenvainó un costalillo o talego bien proveído [...] de cagajones... y diciendo a su contrario con pícara algazara: 'Allá va esta estocada, señor cojo' [...], el bribón, tieso que tieso en su puesto, sacando cagajones y disparándoselos á los bigotes, hasta que se le agotó la talega y se concluyó el desafío." José Francisco de Isla, Obras escogidas, con una noticia de su vida y escritos por don Pedro Felipe Monlau, Madrid, Ediciones Atlas, 1945 (Biblioteca de Autores Españoles, XV), p. 420.
(14) "en todas ellas con tanto denuedo, que el que no le conozca creerá que es un sabio; ¡qué digo un sabio!, un omniscio, un hombre profundo, que no tiene igual ni semejante en todo el orbe; hombre, en fin, tan brioso, que ha sabido írsele a las barbas a Benedicto XIV, conocido, habido y reputado como uno de los más sabios pontífices; y lo ha presentado a la vista del público como ignorante e irreflexivo, como un hombre, al fin, que escribió en un siglo menos ilustrado." Un Guapo admite..., p. 3.
(15) "porque los cristianos rutineros y fanáticos, que creemos, firmemente, estar excomulgados por un verdadero delito, que cometió al defender a los masones."Ibid., p. 4
(16) pesos. Cf, nota 8 a El cucharero político...
(17) Librería de Recio. Estaba en el Portal de Mercaderes.
(18) "estamos en el caso de que las fanfarronadas de José Joaquín deben verse con todo el desprecio que merecen; lo primero, porque es un pobre necio, indigno, incapaz de ladearse, ni ponerse al frente de ningún hombre literato, porque sería honrarle mucho, y el que tal hiciese, se exponía a la justa censura de todo hombre sensato." Ibid., pp. 5-6.
(19) "porque es un excomulgado, a quien no podemos saludar." Ibid., p. 6.
(20) vieja. O viejo. "Tratamiento cariñoso que se da a los padres, o que los consortes, amantes o concubinos, se aplican entre sí." Santamaría, Dic. mej.
(21) zapa. De piernas cortas y cuerpo grueso. Del azteca tzapa, enano. Santamaría, Dic. mej.
(22) Hay dos clases de excomulgados: tolerados y vitandos: los primeros son aquellos con quienes pueden tratar los fieles, y los segundos son los que deben ser evitados.
(23) "El derecho Canónico prohíbe la comunicación y el trato con el excomulgado público, que llaman vitando, esto es, que no pueden los fieles saludarle, orar, trabajar, ni comer con él, *exceptuando los casos siguientes: 1° Para poner los medios conducentes a su conversión. 2° Por las obligaciones del matrimonio. 3° Por las del hijo para con el padre, del criado para con su amo, del vasallo para con su señor, o para con su Rey. 4° Quando se ignora que se le haya impuesto la excomunión. 5° Y finalmente quando hay necesidad forzosa e indispensable de tratar con el excomulgado. *Si pro dilectis anathema quis efficiatur, / Os orare, vale, communio, mensa negatur, / Haec anathema quidem faciunt ut possit obesse, / Utile, lex, humile, res ignorata, necesse." Nicolás Jamín, Pensamientos theologicos respectivos a los errores de este tiempo... traducidos al castellano por D. Remigio León, Madrid, Antonio de Sancha, 1778, p. 170.
(24) "y lo tercero: que es perder el tiempo con hombre que no cede a la razón, y que por su obstinación y dureza no la conoce." Ibid., p. 6.
(25) Alude a la Exposición... Cf. nota 4 a Satisfacción de El Pensador...
(26) Artículo 371, capítulo único del título IX de la Constitución política de la monarquía española de 1812, donde se consigna que todas las personas y cuerpos particulares tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación.