DEFENSA QUE EL PENSADOR MEXICANO PRESENTÓ
A LA JUNTA DE CENSURA DE ESTA CAPITAL
Sobre sus papeles titulados, el primero: Chamorro y Dominiquín, y el segundo:
Contestación a la carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín
[de] Iturbide, los que calificó de sediciosos la expresada Junta(1)
"Ningún editor podrá publicar la censura
de la junta y su contestación antes de
presentarla a ella; pero hecho esto, tendrá
la facultad de darla a la luz con cuantas
observaciones quisiere hacer en abono de
su impreso, guardando siempre el decoro
debido a la autoridad de aquélla" (artículo 27
del Decreto adicionado sobre reglamento de
libertad de imprenta de 10 de junio de 1813).(2)
PRIMERA CALIFICACIÓN DE LA JUNTA DE CENSURA
La Junta Provincial de Censura(3) de esta capital, habiendo examinado atentamente el impreso titulado Chamorro y Dominiquín, diálogo jocoserio sobre la Independencia de América, que para su censura remitió el juez de letras, doctor don José Suárez Pereda,(4) acordó que, atendiendo a la descripción que se hace en la Constitución de la Monarquía Española del territorio español, y la prohibición de que se desmembre, que es a lo que incita el impreso, lo califica de sedicioso.(5)
Así lo acordaron los señores presidente y vocales, y lo firmaron de que doy fe. México, 5 de marzo de 1821. Alcocer,(6) Rayas,(7) Gómez,(8) Ortiz,(9) licenciado Mariano Domínguez, secretario.
Igual calificación se le dio al segundo impreso, por lo que se omite transcribirla.
CONTESTACIÓN Y DEFENSA DEL AUTOR
Señores presidente y vocales de la Junta de Censura: cuando estaba escribiendo mi contestación a la primera censura de vuestras señorías, hecha a mi papel titulado: Chamorro y Dominiquín, se me hizo saber la que dieron al titulado:Contestación de El Pensador a la carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín de Iturbide, y respecto a que ambos papeles se califican de sediciosos, responderé, a un tiempo las dos censuras.
Sedición, en su genuino y literal sentido, dice el Diccionario castellano que es tumulto, alboroto confuso o levantamiento popular contra el príncipe o señor, o indesobediencia de sus magistrados, conspirando a algún mal hecho, en bandos y parcialidades. Sedicioso también [es] el que causa alborotos y sediciones, es decir, el que aconseja o inspira los tumultos y sediciones.(10)
En vista, pues, de estas definiciones que no se pueden desmentir si nos atenemos al legítimo significado de las voces, no sé cómo puedan calificarse de sediciosos mis papeles, ni en qué consista la provocación al tumulto o a los alborotos populares, ni menos a la separación de la América de España, cuando de los mismos impresos se colige todo lo contrario. Es decir, que no haya independencia ni alborotos, que este reino permanezca unido con España por conveniencia de ambos hemisferios, que dejen las armas los rebeldes y que no se derrame una sola gota de sangre española ni americana por esta causa.
Estos sentimientos se leen en mis impresos, y son a la verdad muy contrarios para promover la sedición de que se acusan.
Después de haber probado políticamente los derechos de la independencia y la utilidad que de ella le resultaría a España, digo en la página 16 del Chamorro,que con todo eso: "yo no quiero, por ahora, independencia."
Aseguro que hoy necesita mucho América de España y ésta de aquélla; que "en el día un rompimiento violento haría ridícula la Constitución [...] sin asegurar la independencia americana"; que no sirve el ejemplo de la América meridional porque carecemos aquí de todos los auxilios que allá sobraron (p. 17).(11)
Después ridiculizo hasta lo sumo las calidades y procedimientos de los jefes y tropas insurgentes, desespero del éxito de sus empresas, y concluyo este punto excitándolo a que se indulten todos y dejen que el tiempo emancipe y organice la nueva forma de gobierno (página 18).
En la misma y siguiente digo que esto es obra del tiempo, que de España vendrá la independencia; que cuando advierta que la América "le es demasiado gravosa, ella misma la emancipará"; que mientras nos debemos atener para ser felices "a la Constitución, y nada más"; que se cumpla ésta "por los que mandan y por los que obedecen" y ya estaremos casi independientes; que "aun una independencia meditada" (nótese esto bien) no nos puede proporcionar más ventajas que "Una Constitución bien cumplida". Confieso paladinamente que no estoy bien con la independencia; que ésta nos traerá una anarquía general, precursora de unas guerras civiles mucho más crueles que todas las pasadas.
Esfuerzo los fundamentos en que me apoyo para esta predicción; repito que mi opinión no es otra sino que seamos legítimamente constitucionales (páginas 20 y 21); y en la 22, en boca de Dominiquín, ridiculizo la facilidad con que muchos [se] adherirían al sistema independiente, olvidándose del juramento prestado de observar la Constitución, el que a todos nos interese cumplir.
En la 23 digo que esta voz, independencia, es muy seductora y "está muy a mano para hacernos verdaderamente dichosos o desgraciados"; que si "se concilia con la soberanía de la nación, con los sagrados derechos del hombre libre y" (nótese esto bien) "con el honor de España y América [...] no hay cosa más feliz que esperar bajo la zona tórrida"; pero que si "es nominativa y fantástica, si es aparente" (nótese bien lo que se sigue), "si se nos quiere separar de [...] España, so pretexto de hacernos felices, para uncirnos con más fuertes coyundas al negro carro del antiguo servilismo, nada hay más cruel, nada más injusto, nada más abominable ni opresor."
Siempre que he hablado de independencia, la he querido dimanada de las Cortes, a esto llamo legítima independencia. Por eso, en la página 23 digo condicionalmente estas notables palabras: "Entre legítima independencia o rigorosa Constitución no haya medio. Si es posible la independencia, sea verdadera y no política; y si no, no la queremos. Estamos bien hallados con la Constitución, y mejor queremos ser dependientes de España y constitucionales" (nótese esto bien) "que independientes de ella, pero esclavos y dependientes de cuatro tiranos mandarines colocados al frente del gobierno contra nuestra voluntad."
Concluyo por fin este papel con el siguiente apóstrofe: "Europeos, hermanos nuestros, unámonos en la opinión. Si la dividimos, vosotros y nosotros pereceremos los unos a manos de los otros. Afuera ridículas denominaciones de gachupín y criollo.Todos somos españoles de aquí o de allá, y nada más. Unámonos de corazón y ni al infierno temeremos. Donde no, vosotros y nosotros vamos a ser víctimas de la anarquía. Unión, fraternidad y paz es lo que a todos desea El Pensador..."(a)
Por lo que toca a mi segundo impreso, titulado Contestación de El Pensador la carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín de Iturbide, debo decir que está escrita con la misma intención que Chamorro, esto es, apruebo políticamente la independencia, no una independencia tumultuaria ni a nuestro antojo, sino una independencia dimanada de las Cortes, según consta en la página 6 de mi dicho papel, donde me expreso en estos términos: "Lo que yo puedo decir a usted es que, según los sentimientos de mi corazón, más quisiera esperar a que venga la independencia de las Cortes, o jamás venga" (nótese esto bien) "que no que sea derramándose la sangre de los infelices españoles y americanos de estos reinos. Yo amo a mi patria como el que más, y le deseo todo bien; mas no quisiera que este bien lo comprara muy caro con su sangre. Bastante ha derramado inútilmente. Ya está muy débil y no puede resistir otra revolución sangrienta."
Bien se deduce de estas palabras cuál ha sido el espíritu que ha dirigido a mi pluma siempre que he hablado de independencia. La he considerado justa y útil a la España, subscribiendo con mi sentir al de los sabios europeos y americanos que han escrito sobre esto mismo con general aplauso de las naciones ilustradas; pero advirtiendo también que, en mi concepto, sin decretarla las Cortes, podría acarrearnos una anarquía funesta. Digo en la página citada: "Falta ilustración, no hay mucha unión, ni se ha fijado generalmente la opinión. Esto me hace temer funestas consecuencias. Siempre veré con lástima y horror una guerra entre hermanos. Debe respetarse mucho la sangre de los hombres, y si en mí consistiera, antes que tronara el cañón homicida, parlamentaría con el señor Iturbide, y juraríamos un solemne armisticio, hasta saber la determinación de las Cortes. ¡Qué gloria sería para dos dignos jefes el que estas diferencias se terminaran sin que corriera una sola gota de sangre europea ni americana! ¡Oh, y veo yo tan feliz acontecimiento, y cierre la muerte mis ojos para siempre!"
Ciertamente que por estas palabras no se puede probar un espíritu sedicioso, sino al contrario, un espíritu de paz y decidido, amante de la humanidad, que propone cuantos medios le parecen posibles para evitar la efusión de sangre en este reino; que, en obsequio de la misma paz, no apetece la independencia, aun considerándola justa; y esto es tan cierto que sacrificaría gustoso mi vida, si a tanta costa se pudiera excusar el rompimiento que amenaza e impedir que derramara la inestimable sangre de todos mis conciudadanos.
Ni crean vuestras señorías que lo alegado y expuesto me lo dicta ahora el deseo de conseguir mi libertad. Siempre he tenido los mismos sentimientos, he creído que hoy más que nunca le es gravosa la América a la España, que ésta lo va conociendo y que algún día la emancipará, quedando separada de su gobierno, aunque unida por las relaciones de sangre, de costumbres, de religión, comercio y amistad.
Mientras más dure la lucha de España con América, más se debilita ésta, y menos numerario enviará a aquélla, y como los gastos de España deben aumentarse a proporción de la resistencia, llegará el caso de que se desentienda de esta parte por conservar aquélla, y he aquí a la América emancipada por España.
"Señor ―le dice al rey don Álvaro Flórez Estrada―, en la guerra intentada para subyugar las Américas, vos tenéis que perderlo todo y no podéis ganar cosa alguna. Cuanto más se sostenga la lucha entre las nuevas y antiguas opiniones, más seguro será el triunfo de aquéllas, y más funesto, por consecuencia, el resultado para el sistema de los reyes absolutos." Así se explica un español sabio, perseguido por sus opiniones políticas, pero, por fin, reconocido benemérito de la patria y diputado en Cortes.(12)
Si yo hablé sobre independencia, no fue con espíritu de sedición ni con deseo de la separación de los dos continentes, como se prueba de las repetidas contrarias expresiones que se leen en todos mis impresos, especialmente en los calificados, sino con el objeto de que no la emprendieran por ahora, con un rompimiento inmaturo y que pueda acarrearnos una anarquía funesta, sino que se esperen a que las Cortes la decreten cuando convenga. Esto no se puede negar porque está escrito de mi pluma e impreso en mis papeles públicos.
Ni es ahora cuando tuve los mismos sentimientos. Mucho antes de que saliera a luz el Chamorro, escribí estas notables palabras en mi papel titulado: Quien mal pleito tiene, a voces lo mete: Debo decir (son mis palabras), debo decir "que no queremos tal independencia en este tiempo, pues quizá nos veríamos arrastrados a la más desastrosa anarquía. No, señor, Constitución queremos apretada. Cúmplase exactamente, y ya somos independientes", aliados y partes integrantes de la España.(13)
Ahora bien, quien se explica tan constantemente con términos tan claros y precisos, ¿puede apetecer la independencia ni inspirar sedición, ni menos que América se separe de España? Es imposible.
Ahora, yo hablé sobre esto porque vi que otros han hablado impunemente, que han corrido sus escritos en España, en La Habana y aquí sin que se hayan calificado de sediciosos, y han defendido la independencia sin restricción, sino absoluta. Tales son las obras de monsieur de Pradt,(14) la representación hecha al rey por el señor Flórez Estrada,(15) la solución del problema sobre la emancipación de la América por don Joaquín Infante,(16) y otros. En estos impresos se lee no sólo [lo] que digo, sino mucho más. En prueba de ello, recuerden vuestras señorías lo que dice el citado señor Estrada en su representación expresada, reimpresa en México en el año pasado en la oficina de don Josef María Benavente,(17) y es a la letra lo que sigue:
"El amor de la patria (dice) tiene sus límites que por ninguno de sus extremos es permitido a nadie traspasar, por más que pudiese resultar en beneficio de aquélla. Toda sociedad, cuya formación no tenga por base el recíproco interés de todos sus individuos, no creo que pueda ser justa, y por lo mismo, jamás abogaré en su favor, aunque de ello pudiera resultar el engrandecimiento de mi patria, lo que creo un absurdo, siendo para mí sinónimos útil y justo. Consiguiente a estos principios, mi deseo de que las Américas formen una misma nación con [...] España, debe entenderse siempre que sea compatible con la libertad, con los intereses y aun con el voluntario consentimiento de aquéllas, y no de otro modo. Cuanto pueda, pues, decir alusivo a esta materia, deberá entenderse en el sentido que acabo de expresar, y no de otra manera, por más que por falta de claridad en mis expresiones pueda aparecer otra cosa en lo que diré en este particular...
"Digo, señor, que la creo irrealizable" (la constante dominación de España sobre la América), "porque como Napoleón decía a los polacos: '¡Una nación que se empeña en ser libre, tiene siempre medios para serlo, y ninguno suficiente poder para destruir a viva fuerza su libertad y su independencia!' La experiencia de todas las edades manifiesta esta verdad...
"Es el cúmulo del delirio persuadirse que pueblos que luchan por su libertad, cuyas fuerzas y auxilios se aumentan diariamente, y que se hallan a tanta distancia, puedan ser sometidos por la fuerza a un dominio que detestan y que no les ofrece ninguna futura perspectiva de felicidad."(18)
Don Joaquín Infante, en su impreso titulado: Solución a la cuestión de derecho sobre la emancipación de la América, dice:
"La América no volverá seguramente a ser para la España lo que fue antes de la revolución, y se necesitan muchos años de reposo y de sacrificios para que la población, agricultura y minas, tan abatidas hoy, prosperen como en otro tiempo. Sólo su independencia podrá restablecerla dentro de poco para sí y para la misma España, resarciéndose ventajosamente y sin esfuerzos las pérdidas padecidas en ambos hemisferios... El hombre que pelea por la gloria es invencible o perece en la demanda antes que sucumbir... Así convendría que se anticipase la época de la emancipación en bien de la humanidad y por la utilidad de ambos pueblos, sostituyéndose [sic],desde luego, relaciones de amistad y de comercio a las de dominación y dependencia. La efusión de la sangre, la animosidad y la miseria cesarían entonces, y españoles y americanos, dándose un ósculo de paz, renovarían sus antiguas conexiones. Sin pretensiones de superioridad los unos sobre los otros, trabajarían todos de concierto por su felicidad común. Todo el mundo sabe las ventajas que se han seguido a la Inglaterra de la emancipación de sus colonias del Norte América."(19)
El señor Flórez Estrada en su obra titulada Examen imparcial sobre las disensiones de la América con la España, dice que desde el descubrimiento de aquélla empezó la decadencia de ésta, causando la ruina de su agricultura y fábricas el dinero venido de las nuevas colonias.(20) En la Representación que hizo a su majestad en 1818, hablando de la guerra de América, se explica así: "Sin dinero, sin marina, con soldados forzados a pelear contra su misma libertad, contra sus parientes y contra sus conocidos y amigos, y con disminución diaria de todos estos escasos medios, es el cúmulo del delirio", etcétera (lo que arriba dijimos).(21)
Monsieur de Pradt, en la obra que acaba de publicar sobre la revolución de España y sus consecuencias,(22) observa que los que contrariaban el suceso de la independencia de América y sostenían que si la España era impotente para sojuzgarla, ella era inhábil a erigirse en gobiernos regulares, consolándose con esto de sus malogrados deseos, cesarán ahora de contrastar aquella independencia, puesto que, rehusando las tropas españolas marchar contra la América, y careciendo la España de dinero, no se tendrá(22a) ya el medio de expediciones y, por consiguiente, queda concluida la guerra. Luego presenta el estado ventajoso del Sur América, y añade: "el inmenso continente de la América meridional es, pues, en la actualidad, y de hecho, plena y enteramente independiente. ¡Qué fuerza va a dar a esa independencia el saberse que la España nada puede en contrario, y la certidumbre de que no se la inquietará con ejércitos que resisten ir a combatirla!" Sigue diciendo: "No nos obcequemos, no es sola la América del Mediodía la que se ha separado de la Europa, lo es también la del Norte... El sistema americano ha de completarse... ¿Cómo se ha de creer asegurada la América mientras la España posea a México? Y los Estados Unidos ¿se tranquilizarán, conservando la España en el centro de sus posesiones a las Floridas?, ¿qué vendrán a ser esos átomos de colonias insulares que hacían la riqueza de la Europa durante el sueño de la América?, y ¿qué significan a su lado unos granos de arena?" Expone que los españoles han hecho una guerra severa a los americanos, de que éstos deben estar muy resentidos, que el trastorno que la independencia de la América va a causar al mundo entero será mayor que el de su descubrimiento, que las cosas volverán al orden que el Autor de la Naturaleza estableció, que la América marchará aceleradamente a su perfección, que cuanto más prospere ella, tanto más participará la España de esa prosperidad, y que la entrada en el mundo político y comercial de este recién nacido gigante, que presenta una cara al Asia y otra a la Europa, cuyo suelo es virgen, está regado con más aguas y calentado con más fuegos que todo el resto del globo junto, y cuyo seno suda oro, plata, diamantes y las producciones más preciosas, va a hacer que despliegue el lleno de sus riquezas y desenvuelva todas sus fuerzas. Son notables estas palabras: "En el hecho, ¿qué da o quita el reconocimiento aceptado o rehusado por la España?, ¿qué derecho o ventaja confiere? Semejante reconocimiento es ilusorio en sí mismo; y sin embargo, por una cosa tan vana, puede la España adquirir una cosa muy preciosa y sólida para ella, la benevolencia de la América. Ésta se constituirá a la dominación [sic] y podrá sobrepasarla en utilidad, porque la España puede comparecer delante de la América ventajosamente con los títulos que le dan la conformidad de religión, de sangre y de lengua, y la memoria de antecedentes y enlaces sostenidos durante siglos. Esta autoridad es de un inmenso precio en las relaciones, sobre todo, en las de comercio que se forman entre los pueblos. Así la España no tiene ya interés a la posesión territorial y soberanía de la América, sino tan sólo a su prosperidad.
"Quiera el cielo que mi voz mueva los corazones de los dignos representantes de la nación española, y les excite a la gloria de consultar al noble rey la Acta de Emancipación del Este, Oeste y Sur América, como la tuvo el generoso Pitt(23)cooperando a la del Norte, a cuyos habitantes estimó honrados por la rectitud y firmeza con que promovieron y sostuvieron contra el poder de la Inglaterra la causa de su nacionalidad, hasta obtener un triunfo que las almas justas y sensibles en todas edades aplaudirán con las efusiones más inocentes y afectuosas."
¿No está demostrado que otros han hablado sobre la materia con mucha más energía y libertad que yo? Seguramente ni hay comparación de sus expresiones a las mías, ni tampoco de sus deseos a los míos. Ellos defienden la independencia absolutamente, y yo me limito a desearla decretada por las Cortes, para que se haga legítimamente y se ahorre la sangre de nuestros semejantes.
¿Por qué, pues, se ha de calificar en mí como un delito lo mismo que en otros se ha concebido como mérito? Es muy claro que si yo hubiera visto calificados como sediciosos uno de estos impresos, me hubiera abstenido aun de nombrar la vozindependencia; pero como los vi correr impunes y con aplauso no sólo en América, sino en la misma España, me creí seguro y escribí mis ideas políticas bajo esa salvaguardia, así como entraría sin susto a un palacio público donde viera que entraban todos indistintamente, y me sorprendería que sólo a mí me machucara las costillas el centinela porque era el último que entraba.
Una de las pruebas que tengo de esta confianza con que escribí, por ejemplo, y asegurado siempre en el testimonio de mi inocencia, es que supe con anticipación la calificación de la Junta, y no me fugué, cierto, como lo estoy en que al salvo Dios lo libra.
Si se me arguyera que por qué hablé de derechos de independencia en este tiempo, diría que por lo mismo. Esto es, porque lo creí muy conveniente para fijar la opinión en favor de la Constitución. El escritor público que consagra sus fatigas en beneficio de su patria, hace o debe hacer lo que un padre prudente con sus hijos, esto es llevarlos por la persuasión y la dulzura, no por la aspereza ni el rigor. Si un buen padre prevee que no conviene se le case una hija, le dirá: "Mira, hija, aún no es tiempo que te cases, y menos con ese hombre que es un pródigo, o no tiene con qué sostenerte. Espérate algún más tiempo, o deja que el hombre se coloque y entonces te casarás."
Con tales expresiones se tranquilizará la hija y sucumbirá al dictamen de su padre, halagada por la esperanza. Pero si le dice: "Oyes, malvada, cuando me hables de casarte y separarte de mí, te daré un balazo, o te pondré en una reclusión. No, ¡en la vida [no] tienes esperanza de casarte. Entonces la hija, ya desesperada, pensará sólo en substraerse de la dominación paterna, se huirá, se irá con el que quiera, y se perderá seguramente.
Esto preví yo, y no queriendo que mi patria se desespere, y ocurra al último remedio, una salus victis nullam sperare salutem,(24)traté de consolarla con la justicia de sus derechos y con la esperanza de que la misma España la pondrá en posesión de ellos algún día en fuerza de la justicia de su causa.
En vista, pues, de estas sólidas reflexiones, yo no puedo menos sino esperar de la sabiduría, integridad e imparcialidad de vuestras señorías que, en obsequio de la tranquilidad de sus conciencias y de conservar la buena opinión que merecen al público, revocarán su primera censura, dando por absueltos mis impresos.
Nada puede venir sobre vuestras señorías por esta justa revocación. Su opinión, antes que perder un ápice de su mérito, resaltará con más brillo en el concepto público, pues todos saben que sólo a los sabios es dado privativamente el mudar de parecer cuando los desengaña la verdad. Sapientis est mutare consilium,(25)dice el Espíritu Santo.
Dios guarde a vuestras señorías muchos años.
México, Cárcel de Corte, marzo de 1821.
Señores presidente y vocales de la Junta de Censura.
José Joaquín Fernández de Lizardi.
Las reflexiones que tengo hechas, a más de éstas, en abono de mis impresos, se darán a luz, si conviniere.
(1) México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1821.
(2) El decreto está firmado el 11 de junio de 1813. Lo hemos consultado en J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de México de 1808 a 1821, México, José Ma Sandoval, Impresor, 1881 (Biblioteca de "El Sistema Postal de la República Mexicana"), tomo V, p. 71.
(3) Junta Provincial de Censura. Cf. nota 83 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(4) José Rafael Suárez Pereda (m. 1846). Abogado de la Audiencia de México y juez de letras; miembro de la Junta Provisional Gubernativa. Fue rector de la Universidad de México y del Colegio de Abogados.
(5) En la Constitución de la Monarquía Española es el artículo 10 del capítulo I, título II: "El territorio español comprende en la Península con sus posesiones é islas adyacentes, Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaen, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demas posesiones de África. En la América septentrional, Nueva España con la Nueva Galicia y península de Yucatán, Goatemala, provincias internas de Oriente, provincias internas de Occidente, isla de Cuba con las dos Floridas, la parte española de la isla de Santo Domingo, y la isla de Puerto Rico con las demas adyacentes á estas y al continente en uno y otro mar. En la América meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Perú, Chile, provincias del Rio de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. En el Asia, las islas Filipinas, y las que dependen de su gobierno." Hernández y Dávalos, Colección de documentos, op. cit., t. IV, pp. 87-88. En el articulo 172 del capítulo I del título IV: "No puede el Rey enagenar, ceder ó permutar provincia, ciudad, villa ó lugar, ni parte alguna, por pequeña que sea, del territorio español." Ibid., p. 100.
(6) José Miguel Guridi y Alcocer (1763-1828). Sacerdote y escritor mexicano. Fue diputado a las Cortes españolas, integrante de la Junta Provisional Gubernativa (1821-1822), miembro del Primer Congreso (1822) y diputado de la Junta Nacional Constituyente (1822-1823), asimismo integró el Segundo Congreso Constituyente (1823-1824). También fue provisor y vicario general del Arzobispado y cura del Sagrario. Entre otras obras escribió: Representación de la diputación americana sobre las convulsiones de la América (1812), Poesías líricas y dramáticas, Apología de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe (1820), y una larga y extraña relación de su vida, que apareció en 1906 con el título de Apuntes de la vida de José Miguel Guridi y Alcocer formados por él mismo a fines del año de 1801 y principios de 1802, publicados por Luis García Pimentel.
(7) José Mariano de Sardaneta y Llorente, marqués de San Juan de Rayas (1761-1835). Regidor perpetuo, alcalde ordinario y administrador de minería en su ciudad natal, Guanajuato, Gran Cruz de Carlos III. Inclinado a la independencia, estuvo relacionado con sus caudillos. Fue miembro de la Junta de Censura de libertad de imprenta, integrante de la Junta Provisional Gubernativa y diputado al Primer Congreso. Su firma aparece en el Acta de Independencia.
(8) Manuel Gómez Marín. Cf. la nota 11 a Impugnación y defensa... prospecto...
(9) José Vicente Ortiz. Cf. la nota 83 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(10) Confrontamos ambas definiciones en el tomo VI del Diccionario de autoridades,edición facsímil, Madrid, Editorial Gredos [1964], p. 65.
(11) Chamorro y Dominiquín... independencia...
(a) Estos tres párrafos no están a la letra como los remitidos a la Junta, pero en la sustancia son lo mismo [la posición exacta que en el folleto original se le dio a la llamada de nota es ésta].
(12) Álvaro Flórez Estrada. Cf. la nota e a Chamorro y Dominiquín... independencia.
(13) Quien mal pleito tiene, a voces lo mete (México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821).
(14) Dominique Dufour de Pradt. "El Abate de Pradt nació en el castillo de Pradt el 3 de abril de 1759 y murió en París el 18 de marzo de 1837. Ordenado de sacerdote en 1783, se manifestó ultrarrealista durante la Revolución y emigro en 1791. Después sirvió a Napoleón cerca de los Reyes de España y de su hijo Fernando, lo cual le valió el obispado de Malinas. Caído en desgracia, secundó a Talleyrand y adhirióse a la Restauración. Más tarde se unió a Luis Felipe y publicó varios folletos de tendencia liberal." Nota de Jaime del Burgo publicada en el Manual del librero hispanoamericano de Palau y Dulcet, Barcelona, Librería Palau, 1962, t. XIV, p. 67. Pradt escribió varias obras, citaremos algunas: Mémoires historiques sur le révolution d'Espagne, par l'auteur du "Congress de Vienne" (1816),prohibida en España; Des colonies, et de la Révolution actuelle de l'Amerique (1817); Des trois derniers mois de l'Amérique Meridionale et du Brésil suivis des personalites et nouveautés de le Quotidienne et du Journal des Débats (1817); y De la Revolution actuelle de l'Espagne et de ses suites (1820).
(15) Cf. nota e a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(16) Joaquín Infante. Cf. nota 7 a Chamorro y Dominiquín... independencia.
(17) Oficina de Benavente. Cf. nota 25 a Impugnación y defensa... prospecto.
(18) A. Flórez Estrada, Representación hecha a S. M. C. el señor don Fernando VII.Consultamos esta cita en el tomo II de las Obras de este autor; cf. la nota e aChamorro y Dominiquín... independencia...
(19) Joaquín Infante, Solución a la cuestión de derecho..., pp. 11-12; cf. nota 7 aChamorro y Dominiquín... independencia...
(20) En la "Tercera parte" de dicha obra, capítulo II, dice Flórez Estrada lo si siguiente: "Contrayéndonos a lo dicho, fácil es ver que el gobierno español, desde el descubrimiento de América, abrazó un sistema económico, el más opuesto a los principios sencillos que quedan asentados, sistema que con precisión debía causar la decadencia de la nación." Examen imparcial..., en Obras, op. cit., t. II, p. 48; cf. notae a Chamorro y Dominiquín... independencia... Para lo expuesto por Fernández de Lizardi, habrá que examinar detenidamente lo escrito por dicho autor en los siguientes capítulos de su obra: Capítulo III.─ Causas que, principalmente, contribuyeron a la decadencia de la nación española. Examen de la primera, a saber: el gran rédito que producía a los españoles el comercio del Nuevo Mundo.Capítulo IV.─ Examen de la segunda causa de la decadencia de la nación española, a saber: las restricciones fuertes que sufrió el comercio de América, no sólo por la exclusión de una gran parte de los españoles, sino por la exclusión de los extranjeros. Capítulo V.─ Examen de la tercera causa a que atribuyo la decadencia de España, a saber: la gran cantidad de plata traída de América a la Península. En el capitulo V, Flórez Estrada escribió: "Los individuos españoles cuyas fábricas y agricultura habían decaído a un grado increíble de miseria, no solo compraban al extranjero casi todos los artículos manufacturados, sino que también le tomaban mayor porción de los granos de su consumo. Así, España no era ya más que el canal por donde se escurría todo el dinero que venía de América." Examen imparcial... p. 85.
(21) Representación hecha a S. M. C. el señor don Fernando VII..., en Obras, op. cit.,t. II, p. 204. Cf. la nota 18 a este folleto.
(22) Monsieur de Pradt, Historia de la Revolución actual de España y sus consecuencias, escrita en francés por el antiguo Arzobispo de Malinas... y traducido por D. Antonio García Bavi, Habana, Imp. de Palmer e Hijo, 1821, 95 + VI pp.
(22a) "tentará" en el original.
(23) William Pitt, conde de Chatham (1708-1778). Político y estadista inglés.
(24) Tienen su salvación los vencidos: no esperar salvación. Eneida, Libro II, v. 354. Publio Virgilio Marón, Eneida. Libros I-VI, introducción, versión rítmica y notas de Rubén Bonifaz Nuño, México, UNAM, Coordinación de Humanidades, Centro de Traductores de Lenguas Clásicas, 1972 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana), p. 34.
(25) De sabios es mudar de consejo. Tiene otra versión: prudentis est mutare consilium.