DEFENSA DE EL PENSADOR Y EPÍSTOLA
AL PADRE SOTO(1)
¡Válgame Dios, mi padre fray Mariano,(2) y qué enojada se ha dado vuestra paternidad con la maldita Palinodia!(3) No pensaba yo que hubiera hecho tanto efecto en el espíritu de usted. Lo peor es que usted insiste, y yo no desistiré de responderle ni de urgirle el argumento hasta que no se dé por vencido, porque soy muy tenaz y tengo sangre de vizcaíno.(4)
Ya sabe usted qué porfiados son estos caballeros, y sabrá que uno de ellos no queriendo su borrico (hermano de la burra de Balaam)(5) pasar un puente de madera, por más palos que daba, se enfadó mi vizcaíno, cargó con el sano y lo pasó mal de su grado, diciéndole: alma de cántaro, a entendimiento me ganarás, pero a fuerzas no.
Así yo, ni más ni menos digo: vuestra paternidad me ganará en talento y en instrucción, como lo dice, pero en lo porfiado no me ha de ganar. He de insistir en sostener que son heréticas dos proposiciones de la Proclama de vuestra paternidad mas que se desespere, mas que escriba más que el Tostado,(6) y mas que me llene de desvergüenzas en cada papel.
Yo protesto oír éstas con mucha paz y concordia, y usar con vuestra paternidad de todo el respeto que se merece, satisfecho de que así verá que cuando se trata de descubrir una verdad, y defenderse de una impostura, no es menester usar de injurias, sarcasmos ni personalidades. Este es un recurso muy mezquino, ajeno de gentes de buenos principios, y muy propio para desacreditar a quien lo usa, pues todos dicen: N no encuentra razón; pero tiene malas razones.
Sólo una cosa no he podido disimular en este último papel de vuestra paternidad que tituló Descubierto el carácter de la pluma impía, blasfema y antimilitar de El Pensador Mexicano, y es ese modo tan orgulloso o majestuoso con que usted me trata de tú y vos, según que le place.
Esto sí no me gusta, padre mío: ¿por qué han de ser esas confianzas o esos moditos, puntualmente en estos días en que mis conciudadanos acaban de hacerme el alto honor (sin merecerlo) de numerarme entre sus compromisarios y electores?
¡Ah caramba!, no sabe vuestra paternidad que se me ha dado un tratamiento del tamaño de una casa, ¿pues cómo tiene el arrojo de tratar a un señor vuestra señoría de tú y vos, y cuando un público, representado en su primer alcalde presidente, me honra tanto, y de letra de molde, para que usted lo sepa. Vuestra paternidad no se digna darme ni un miserable don, que no se lo negará al perrero de su convento, si se ofrece. Vamos, mi reverendo padre, que ésta es mucha mezquindad, y muy impropia de un tiempo en que triunfan los liberales.
Pero dejémonos de chanzas, y dígame vuestra paternidad ¿qué derecho o autoridad tiene para tratarme de tú y vos como si fuera su pilguanejo,(7) ni para ultrajarme tan indecorosamente en un público? Ni su carácter sacerdotal, ni su instituto religioso lo autorizan para faltar a los deberes de ciudadano, de sacerdote, de religioso y de cristiano, y a todos ellos ha faltado desconceptuándose hasta donde no conoce con semejante bastardo procedimiento, a pesar de que lo adule alguno, que no merece le conteste, porque es tan ignorante, que ni castellano sabe hablar,(a) y a esta clase de sujetos los honra mucho quien los critica.
Permitido y nunca concedido el que yo hubiera tratado a vuestra paternidad con feos epítetos, creyendo con engaño que era uno de mis rivales suscrito con el nombre de Chirrión,(8) todavía eran dados en justa recompensa de los con que me trató de servil dos caras que se firmó con ese medroso sobrenombre. ¿Y no tendré yo alguna razón que me disculpe de usar un dialecto cáustico para el que lo usa conmigo emponzoñado?
A vuestra paternidad lo he tratado con demasiada consideración siempre que le he escrito en derechura. No por miedo, no, sino por sobra de buenos principios. Yo no tengo razón para tratar mal a un sacerdote; mas ningún sacerdote, por serlo, la tiene para tratarme mal a mí. Contengámonos todos en nuestros deberes, y todo andará bien; pero querer que obedezcamos la ley del embudo por la parte que nos daña, es una candidez.
¿Qué le hubiera parecido a vuestra reverencia que yo le hubiera dicho: oyes Soto. Mirad, Mariano, sois un plebeyo, un ruin, un hereje, un revolucionario, un salvaje, etcétera? ¿Qué le hubiera parecido a vuestra reverencia esto? Pregunto. Pues a ello se expuso, y se expone con otro que tenga menos aguantaderas que yo.
Todos los dicterios míos, dichos al servil y adulador Chirrión, que vuestra reverencia se apropia, no equivalen a los que vuestra reverencia directamente me dispara como son llamarme plebeyo, hereje, anticatólico, traidor al rey y a la patria, etcétera. Éstos no sólo son sarcasmos, sino injurias atroces y calumnias evidentes.
Y bien, vuestra reverencia me lo dijo en compensación de las que creyó que le hice, ¿y ésta no es una venganza, superior a la injuria? ¿Y semejante proceder es conforme al instituto de un ministro del Dios de la paz, que nos debe enseñar, no sólo de palabra, sino de obra el precepto de la caridad, diligite inimicos vestros et befecite iis qui oderunt vos?(9) ¿Podrá vuestra reverencia ignorar que Dios dice por san Mateo que el que llamare a su hermano fatuo, es reo del fuego eterno?(10)¿Pues cómo es que así se ha propasado, escandalizando al público y demeritándose de día en día?
Desde el título de su papel último me agravia, porque me llama anti-militar, ¿y con qué espíritu? Con el de malquistarme(11) con la tropa ignorante, no con la que lee y entiende, y solicitar en su abono muchos defensores a poca costa, sin acordarse de que esto es un delito conforme a ordenanza. "A todo sargento (dice ésta), cabo, soldado o tambor que en una pendencia llamare o apellidare en su ayuda a una nación, regimiento, compañía, piquete o guardia, se le pasará por las armas." Tratado VIII, título X de las Ordenanzas militares.(12)
Conque vea vuestra reverencia en qué grado considera la ley este delito. Pero para honor mío, satisfacción de los soldados y confusión de vuestra reverencia le digo, lo provoco y lo desafío públicamente a que me señale ¿dónde, en qué papel mío se halla una sola palabra por la que me pueda calificar de antimilitar? ¿A que no la señala vuestra reverencia, padre Soto? ¿A que no? Pues vea ahí cómo toda su intención es malquistarme con la tropa, sin causa, sin razón, y ni siquiera con pretexto. Tal modo de imputar calumnias jamás le hará a vuestra paternidad ningún honor. Los soldados no lo creen, y conocen que ésta es diligencia vana de vuestra paternidad para buscarse protectores, y reclutarme enemigos. ¿Y cuadra esta maligna intención a un noble, a un sabio, a un sacerdote, a un religioso? Decida el público.
Desengañémonos, padre Soto: para discurrir alguna cosa, no es menester lastimar ni calumniar a nuestros contrarios. En las disputas literarias se ha de buscar la verdad con la luz de la razón, y no con los negros tizones de la maledicencia ni la impostura.
En vano son las diligencias de vuestra reverencia en la presente disputa, mientras no responda con solidez las objeciones que he puesto a su Proclama. A saber: que incluye dos proposiciones sapientes haeresim.
Primera, la paz sempiterna (Dios) afirmó su trono inaccesible sobre la militar acción de aquel campeón celestial (san Miguel). Esto da a entender que antes que este arcángel arrojara a Luzbel y demás bichos del empíreo, el trono de Dios estaba poco seguro, y ésta es herejía.
Segunda, que la religión y el Evangelio de Jesucristo buscan y se acogen para su defensa y subsistencia a los soldados. Y ésta es otra herejía, porque da a entender que el Evangelio necesita para subsistir de la fuerza armada, lo que es falsísimo de toda falsedad.
Sobre estas dos proposiciones discutimos. O confiesa vuestra reverencia que erró como hombre en estamparlas, o nos prueba su verdad. Mientras no haga esto, nada consigue con llenarme de desvergüenzas, ni con citarme a Daniel sobre la cuenta de los ángeles.(13)
Las citas son buenas, traídas oportunamente, no con notable diferencia. Vuestra reverencia dijo que diez centenares de millones de ángeles estaban en la presencia de Dios, y Daniel dijo que mil miles le servían, y diez centenares de miles le asistían.(14)
Ni aún así sale la cuenta, porque diez centenares de millones, no son lo mismo que diez centenares de miles. Conque vea vuestra reverencia cómo anduvo más liberal Daniel, aunque no lo vio. Vuestra reverencia dice una cosa y el profeta otra, pero otros han sido más liberales que vuestra reverencia y que Daniel, pues el padre Vázquez, citado por Berní en su Filosofía metafísica, tomo III, libro III, capítulo III,(15) hacen inferir por sus cuentas que son IIII. III. III. 0000. 000. 000. 000. Esto es, mil ciento y once tricuentos, ciento y once mil, ciento y un bicuentos.(16)
Pero todas estas cuentas son erradas, y valen tanto como decirnos con san Dionisio, san Cirilo y santo Tomás que son innumerables.(17)
Bien es que vuestra reverencia dice que habló en sentido figurado, y yo lo creo, pero cuando se escribe para el pueblo es necesario descubrirle la figura, so pena de hacerlo incurrir en un error.
No es lo mismo hablar sólo a los sabios, que hablar a sabios e ignorantes. Aquéllos distinguen lo figurado de lo literal, y éstos entienden lo que leen, como lo leen.
Si yo en un papel dijera: el padre Soto debe por precepto divino sacarse los ojos antes que leer un papel mío, porque mis papeles lo escandalizan, y Dios dice: "si tu ojo te escandaliza, échatelo fuera",(18) ¿qué dijeran los ignorantes? ¿Qué dijeran si yo asentara que debemos aborrecer a nuestros padres por precepto divino, si no les explicara que Dios no quiere que los aborrezcamos, sino que los pospongamos a Dios como todas las criaturas, que eso quiere decir: amar a Dios sobre todas las cosas?(19)
Conque vea vuestra reverencia que aunque su intención haya sido hablar figuradamente en estas materias, me parece que se deben aclarar las figuras, en obsequio de la mejor inteligencia del pueblo.
Todo aquello que trae vuestra reverencia de la burra de Balaam, también me parece fuera del caso, pues si yo he maldecido a la tropa, ni los ángeles son soldados cristianos, aunque una que otra vez se hayan aparecido con espadas desenvainadas. Por la misma razón serían soldados san Pedro, san Pablo, santa Catarina Mártir,(20) etcétera, etcétera, pues también algunos usaron espada alguna vez.
Tampoco debe vuestra reverencia arrastrar este negocio a la difunta Inquisición.(21) Esto es: no debe vuestra reverencia tratar de volverme hereje entre las manos, asegurando que no creo las verdades reveladas; esto se llama meterse en la Iglesia.
Acuérdome ahora de un cuentecillo que puede divertir a vuestra reverencia, y es éste: reñía un hombre valiente o esforzado con otro cobarde o débil, quien, no pudiendo defenderse ni resistir a aquél, ¿qué hizo?, extendió los brazos en forma de cruz, se arrimó a la pared y gritó: señores, sean ustedes testigos de que este hombre es hereje, pues está ultrajando, no menos que la imagen de Jesucristo crucificado.
Conque no se me ponga en cruz vuestra reverencia. Yo venero las Sagradas Letras como debo; pero no puedo conformarme con que se citen importunamente.
Que así están citadas en su papel de vuestra reverencia, ya lo vemos. De Daniel ya se dijo lo bastante, añadiendo que los ángeles no son soldados cristianos, ni los soldados cristianos son ángeles en la tierra.
Por lo que hace a la historia de la burra de Balaam, digo, con licencia de vuestra reverencia, que no viene al caso, porque el mal profeta iba a maldecir el ejército de Dios, y esto fue lo que impidió el ángel, y yo jamás he maldecido ni a pie ni en coche, ni en burro ni a caballo a ninguna tropa, ni a ningún soldado en particular, que era lo que vuestra reverencia debía probar para que la erudición viniera al caso.
Concluyo, padre mío... Pero ¡ah!, se me olvidaba decir a vuestra reverencia que el talento es don temporal, aunque sea de los que corresponden al espíritu. A lo menos, así lo entiendo, porque no hallo medio entre lo temporal y eterno; y así, si el talento del hombre no es eterno, a fuerza ha de ser temporal.
Deseo a vuestra reverencia mucha salud y felicidades, y me repito su atento servidor que besa su mano.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi]
En mi papel titulado: Aún ha quedado a las zorras el rabo por desollar,(22) se dice que Bringas faltó al derecho de gentes en las Cruces con los insurgentes. Corríjase esa equivocación, pues este jefe no fue el autor de tal traición, sino don Torcuato Trujillo.(23)
(1) México: 1820. Oficina de don J. M. Benavente y Socios.
(2) fray Mariano Soto. Cf. Nota 27 a la Rociada de El Pensador...
(3) La palinodia de El Pensador.
(4) sangre de vizcaíno. En el acta de bautismo quedó asentado que era de sangre española. En 1914 Nicolás Rangel encontró la fe de bautizo, que publicó en "El Pensador Mexicano. Nuevos documentos y noticias biográficas" en El libro y el Pueblo, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1926, t. IV, núms. 10-12, pp. 41-50.
(5) Soto escribe: "Sólo el espíritu de blasfemia heretical, hace irrisión de las verdades que cree reveladas; y no os excusa que aleguéis ignorancia; oíd al apóstol san Judas en el capítulo 1º de su carta canónica: "Quaecumque ignorant blasphemant, el espíritu de impiedad blasfema de todo lo que ignora. Y es de notar mucho en este asunto que san Judas habla de los maestros intrusos contra la gracia del verbo encarnado, que es la doctrina evangélica; que el santo los compara con los demonios o ángeles que cayeron (a los que vos llamáis bichos); que de tales maestros, afirma dicho apóstol, que errore Balaam mercede effussi sunt. Es decir, que comprados o venales como Balaam, se despechan a maldecir las tropas que pelean por el Dios de Israel, contradiciéndolo el Dios mismo expresa y portentosamente. Oíd el portento, Lizardi: Balác, rey de Moab, intentó destruir con maldiciones al ejército de Israel que tenía en su contra acampado al frente; llamó para el efecto al profeta malévolo Balaam, prometiéndole muchas mercedes por tal que maldijese a los ejércitos de Israel; lo intentó repetidas veces el venal profeta, y Dios insistió en impedírselo. Sale por último Balaam montado sobre una burra, y acompañad[o] de dos jóvenes moabitas a persistir en ejecutar sus mercenarias execraciones.Iratusque est Deus: irrítase Dios, y manda visiblemente a un ángel con visible y vibrante espada en la mano, a que contenga la sacrílega osadía en aquel vil maldiciente a las tropas del pueblo del Señor. Vio la burra al ángel, y sepárase del camino; azótala Balaam para encaminarla, y estréchalo aquel ángel, soldado de guerrilla, entre dos viñas; mira de nuevo la burra al ángel, échase contra la pared y astilla un pie al jinete; torna éste a castigar al animal, y el ángel lo pone en tal aprieto, que no pudo más arredrar ni a derecha ni a siniestra; volvió la burra a ver al ángel, y tírase al suelo cayendo sobre ambos pies del amo, quien de nuevo le castiga. Apernitque Dominus os asinae, suelta Dios la lengua de aquel bruto, quien dice al obstinado maldiciente: ¿qué te hago?, ¿por qué me azotas?, ya van tres veces; responde Balaam: tú lo mereces, tú juegas conmigo; si tuviese aquí un cuchillo, te había de herir. Entonces la burra: yo soy animal tuyo, siempre me has montado hasta la presente, ¿alguna vez me he portado como el día de hoy? Dímelo. Dícele Balaam: jamás. Al momento abrió Dios los ojos a Balaam, y vio al ángel que estaba al camino con la ESPADA DESENVAINADA, y se postró en tierra y lo adoró. Y ¿por qué, le dijo el ángel, has castigado tres veces a la burra? Yo he venido a hacerte resistencia (notad Pensador), porque tu camino es perverso y es contrario al mío: y a no ser que la burra se desviaba de tu senda, y daba lugar a éste, que te contradice, yo te hubiera matado, dejando viva a la burra. Fernández, calificador mío, ¿credis hoc? ¿Qué le parece esta historia? ¿será verdadera o uno de los cuentos tártaros o de los chistes de N. Feijoo? Léala en el sagrado libro de los Números capítulo 22. Cf. Descubierto el carácter de la pluma impía, blasfema y anti-militar de El Pensador Mexicano en su papel titulado "La palinodia en respuesta al padre Soto" y defendida teológicamente la Proclama militar de este autor, México, Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820, pp. 3-4. La Gaceta del Gobierno prohibió la circulación de este folleto el 30 de diciembre.
Respecto al tono de enfado de Soto, se palpa en lo siguiente: "decida la imparcialidad, ¿qué debería haber respondido El Pensador en defensa de su honor personal? Pues de todo me desatendí, y sólo le reclamé por el conducto del Noticioso General número 748, sobre aquello de herejías y blasfemias que atribuye a la doctrina de mi Proclama, y le di tres días de término para que me denunciara. Pasaron más de veinte días, y ya para incitarlo a la denuncia con que me había cominado [sic] hube de fregarle un poco el adormecimiento malicioso de su silencio y de su omisión de denunciarme. Véase el Noticioso número 761. Salió luego mi calificador, juez y maestro, y doblando su furia en La Palinodia de infernal ironía, no sólo ultraja en ella mi persona, carácter y buen nombre, sino que hace allí irrisión, más que sacrílega de los sagrados textos, que es decir del Dios mismo su autor", p. 2.
(6) escribir más que el Tostado. En Colombia se dice "hablar como un Tostado": hablar mucho. Cf. Santamaría. La comparación alude a Alonso Tostado, llamado también Alonso de Madrigal, por haber nacido en este pueblo de la provincia de Ávila. Floreció en el tiempo de Juan II de Castilla; fue catedrático de la Universidad de Salamanca y asistió al Concilio de Basilea. Obtuvo el obispado de Ávila y murió, prematuramente, a los cincuenta y cinco años (según unos y según otros a los cuarenta) en el año de 1454. Sobre su sepulcro se puso la siguiente inscripción: Hic stupor est mundi; qui scibile discutit omne. Sus obras en latín constan de veinticuatro tomos en folio, habiendo dejado otras muchas en castellano. Su epitafio actual, en verso, reza: "Aquí yace sepultado / quien virgen vivió y murió, / en ciencias más esmerado, / el nuestro obispo Tostado, / que nuestra nación honró. / Es muy cierto que escribió / en cada días tres pliegos / de los días que vivió; / su doctrina así alumbró / que hace ver a los ciegos." Rodríguez Marín, en Quinientas comparaciones andaluzas, dice que vivió cuarenta años y escribió 53 880 pliegos. Según Cejador y Frauca, 70 225. Se le atribuía el prodigio de saber todas las ciencias que se enseñaban en la Universidad de Salamanca. Tenía una portentosa memoria. Se le atribuye que recitaba pasajes completos de la Biblia y toda la Summa theologica de Santo Tomás. Sus obras más notables son: Comentarios sobre los libros históricos de la Biblia, Historia sagrada y Mitología pagana. Cf. José María Iribarren, El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades, 4ª ed., Madrid, Aguilar, 1974 (Col. Obras de Consulta), pp. 338-339.
(7) pilguanejo. Cf. nota 12 a El sacristán enfermo.
(a) Uno que tituló su papelucho Judía contra judía [Judía y contra judía. El Pensador Mexicano es todo contradicción, México, Oficina de los ciudadanos militares don Joaquín y don Bernardo Miramón, 1820, 4 pp. Firma A-LA-MI-RE. "El padre Soto, a quien usted llamó en sus Rociadas débil rival suyo, ¿sabe o no teología? Si no sabe, ¿con qué alma, con qué descaro, con qué conciencia le hizo usted allá tantos elogios? Y si el padre Soto es teólogo, ¿con qué alma, con qué descaro, con qué conciencia le ha tratado con tanto ultraje, con tanta befa, con tanto deshonor?", p. 2. "¿Cómo podrá ser el que usted, confesando que no conoce la señora teología, confunda y acribille al que usted confiesa que la ha estudiado, y a quien el mundo entero le conoce que ha sido catedrático muchos años de tan sagradas ciencias?", p. 3. Respecto al título de este folleto, Fernández de Lizardi aclara en El Periquillo Sarniento que "judía" quiere decir la más grande en las figuras y la más chica en las cartas blancas, y "contrajudía" es lo contrario] etcétera. Este autor, después de faltar a la verdad en mucho, me arguye que por serlo no puede errar teológicamente. ¡Qué gracia! Si esto fuera cierto, jamás hubieran errado los teólogos.
(8) Chirrión. Cf. nota 28 a Rociada de El Pensador...
(9) Ecli. 6, 13. "Ego autem dico vobis: diligite inimicos vestros." Mt. 5, 44 y Prólogo aEl Quijote (1605): "Si de la amistad y amor de Dios manda que se tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura Divina, que lo podéis hacer con tantico de curiosidad y decir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: "Ego autem dico vobis: diligite inimicos vestros".
(11) malquistarme. Cf. nota 15 a Repique brusco al Campanero.
(12) El título es Colección general de ordenanzas militares, 10 tomos.
(13) "El profeta Daniel en el capítulo 7 dice así a la letra: "manifestándonos la revelación que tuvo del imperio, señorío y eterno trono del Omnipotente, y de su grandeza: 'Millia millium minissabant ei et decies millies centena millium assitebant ei". Mil miles le ministraban, y diez centenares de miles le asistían", p. 3.
(15) Juan Bautista Bernì. Por la portada de su libro sabemos que el doctor Bernì fue presbítero colegial mayor de Santo Tomás de Villanueva, maestro en artes, doctor en sagrada teología, catedrático de filosofía en la Universidad de Valencia y penitenciario del Hospital Real y general de Valencia. Escribió: Vida de la penitentísima virgen Inés de Moncada, hija espiritual del grande apóstol de la Europa san Vicente Ferrer, Valencia, J. Estevan Doiz, 1734, 118 pp.; Vida, virtudes y milagros de santa Rosalía de Vilanova, Valencia, Antonio Bordazar, 1736; Noticias breves de las virtudes del seráfico doctor san Buenaventura: indulgencias y constituciones de su milicia seráfica de Valencia, agregada a la archicofradía de Contalone, Valencia, Antonio Balle, 1737. La obra citada se titula: Filosofía racional, natural, metafísica i moral, Valencia Antonio Bordazar de Artàzu, 1736, 4 t. En el tomo III, Filosofía metafísica o transnatural (296 pp.) libro III "De los ángeles" (pp.126-228), capítulo III "Del número y orden de los ángeles" (pp. 134-139) escribe: "5. El Angélico Doctor Santo Tomas enseña que, à proporcion de la perfeccion de las substancias ha criado Dios su numero; i el P. Vazquez I p. q. 5 art. 3 dize, que le fue revelado à Santa Brigida lib. 4, cap. II que para cada racional se pudieran señalar diez Ángeles de Custodia", p. 137. No sabemos si alude a Antonio Vázquez de Espinosa (¿-1630), carmelita descalzo español, gran teólogo y censor del Santo Oficio, o a otro Vázquez.
(16) tricuentos, bicuentos. Trillones y billones.
(17) En el libro de Bernì, mismos tomo y capítulo, se lee: "4. No podemos determinar el numero de los Angeles, pues San Dionisio, ó quien quiera que sea el Autor del libro de la Gerarquia Celestial, San Cirilo, i Santo Tomás juzgan, que es innumerable; i es mui conforme porque si no podemos numerar las Estrellas que están a nuestra vista, como numeraremos los angeles que se le ocultan à todos nuestros sentidos? Sin embargo puede hacerse un cálculo, como lo hace el P. Reita en su Oculus Eliae, o Enoch, i otros Autores, en esta forma", p. 136. Cf. nota 15.
(20) santa Catalina, mártir de Alejandría en 307 o 312.
(21) Inquisición. Cf. nota 19 a La catástrofe de Cádiz.
(23) Las Cruces. Monte que separa el valle de Toluca de la cuenca de México. El 30 de octubre de 1810, con un ejército de cien mil hombres, Hidalgo venció al brigadier Torcuato Trujillo. Pero después de esta victoria, y cuando tenía a la capital indefensa, emprendió la retirada. Antonio Bringas (¿-1810), jefe español de las tropas realistas que se distinguió en la batalla del Monte de las Cruces, fue herido en esta acción. Murió a causa de ello el 3 de noviembre.