DAR QUE VIENEN DANDO
O respuesta a lo que estampó el Observador
en el Suplemento al Noticioso número 751(1)
Por varios rumbos, y distintos modos que se cumpla la ley queremos todos
Señor Observador(2) de los observadores: si usted no me hubiera hecho objeto de su observación, desde luego no tenía yo para qué atravesar mi palabra con usted; mas pues le plugo el meterme en su ensalada, haciéndome sospechoso, o más bien acusándome de los feos vicios de atrevido con las autoridades,(3) de incendiario y cruel, según califica a los escritores con quienes me acompaña en su ridícula ironía, está muy en el orden de la justicia volver por mi honor.
Por tanto, me contraeré a dos puntos que procuraré probarle brevemente.
1. Que a ninguna autoridad he faltado en mis escritos, y mucho menos al excelentísimo señor jefe político don Juan Ruiz de Apodaca(4) en el papel que escribí en su defensa.(5)
2. Que el quejarse de los males que sufrimos humildes, callados y constantes en el gobierno antiguo, y el reclamar que se cumpla la Constitución(6) en todas sus partes y en toda la monarquía, jamás probará deseo de desunión ni de que nos matemos unos a otros, sino todo lo contrario. Veamos si cumplo lo ofrecido.
Dije en mi citada defensa esta proposición: "si el virrey es adicto o no a la Constitución es discutible". De aquí infiere usted que pongo en duda la adhesión de su excelencia, cosa que yo no debía creer, a no leerlo de tan gran Observador como usted.
Pero señor mío: usted no entiende lo que es crítica, y perdone la ingenuidad. No es tan fácil criticar como se piensa. Criticar es el arte de juzgar rectamente.(7) Esta lección jamás se repetirá en vano.
¿Y acaso es muy fácil el juzgar con rectitud? ¿Es muy fácil sacudir en un instante la ignorancia del entendimiento y la malicia del corazón humano de que todos tenemos abundante provisión? ¿Es muy fácil, por último, el juzgar con rectitud cuando la preocupación, el egoísmo y otra de las muchas pasiones que nos agitan son los precursores de nuestros juicios? Que lo digan los críticos sensatos, mientras hago ver a usted que (como muchos) no sabe criticar, y es menester que aprenda.
"Discutir es (Diccionario de la lengua castellana) examinar atenta y diligentemente las particularidades y circunstancias de alguna materia para descubrir y averiguar lo cierto, o investigar y registrar otra cualquier cosa."(8) En esta inteligencia, no hay verdad, por evidente que sea, que no sea discutible, porque no hay verdad generalmente evidente a todos, y porque cualquiera materia incluye milparticularidades y circunstancias que la hacen discutible o examinable.
Bien conozco que para usted y para todos mis antagonistas ésta es una filosofía nueva y por lo mismo discutible; pero mientras ustedes la examinan, responda usted lo que sigue:
¿Es generalmente evidente la adhesión del excelentísimo jefe, la de usted, la mía, la de Dávila,(9) la de J. V., la de... cualquiera del reino, al sagrado Código.? Pero contraigámonos a la adhesión de su excelencia para apretar más a usted y probarle su falta de crítica.
¿Es evidente, repito, no a todo el reino, a sólo México la adhesión de su excelencia? O sí, o no. Si lo primero, ninguno hubiera estampado lo contrario, porque nadie, si no está loco, puede creer que lo blanco es negro. Si lo segundo, para algunos no es evidente pues lo niegan, y para éstos es discutible. Responda ustedgran Observador Mexicano; bien que creo que en dos meses no halla quien le déjusta solución a este dilema: porque si dice usted que es generalmente evidente la adhesión de su excelencia, lo desmentirán los papeles públicos; y si dice que no, ya está cogido.(10) Conque o se calla la boca confundido, o responde un desatino. Usted elegirá lo que guste.
Fuera de esto, pudiera probarse que yo, lejos de poner en duda la adhesión de nuestro jefe al nuevo sistema, como usted dice, antes la pongo fuera de ella. Vaya la razón.
Después de lo que dije de lo discutible añado: "pero aun suponiendo como cierto lo segundo, ¿es justo denigrarlo públicamente, imputándole con criminalidad faltas que no son suyas?" etcétera. Usted se desentiende de esta suposición tan esforzada con el adverbio aun, y con aquel como cierto; pero hágase usted cargo de cuánto pesan.
La suposición de una cosa excluye la duda de su contraria; y así cuando yo supongo que usted [no] es liberal, es porque no dudo que es servil (es un exempli gratia, no se enoje), pues nadie puede suponer dos cosas contradictorias entre sí. Nadie puede suponer que Pedro es sabio e ignorante a un mismo tiempo. Suponer lo uno, es dar por seguro lo otro. ¿Entiende usted? Pues en haberlo hecho yo así, no he faltado al respeto a su excelencia.
Muchas defensas salieron en su abono. Algunas razonables, aduladoras todas y fundadas muy pocas. La mía no se notará de aduladora, porque no me acomodo a ese dialecto. Él es fácil, mas también es muy repugnante al mismo adulado.
Una de las virtudes públicas que realzan el mérito de su excelencia es lamoderación, ¿luego cómo lo agradará el que le dice que no hay pluma bastante a elogiarlo, que no ha habido ni habrá mejor virrey que su excelencia, que es el compendio de la bondad y que es canonizable?
Éstas, amigo, son unas sandeces sin tamaño.(11) Los verduguillos(12) de estos miserables barberos(13) se pasan afilados y se llevan hasta el pellejo de aquel a quien hacen la barba;(14) pero sepa usted y sepan ellos que los hombres de bien, en cuyo número ocupa Apodaca un lugar distinguido, se incomodan con estas humillaciones serviles y con estos inciensos tributados no a su mérito sino a su empleo.
Sí, excelentísimo señor, vuestra excelencia continúa, como hasta aquí, adornando su espíritu con las virtudes cristianas y morales que lo hacen amable, cumpla con la ley, hágala cumplir con energía, consulte con los sabios, virtuosos y despreocupados, y ríase de estos lisonjeros que lo aturden y que si mañana funde la custodia, se lo aprobarán diciendo que tiene autoridad para todo, y que en despojar a los templos de los vasos sagrados, le ha hecho a Dios, a la Iglesia y al Estado el mejor y más agradable servicio.
Vuestra excelencia sabe bien que todo superior, mientras lo es, halla quien apoye sus caprichos, justifique sus injusticias, solape sus vicios y alabe sus excesos; pero no bien acaba de mandar, cuando no sólo enmudecen sus aduladores, sino que acaso éstos mismos se convierten en sus delatores perdurables.
Acá sabemos un cuentecillo viejo que corrobora esta verdad. Al regresar un virrey para Veracruz,(15) extrañando el regocijo y sumisión con que lo habían recibido los pueblos del camino, preguntó a un indio el motivo, y el indio le dijo: Señor, si lojueras virrey que te vienes, te lo recibiera el pueblo con repique, con tambor y chirimía,(16) con sochiles(17) y cohetes; pero como eres virrey que te vas, ¿para qué se han de meter en esos gastos? Conque vea vuestra excelencia qué notable diferencia hay entre virrey que te vas a virrey que te vienes.
Pues para el caso todos son indios. No crea vuestra excelencia sino a los hombres de bien, después de experimentados: no se fíe de muchos de éstos que lo alaban sin cesar. Tras de las flores se esconde la serpiente y debajo de la miel está el veneno.(18)
Impia sub dulci melle venena latent.
A los antecesores de vuestra excelencia, Venegas(20) y Calleja(21) los alababan sin tomar resuello, sus desparpajos políticos los llamaban aciertos, sus caprichos, justicias y los crímenes que cometieron, como hombres y en aquellos tiempos tan difíciles, se apellidaron virtudes en los púlpitos. Si alguno de los dos hubiera querido hacerse adorar como Nabuco,(22) no habrían faltado escultores que le[s] hubieran labrado la sacrílega estatua.
Pero apenas se fueron estos hombres que llamaban héroes, y apenas llegó el tiempo en que Fernando el Grande les quitó a sus súbditos la mordaza de la boca y el dogal(23) de la garganta (porque hablar la verdad es crimen para el tirano), cuando han sacado a luz sus delitos con tanta vergüenza de parte de estos señores, cuanta es la publicidad a cuya faz los cometieron, y acaso han salido a luz por las mismas plumas que entonces los reputaron por virtudes.
Pero sea como fuere, las generaciones presentes escriben las historias privadas de los que mandan, y las futuras las publican como las hallan escritas por los hombres de bien. De aquí es que Nerón, Tiberio, Vespaciano y otros césares tiranos que oyeron alabanzas en su vida, pasan después de muertos la plaza de verdugos de los hombres, porque hubo algunos honrados que tuvieron cuidado de transmitir a la posteridad sus acciones tales cuales fueron en su tiempo.
Váyase vuestra excelencia del reino y verá si sus barberos de hoy lo rasuran con la misma suavidad después que no los mande ni les pueda dispensar ningún favor.
De El Pensador puede fiar vuestra excelencia, sí, de mí puede creer que jamás variaré de opinión. El tiempo lo dirá. Yo respondo por mí, y le aseguro bajo mi palabra de honor que, aunque se vaya o aunque se muera, jamás se verá de mi pluma una sílaba contra su buena opinión. Básteme estar convencido de su carácter cristiano y religioso; básteme que vuestra excelencia haya amado a mis paisanos, que les haya hecho los beneficios que ha podido, y que haya economizado nuestra sangre, lo que no negarán sus enemigos, para que yo lo ame eternamente y respete y alabe su beneficentísima memoria.
Aquí no hay adulación sino verdad, convencimiento y hombría de bien. Vuestra excelencia sabe que apenas le he hablado tres veces, que no me ha hecho ningún favor, y que nunca lo he pedido, porque estoy destituido de mérito; y así es que mis elogios no parecerán sospech[os]os al hombre honrado.
Dije, bástame porque, para mí, aunque vuestra excelencia no sea adicto a la Constitución, como creen algunos, esto no es un crimen si para en adhesión, siempre que vuestra excelencia no se oponga con decisión a su cumplimiento. El no ser adicto en su interior no es un delito. ¡Cuántos hay en México y en España que no lo son, y pasan por más liberales que Quiroga!(24) Las opiniones sin ejecución no influyen (en lo pronto) ni para el beneficio ni para el daño de los pueblos, y más si son opiniones de uno o de veinte o treinta. El número vale mucho para fijar la general del pueblo, y el adaptar o no una opinión justa, prueba más o menos convencimiento del entendimiento, no una depravada predisposición del corazón.
Si vuestra excelencia cree que Pedro es un malvado y no lo admite a su amistad porque está convencido de que es verdad de fe que se pervertirá con el perverso,(25) aunque Pedro sea bueno, no lo agravia porque no lo juzga tal, y su voluntad se dirige según juzga. Cuando esté convencido de que se engañó, entonces lo amará con más ternura; y así, suponemos, no decimos, no aseguramos, suponemos que vuestra excelencia cree que este sistema no es muy acertado porque cree que se opone a las regalías de su majestad; en este caso vuestra excelencia no será muy adicto a él porque ama mucho al rey (¡qué gran virtud es la lealtad al rey!). Pero sin embargo, hace cuanto este rey le manda. En este caso la poca adhesión de vuestra excelencia es de ningún momento, porque es pura oposición del entendimiento y no de la voluntad, y de aquella ningún daño se le origina al público.
Desgraciado de éste y de vuestra excelencia si se opusiera por malicia de corazón; en este caso vuestra excelencia sería el primer traidor al rey y a la nación y el responsable de la más tirana anarquía.
Así quieren pintar a vuestra excelencia sus enemigos; pero no hay tal ¡vive Dios! Vuestra excelencia ama al rey, ama al reino, ama a la nación, ama la justicia; y si el Código no se observa en todas sus partes, es porque las diputaciones provinciales son imbéciles y no saben cumplir con su obligación. Sí, no saben cumplir, no saben oír a los pueblos, no saben remover los mandones ni castigar a los infractores de la ley. Habemus senatum tamquam gladium in vagina reconditum, decía Cicerón en la conjuración de Catilina, "tenemos senado tenemos diputaciones provinciales como el cuchillo guardado en la vaina", (26) que para nada sirve.
No la hagan cargo a vuestra excelencia de cuantas infracciones hay, porque no hay tal. Vuestra excelencia no es un virrey déspota, como ahora un año lo hubiera sido un califa. Vuestra excelencia es un jefe político limitado y presidente de un pequeño Consejo. El pueblo cree que todo depende de vuestra excelencia y que el mal depende más. Si yo no fuera su amigo, le escondería esta opinión que lo tiene malquisto(27) entre muchos; pero lo amo porque ama a mis paisanos y es preciso desengañarlo. Haga vuestra excelencia respetar y cumplir el Código, oiga las quejas de los pueblos, castigue, destierre y pase por las armas a tanto comandante ladrón que los está oprimiendo y robando como siempre lo ha hecho, oiga a sus buenos amigos y verá ensalzado el nombre del monarca, unida la nación y respetados sus derechos, mientras no, cargará como Cristo, vida nuestra, la Cruz que no se labró y los pecados que no pudo cometer.
Vuestra excelencia es hombre de bien. Si yerra, yerra por cuatro fascinados egoístas que lo suceden; pero mientras yo viva elogiaré sus santos sentimientos y seré el eterno panegirista de sus virtudes.
Aquí suspendo la palabra por dirigirla al Observador.
Amigo: parece que está probado el punto primero. Probemos el segundo brevemente.
El quejarse del mal pasado no prueba deseo de que continúe. Así es que quejarnos los americanos de los males que nos acarreó el despotismo del gobierno pasado, jamás probará que tenemos ganas de rompernos las cabezas; pues esto siempre es efecto de odio, y nosotros no aborreceremos a los españoles, sino a los vicios de un gobierno que ellos mismos detestan, y cuyas quejas deben permitirse en la América, así como se permiten en la Península. ¿Por qué lo que allá es lícito, acá ha de ser punible y escandaloso?
Menos prueba espíritu de desunión ni afecto incendiario ni subversivo el reclamar el cabal cumplimiento de la Constitución, ni el acusar sus infracciones. El artículo 373 del capítulo único, título X autoriza para ello a todo español.(28) Bien es verdad que esto se debe hacer con moderación y sin ultrajar a las autoridades, porque esto sería violar la ley a sombra de ella misma.
Con muchísimo respeto se puede decir que las juntas de censura(29) están puestas para asegurar, no para deprimir la libertad de imprenta(a) y esta libertad se ha concedido para contener la arbitrariedad de los que gobiernan y para ilustrar la nación en general,(b) por cuyo motivo las Cortes se empeñaron en asegurarla, colocando entre sus facultades la de proteger la libertad política de imprenta,(c) y advirtiendo que "las juntas de censura son responsables a las Cortes cuando en el ejercicio de sus funciones contravinieren a la Constitución o a los decretos de la libertad de imprenta".(d)
Según esto, siempre que los fiscales denuncien como subversivos cualesquiera papeles, y las juntas los califiquen de tales sin fundar su dictamen,(e) como está mandado, siempre que con el autor no se tengan las consideraciones y formalidades de la ley,(f) las dichas juntas infringen la Constitución y son responsables a las Cortes.
El recoger cualquier papel sin un maduro examen y sin fundar las causales según la ley, atropellando de camino a los autores, trae mil inconvenientes, no siendo el menos la desconfianza que se inspira al pueblo con estos torcidos procederes, pues estando éstos al alcance de todos, conocen que se trata de sofocar la libertad de imprenta poco a poco, oprimiendo a los escritores y absorbiendo así la opinión pública.
Ésta cede no sólo contra el honor de los vocales y jueces de letras, sino contra el del gobierno en general, pues se cree, y con justicia, que aquí jugamos a Constitución todos los días.
Yo no digo que no se castiguen a los escritores incendiarios y subversivos; pero sea en regla, sea según manda la ley, corriendo todos los trámites prescritos en el reglamento de imprenta, y siempre dejándoles el recurso libre a sus defensas.
Mientras esto no se haga, mientras no cumplan la ley los funcionarios públicos, como han jurado cumplirla, nada se remedia con recoger cien papeles después de que han volado dos mil, ni con arrestar a sus autores. La verdad siempre es verdad, y la opinión pública no se deshace con este terrorismo, porque estamos convencidos de que solamente la ley nos debe mandar, que lo demás es arbitrariedad, que aun en los casos de probado delito, no se deben los señores jueces apartar un punto de lo prescrito en el Código que hemos jurado, porque "toda falta de observancia de las leyes que arreglan el proceso en lo civil y criminal, hace responsables personalmente a los jueces que la cometieren".(g)
Un remedio hay muy fácil y legal para contener a los escritores, y es cumplir y hacer que se cumpla la Constitución en todas sus partes y en todo el reino. Este remedio es más eficaz que denunciar papeles ni perseguir a los escritores.
Pruébese, y verá usted señor Observador, cómo no hay Chanfainas(30)ni don Antonios,(31) Zorras(32) ni Verdades amargas,(33) Sacos ni Jeringas, ni cosa que se les parezca. Los intereses de España están ligados con los nuestros: queremos lo que España, sujetarnos a las leyes a que se sujeta, sostener nuestros derechos como ella quiere sostener los suyos.., en fin, ser españoles es todo y no a medias.
Haciéndose así, todo será unión, paz y fraternidad, que es a lo que debemos aspirar, y la que os deseo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
[José Joaquín] F[ernández de] L[izardi]
Posdata. Acabé; pero no se me ha de quedar en el tintero contestarle sobre aquello de que "Dávila fue soldadito y por aquí se conoce cuáles serían sus principios y talentos". Éste es, amigo, el modo de deducir cuando nos perturban las pasiones. ¿Conque, según usted, soldado es sinónimo de necio y de principios ordinarios? ¡Grande honor hace usted a los primeros ciudadanos de la patria!
Pero, amigo, no se engañe usted: los destinos de los hombres no prueban ni la calidad de sus principios ni el tamaño de sus talentos. Debajo de una mala capa hay un buen catador,(34) dice el refrán, y no hay cosa más común que encontrar hombres de virtud, nobleza y talento escondidos detrás de la miseria.
Entre las naciones cultas jamás se ha tenido por estorbo la pobreza ni el no descender de los primeros linajes, para premiar el mérito de los que lo han tenido. Omitimos citar algunos ejemplares antiguos y modernos, y nos acordaremos solamente de Francisco Santos,(35) natural de Madrid, que escribió tanto y con aceptación de su siglo, pues no era más que un triste soldado raso. El célebre Miguel Cervantes, honor de España por su aplaudido Quijote, no fue más que un pobre soldado inválido. Estos dos ejemplares bastan para que usted quede convencido en esta parte.
REMITIDO
Señor Pensador Mexicano: Válgate Dios por Pensador, y qué hombre este tan raro, tan original, tan fecundo, parece que se fundió en el mismo molde que don Diego de Torres Villarroel, o en el de Quevedo; todo lo sabe, y a todo da salida. Él es el oráculo de los mexicanos que justamente se glorian de conocerlo, y de consultarlo como los griegos a la Pithia de Delfos.(36) Así decía el señor cura de mi pueblo en elogio de usted, y desde entonces le tomé tal cariño que me propuse consultar con su personita mis dudas antes que con el padre presidente de casos del Carmen,(37) que es bien ducho, y ha manejado mucho a los salmanticenses.(38)Vamos al caso; pero déjeme usted limpiar las lágrimas antes de hacer mi exposición, porque mi duda es dolorosa, y digo así llena de pesar: mi primo Josef María Acosta(39) ha sido condenado por rebelde a seis años de presidio por el excelentísimo señor virrey por su decreto de 19 de junio del presente año, y en cumplimiento de esta sentencia ha sido trasladado a Veracruz(40) a cumplir su condena en 12 de septiembre donde se halla. Yo quiero saber ¿por qué se ha obrado de este modo con este pobre hombre, siendo así que por el Bando de 22 de agosto publicado en México se han mandado restituir al seno de sus familias a todos los que se hallasen presos al tiempo de su publicación por opiniones políticas?(41)¿Qué motivo hay para que una cosa se nos diga y otra se haga? ¿Por qué se nos ha de engañar, al mismo tiempo que se publican las leyes que mandan obrar de un modo tan contrario? ¿Así se cumple con la voluntad del soberano? ¿Así se hacen sentir a los pueblos y a las familias los efectos de su beneficencia real y la libertad de la Constitución? ¿Y queremos luego que se ame, y que se hagan sacrificios por su conservación para la suspirada paz de que doce años ha que carecemos?
Respóndame usted a estas preguntas que le hago como a oráculo público y órgano de los sentimientos puros de nuestras liberales instituciones, para fijarme en la verdadera idea que debo tener de estos indultos tan cacareados,(42) pero tan malamente, y con tanta repugnancia ejecutados.
Entre tanto mande usted a esta su atenta servidora.
Orizaba,(43) septiembre 4 de 1820.
I. B. y A.
CONTESTACIÓN
Señora: después de darle a usted las gracias por el garbo con que derrama sus elogios sobre mi pequeñez, digo: que o usted o yo no entendemos el Bando citado, o su excelencia ignora su infracción. Dirija usted a nombre de su pariente un escrito al juez a quien toque la revocación de la sentencia con arreglo a lo que ha prevenido la real orden; y si no valiere, dirija su queja a esta diputación provincial para que avise a las Cortes, por ser de su instituto el darle parte de las infracciones que notare, según previene el artículo 9 del título 6, capítulo 2.(44)
Soy de usted afectísimo, que sus pies besa.
[José Joaquín] F[ernández de] L[izardi]
(1) México, Oficina de Ontiveros, año de 1820. Noticioso. Cf. nota a al Primer cuartazo.
(2) El seudónimo de "El Observador" corresponde al título de un periódico contra Napoleón y los franceses, publicado en Cádiz por Gómez Requera, en 1810, y reimpreso en México por Mariano de Zúñiga y Ontiveros. Hubo otro número editado en 1812.
El Observador J. V. escribió El público no es juguete señor Pensador Mexicano, México, Imprenta de Ontiveros, sin fecha [1820]. Estas iniciales corresponden a José Valdés, bachiller, poeta y colaborador, entre enero de 1808 y diciembre de 1810, delDiario de México; un cura simpatizante de los insurgentes que hizo publicar varios pasquines contra la dominación. En El Diario de México, tomo XII, número 1681, 11 de mayo de 1810, pp. 523-524, aparece una "Proclama o qué sé yo, a los campaneros de México y sus habitantes", por Perico el de los Palotes, el Br. J. V. Otro escritor J. V. firmó Espíritu constitucional: viva nuestro rey (Puebla, Imprenta Liberal, 23 de octubre de 1820), en donde dice: "donde nos hallemos, contad con nosotros hermanos, los Dragones de España [...] defenderemos constantes y resueltos nuestros sagrados derechos y la augusta y respetable Constitución", p. 1; también firmó La Inquisición se quitó, pero sus usos quedaron, México, Imprenta de Ontiveros, 1820.
En el Suplemento citado también aparece un artículo titulado "Diálogo entre don Ruperto y el impresor. Traslado al Observador del Observador J. V." (México, Oficina de don J. M. Benavente y Socios, año de 1820). El otro texto es un artículo que reproducimos, para evitar referencias aisladas. A la letra dice: "Albricias. albricias. Señor Editor del Noticioso y demás conciudadanos míos. Albricias repito otra vez, pues al paso que vamos y siguiendo el buen uso que hasta ahora hemos hecho de la libertad de imprenta, pronto lograremos la incomparable felicidad de rompernos todas las cabezas y despedazarnos unos a otros. ¿Y qué más dicha podemos apetecer? Yo había leído en no sé qué librejo de uno de los más sabios de la antigüedad, que la primera virtud de los hombres libres, es la humanidad, y así estaba en que nuestro digno virrey, de quien se ha dicho en uno de los papeles que han salido haciéndole justicia, que debería estar canonizado si no por santo por amigo de los hombres, en fuerza de las repetidas pruebas que nos ha dado de su clemencia y demás virtudes cívicas que lo adornan, sería de los ciudadanos más liberales que teníamos en nuestra nación; pero después que he visto al gran Pensador Mexicano que tanto nos ha ilustrado con sus Cuartazos y a un soldadito desertor del regimiento de milicias de esta capital, al que fue aplicado por leva, apellidado Dávila, cuyos talentos e instrucción podemos inferir cuáles serán, poner en duda la adhesión del virrey a la Constitución en agradecimiento de haberlo indultado antes de ahora del mismo delito de deserción, al ver también lo que nos ha dicho acerca de esto mismo el llamado Liberal de Puebla, y al leer finalmente tanto lindo papel en que se nos dice que el árbol de la libertad se ha de regar con sangre y más sangre: no me queda duda de que aquel sabio de la antigüedad debía ser algún majadero en sentar semejante proposición, y que, muy al contrario, para ser liberales debemos ser todos unos tigres sedientos de la sangre humana. Después recuerdo, que así lo hicieron en Francia todos los que se decían liberales degollándose unos a otros por espacio de treinta años; que en Buenos Aires ha sucedido y sucede hoy día otro tanto, y que, por último, en la costa firme se han dado también y continúan dándose tal priesa a matarse los blancos, que según una carta de fecha reciente de allí, se andan ya veinte y treinta leguas sin encontrar un hombre de aquel color; y de todo saco en conclusión que con efecto, nuestro ínclito virrey, siendo tan humano como es, no puede ser buen liberal, y que debemos nosotros todos unir nuestros clamores a los de los autorcitos de los papeles incendiarios de Dávila, el de las Zorras y otros, cl[aman]do [a] [u]na voz por sangre y más sangre hasta que no quedemos uno vivo. Gracias a los tales papelitos, mucho tenemos adelante ya, pues desde que han salido se nota más espíritu de partido y más efervescencia en los ánimos; pero todavía no ha corrido la sangre; todavía estamos algo distantes de la felicidad que disfrutó la Francia, y de que se goza en Buenos Aires y en la costa firme, [y] de que participábamos también aquí hace algún tiempo. Reunamos, pues, nuestros esfuerzos para que vuelvan a renacer tan venturosos días: usted, señor [e]ditor, por su parte, procure imitar el celo de otros impresores que diariame[n]te nos dan a luz con toda presteza y más oportunidad, para que pue[dan] ir por lo correos antes que se censuren y manden recoger, los escritos e[n] que se nos excite a la crueldad y a la matanza. ¿No ha visto usted con qué prontitud salió a luz el suplemento de las Verdades amargan? Ya se ve, como el pobrecito Dávila lo iban a llevar al patíbulo, y su pobrecito padre, a quien mantenía con los vicios que obligaron a los farautes del despotismo a sentenciarlo por leva a las armas, se iba a quedar sin este buen hijo, ¿qué habían de hacer en la imprenta, sino volar en su socorro?. Los demás papeluchos que hablen de otra suerte, debe usted excusarse a imprimirlos diciendo que no tiene tiempo. que está muy recargada su oficina. o, en fin, arrinconándolos hasta que se aburran sus autores y los retiren. pero en siendo como los que firma Dávila y las Zorras, u otros semejantes, no pierda usted un momento, y así contribuirá al exterminio de la humanidad, que es cuanto podemos desear. En el teatro que se representen muchas tragedias, para que nuestras costumbres se hagan duras y feroces; y las canciones que sean llenas de fuego hasta que nos abrase a todos. Es verdad que el gobierno nos ha recomendado tengamos mucho cuidado en evitar la exaltación de las pasiones..[.] Pero ¿qué sabe el gobierno lo que nos conviene? Cualquiera sabe en el día más. El virrey debemos creer que desea ardientemente nuestra paz y felicidad, pues le hemos visto trabajar incesantemente cuatro años para procurárnosla. Sin duda sigue aquella máxima que nos dejó aquel simplón de la antigüedad, y las demás que recomienda la piedad cristiana. pero esto son vejeces; así no debemos hacer otra cosa, sino seguir los consejos e instigaciones de los que han escrito los papeles de Dávila y demás que dejo indicados, y pronto verá usted cómo logramos el santo fin de exterminarnos unos a otros y libertarnos de una vez de la feliz existencia que todos gozaríamos si estuviéramos unidos con amor, concordia y fraternidad. Esto sería una desgracia, procure usted, pues, señor editor, evitarla como he dicho por su parte, y hágame además el gusto de insertar en su periódico estas reflexiones, por si todos nuestros amados conciudadanos los españoles de ambos mundos les parecen bien, y nos damos en poco de más priesa [sic] a irritarnos unos contra otros y a renegar más y más de toda autoridad, sea con razón o sin ella, pues esto no es del caso; y lo que importa es introducir bien la insubordinación y el poco respeto aunque sea al mismo rey, que, como ha dicho Dávila, no es más que un hombre. Es verdad que es un hombre cuya persona está declarada sagrada e inviolable, y que además tiene otros derechos al reconocimiento de todo buen español; pero, ¿quién se para en pelillos? Lo que conviene es que no haya rey, ni virrey ni nadie que mande ni gobierne, y esto es a lo que todos deben propender, pues de lo contrario podremos ser felices, y no es esto de lo que se trata, sino de hacernos cada día más y más desgraciados, para que se cumplan los deseos de cuatro insensatos que sin cesar están anhelando trastornar el orden de la sociedad, de que se alegraría verlos fuera cuanto antes para tranquilidad de los demás éste su atento servidor que su mano besa. El Observador del Observador J. V." "Artículo remitido", enSuplemento al Noticioso General, número 751, 20 de octubre de 1820, 2 pp.
(3) Curiosamente en El público no es juguete... también se dice: "¿Conque a usted lo primero que se le vino a las mientes fue que los jueces constitucionales son o pueden ser tontos, son o pueden ser pícaros por no querer hacer justicia? Muy buen concepto le merecen a usted, y le deben estar muy agradecidos, p. 3.
(4) Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 4 a El indido y la india.
(5) Cf. Justa defensa del excelentísimo señor virrey de la Nueva España en este mismo volumen. El Liberal a los bajos escritores atacó a Fernández de Lizardi y al virrey, y Zaida Guntisu en El Americano Sincero en defensa del excelentísimo señor virrey, conde del Venadito ofendido en el papel titulado El Liberal a los bajos escritores, México, Imprenta de J. M. Benavente y Socios, 1820. Cf. nota 10 a Justa defensa.
(6) Constitución. Cf. nota 4 a El día nueve de julio.
(7) Criticar es el arte de juzgar rectamente. Cf. nota 24 a Rociada de El Pensador.
(8) discutir. "Examinar atenta y diligentemente las particularidades y circunstancias de alguna matéria, para descubrir y averiguar lo cierto, o investigar y registrar otra qualquier cosa." Cf. Dic. de autoridades.
(9) Posiblemente Rafael Dávila, autor de La verdad amarga. Estuvo en la Cárcel de Corte, panfletista "conocido por el apodo de 'La Rata Güera', era [...] originario de la metrópoli, fue soldado en la columna Milicias de México y empleado público [...] se inició en las letras, en 1820, con un 'papel' titulado: Manos besan hombres que quisieran ver quemadas, en el mismo año sufrió prisión por otro libelo: La verdad amarga, pero es preciso decirla. Hombre de espíritu combativo, de ideas conservadoras, escribió un pasquín El Toro, sin ayuda de nadie: él mismo redactaba 'por su puño, formaba la tipografía, corregía pruebas, imprimía y distribuía ejemplares [...] Que no había diques a la libertad de imprenta quedó demostrado con la crudeza de los monólogos que Dávila publicó en El Toro, insultó sin medida, a todos los liberales, en Retozos de cuajo largo con las hijitas del Cojo, pasquín con léxico de lupanar donde refiere sucedidos a Villavicencio, Zavala, Fernández de Lizardi, Cerecero, Poinsett y Guerrero, tal parece que su prosa asquerosa se debe a que, como él mismo confesaba: '...tengo churripampli y voy a tirar las bragas'". Cf. Héctor R. Olea, El Payo del Rosario. Escritor liberal el siglo XIX (Pablo de Villavicencio 1796-1832), México, Sociedad de Amigos del Libro Mexicano, 1963 (Historia de las Ideas en México, núm. 2), pp. 80-81.
(10) cogido. Coger en la acepción de descubrir un engaño, penetrar un secreto, sorprender en un descuido.
(11) sin tamaño. La inversa de tamaño. Lo que es "mui estimado, y aplaudido por sus prendas naturales, y cuerdo porte en sus operaciones, ò está autorizado con gran empleo". Cf. Dic. de autoridades.
(12) verduguillos. Navaja para afeitar más angosta y pequeña que las usuales.
(13) barbero. El que adula para conseguir algo.
(14) hacen la barba. Adulan u obsequian con fines interesados. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(15) Veracruz. Ciudad y puerto en el estado de igual nombre, cuyos límites actuales son: al norte, Tamaulipas; al este el Golfo de México y Tabasco; al sur, Oaxaca y Puebla, y al oeste Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí y Tamaulipas.
(16) chirimía. Instrumento musical hecho de madera a modo de oboe con diez agujeros y boquilla con lengüeta de caña.
(17) sochiles. Súchil o xúchil, del azteca xóchitl, flor. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(18) Latet anquis in herba. "Tras la hierba se esconde la serpiente", hemistiquio de Virgilio, Égloga III, versículo 93.
(19) Blanchard, Escuela de las costumbres, op. cit., tomo III, p. 262. Y traduce: "unos venenos crueles están ocultos baxo la dulzura de la miel".
(20) Venegas. Cf. nota 18 a Elogio a la memoria.
(21) Calleja. Cf. nota 2 a Proclama de El Pensador.
(22) Nabuco. Por Nabucodonosor, padre sacrílego del rey Baltasar. En El Pensador Mexicano, tomo II, número 3, Fernández de Lizardi escribe: "Oro y plata componían la estatua del soberbio Nabuco y a pesar de la solidez de estos metales, una pequeña piedra la derribó vergonzosamente por los suelos. ¡Qué mucho si los pies del coloso eran de barro!", Cf. Obras III, op. cit., p. 166.
(23) dogal. Cuerda para ahogar a un reo.
(24) Quiroga. Cf. nota 6 a La catástrofe de Cádiz.
(26) Habemus enim modi senatus consultum uerum inclusum in tabulis, tamquam in uagina reconditum, Catilina I en Marco Tulio Cicerón, Catilinarias, pról., trad. y notas de Rafael Salinas, México, UNAM, 1963 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana), p. 3. En el número 5 del tomo II de las Conversaciones del Payo y el Sacristán, Fernández de Lizardi anota: "¡Qué dolor! Puede decirse en este caso lo que en otro igual decía Cicerón al senado de Roma: 'Tenéis autoridad mas no os atrevéis a ejecutarla: está como el cuchillo guardado en la vaina.' Tamquam gladius in vagina reconditus." Cf. Obras V, op. cit., p. 312.
(27) malquisto. Del malquistar. Cf. nota 15 a Repique brusco al Campanero.
(28) Cf. nota 7 a Respuestillas sueltas.
(29) juntas de censura. En los "Documentos sobre el restablecimiento de la libertad de imprenta" publicados por el Archivo General de la Nación, figura con la letra e, la "Certificación de juramento prestado por los individuos de la Junta de Censura de México", que dice: "Don José Ignacio Negreiros y Soria, Escribano Mayor de la Gobernación y Guerra de esta Nueva España, del oficio más antiguo, Certifico: que hoy día de la fecha, en presencia del Exmo. Sor. Virrey, Jefe Político Superior de este Reino, Conde del Venadito, juraron los Señores Dn. José María Fagoaga, Dr. Dn. Tomás Salgado, Prebendado Dr. D. Pedro González y Licdo. Don Agustín Villanueva, por Dios Nuestro Señor y los Santos Evangelios, usar bien y fielmente los empleos de Vocales de la Junta Provisional de Censura de esta Capital, guardando y haciendo guardar la Constitución Política de la Monarquía Española sancionada por las Cortes Generales y Estraordinarias de la Nación, ser fieles al Rey, guardar secreto en lo que lo demande, y arreglarse en un todo á la instrucción remitida por las mismas Cortes, para su régimen y gobierno [...] Y para la debida constancia, pongo la presente por triplicado en México, á veinte y uno de junio de mil ochocientos veinte. José Ignacio Negreiros y Soria (rúbrica)." Cf. La Constitución de 1812 en la Nueva España, op. cit., t. I, p. 120.
(a) Reglamento de la libertad de imprenta, artículo XIII [Cf. Decreto sobre la libertad de imprenta publicado en Cádiz en 11 de junio. Decretos expedidos sobre la libertad política de la imprenta, atribuciones de las juntas de censura, y protección de derecho de propiedad que tienen los autores en sus obras, en J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos, op. cit., t. V, documento núm. 30, pp. 65, 66 y 70. También citado enLa verdad aunque amargue es muchas veces el objeto precioso de la libertad de imprenta, México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1820.]
["Artículo Primero. XIII. Para asegurar la libertad de imprenta y contener al mismo tiempo su abuso, las Córtes nombrarán una Junta Suprema de Censura, que deberá residir cerca del Gobierno, compuesta de nueve individuos, y á propuesta de ellos otra semejante en la capital de Provincia compuesta de cinco.
"XV. Será de su cargo examinar las obras que se hayan denunciado al Poder ejecutivo ó Justicias respectivas; y si la junta censoria de Provincia juzgase, fundando su dictamen, que deben ser detenidas, lo harán así los Jueces, y recogerán los egemplares vendidos. El Autor ó Impresor podrá pedir copia de la censura y contestar á ella. Si la junta confirmase su primera censura, tendrá acción el interesado á exigir que pase el expediente á la Junta suprema". Colección de documentos, t. V, p. 66].
(b) Idem en la Introducción ["Don FERNANDO VII por la gracia de Dios, Rey de España y de las Indias". "en las Córtes generales y extraordinarias congregadas en la Real Isla de Leon, se resolvió y decretó lo siguiente:
"Atendiendo las Córtes generales y extraordinarias á que la facultad individual de los ciudadanos de publicar sus pensamientos é ideas políticas es no solo un freno de la arbitrariedad de los que gobiernan, sino tambien un medio de ilustrar á la Nacion en general, y el único camino para llevar al conocimiento de la verdadera opinión pública, han venido en decretar lo siguiente"... t. V, p. 64].
(c) La 24, Constitución política, capítulo VII, título III. [Título III "De las Cortes", capítulo VII "De las facultades de las Cortes son [...] vigésimacuarta: Proteger la libertad de imprenta", en la misma Colección de documentos, t. IV, p. 97.]
(d) Reglamento, artículo 8. [Tercero. Artículo 8. Cf. t. V, p. 70].
(e) Idem, artículo 15 [Especificado por el folleto de N. que abunda en los artículos 12, 15, 16 y 17 del Decreto adicional de 10 de junio de 1813, que restringen y especifican más los modos en que han de proceder tales juntas].
(g) Constitución política, título 5, capítulo I, artículo 254. [Título V "De los tribunales, y de la administración de justicia en lo civil y en lo criminal", capítulo I "de los tribunales"].
(30) Chanfainas. Alude a los escritos de El Irónico, o sea, Juan Francisco Azcárate y Lezama: La chanfaina sequita. Carta a El Pensador Mexicano, núm. 1, México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 8 pp. El número 2 fue publicado en la misma Oficina, igual año y páginas. También se escribió Sal y pimienta a la chanfaina, firmado por N., México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 8 pp.; No más chanfaina o carta al Irónico (México, agosto 2 de 1820, Imprenta de Alejandro Valdés), que se ha atribuido erróneamente a Fernández de Lizardi.
(31) Don Antonio. Tenemos noticia de un folleto titulado De cómo don Antonio es siempre el mismo a pesar de unas reumas que le cayeron en las piernas, y de otra enfermedad de estómago, México, Oficina de Valdés, 1820, 8 pp. Firmado por Q. E. D.
(32) Zorras. Las zorras de Sansón desolladas, México, Imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1820, 4 pp. Firma J. A. S. B. Las zorras de Sansón las escribió Francisco Granados Maldonado (¿-1872). Poeta y dramaturgo que colaboró en losPresentes Amistosos de Cumplido y en La Ilustración Mexicana. Fundador y primer presidente del Liceo Hidalgo y director del Instituto del Estado de Guerrero. Entre sus dramas se cuentan: Matilde. Apoteósis de Rodríguez Galván; Iturbide en Padilla; El conde de Revillagigedo, Apoteósis de Iturbide.
(33) Verdades amargas. Cf. nota 9. Folletos editados en México por la Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820, por doña Herculana del Villar y Socios y por la Oficina Liberal de Juan Cabrera (1820-1823). Estos "papeles" suscitaron muchas polémicas, como las siguientes: M. M., Contra las verdades que amargan, almendras dulces, México, Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820; N., La verdad aunque amargue es muchas veces el objeto precioso de libertad de imprenta, México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820; F. V., La espada de la justicia, México, Oficina de don Juan Bautista de Arizpe, 1820; C. A. G., Guerra, guerra a las verdades amargas hasta que no vuelvan a decirlas, México, Imprenta Americana de don José María Betancourt, 1821; y El Tocayo de Clarita, El cascabel sonador contra notorios excesos, México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1822.
(34) Debajo de una mala capa hay un buen catador. "Bajo de una mala capa hay o suele haber un buen bebedor o vividor". Refrán "que advierte que suelen mostrarse en un sujeto prendas y circunstancias que las señales exteriores no prometían". Cf. Darío Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, op. cit., p. 115.
(35) Francisco Santos (1617-1697). Literato español cuyas novelas de carácter picaresco estudian las costumbres de la corte española en los últimos años de la Casa de Austria. Escribió: El diablo anda suelto; Periquillo el de las gallineras; El sastre de Campillo; El escándalo del mundo y piedra de justicia. Fernández de Lizardi cita en El Pensador Mexicano, número 2 del tomo I, El día y la noche de Madrid; El no importa de España; Las tascas de Madrid y Los gigantones de Madrid.
(36) Pithia de Delfos. Punto céntrico de la tierra según los griegos: centro religioso que tenía un templo y oráculo de Apolo. El templo se hallaba en la parte superior de la ciudad llamada Pitia.
(37) Fray Bernardo del Espíritu Santo nombrado en 1813 presidente. Carmen. Cf. nota 26 a Pronóstico curioso.
(38) salmanticenses. Nombre con que eran conocidos los padres carmelitas descalzos del convento de Salamanca. Famosos escolásticos.
(39) Josef María de Acosta. En El Universal Gráfico del 11 de septiembre de 1932 se habla de un clérigo Acosta que fue ahorcado en Valladolid debido a sus actividades insurgentes. Ignoramos si corresponda a este caso.
(40) Posiblemente al castillo de San Juan de Ulúa, que ha servido como fortaleza y cárcel.
(41) Hemos encontrado el documento en una colección de bandos del año 1820, y dice: "DON JUAN RUIZ DE APODACA Y ELIZA LOPEZ DE LETONA Y LASQUETI, Conde del Venadito, Gran Cruz de las Ordenes militares y nacionales de S. Fernando y S. Hermenegildo, Comendador de Ballaga y Algarga en la de Calatrava y de la condecoración de la Lis del Vendé, Teniente General de la Armada nacional, Virey, Gobernador, Capitan General y Gefe superior político de esta N. E., Superintendente general Subdelegado de la Hacienda pública, Minas y Ramo del Tabaco, Juez Conservador de éste, Presidente de su Junta, y Subdelegado general de Correos en el mismo Reino, etc. el Exmo. Sr. D. Antonio González Salmon, Secretario de Estado y del Despacho del Ministerio de Hacienda con fecha de 11 de Marzo último, me ha comunicado la Real órden siguiente.
"Exmo. Sr. con fecha 8 del corriente me dice el Sr. Secretario del Despacho de Estado lo que sigue. =El Rey se ha servido resolver que se ponga inmediatamente en libertad á todos los que se hallen presos ó detenidos en cualquiera punto del Reino por opiniones políticas, y que puedan restituirse á sus domicilios, igualmente que todos los demas que por las mismas causas se hallen fuera del Reino, y que esta determinacion se circule á todos los Capitanes Generrales. =De órden de S. M. lo traslado á V. E. para su inteligencia y cumplimiento, y que lo circule á quien corresponda. Dios guarde á V. E. muchos. Madrid 11 de Marzo de 1820. = Salmon. = Sr. Virey de N. E.
"Y para que esta Real resolucion tenga su mas puntual y debido cumplimiento, mando que se publique por Bando en esta Capital y en las demás Ciudades, Villas y Lugares de estas Provincias, remitiéndose los correspondientes ejemplares á los Tribunales, Jueces de letras, Gejes, Magistrados, á los Ilustrísimos Señores Arzobispos y Obispos de esta N. E. y demás individuos á quienes corresponda su inteligencia y observancia. Dado en Méjico á 22 de Agosto de 1820.
"El Conde del Venadito". "Por mandato de S. E."
(42) cacareados. Cf. nota 19 a La fortuna de la fea.
(43) Orizaba. Ciudad del municipio del mismo nombre, en el estado de Veracruz.
(44) Título VI, "Del gobierno interior de las provincias y de los pueblos", capítulo II "Del gobierno político de las provincias y de las diputaciones provinciales", artículo 335, noveno inciso: tocará a estas diputaciones "Dar parte á las Córtes de las infracciones de la Constitución que se noten en la provincia". Cf. J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos, op. cit., t. IV, p. 111.