CUENTECILLO VIEJO, 
PERO MAL APROVECHADO(1)

 

Diz que una gran cantidad

heredó cierto mocito,

la que en bailes y bureos

disipó con sus amigos.

Luego que se le arrancó,

según costumbre y estilo,

dejaron al miserable

en términos de mendigo;

determinóse a pedir

a uno de los susodichos

un par de zapatos viejos:

a tanto ruego movido,

dióselos, y los ratones

les metieron el colmillo;

el pobre fue al otro día

a contarle su perjuicio

al bienhechor, que enfadado

mucho con el pobrecito,

le dijo: Vaya de aquí,

embustero, ¿quién ha oído

que el ratón come zapatos?

Él se los habrá bebido.

Fuese triste; a pocos días

le dio Dios; al punto hizo

un banquete al que vinieron

los amigos; prevenido

tuvo él de bronce un zapato

como de ratones roído.

Sacólo y dijo: Señores,

¿quién creerá royó un ratón

este duro zapatito?

Entonces, quien no creyó

que el cuero hubieran comido,

dijo admirado: Es verdad

aquí están los dientecillos;

las vidrieras de mi casa

me royeron el domingo.

—Pues a mí no me roerán

ni usted ni falsos amigos

en adelante la plata,

porque ya no soy el mismo.

Esto dijo, y noramala

los echó con dos palitos.

 


(1) Cf. Nota 1 de Sabe usted que soy su criado y que me puede mandar.