CUARTO ATAQUE AL CASTILLO DE ULÚA

 

A LOS ESPAÑOLES INGRATOS; A LA LIGA DE LOS TIRANOS DE LA EUROPA;
A LOS MEXICANOS TRAIDORES, Y A TODOS LOS ENEMIGOS DE LA PATRIA
Y DE SU LIBERTAD(1)

 

 

Ubinam gentium sumus? In qua urbe vivimus
Cuam republicam habemus?
Cicerón in Catilinarias
¿Entre qué gente estamos? ¿En qué ciudad vivimos?
¿Qué república o gobierno tenemos?(2)

 

 

En el papel anterior designé quiénes fueron los principales corifeos de nuestra gloriosa insurrección. Clérigos amamantados en los colegios, sin instrucción militar, sin soldados, recursos ni experiencia en la guerra ni en el gobierno político. Todo, desde luego, les presagiaba el fin funesto que tuvieron, como lo conoció y dijo el mismo Hidalgo.(3)

Sin embargo, nada los acobardó ni retrajo de sus primeras intenciones. Todo lo suplió su heroicidad y amor a la patria.

Como los generales y jefes era su tropa: indisciplinada, pobre y desarmada; pero valiente y decidida. Desnudos, hambrientos, errantes por los cerros, y los más, armados con garrotes y piedras contra tropas de línea españolas y americanas, bien provistos de fusiles y cañones de artillería (al modo de los araucanos), los derrotaron con gloria muchas veces, a palos y pedradas contra balazos, les quitaron las armas a sus enemigos, y al fin, al fin, consiguieron quitárselas todas y salvar a la patria.

Pero ¿cuándo y a qué costa lograron los americanos el objeto que se propusieron? A los once años(4) y a costa de ríos de sangre que vertieron en el campo de Marte; después de verse innumerables víctimas sacrificadas en los infames suplicios, abandonadas y muertas sus familias, llenas de execración y de anatemas eclesiásticas, y hechos siempre el objeto del odio, persecución y venganza de los españoles y americanos fanáticos y groseramente tontos y traidores.

A tan caro precio compramos la libertad e independencia de la patria. Pero, ¡ah dolor!, al cabo de tantos sacrificios nuestra independencia es precaria, nuestra libertad imaginada y nuestra seguridad ninguna.

Por todas partes nos amenazan para robarnos la preciosa joya de nuestra vacilante libertad. Los tiranos de la Europa ya enderezan a nuestras costas las funestas proas de sus opresoras naves. Los españoles no nos pierden de vista para aprovechar la hora de nuestra división. Lemour(5) está destruyendo la plaza de Veracruz,(6) esperando el auxilio de La Habana, que puede presentárselo, quiere y se está alistando,(7) aunque otra cosa nos quieran persuadir,(a) y... aquí deseara no proseguir el discurso, porque el dolor y la vergüenza, la cólera y desesperación entumecen la pluma, que no quisiera escribir lo que se sigue. Mas al fin lo diré, por si pueden mis débiles razones desengañar a los americanos infatuados.

Aquí mismo, dentro de México nos persiguen y amenazan no ya la Liga,(8) no Lemour, no el general de los españoles, sino... ¡quién lo creerá!, los mismos americanos, nuestros hermanos, los hijos del águila(9) del Anáhuac.(10) Éstos, estos hombres sin juicio, estos hijos espur[i]os y desnaturalizados de la patria son no solamente los auxiliadores de los españoles borbonistas, sino nuestros más declarados enemigos.

Estos hombres que se juzgan con talento, que blasonan de buenos principios, que hipocritean liberalismo y que han disfrutado honores y comodidades de la patria, al mismo tiempo que tenían merecido un suplicio o una argolla por sus intrigas y maquiavélico equilibrio, son los que pérfidos e ingratos quieren volver a esclavizarla y arrojarla bajo el yugo de sus antiguos opresores.

Sí, mexicanos: acabamos de ver descubierta la conspiración tramada para el día 2 de este mes. Ya sabéis quiénes son los principales reos.(b) Ya advertís que losaristócratas(c) son enemigos de la libertad; que éstos son americanos como vosotros; son vuestros paisanos, hablan vuestro idioma, profesan vuestra religión, tienen vuestras costumbres, nacieron en un mismo suelo, cuyo conjunto de circunstancias los debía obligar a hacer unos sus sentimientos con los vuestros, a no dividir la opinión y a meter sus brazos enlazados con los nuestros para sostener el templo santo de la libertad, que nos quieren derrocar nuestros tiranos.

Pero ¡qué horror!, ¿cuándo seremos independientes ni libres, si nuestros mismos hermanos son los que quieren darnos amo y constituirnos esclavos? Cuando la reina Dido le mandó a Eneas que le contara las desgracias de Troya, este héroe le dijo: "¡oh reina!, tú me mandas que renueve el más acerbo dolor; quieres que te refiera la pérdida de mi patria; ¿quién podrá no deshacerse en llanto al recordar tantas desgracias?"(11)

No son los españoles los que nos han acarreado la esclavitud después del año de [18]10 hasta el de 1821; ni ellos serán los autores de la amarguísima que vamos a sufrir si somos díscolos, necios y cobardes, sino nuestros viles y traidores compatriotas. ¡Ah!, Eneas lloraba las desgracias que vinieron a su patria por los griegos, nación muy diversa de la suya; yo lloro y lloraré los que han venido y vendrán a nuestras futuras generaciones por nuestros mismos hermanos, por los nacidos bajo la zona tórrida, esto es, por los nacidos en una misma patria.

Una dolorosa experiencia que ya pasó, y otra que vemos hoy mismo me hace lamentar lo futuro. Si los tlaxcaltecas se acuerdan que son indios, nunca los españoles se hacen dueños del imperio de Moctezuma. El odio los dividió, y la división los hizo esclavos.(12)

Si los españoles americanos, el año de [1]810, no protegen contra sus mismos hermanos a los españoles europeos, espantados con el fanatismo religioso que los obispos y provisores, comprados por España para vender a su patria, les infundieron con sus patrañas, calumnias y excomuniones injustísimas que prodigaban sin cesar, auxiliados de mil clérigos y frailes tan traidores como ellos a la patria, que blasfemaron en la cátedra de la verdad, la insurrección habría sido obra de seis meses; pero el fanatismo de los padres obispos y sus auxiliares, dividió la opinión, favoreció a los gachupines, fingió que teníamos un Dios tirano que se complacía en que fuéramos esclavos de España; y este terror, grosero y criminal, hizo que los americanos se despedazaran unos a otros; no por defender la patria, a los principios, ni por sostener a los europeos, sino por defender su religión. ¡Oh religión bendita!, ¡oh religión de paz y tolerancia! ¡Cómo te han vestido de abrojos tus ministros sacrílegos y te han hecho tan odiosa a las tres y media partes del mundo, siendo tu ropaje hermoso como la alba, y tú misma dulce como la miel, tolerante como Dios, mansa como la paloma, y suave y agradable como las flores!

Pero veis, mexicanos, que no fue el amor a los gachupines,(13) como vulgarmente decís, o españoles, como deben llamarse, el origen de la escandalosa desunión que espanta a las naciones, sino nuestro fanatismo el que tiñó de rojo con nuestra sangre los vastos campos de la América: campos que prodigaran con verdes esmeraldas las cosechas de Ceres y las abundancias de Pomona... Escribo para todos. Ese fanatismo religioso, esa ignorancia de la religión y ese temor de las excomuniones (sin saber qué son), enrojeció los campos con la preciosa, con la inestimable, con la santa sangre de nuestros hermanos, los defensores de la libertad, destruyendo los españoles y alucinados criollos nuestra población, nuestros pueblos y nuestros campos, que verdes como las esmeraldas nos prometían y daban sabrosos y sazonados frutos. Luego no fueron los españoles la única ni principal causa de la ruina de la América, en la época de la insurrección; fueron, sí, la causa impulsiva; pero la física y eficaz fue la desunión, la ignorancia, el fanatismo y la hipocresía americana. El impulso es inútil cuando no halla qué mover, o cuándo lo que intenta mover se resiste con firmeza. Así es que yo no moveré una pared, por más que la empuje; su peso es superior a mis fuerzas; y así, tampoco los europeos se hubieran burlado de los americanos si hubieran éstos tenido las luces, patriotismo y unión que debieran. La falta de estas virtudes entorpeció la marcha de nuestra libertad por espacio de once años; y el fanatismo, el aristocratismo y la adulación nos la arrebatarán de las manos hoy mismo, si el gobierno es débil y nosotros cobardes; y entonces no hay que quejarnos de los españoles, sino de nuestra desunión.

Es verdad que la mayor parte de éstos que viven con nosotros y nos fingen una grande amistad, son nuestros enemigos;(d) ni pueden conciliar sus antiguas orgullosas preeminencias con nuestro nuevo carácter de hombres libres, ilustrados y señores de nuestra casa. La envejecida costumbre en que nacieron y vivieron de dominarnos y tratarnos con aquel despego imperioso que hemos experimentado, contrastada con nuestra libertad naciente, los excita a recobrar su antigua dominación, y pondrán los medios necesarios.

El más seguro y eficaz es dividirnos, y para esto se aprovechan los momentos. Conocen nuestro carácter aun más que nosotros mismos; saben cuáles son nuestros vicios y virtudes dominantes, y se aprovecharán de estos conocimientos cuando puedan.(e)

Pero, ¿habrá americanos que con esta advertencia caigan en el lazo y se presten a sus influjos e intentonas? ¡Ah!, la experiencia de lo pasado nos responde por lo segundo. Estamos divididos en dos partidos principales. En uno por la república, el otro por Iturbide.(14) (f) ¿Quién quita que los españoles y criollos borbonistas (es menester que entren todos) con su influjo, talento, representación y dinero, sostengan y aticen esta formidable desunión? No soy tan temerario que lo afirme; pero ni tan bobo que no lo crea posible; y en este caso, henos aquí republicistas e iturbidistas matándonos y destruyéndonos alegremente; y los españoles bajo de cuerda, atizando nuestra guerra intestina en clase de neutrales;(g) y cuando nos vean impotentes, aniquilados y destruidos, zaz, Santiago y a ellos. Aquí de los nuestros. Llegan, ven y vencen como César, y nos hacen esclavos para siempre.

Mas esta temida esclavitud no será fruto ni aun de los malos gachupines, sino de los malos criollos. Téngase presente esta máxima, que la escribo con letras grandes para que se conserve en la memoria de la generación presente y las futuras:

COMO NO HAYA AMERICANOS TRAIDORES,

NO HABRÁ ESPAÑOLES EMPRENDEDORES.

Los iturbidistas, además de ser traidores a la patria, son muy necios si piensan lograr su proyecto. Se calcula que Iturbide se llevó dos millones de pesos fuertes.(15) Rebájese uno y cuéntesele otro solamente. Pues con un millón de pesos en la Italia, en el jardín de la Europa, ¿qué vida tan quieta y deliciosa no disfrutará este hombre afortunado?

Él goza de un clima sano, porque siempre es primavera en Italia; los más distinguidos personajes le harán la corte; las muchachas más hermosas lo rodearán; mil suntuosos edificios, alegres paseos y nuevas diversiones serán un continuo motivo para su lisonjeada distracción; y finalmente, un círculo de placeres, satisfacciones y delicias va a ser la horrorosa cárcel a que el Congreso(16) mexicano ha confinado a un general que detestara la nación. ¡Ah!, no corrió igual suerte el ilustre prisionero de Santa Elena, el hombre de todas las edades, Napoleón el Grande.

Mucho menos que Iturbide hizo Luis XVI en Francia y paró en un cadalso. ¿Les parece a los iturbidistas que es un delito de poca gravedad atentar contra la patria, destruyendo despóticamente su representación nacional? Yo les aseguro que en cualquier parte de la Europa hubiera expiado este delito en un patíbulo. Nuestra nación, cuyo carácter de puro dulce empalaga, sólo se dio por satisfecha conque abdicara el trono y se fuera de aquí, porque no corriera peligro nuestra libertad, como en efecto lo habría corrido con su presencia; pues si estando fuera de la patria nos hacen tanta guerra sus aliados, ¿qué habrían hecho teniéndolo al frente? Ya estaríamos envueltos en la anarquía más espantosa, y muy poco nos faltara para doblar la cerviz para siempre al dominio opresor de los borbones. Los iturbidistas habrían conseguido esclavizar su patria, pero no entronizar a su ídolo. Nos habríamos despedazado mutuamente en partidos; y cuando ya estuviéramos debilitados, Lemour y sus aliados que aquí viven, nos habrían puesto en paz con el lisonjerísimo grito de ¡viva Fernando VII!, acompañado del horroroso estallido del cañón. Éste habría sido el fruto de su nefanda revolución.

Iturbide conoce que obró mal, que la nación no lo quiere, que la pena que se le impuso fue desterrarlo, rico y con decoro, a la parte más sana y alegre de la Europa,donde disfruta una vida placentera, quieta, sin responsabilidad ni enemigos. ¿Sería tan fatuo que quisiese volver a la América aunque se le invitara con el trono? ¿Querría exponerse a ser víctima de los partidos, por sólo la pueril satisfacción de reinar cuatro días sobre un trono precario, teñido con la sangre de sus compatriotas, siempre vacilante y amenazado por la libertad y la venganza? Yo aseguro que Iturbide no volverá, por ahora, a la América, aunque lo vayan a traer padres descalzos.(17)

Ni se crea que lo aborrezco en su persona. Como Agustín de Iturbide, fui su amigo y lo soy; ni una letra se leerá contra él en mis escritos. Jamás me ha gustado aumentarle la pena al afligido; y así, lejos de odiar su persona, lo amo y me compadece su desgraciada caída; pero esto es como a particular, mas como a rey lo detesto. De reyes ni san Fernando, ni san Luis, ni san Hermenegildo ni ninguno. Reyes y tiranos son una misma cosa.(h)

Ni se me reproche que yo fui quien con más fuego le invité con la corona del Anáhuac. Este papel lo escribí en el exceso de mi gratitud, porque había salvado la patria; y temeroso de que se cumpliera el Plan de Iguala;(18) previendo que si venía un borbón, se perdía todo lo trabajado.

En efecto, el partido borbónico dominaba en el Congreso, no eran infundados nuestros temores; el mismo Iturbide estaba acobardado, y ni él ni el Congreso se atrevían a anular el Plan de Iguala y Tratados de Córdoba en esa parte, como que todos habían jurado su observancia.

Ya se trataba de enviar a España los comisionados que trajeran un tirano a dominarnos, cuando el Genio de la libertad me inspiró escribir aquel Sueño, que siempre me hará honor y probará mi patriotismo, a pesar de mis émulos y enemigos. Con dos pliegos de papel desarmé un partido poderoso y desorganicé un plan, que llevado a efecto hubiera sido funesto a la nación. Mil cartas y algunos impresos recibí de todas las provincias, en que me elogiaban y me daban las gracias por mi acierto. Yo no hice más que lo que debía a la patria.

Pero ¿quién había de creer que este mismo papel había de ser el que le preparara a Iturbide la escala para subir al trono? La nación sacudió el sopor en que estaba. La opinión contra los borbones se generalizó; él tomó aliento; los diputados borbonistas desmayaron y ya no se volvió a tratar sobre el asunto.

Bien advirtió Iturbide el muy buen provecho que le había hecho mi papel a sus intentos, y me lo significó con un obsequio que me hizo de cien pesos, que gasté con dolor porque conocí el motivo.

En efecto, sus proyectos se le lograron; y entonces, ya de emperador, cuando era más temible y cuando no se pensaba sino en adularlo, le dirigí un Segundo sueño, en el que con la firmeza de hombre libre le hablé el idioma de la verdad, y le presagié al pie de la letra cuanto hizo y le sucedió. Este Sueño se lo regalé en tafilete; pero por él no me dio ni las gracias.

Esta digresión se dirige a probar que si lo invité con el trono, sólo fue ciego de gratitud y temeroso de que nos volvieran a dominar los borbones; no porque nunca he querido a los reyes, ni éstos pueden ser apetecibles; pero habiéndonos de dominar un extraño, yo elegía que nos dominara un patricio. ¿Quién no conoce que la resolución del problema era forzada?

Quisiera preguntar a los conspiradores ¿por qué quieren reyes?, ¿qué falta nos hacen y qué beneficios nos traerían? Ya vemos lo que les está pasando a los españoles con su Fernando VII, y a los franceses con su Luis XVIII. No hay rey bueno, y creo que ni puede haberlo, porque todos los reyes son hombres, y es casi imposible que ningún hombre deje de abusar de una tan enorme autoridad sobre el pueblo, armado de bayonetas y seducido con tanta adulación.

Los reyes fueron dados por Dios a los pueblos en castigo de su obstinación en querer substraerse del gobierno popular que les estableció.

No, mexicanos: no queramos reyes; séanos odioso hasta su nombre, como a los romanos. El cónsul Valerio Publícola(i) promulgó una ley, por la que permitía "que a todo ciudadano le fuese lícito el matar a cualquiera que pensase en hacerse rey, y lo mismo a sus fautores, quedando impune sólo con probarlo."

Compatriotas: unión. Supremo Gobierno: energía. Cualquier disimulo, en estos casos, es criminal. Cicerón descubrió la conjuración de Catilina, y le echó en cara al Senado de Roma su indolencia en castigar a los conspiradores. "Vosotros, padres de la patria (les decía), tenéis autoridad; pero está como el cuchillo guardado en la vaina que de nada sirve." No se diga lo mismo de nuestro gobierno.

Lista fidedigna de los individuos que actualmente se hallan presos por estar comprehendidos en la conspiración preparada para el día 2 del corriente octubre, según se halla en el periódico de El Sol del día 2 del presente octubre de este año.(19)

Mariscal de campo


Don José Antonio Andrade.

 

 

 

Brigadieres


Don José Velázquez.

Conde de San Pedro del Álamo.(20)

 

 

 

Coroneles


Don Manuel Vasconcelos.(21)

Don Pedro Lanuza.

Don Manuel Barreta.

Don Mariano Barrera.

Don Antonio Vicente Cevallos.

Capitanes

Don Lorenzo Zavaisa.(22)

Don José Ignacio Paz (maestro de escuela).

Don Anacleto Cuevas.(23)

 

 

 

Subtenientes


Don Anselmo Calahorra.

Don Manuel Montero.

Don Mariano García Rico.

Don Francisco Mejía.

Don Antonio Galindo.

Don Luis Olazaval.

Don Antonio Salazar.

Don José María Ramírez

 

 

Sargentos graduados de tenientes


Don Juan Nepomuceno Jiménez.

Don Vicente Álvarez.(24)



Idem de Subtenientes


Don Pablo Loaza.

 

 

Cadete


Don Francisco García Ugalde.

 

 

Sargentos


Antonio Aguirre.

José Suárez.

Francisco Abrego.

 

 

Cabos


Ramón Reina.

Antonio Cárdenas.

Luis Illana.

Joaquín Cortés.

José María García.

 

 

Granadero


Ignacio Francisco Ojeda.

 

 

Paisanos


José María Cortés.

Isidro Pineda.

Ignacio Chavarría.

Maximiliano Vargas Machuca.

José María González.

Antonio Calderón de la Barca.

José Pérez.

Ignacio González.

Brígido Aquino.

 

 

Habitantes de México, mutuamente(25) debéis daros el parabién. La desastrosa revolución que iba a estallar por momentos, proyectada por los enemigos del orden de(26) nuestra libertad, se ha sofocado(27) su origen y descubierto a sus principales autores, a merced de las acertadas providencias y celo infatigable de nuestro sabio gobierno y demás autoridades; el plan de los malvados no era otro que asesinar a éstas, levantar el execrable trono de Iturbide sobre las cabezas y restos miserables de millares de hombres libres, y proscribiendo al patriota, robando al ciudadano pacífico y derramando la sangre inocente, proclamarlo tirano de los mexicanos.(28)

 

 


(1) México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1823.

(2) Cf. nota 10 a Defensa de El Pensador dirigida...

(3) Hidalgo. Cf. nota 12 a Vida y entierro...

(4) 1810-1821.

(5) Lemour. Cf. nota 11 a Oración de los criollos...

(6) Veracruz. Cf. nota 41 a Segundo sueño...

(7) En El Hermano del Perico que cantaba la Victoria dice: "Lemour está destruyendo la plaza de Veracruz y matándonos la gente poco a poco; la Santa Liga nos amenaza por la Martinica..." Obras Vop, cit., p. 42. Desde 1821 estaban llegando refuerzos desde La Habana; además varios capitulados y ciudadanos, al embarcarse para su país, se quedaron en el castillo de Ulúa: "la llegada de refuerzos procedentes de La Habana al castillo de San Juan de Ulúa, constituíanse otros tantos elementos de disolución que habrían puesto en peligro la independencia apenas conquistada..." México a través de los siglosop. cit., t. IV, p. 48.

(a) No lo ha verificado el gobierno español de La Habana por temor del clima y del estío, pero en noviembre nos veremos. Remítome a la Carta que recibí de La Habana, fecha 10 de se[p]tiembre, inserta en mi Segundo ataque. Léase y con cuidado.

(8) Liga. Cf. nota 4 a Segundo sueño...

(9) águila. Cf. nota 3 a Fuera reyes absolutos...

(10) Anáhuac. Cf. nota 19 a Por la salud de la patria...

(b) Según la lista que está al fin.

(c) Aristocracia es el medio entre la monarquía y la democracia. Los nobles son aristócratas y odian al gobierno popular. Pero, ¿quiénes son los nobles y qué es la nobleza? Eso será asunto de otro Ataque.

(11) Las citas de la Eneida abundan en Lo que escribe...

(12) En las Conversaciones del Payo y el Sacristán, Fernández de Lizardi también aprecia que la desunión de los tlaxcaltecas y los mexicanos facilitó la conquista de Cortés. Efectivamente fue en Tlaxcala donde se preparó la invasión de Tenochtitlan, y después esta nacionalidad fue sometida por los conquistadores.

(13) gachupines. Cf. nota 7 a Oración de los criollos...

(d) No digo que todos los españoles que viven con nosotros son nuestros enemigos, sino la mayor parte. Léanse con juicio mis papeles.

(e) No se crea que trata de malquistar a los españoles en general, las repeticiones sobre esto nunca sobran. Aquí, lo mismo que en España, hay españoles sensatos, honrados y agradecidos; así como necios, pícaros e ingratos. Siempre respeto la virtud donde la hallo. El ser español, el haber nacido del otro lado del mar no es un delito; el ser díscolo, intrigante y traidor al suelo en que se vive, sí lo es. Siempre seré un valiente defensor de los buenos españoles y un mortal enemigo de los malos. ¿Cuándo conoceremos los hombres que todos somos paisanos y que los intereses del género humano son unos en todo el mundo?

(14) Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...

(f) El de los borbonistas es el más disimulado y el más temible, porque hace la guerra a la sordina.

(g) Los buenos españoles, los que piensan con sinceridad y buena fe, perecen en estas fiestas, como hemos visto perecer a muchos. Hable por todos el gran Mina [cf. nota 20 a Oración de los criollos... ].

(15) pesos fuertes. Cf. nota 12 a El cucharero político...

(16) Congreso. Cf. nota 2 a Sentencia contra el emperador...

(17) padres descalzos. Cf. notas 46, 47 y 48 a Ataque al castillo...

(h) Esta palabra tirano era título de reyes. Es muy curiosa la erudición sobre esto, pero larga para nota. En otro Ataque se hablará de esto.

(18) Plan de Iguala. Cf. notas 22 a Concluye el sueño... y 12 a El Pensador llama a juicio...

(i) Le llamaban así por popular.

(19) El Sol. Cf. nota 15 a Felicitación y reflexiones... Apareció en El Sol, segunda época, año I, t. I, núm. 112 del sábado 4 de octubre de 1823, p. 448. El encabezado es: "Lista de los individuos comprendidos en la conspiración que estaba tramada é iba a estallar el dia 2 del corriente en esta capital que se hallan actualmente presos." Cf. nota 31 a Segundo ataque...

(20) conde de San Pedro del Álamo. Cf. nota 7 a Fuera dones y galones...

(21) Manuel Vasconcelos. Cf. nota 7 a Lista de los presos...

(22) En el original de El Sol se cita como Zavalsa.

(23) Anacleto Cuevas. "En este dia [16 de noviembre] se celebra consejo de guerra de oficiales generales en una de las salas de palacio, contra el capitán D. Anacleto Cuevas, y el capitán D. José Infanzon, acusados de hallarse comprendidos en la conspiración que contra el actual gobierno y en favor de D. Agustín Iturbide, debía estallar el 2 próximo pasado en esta capital." El Sol, segunda época, año I, t. I, núm. 145 del jueves 6 de noviembre de 1823, p. 580.

(24) Vicente Álvarez. En El Sol se le cita como Álvarez.

(25) En el original "daros mutuamente el parabien", sin la palabra debéis.

(26) En el original "Y".

(27) En el original "en su origen".

(28) Termina: "¡Cuál hubiera sido vuestra suerte!", en El Sol, segunda época, año I, t. I, número 116 del miércoles 8 de octubrede 1823, p. 464, aparece una lista de los demás individuos presos por la conspiración para el 2 del corriente: Coroneles. D. José Francisco Guerra Manzanares, D. Néstor Reyes. Capitanes. D. Apolonio Rodea, D. Leonardo Barroso, D. Luis Moreno, D. Juan Arozamena, D. Pedro Silva. Tenientes. D. Manuel Chanique, D. Luis Azqueta, D. Gregorio Uribe. Subtenientes. D. Manuel Falcón y D. Manuel Guemez. Sargentos. D. José Girón, del 8 de caballería. Leonardo López, D. Francisco Flores, de comercio. Cabos. Blas Magos, Manuel Ávila, del 8 de caballería. Paisanos. D. Francisco Antonio Narváez, D. Mariano Pérezcano, del Tribunal de Cuentas, D. Francisco Barrios, D. Julián Díaz, D. Ramón Renedo, D. José Infanzón." Fueron liberados de los cargos Néstor Reyes y Mariano Perezcano. En elEl Sol número 113 del domingo 5 de octubre de 1823, p. 488, se anuncia en una "Noticia importante" que los militares seducidos por los iturbidistas se iban presentando; que el sábado 4 a las 11 de la mañana se habían presentado catorce que "descubrieron la mala fe que animaba a sus jefes" y que "reconocieron sus deberes, no teniendo, como a efecto no tiene, motivo de alzarse contra un gobierno que se desvela por la felicidad común, y del cual todos deben estar satisfechos de su patriotismo y buena fe."