CUARTAZO DE DON JOAQUÍN
A UN GROSERO GACHUPÍN(1)

 

Ultrajes y dicterios son regalo
en que abundan sus torpes escrituras;
siendo cada palabra un fuerte palo,
en todo lo demás camina a oscuras.
Su ciencia sólo estriba en lo que ofende
y como él diga desvergüenzas muchas,
la razón ni la busca ni la entiende.
Isla, Reb[usco].(2)

 

 

No parece sino que el padre Isla le cortó a usted este gorrito, señor Aza.(3) En efecto, si en el primer papel que usted dio a luz, con el título de Defensa de El Payo del Rosario,(4) se busca algo de defensa, no se halla sino una torpe adulación hacia él, y un puñado de injurias hacia mí.

Contesté ese papasal,(5) destruí completamente sus desatinadas imposturas, le desmentí otros, hice ver que usted no tiene carácter, que ni es, ni ha sido amigo de El Payo, sino su arrimado(6) y barbero, que le mereció mil favores, como darle algunos socorrillos de dinero y matarle la hambre, y el pago que usted le dio fue hablar mal de él conmigo mismo, e insultarlo públicamente en el Portal;(7)últimamente, le dije también que igual cosa hizo con el brigadier Hernández,(8) le di en cara con esta conducta vil e ingrata, con que siempre lastima el honor de los que lo favorecen. Yo mismo he socorrido a usted, aunque con poco, en la cárcel y en el hospital, y ya estoy recibiendo el premio.

A esto se contrajo mi papel titulado: Respuesta de El Pensador al defensor de El Payo del Rosario,(9) al que usted no ha contestado nada sino injurias, sarcasmos y desvergüenzas, desentendiéndose de cuanto le digo.

Sin embargo, de que usted no tenía qué responder, tituló a su papel con este rubro escandaloso: Se descubren las maldades de El Pensador Mexicano.(10) Vamos a ver qué maldades son éstas... ¡Oh, terribles! Las maldades mías son haber intercedido por el clero en tiempo del virrey Venegas,(11) cuando el mismo clero estaba tan sobrecogido de temor que retractaron sus firmas muchos señores eclesiásticos que habían subscrito una representación que dirigieron al gobierno e hizo el licenciado don Bernardo Angulo,(12) quien se fugó de México por esta causa. Entonces, cuando el pavor ocupaba a los mismos interesados, me presenté yo en la palestra, reclamando la inmunidad eclesiástica con el valor que él acredita, por lo que mereció la general aceptación del público, y aunque yo sufrí ocho meses de prisión,(13) él surtió su efecto, como lo vimos, pues ningún comandante llevó al cabo el Bando de 25 de junio de 1812.(14)

He aquí, señor Aza, las maldades que ha descubierto usted de El Pensador: una virtud, una heroicidad y un patriotismo. Doy a usted las gracias por tan feliz descubrimiento, y le suplico que vaya descubriendo cuanto me sepa, pues así me irá honrando a su pesar.

Mas volviendo al asunto, le pregunto: ¿Qué tienen que ver los días de Venegas con lo que yo le he dicho a usted en mi papel? Nada más que esto: lo que yo le dije a usted no tiene respuesta, y usted se apeó por las orejas,(15) y reimprimió mi papel con unas notas tan frías y tan tontas como de usted, dizque para probar que el año de 1812 defendí yo al clero, y que hoy le tiro y vilipendio; pero usted es un pobre necio que no sabe lo que trae entre manos. En aquel tiempo, bajo el gobierno tiránico de un coyote(16) maleta como usted, y cuando todo el prestigio del clero consistía en el fanatismo e ignorancia del pueblo, era necesario valerse de esas armas para defenderlo; sí, señor, era preciso citar doctrinas rancias, personajes criminales y hechos fabulosos, porque todo eso estaba en boga y favorecía mi intento. De otra manera, si yo hubiera querido defender al clero con los principios luminosos de derecho público que hoy sabemos, ¡pobres clérigos insurgentes!, ni uno escapa de las garras de los comandantes aturdidos, porque no habría hecho sino sostener el Bando de Venegas, y mi defensa se habría parecido a la que acaba usted de hacer de El Payo del Rosario,(17) y de sí mismo. Conque estudie usted alguna crítica, distinga tiempos y circunstancias, y pregúntele al cleriozote, su auxiliar, qué quiere decir este versito:


Tempora mutansur; et nos mutamus in illis.(18)

 

Con sus despavoridas notas quiere probar que hoy ultrajo y le tiro al estado eclesiástico. ¡Valiente hipócrita es usted! Si no lo conociera tan libertino y relajado, si no supiera a fondo su impío modo de pensar sobre el clero, creería que era su defensor y que, ignorante o engañado, se escandalizaba de mis opiniones; mas no hay nada de esto, escribe usted por mero encono contra mí, por odio, por venganza y con hipocresía; mas no porque le deba a usted ningún respeto el estado eclesiástico. ¿Cuántas veces no me ha dicho usted a mí que el papa...?, pero no quiero avergonzarlo, me contento con remitirlo al tribunal de su conciencia, quien le acusará de que escribe contra sus mismos sentimientos.

Si en efecto mis papeles escandalizan a usted y es tan sabihondo y tan devoto como se finge, impúgneme, rebata esas proposiciones que lo espantan; pero ¿qué había usted de impugnar?, si le faltan de una vez ciencia, virtud, honor y vergüenza. El público sensato conoce que la usurpación de los diezmos,(19) el chaquetismo(20)de los canónigos, la simonía de los curas, y los abusos y vicios de los eclesiásticos, no son el estado eclesiástico. A los primeros les he tirado y les tiraré mientras viva; porque los vicios no merecen respetos sino reprehensión, mas el estado eclesiástico en su pureza apostólica es digno de la veneración de los fieles, como lo ha sido de la mía. Ni una palabra he escrito en contra del estado eclesiástico. Lea usted todas mis obras y papeles, que son muchos, y manifiéstela si la encuentra.

Ningún eclesiástico verdaderamente sabio y hombre de bien es mi enemigo. Por el contrario, de ambos cleros me visitan en mi casa, andan conmigo públicamente en el Portal, y desde los Estados mantienen conmigo relaciones de amistad y correspondencia, aun sin conocerme personalmente.

Pero ¿qué mejor prueba, qué testigo más irrecusable a favor del respeto que me deben los eclesiásticos puedo yo citar que a usted mismo? Sí, señor, el peso de la verdad le hizo a usted confesarla sin sentir. En la página cuarta de su asqueroso mamarracho, anotando usted mis palabras que le dije al virrey Venegas, a saber, “siempre ha manifestado España su respeto y veneración a los ministros del altar,”(21) usted, olvidándose de los disparates que había escrito, y de los que le faltaban que escribir, dice en su nota segunda de la página cuarta citada, estas formales y terminantes palabras: “en esto se parece algo a El Pensador”,(22) es decir, que la España, que siempre ha respetado el estado eclesiástico, se parece a mí en la veneración que le profeso; pero no mucho sino “algo”, que significa que “yo respeto al estado eclesiástico más que toda la España.” Éstas son palabras de usted. Ya están impresas, y no se pueden borrar ni interpretar; y de aquí se arguye una de dos cosas: o que usted no sabe lo que habla, o que escribe contra los sentimientos de su corazón. Aténgome a ambas, porque una contradicción tan gorda no cabe ni por el gaznate de la ballena que se tragó a Jonás. Queda usted concluido en este punto. Vamos a otra cosa.

Dice usted que soy “paparruchero y firmón.”(23) Vamos por partes. Sobre lo paparruchero,(24) llamo al público a mi favor. El general aprecio que ha dispensado a mis producciones manifiesta bien que no las estima como paparruchas; tal apodo merecen las mamarrachadas de usted, que careciendo de estilo, de gracia, de ciencia, erudición y todo, escribe de cuando en cuando unos desatinos y chapucerías insufribles, no con el fin de ilustrar a una patria a que no pertenece, sino con el fin de socaliñar los mediecillos(25) a los tontos. ¿Se acuerda usted de aquel impreso que tituló Los ahorcados de mañana, con motivo de la conspiración que iba a estallar en la calle de Celaya?(26) Se pareció bien al de la Defensa de El Payo,(27) y Maldades descubiertas de El Pensador. ¡Vamos!, producciones más brillantes no han nacido de madre. Harán inmortal el nombre de su autor, el sapientísimo y esclarecidísimo señor don José María Aza. Mas aquí entre los dos y sin que nadie nos oiga, dígame usted ¿quién es el paparruchero, yo que escribo cosas útiles, o usted que escribe sandeces para estafar al público?

Por lo que toca a lo “firmón” es menester decirle que no tiene pizca de honor, pues que eso dice después que sabe bien que jamás he firmado escrito que no sea mío, y alguna vez usted me ha servido de amanuense. Pero, aquí en secreto, ¿se acuerda usted cuando firmó una proclama de cierto general, anotada por mí en tiempo de Iturbide?(28) ¿Quién de los dos será el firmón, usted o yo?

Sería muy fastidioso seguirle a usted los pasos en su conducta de mamarrachero, porque es usted un hombre sin carácter, venal, ingrato y mercenario, cuya pluma no reconoce más patria ni más amistad que el interés y su barriga; de aquí es que escribe usted contra los gachupines, sus paisanos, lo mismo que contra los criollos(29) a quienes no puede ver. Siendo El Payo opuesto a los españoles, usted se ha arrimado con él, ha rajado de sus paisanos y aún le ha atizado para que esfuerce su pluma cuando ha escrito contra ellos. ¿Qué se puede esperar de un hombre que no le guarda fidelidad ni a sus mismos compatriotas? Acaso usted tiene gran parte en la desgracia actual de El Payo del Rosario, porque testigos de vista me han asegurado que usted le inspiraba ideas sangrientas cuando escribía su último y malhadado papel contra los ingleses.(30) En vez de irle a la mano como buen amigo, no era usted sino un mal incitador, o como dicen vulgarmente, animalola; trepa que es mancito, le decía usted a El Payo, bajo el seguro de que si el papel se vendía bien, a usted le tocaba su buena tajada; y si le corría una mala suerte como ahora, usted se quedaba muy fresco rascándose la panza. Esto es entenderlo.

Manifiesta usted, en sus últimas notas, un deseo muy vehemente de que el señor presidente(31) me destierre de la República; cuando yo diere motivo, el gobierno lo hará sin necesidad de los consejos de usted, quien si como tiene el deseo tuviera el poder, ya me habría, no digo desterrado, sino ahorcado setenta veces. Yo quisiera saber cuál es el agravio que le he hecho a usted para que me profese tan mortal odio.

De propósito no he querido corresponder las enormes injurias que me hace en su folleto, ni su estilo soez e insultante, porque quiero dejarle el campo libre para que luzca su ignorancia y mala educación; advirtiéndole de paso que no vaya a contestar este papel con un capítulo de El Periquillo Sarniento(32) o con otra de mis producciones, pues aunque mientras haya tontos no le faltarán marchantes,(33) a fuerza de chascos pueden abrir los ojos; y en ese caso no sólo harán cucos los papeles de usted sino hasta la imprenta de su amigo y parcionero, el ciudadano liberal Juan Cabrera,(34)(a) quien según buenas lenguas, también quiere adular al señorito Aza, hablando públicamente mal de mí en su imprenta y en mi ausencia, lo que no es muy liberal, pues al impresor le toca imprimir sea lo que fuere, pero no adular a éste u otro escritor públicamente con detrimento de otro, ni menos faltar a las leyes de la amistad. Cabrera se ha dicho amigo mío; me ha engañado, poco importa que no lo sea.

Por último, le advierto a usted que para el discurso de estos autos ya le tengo unas podridas(35) preparadas en el disparador que no le han de saber muy bien.

 

México, diciembre 6 de 1825.


El Pensador.

 

 


(1) Sin pie de imprenta. Gachupín. Cf. nota 22 a Breve sumaria...

(2) En Razones contra insolencias o respuesta de El Pensador al padre Soto (1820), en Obras Xop. cit., p. 379, utilizó este mismo epígrafe de El Rebusco.

(3) Aza. Cf. nota 5 a Respuesta de El Pensador...

(4) Defensa de El Payo del Rosario. Cf. nota 5 a Respuesta de El Pensador...

(5) papasal. Cf. nota 10 a Una buena zurra...

(6) arrimado. El que se establece en casa ajena para vivir y comer de balde; o el que se acoge al amparo y protección de otro. Santamaría, Dic. mej.

(7) Portal. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...

(8) brigadier Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...

(9) Respuesta de El Pensador...

(10) Se descubren las maldades. Tiene el subtítulo de Enójanse los compadres y sácanse las verdades, México, Imprenta del ciudadano Cabrera, 1825.

(11) Venegas. Cf. nota 35 a Impugnación que los gatos…

(12) Bernardo González Angulo. Estudió en el colegio Carolino de Puebla, su ciudad natal; fue abogado de la Audiencia, diputado al segundo Congreso general por la provincia de México y al tercero por el estado de Puebla. Según José Mariano Beristáin y Souza, fue el autor de Voto particular en el dictamen de la Comisión del Sistema de Hacienda sobre clasificación de rentas de la Federación y los Estados (México, Imprenta del Gobierno, 1824) y Dictamen sobre ventas de tierras a los extranjeros (1825). Biblioteca hispano-americana septentrional, 3ª ed., México, Ediciones Fuente Cultural [1947], vol. I, p. 145.

(13) Cf. nota 60 a Impugnación que los gatos...

(14) “Bando publicado en México a 25 de junio de 1812”, donde Francisco Javier Venegas, en el artículo 10, manda: “Los eclesiásticos que fueron aprehendidos con las armas en la mano haciendo uso de ellas contra las del Rey, ó agavillando gentes para sostener la Rebelión y trastornar la Constitución del estado, serán juzgados y executados del mismo modo [pasados por las armas], y por el mismo orden, que los legos, sin necesidad de precedente degradación.” Cf. J. E. Hernández y Dávalos,Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de México de 1808 a 1821, México, José María Sandoval, Impresor, 1880 (Biblioteca de “El Sistema Postal de la República Mexicana”), t. IV, pp. 307-308.

(15) apearse por las orejas o por la cola: salir con domingo siete, con un despropósito o con una sinrazón; aducir algo enteramente sin conexión razonable con aquello que se trata. También sacar consecuencia ilógica o descabellada. Santamaría, Dic. mej.

(16) coyote. Cf. nota 23 a Las sombras de Concha...

(17) Payo del Rosario. Cf. nota 52 a Qué mal hará...

(18) tempora mutansur, et nos mutamus illis. “Los tiempos se mudan, y nosotros nos mudamos con ellos.” Nicolas Jamin, El fruto de mis lecturas, o máximas y sentencias morales y políticas, Madrid, Plácido Barco López, 1795, p. 118.

(19) diezmos. Bajo pena de pecado capital se entregaba el diez por ciento del producto a los eclesiásticos. Según F.H. Vera, Colección de documentos eclesiásticos de México (1887), se aplicaban a todas las personas: vecinos, moradores, estantes y habitantes de villas y pueblos y demás lugares del arzobispado, de cualquier estado y oficio que fueran: administradores, mayordomos, arrendadores, terrasgueros, depositarios de las haciendas de labor, de ganados mayores y menores, de ingenios, trapiches, ranchos, estancias, pegujales, huertas, chinampas, suelos cercados y otras tierras propias. Abarcaba la gente de cualquier religión, comunidad, conventos e iglesias, cofradías y hermandades; a caciques y macehuales, a españoles, indios, negros, mulatos y chinos. Los productos afectados eran todas las semillas y legumbres, cualquier ganado, sus esquilmas y productos; cualquier manufactura o producto del sector primario y secundario. En suma, el diezmo obligaba a todos los habitantes y afectaba a toda la producción del país. “Pertenecen á los canónigos los diezmos y primicias [...]. Les corresponden también las cantidades que personas devotas dejarán fincadas para hacer cada año las funciones que se llaman ‘aniversarios’ en los que se invierten los réditos anuales. Los capellanes se sostienen con el rédito de los capitales impuestos con el nombre de capellanías, comúnmente de tres mil pesos cada una, y de las limosnas que reciben de los fieles por las misas [...]. La renta de los curas la componen los derechos de estola por bautismos, casamientos y entierros; los responsos, actos piadosos y funciones que en sus iglesias hacen los creyentes; y en la venta de novenas, medallas, medidas, etc. Los monasterios, demas [sic] de los productos de las funciones religiosas y de los entierros, viven del rédito de los capitales que tienen impuestos, del arrendamiento de sus fincas, y de las limosnas de los bienhechores.” Manuel Orozco y Berra, “Ciudad de México”, en Diccionario universal de historia y geografíaop. cit., t. V. p. 666.

(20) chaquetismo. Cf. nota d a Breve sumaria...

(21) Número 9 del tomo I de El Pensador Mexicano en Obras IIIop. cit., pp. 87-88.

(22) Efectivamente es la nota segunda.

(23) “Chico: para que la nación caiga en cuenta de la alhajita que eres, voy a levantarte unos falsos testimonios, los mismos que tú has mandado estampar en letra de molde, ya como firmón, ya como paparruchero.”

(24) paparrucheros. Cf. nota 2 a Dentro de seis años...

(25) mediecillos. Cf. nota 10 a Generosidad de los ingleses...

(26) En la calle de Pulquería de Celaya, casas números 13 y 14, se encontraban actas y papeles dispuestos para ser remitidos a Londres, donde residía Iturbide; entre los conjurados estaban José Antonio Andrade y Manuel Reyes Veramendi. La calle de la Pulquería de Celaya se convirtió en la del Apartado. José Ma. Marroqui apuntó: “Muchas personas llaman sencillamente calle de Celaya esta calle; pero su verdadero nombre, el que se lee en el azulejo de la esquina, es el que nosotros le damos; nombre que indica suficientemente que su origen es el haber habido en ella un puesto de pulquería del cual fué dueño en tiempos un Sr. Celaya. Aunque esta calle corre de Oriente á Poniente, no es paralela á las de las Moras [Bolivia] ni á ninguna de las otras situadas en la misma dirección, se encuentran dentro del primitivo cuadro que Hernán Cortés trazó á la ciudad, resultado de que era calle de agua.” La Ciudad de Méxicoop. cit., t. II, p. 105.

(27) Defensa de El Payo... Cf. nota 5 a Respuesta de El Pensador...

(28) Proclama del señor Novella, analizada por El Pensador Mexicano (Tepozotlán, agosto 9 de 1821) e Impugnación de la Proclama del señor Novella, publicada en México con fecha de 12 de agosto de 1821 (Tepozotlán, 1821), en Obras XIop. cit., pp. 217-222 y 223-230.

(29) criollos. Cf. nota 33 a La tragedia de los gatos...

(30) Villavicencio escribió Si no se van los ingleses, hemos de ser sus esclavos. Cf. nota 3 a Consejo de Guerra...

(31) presidente. Cf. nota 55 a La tragedia de los gatos...

(32) Periquillo Sarniento. Cf. nota 74 a Calendario para el año...

(33) marchantes. En México tanto el que vende como el que compra se llaman mutuamente marchantes.

(34) Juan Cabrera. Cf. nota 1 a Mañas viejas...

(a) Me aseguran que Cabrera va a mediar con Aza en las impresiones. Yo soy infatigable con la pluma: si estos dos pollos quieren sostenerse yo les pronostico que dentro de poco Aza se queda sin calzones y Cabrera sin plomos, porque les he de dar a los dos tal desacreditada que tendrá Cabrera a mucha dicha que una mamonera [dulcera que hace o vende mamones, pan de dulce. En México fue muy popular este tipo de vendedor ambulante. Santamaría, Dic. mej.] o un cohetero le compre las impresiones que haga a modo del pescado: a real [Cf. nota 20 a Una buena zurra...] la libra. Salvo siempre los diarios de los ahorcados, que ésos tienen su lugar aparte. Tan seguro estoy que de ser así, que desde ahora les apuesto dos pesillos [Cf. nota 4 a Mañas viejas...] a que no costea el cuarto del papel de Aza. Bien que esto no me importa: Cabrera hará lo que quiera con sus plomos, y Aza con sus calzones.

(35) podridas. “Pelea, alboroto, desorden, dificultad.” Juan Carlos Guarnieri, El habla del boliche. Diccionario del lenguaje popular rioplatense, Montevideo, Talleres gráficos de la Editorial Florensa & Lafon, 1967, p. 172.