CONSULTA QUE UN PAYO HIZO AL AUTOR EN VÍSPERAS
DEL DÍA DE FINADOS EL AÑO DE 1811(1)
DIÁLOGO
PAYO: Ave María.
AUTOR: Sin pecado concebida. Adentro.
PAYO: ¿Vive aquí el señor don Pensador?
AUTOR: En quitando usted el señorío, y tomándose el don para su gasto, aquí me tiene usted para servirlo. Siéntese usted, ¿qué se ofrece?
PAYO: Dos dudillas que tengo acá en la cabeza, y quería que me las soltara, mi amo.
AUTOR: Diga usted cuáles son, que le diré francamente lo que mis escasas luces me dictaren... Pero antes, dígame usted ¿por qué me ha venido a consultar a mí, y no a otro?
PAYO: Porque antier estaban liendo mis compañeros en el mesón ese pensamiento estrafalario que salió, y decían que su mercé era el mesmo diablo,(2) y como ya oyí cómo se llamaba, ¿qué hice?, jui al Portal y pregunté agora a un muchacho ónde vivía, y le di medio,(3) y me trujo hasta la puerta del zaguán, y me dijo: aquí mero vive El Pensador.
AUTOR: Es verdad, amigo; pero en lo que ha oído decir lo han engañado de medio a medio,(4) porque yo no soy diablo, ni lo permita Dios, sino un cristiano viejo y católico, aunque malo y pecador.
PAYO: ¿Qué no me entiende, amo? Lo que queren decir mis compañeros, es que es muy leyido y escribido.
AUTOR: Se engañan los pobres: yo nada sé, amigo, toda es hojarasca,(5) no hay fondo, lo que sucede es que soy aficionado a los libros.
PAYO: ¡Ascan!,(6) eso dicen también, que es algo inficionado, y yo lo quero creer, porque mire ¡cuánto libro tiene!, pues mi compadre el señor cura de mi tierra no tiene tantos; mire, amo, no tiene más que el Breviario, Lárraga,(7) suCocina, sus Cursos salmantineses,(8) el padre Parra,(9) el Libro del ranchero, Eleto y Desindero, su Quisques, Florilegio medicinal, Don Quijote, Carlo mano y el Manual.
AUTOR: Algunos son muy buenos; pero la memoria de usted es mejor.¡Qué bien se acuerda de sus títulos! Pero, vamos, ¿qué es, por fin, lo que se le ofrece a usted?
PAYO: Ha de saber que yo me vine de mi tierra a comprar cera para la tumba, y... ¡ah qué diablos, y qué cara está!, y ya me cogieron aquí los muertos.
AUTOR: Los vivos pueden haber sido, que de los muertos está usted seguro que lo cojan.
PAYO: No me entiende, amo, lo que quero decir es que ya pasé los muertos aquí, porque dicen que ya entraron en mi tierra los insurgentes.(10)
AUTOR: Así habrá sido, pero ¿cuál es la duda que usted trae?
PAYO: Esos diablos, como no se viven más que sacando y peliando, qué capaz que hagan muertos en mi tierra.
AUTOR: ¡Mal año!, ellos no harán muertos; pero pueden deshacer a los vivos.
PAYO: No lo entiendo.
AUTOR: Ni yo a usted tampoco. Aún no sé a lo que viene. Vamos, despache usted que tengo que hacer.
PAYO: Pues ya le digo: yo soy muy devoto de las benditas ánimas del purgatorio, de todas al barrer, de las de los señores sacerdotes, de las de los horcados, de las de los alguaciles... de toditas; pero más, más, de las ánimas solas: la compañera allancasa toditas las noches desta vida, eso, primero faltara el sol, les enciende a las ocho su mechita, y la esconde tras de la puerta. Yo agora estoy pensando hacer mi devoción, como todos los años, en mi tierra; pues, porque tengo la devoción de mandar el día de muertos decir cuarenta responsos de a dos riales.(11) Tres por las almas de los señores sacerdotes; dos por las de los ahorcados; dos por el alma de mi señor padre; dos por el alma de mi señora madre; uno por el alma de mi agüelita; uno por el alma de mi tía Anotita; uno por el alma de mi tío Simón; el otro por el alma de mi tío Simón el chico, otro...
AUTOR: Acabe usted que me parece estar oyendo el cuento de las cabras a Sancho.(12)
PAYO: No se me amontone,(13) mi amo, no se me amontone. Mire: yo soy devotísimo de las benditas ánimas, pues, más más, de las solitas probes, y cada año les mando decir munchos responsos, y gasto en ellos doce pesos duros(14)como un güeso, y les enciendo una disentería de velas. ¿Será bueno?
AUTOR: No será malo; pero mejor es le mande decir misas, porque...
PAYO: Perdone que lo encuarto;(15) es un gusto ver el rosario parado en la calle con tantísimo farol, y a los animeros cantando como muchachos de escuela cuando los azota el mestro; y luego oyir aquello de mementome de quia ventosa es vita me, neque aspicias mi vision home; y luego se suelta la música que es un regalo, aquel violín grandote, y aquel trombón largo, que luego hace como tecolote, juí, juí, juí.
AUTOR: Es verdad semejantes desatinos, y peores que los que usted ha dicho, y dicen los muchachos, y yo he oído algunos terribles disparates en los coros, oficiando la misa los indios más ignorantes de los pueblos, este abuso debía corregirse; mas esto no le hace. Para que sea mejor mande usted decir misas que responsos.
PAYO: Pero si a mí no me estiran las misas.
AUTOR: Pues deben estirarle, porque las misas son representación de la vida, pasión y muerte del Señor, y en ellas se ofrece el mismo Señor al Eterno Padre, por los vivos o por los difuntos; y así tienen estos sacrificios un precio infinito, de consiguiente, son infinitamente más provechosas a las ánimas, que los responsos. Y, por último, el alivio que las almas santas no tengan con una sola misa, no lo tendrán con todos los responsos del mundo.
PAYO: Ya lo ve, amo, agora sí que me cogió: bien dice que quen pregunta no gierra;(16) en verdá que yo no dejo de inorar que las misas tienen su qué sé yo, que no tienen los responsos; pero como allán mi tierra siempre el día de muertos se apreta liglesia de velas, que hasta se ñubla del jumo, y a la noche sale el rosario a loración, y se mete hasta la diez o las once, porque, ¡ah mi amo! ¡Qué responsear de padres! Eso qué bien le va al señor cura. Por eso pensaba yo que eran güenos los responsos; pero agora ya no vuelvo a mandar cantar un responso, aunque me orquen, sino misas y misas.
AUTOR: Oiga usted, hombre, los responsos son buenos, buenísimos, son sufragios...
PAYO: ¿Conque valen, amo?
AUTOR: ¿Pues no han de valer? Dígame usted ¿una cuartillita(17) vale algo?
PAYO: De juerza, la mita de medio.
AUTOR: ¡Y un doblón de oro?(18)
PAYO: También.
AUTOR: ¿Y cuál vale más, el doblón o la cuartillita?
PAYO: ¡Mire qué gracia!, el doblón, ¿qué tiene que hacer?
AUTOR: Pues así es la misa, en comparación del responso: éste vale; pero la misa vale más sin comparación. ¡Pobres de ustedes los del campo, cuando no les toca un cura desinteresado y celoso del bien de sus almas!, que como le tenga cuenta un abuso de ustedes o una ignorancia, no los sacarán de ella en toda la vida.
PAYO: ¿Y qué me dice, mi amo, desto de las ofrendas? En mi tierra llevan las indias, y todos a liglesia, bandejas de bizcocho, pan, fruta y carneros, y otras cosas. ¿Qué sinifica esto?
AUTOR: ¿Le pagan al señor cura la limosna de las misas ese día?
PAYO: De juerza le pagarán, digo yo.
AUTOR: Pues siendo esas ofrendas por vía de limosna, nada tiene de particular; si es por el regalo, es corruptela tolerada; si es por alguna otra bobería de ustedes, como pensar que esto es sufragio, que se lo han de comer las ánimas u otra simpleza de ustedes, es superstición que trae su origen de los gentiles, que les ponían a sus muertos una moneda en la boca para que pagaran el flete del pasaje de un río infernal. Los señores curas debían informarse del modo de pensar de ustedes, y desengañarlos; pero ¡ah!... En fin, amigo, está usted respuesto.(19)
PAYO: Pues a Dios, mi amo, Dios se lo pague. A Dios.
AUTOR: Vaya usted en hora buena.
(1) No conseguimos el folleto original. Lo tomamos de Ratos entretenidos o Miscelánea útil y curiosa, op. cit., t. II, pp. 48-56.
(2) Tenemos noticia de los siguientes escritos de Fernández de Lizardi: El bando de Lucifer, de 1811 o 1812, sin datos de imprenta, 8 pp. Los penitentes del diablo. Mencionado en el informe de la Censura correspondiente a enero de 1812, sin datos de imprenta, 8 pp. (Publicado en Ratos entretenidos, tomo I, pp. 85-92). Y Las justas quejas del diablo. Mencionado en el informe del censor de marzo de 1812, 8 pp., sin datos de imprenta. (Ratos entretenidos, tomo I, pp. 108-116). Todos ellos publicados en J. J. Fernández de Lizardi, Obras I— Poesías y Fábulas, op. cit. Ninguno de ellos es propiamente un pensamiento estrafalario.
(3) medio. Cf. nota 10 a El muerto y el sacristán.
(4) de medio a medio. Cf. nota 16 a El muerto y el sacristán.
(5) hojarasca. En sentido figurado, cosa inútil y de poca sustancia, especialmente en las palabras y promesas.
(6) ¡Ascan! Del mexicano axcan, agora. Ahora está bien, así es. Interjección empleada cuando se logra entender o realizar algo. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(7) Francisco Lárraga, Promptuario de thelogía moral, Pamplona, Juan Joseph Ezquerro, Impresor del Reyno de Navarra, 1706, 393 pp.
(8) Cursus Salmaticensis. Así se tituló un curso de teología explicado en la Universidad de Salamanca durante los siglos XVII y XVIII por los padres carmelitas:Colleggii Salmaticensis Fratrum Discalceatorum Beatae Mariae de Monte Carmeli primitivae observantiae Cursus theologicus... Summam theologicam D. Thomae Doctoris Antelici complectens juxta miram ejusdem Angelici (t. I a IX, Lyon, 1679-87; t. X, Colonia, 1691; t. XI, Barcelona, 1727, y t. XII, 1ª parte, Lyon, 1704, y 2ª parte, Madrid, 1712). Esta obra constituye una verdadera enciclopedia de teología, y es una aplicación de los principios de la filosofía escolástico-tomista a las cuestiones de teología dogmática y moral, principios que antes habían sido expuestos por los mismos carmelitas en el Cursus Complutensis, del Colegio de San Cirilo de Alcalá.
(9) Juan Martínez de la Parra (1655-1701). Jesuita mexicano que, después de haber enseñado filosofía y teología en Guatemala, fue predicador en México durante muchos años. Su obra Luz de verdades católicas y explicación de la doctrina cristiana(México, 1791-95, 3 vols.) contiene muchas de las pláticas catequísticas que hacía al pueblo, todos los jueves del año, en la iglesia de la Casa Profesa de los jesuitas de México.
(10) insurgentes. Los que participaron en la guerra de Independencia en el bando rebelde.
(11) riales, por reales. Moneda que equivalía a dos medios.
(12) Es decir, que acabe pronto porque se desespera, como Sancho se desesperó y enfadó porque no acababa el cuento: "Sancho Panza, que ya daba al diablo el tanto hablar del cabrero, solicitó, por su parte, que su amo se entrase a dormir." Cf.El Quijote, I, XII.
(13) amontonarse. Reunirse varios para acometer a uno solo. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(14) peso duro. Moneda de plata de un peso, que equivalía a ocho reales.
(15) encuartar. Atravesarse en la conversación, cortar la palabra al que la tiene.
(16) quien pregunta no gierra. Quien pregunta no yerra. Refrán que aconseja cuán conveniente y provechoso es el informarse, con cuidado y aplicación, de lo que se ignora, para no aventurar el acierto en lo que se ha de ejecutar. Cf. Dic. de autoridades.
(17) cuartilla. Moneda de plata que valía la cuarta parte de un real fuerte, o sea tres centavos de peso y un octavo.
(18) doblón de oro. Moneda de oro de valor de unas veinte pesetas.